La elaboración del cuento según Julio Ramón Ribeyro

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    Se cumplen 20 años de la desaparición física de Julio Ramón Ribeyro, uno de los escritores peruanos más queridos y recordados por sus lectores. En este texto nos centramos en su dimensión de cuentista.

     

    Texto e ilustración Wirther Ventura*

    La obra cuentística de Julio Ramón Ribeyro se caracteriza por presentar personajes frustrados y marginados ante la imposibilidad de ascender en el sistema social. Sin embargo, aunque presenta una temática de desarraigo, la labor literaria del prolífico autor se sustenta en la calidad rítmica. Sin ser novedosa ni ornamental logra relucir, con una sobria composición prosística, la descripción sensible de la cotidianidad. Y es que la percepción de la crítica literaria solo se ha concentrado en los grandes ejes temáticos de los cuentos de Ribeyro.

    Por ejemplo, Alberto Escobar, en su Narración en el Perú (1962), declara la ausencia de querencias fantásticas, el eje central del realismo social, la introspección del personaje y “la sencillez y la capacidad objetiva” (XXXIV); Washington Delgado, en Historia de la literatura republicana (1984) manifiesta la descripción de lo urbano y las clases sociales en los cuentos de Ribeyro con “técnicas lógicas, diáfanas y exactas que permiten la fluidez del relato”; Miguel Gutiérrez, en su conocido texto Generación del 50: un mundo dividido (1988), percibe la técnica “pasatista, decimonónica”, con un elemento reiterante “una frase, un matiz, una impresión o reflexión que revela la huella, la marca, la calidad, [el] poder de fabulación, intuición para describir el momento significativo que revele un carácter o un destino humano, refinamiento cultural e inteligencia distanciadora” (120) en el universo creado.

    Los elementos utilizados por Ribeyro no son intuitivos ni simples. Los textos presentan una purificación discursiva con el objetivo de deleitar e hipnotizar al lector. En el libro Asedios a Julio Ramón Ribeyro (1966) el escritor declara las influencias más trascendentales para su cuentística (Anatole France, por el cambio brusco del desenlace; Valdelomar, por la nostalgia y la melancolía; Poe, por la intriga; Maupassant, por la crueldad de la historia) que le permitió descubrir “nuevas posibilidades y goces en el relato breve; la lógica del absurdo, la habilidad técnica, el arte de lo no dicho, la eficacia del diálogo, y la sapiencia y fantasía puestas al servicio de paradojas y parábolas intelectuales” (35).

    Para Ribeyro, no es trascendental desarrollar una “concepción del cuento o si se quiere decir mi poética del cuento”; considera que su fórmula narrativa está en sus relatos a la espera de un ávido lector. El uso de una historia breve, real o inventada, forma parte de la base conductual del texto y son tres los puntos en la elaboración del cuento: en primer lugar, debe “entretener, conmover, intrigar o sorprender”; el segundo término, la adecuación de técnicas sea el “diálogo, monólogo, narración pura y simple”, los cuales darán a la historia una sensación de oralidad y comunicación entre los actuantes; y, por último, el estilo debe ser “directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones”, es decir, no debe saturar la lectura con referencias poéticas, pues recargar la comprensión deja que no sea fluida la lectura. Ribeyro busca el ideal comunicativo mediante una lectura complaciente que mantenga al lector en lo imaginario. Al respecto, en Prosa apátridas (1975) nuestro escritor define la elaboración del argumento amparado en la fineza textual.

    Arte del relato: sensibilidad para percibir las significaciones de las cosas. Si yo digo: “El hombre del bar era un tipo calvo”, hago una observación pueril. Pero puedo decir también: “Todas las calvicies son desgraciadas, pero hay calvicies que inspiran una profunda lástima. Son las calvicies obtenidas sin gloria, fruto de la rutina y no del placer, como la del hombre que bebía ayer cerveza en el Violín Gitano. Al verlo, yo me decía: ¡en qué dependencia pública habrá perdido este cristiano sus cabellos!”. Sin embargo, quizás en la primera fórmula resida el arte de hablar.

     

     

    *Wirther Ventura es seudónimo de Williams Nicks Ventura Vásquez (Lima, 1987). Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (2014). Cursa la maestría en Literatura con mención en Literatura Peruana y Latinoamericana en la unidad de Posgrado de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la misma casa universitaria. Investigador literario de la narrativa y poesía peruana de las primeras décadas del siglo XX, ha participado como ponente en diversos congresos literarios organizados por el Instituto de Investigación del Pensamiento Peruano y Latinoamericano, la Academia Peruana de la Lengua, el GELLAC y la Casa de la Literatura.

     

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    Jaime Cabrera Junco (Lima, 1979). Periodista cultural y director de Lee por gusto. Ha trabajado en los diarios Expreso, El Comercio y Perú21, donde esta web comenzó como blog. Ha sido docente de cursos de periodismo digital en la Universidad de San Martín de Porres. Actualmente es jefe del Equipo de Promoción Literaria de la Casa de la Literatura Peruana.

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