Philip Roth, ¿otro mito escandinavo?

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Si fuera por méritos, este escritor estadounidense debería ganar de todas maneras el Nobel de Literatura. De lo contrario podría integrar junto con Borges y Proust -y otros más- esa lista de grandes escritores que no obtuvieron ese galardón. A continuación, un acercamiento a la obra de este maestro de la prosa contemporánea. Las razones de un mito.

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Por Marlon Aquino Ramírez*

«Si me lo dan este año -dijo alguna vez Jorge Luis Borges sobre el Premio Nobel de Literatura- seré uno más en la larga lista de ganadores. Si no lo hacen, me convertiré en un mito escandinavo, y prefiero ser ese mito».

Y sí, el maestro argentino se convirtió en un mito escandinavo al no recibir el galardón otorgado por la Academia Sueca, la consagración suprema para cualquier escritor del planeta. Pasó a formar parte entonces de un ilustre club de ¿perdedores? entre cuyos ilustres integrantes figuran León Tolstoi, Franz Kafka y Marcel Proust, entre otros.

Ciertamente, el no haber recibido este premio no les ha restado nada de gloria, pues sus obras se han leído y se seguirán leyendo con admiración por años. Sin embargo, siempre aflora en los fieles lectores el síndrome de «la cereza en el helado» y queremos que nuestros escritores favoritos vivos, aun cuando ya hayan obtenido muchos premios importantes, lleguen también a Estocolmo y reciban la preciada medalla (y claro, el millón y medio de dólares). Esto deseamos durante muchos años los peruanos para Mario Vargas Llosa y esto es lo que millones alrededor del mundo también reclamamos para el escritor norteamericano Philip Roth (Newark, New Jersey, 1933), postergado injustamente año a año por los académicos suecos.


UN DIVERTIDO LAMENTO

Polémico. Devastador. Prolífico. Divertido. Inagotable. Adjetivos que a lo largo de los años son de inevitable uso al referirse a Philip Milton Roth, nieto de judíos europeos que llegaron a los Estados Unidos con la ola migratoria del siglo XIX. Linaje que ha dejado una fuerte huella en sus novelas y que ha sido el combustible que ha hecho andar esa «máquina de escribir» en que se convirtió desde la publicación de su primer libro Goodbye, Columbus (1959) y que ya suma más de treinta obras en su producción.

Precisamente la novela El lamento de Portnoy (1969), un divertido y corrosivo monólogo de un judío de treinta y tres años, -masturbador incontenible e incapaz de armonizar con las mujeres más allá del plano sexual – escandalizó a los judíos más conservadores quienes llegaron a acusarlo de antisemita. Pero también fue el libro con el que alcanzó la popularidad, lo cual no extraña ya que mientras uno lo va leyendo comprende qué quería decir Roth cuando en una entrevista declaró que para escribir esta novela llevó a la página «el comedor del restaurante universitario» donde intercambiaba con sus colegas sátiras sobre los tabúes sexuales de los judíos de su generación.

«Esta es mi vida, doctor Spielvogel, esta es mi vida; y resulta que toda ella pasa por un chiste de judíos. Soy hijo de un chiste de judíos, ¡pero sin ser ningún chiste! Por favor, ¿quién nos ha dejado así de tullidos? ¿Quién nos hizo tan morbosos y tan histéricos y tan débiles? ¿Por qué, por qué siguen gritando, todavía, ‘¡Cuidado! ¡No, Alex! Alex, ¡no!’; y ¿por qué, yo solo, en mi cama, sigo meneándomela desesperadamente? (…). Estoy harto de ser un muchacho judío la mar de simpático, de darle gusto a mis padres en público, mientras en privado me tiro del putz [pene]».


LA TRILOGÍA AMERICANA

«En 1969 escribí Portnoy. No sólo lo escribí –eso fue fácil–, sino que también me convertí en el autor de El lamento de Portnoy, y lo que enfrenté en público fue la trivialización de todo». De modo que, decidido a emprender un nuevo camino, Philip Roth sorprendería años después a lectores y críticos con tres magistrales novelas: Pastoral americana (1997), Me casé con un comunista (1998) y La mancha humana (2000) conocidas como la «trilogía americana», exploración despiadada del otro lado del «sueño americano», aquel donde no todo lo que brilla es oro.

Personalmente, tengo a Pastoral americana como uno de mis libros favoritos y aún recuerdo esos cuatro días en que me pegué a la novela, fascinado y conmovido por la trágica historia del buen «Sueco» Levov, complejo personaje cuyo mundo de seguridad y armonía se derrumba luego de que su hija pone una bomba en una tienda del pequeño pueblo donde viven. 

«Mi querida y estúpida Merry, todavía más estúpida que tu estúpido padre, ni siquiera hacer volar edificios a bombazos sirve de ayuda. Uno está solo tanto si hay edificios como si no. No hay ninguna protesta que formular contra la soledad, y todos los atentados con bombas de la historia no pueden siquiera mellarla. El más letal de los explosivos fabricados por el hombre no puede afectarla. No sientas un temor reverencial por el comunismo, idiota hija mía, sino por la soledad ordinaria, cotidiana».


LA LEYENDA VIVIENTE

Desde entonces, el reconocimiento a la obra de Philip Roth ha ido incrementándose notablemente. Ha recibido galardones tan importantes como el Premio Pulitzer, el National Book Award, la Medalla Nacional de las Artes, el Premio Booker Internacional, entre muchos otros. Además, Harold Bloom, uno de los críticos más polémicos y radicales de Estados Unidos, dijo sobre él que: «Su chorro de creatividad es casi shakespeareano (…). Están DeLillo, Pynchon, Cormac McCarthy, pero en términos de diseño total y de inventiva y de originalidad, creo que Philip es lo que está más cerca de lo mejor».


¿SE REPETIRÁ LA HISTORIA?

Mencionaba al inicio a Mario Vargas Llosa, quien, al igual que Philip Roth había sido incluido entre lo
s eternos candidatos
al Nobel de Literatura. Hay una anecdótica similitud entre ambos, más allá de lo estrictamente literario. Y es que ambos recibieron ataques librescos por parte de sus respectivas exesposas.

Es sabido que luego de que saliera a las librerías La tía Julia y el escribidor, Julia Urquidi Illanes, al sentirse difamada en ella respondió con Lo que Varguitas no dijo, especie de autobiografía de un melodramatismo desbordado digno de telenovela mexicana, en donde el autor de La ciudad y los perros, su exesposo, aparecía como machista, celoso y traidor.

Pues bien, Philip Roth también tuvo que sufrir el ataque de tinta de su exmujer, la actriz Claire Bloom, quien en 1996 publicó sus memorias Leaving a Doll’s House, en donde lo acusaba de maltrato psicológico, definiéndolo como un tacaño crónico, narcisista y misógino. Philip devolvió el golpe con la novela Me casé con un comunista, en donde Nathan Zukerman (personaje álter ego en varias novelas de Roth) cuenta la historia del comunista Ira Ringold, locutor de radio que tras ser denunciado en un libro por su mujer, Eve Frame (una alguna vez conocida actriz de cine mudo), termina en las listas negras del senador McCarthy durante la Guerra Fría. Naturalmente, más allá de las indudables indirectas para Claire, el libro trascendió lo anecdótico.

Esperemos que Roth y Vargas Llosa tengan una coincidencia más encumbrada y el norteamericano reciba también el premio Nobel. Y si no es así, bueno, no importa, sus lectores estaremos agradecidos con la academia por haberlo convertido también en un mito escandinavo.
* Marlon Aquino Ramírez es bachiller en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En 2008 publicó una colección de seis cuentos infantiles (Ediciones El Nocedal). Ha escrito reseñas para  la revista virtual de literatura El Hablador y el portal web Porta 9. El año pasado publicó su primera novela Las tristezas fugitivas (Magreb, 2011).
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