Hebe Uhart: «Hay que ser compasivo y agresivo para escribir»

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A Hebe Uhart no le gustan las fotos y cuando posa se muestra seria, sin embargo en toda la entrevista lo que más ha hecho es reír. (Foto: Jaime Cabrera)
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Compartimos nuestra conversación con Hebe Uhart, considerada la mejor escritora argentina y que tiene a su cargo uno de los talleres de narrativa más prestigioso de su país.

 

 

Por Jaime Cabrera Junco

Antes se consideraba una escritora solo de escritores. Ahora es una autora querida y leída, lo cual se toma con una modestia natural y, a través de la risa, va esquivando las preguntas que buscan algunas afirmaciones suyas sobre el arte de escribir. Hebe Uhart (Moreno, 1936) hace una mueca de incomodidad cuando le menciono que su compatriota Rodolfo Fogwill la señaló como la mejor escritora argentina. Se siente abrumada cada vez que se lo recuerdan, pero lo cierto es que gracias a estas declaraciones se la empezó a valorar y leer más. Sobre todo porque en la época en que inició su camino literario lo hizo en editoriales pequeñitas y, además, era juzgada con mayor severidad por ser mujer. Recién en 2010 se publicaron sus relatos reunidos, y es que a través del cuento se ha sentido más a sus anchas, aunque últimamente la crónica, especialmente la crónica de viaje, ocupa su mente. Dice que la primera vez que vino a Lima a conocer a sus primos maternos lo que le sedujo de la ciudad fue su Centro Histórico y la variedad de gente. Quienes la conocen dicen que, a diferencia de otros viajeros que buscan planificar lo que harán en su destino, Hebe recién al llegar va en busca de la información preguntando al transeúnte ocasional y haciendo su propio rompecabezas del sitio.

De todas las entrevistas que he venido haciendo en esta página esta es la primera en que la persona entrevistada intenta súbitamente cambiar de lugar y empieza a preguntar con un encanto tal que me ha sido imposible resistirme a la permutación de roles. Por ello, esta es una charla con un matiz distinto, aunque las preguntas de Hebe –todas literarias– por ahora me las guardaré digamos que por una cuestión de cábala.

 

El reconocimiento a su obra fue tardío, pero llegó. ¿En algún momento esta demora la puso aprensiva?
No, lo que pasa es que para los escritores jóvenes, o tirando a mediano, en ese tiempo no había muchos canales para publicar y había que ir de una editorial a otra. Entonces había que esperar un poco, pero luego se me dio más fácil todo.

¿Antes del reconocimiento cómo era escribir para usted?
(Piensa unos segundos, mira hacia un lado) Es que no hay un cambio en la manera de escribir antes o después del reconocimiento. Uno sigue siendo la misma persona (ríe) gracias a dios. El reconocimiento, bien lo dijo Borges, es un equívoco muchas veces. Son argumentos que se multiplican lo repiten una y otra vez. No todo lo que brilla es oro ni todo reconocimiento es legítimo. No quiere decir que uno por ser reconocido vaya a escribir mejor o peor. Pensá, por ejemplo, en García Márquez. Sus últimos libros son malos. Memoria de mis putas tristes es para llorar, es malo ese libro.

Pero sí hay un afán legítimo de un escritor en ser leído
Un escritor evidentemente quiere que lo lean, pero básicamente lo que tendría que ser su preocupación es escribir bien. Antes o después del reconocimiento, eso es harina de otro costal. Eso es una especie de la plusvalía del dinero. Con cierto nivel de plusvalía ya no tenés que trabajar (ríe).

HebeRelatosReunidos (1)Usted no le da mucha importancia a la condición de escritora, se considera ante todo docente
Sí, porque no es funcional para escribir reconocer la condición de escritor. No es útil al que escribe. Yo no tengo espíritu de gremio, no pienso que tenga alguna relación en función de los escritores. Tengo pocos amigos escritores, generalmente tengo amigos psicólogos, filósofos. No me gustan los espíritus de cuerpo. En Argentina hubo un caso hace poco de alguien que plagió a Borges, y María Kodama saltó. A mí qué me importa, que se joroben el plagio. El tema del plagio no me importa para nada. El chico que hizo esto va a ser famoso…es una pavada. En los medios se arman esas pavadas.

Es que, ahora que habla de medios, se suele dar una dimensión solemne al escritor
(Ríe) ¿Qué es escritor? Escritor es mientras escribe, después tiene otros roles ¿o no?  Lo que pasa es que se mitifica, hay figuras o cosas que se convierten en mitos. Como que el escritor está escribiendo siempre, y si le sacan fotos lo hacen con los libros detrás, en la biblioteca…no lo sacan cocinando, porque no se lo imaginan como una persona que hace mandados.

¿En qué momento afrontó usted la escritura como una posibilidad de expresarse, en un acto más vivencial?
Más o menos a los 17 o 18 años, pero nunca me sentí muy escritora. Docente sí. Lo de escritora no (ríe).

Cuando se refieren a usted como escritora ¿qué le causa?
No lo sé, pero si me dices docente lo tomo con mayor naturalidad.

¿Qué lecturas fueron importantes y la marcaron en la escritura?
Importantes fueron las lecturas de Felisberto Hernández, la literatura rusa, la literatura norteamericana, pero últimamente me interesa más América Latina en todos los aspectos, tanto de escritores como desde el aspecto antropológico.

¿Cómo fue definiendo su estilo? Usted es una escritora de detalles y recomienda siempre a los alumnos de su talleres partir de la observación
Qué difícil esa pregunta…El estilo camina según la época de la vida de uno. Ahora, por ejemplo, estoy virando hacia la crónica. Mis últimos libros son crónicas de viajes. No sé si escribiré cuentos, en este momento me interesa más la crónica. Me parece que aprendo tanto de lo real, de lo que veo, del lenguaje, que no hay más que estar allí y testimoniar lo que veo o escucho. No hay nada que inventar.

Ha publicado más cuentos que novelas, ¿qué posibilidad encontraba en aquel género?
(Piensa unos segundos, mira a otro lado, parte un chocolate que tiene al lado) La novela exige un esfuerzo grande, aunque escribí tres novelas, tuve que hacer un esfuerzo de confinamiento grande. Tenés que mantener el mismo estado de ánimo durante todo el proceso. El cuento se escribe rápido. Se escribe rápido, pero yo de joven era capaz de escribir un cuento en dos tardes, ahora no. Ahora varía con la edad, las funciones se lentifican. Ahora tengo que ser más pausada para hacer algo.

 

“YO LO PIENSO Y LUEGO ESCRIBO”

¿Qué es lo que recomienda a usted a los escritores? Hablaba hace un rato que aconseja tener presente la observación. ¿Hay que escribir desde el asombro?
Bueno, el asombro no se puede tener por decreto municipal (ríe), eso es una cosa muy primaria que te nace a vos. No puedo recomendar el asombro. Vamos a ver, ¿por qué no se puede dar un consejo a todos los escritores? Porque no hay «los escritores», cada escritor es una persona particular, no hay una comunidad entre los escritores, porque cada persona es tan distinta en su manera de pensar, en su perspectiva que es diferente a otra. El consejo que voy a dar no va a servir. He tenido alumnos del taller que en un momento he tenido que decirles “tenés buscarte otro profesor”. Te das cuenta de que es talentoso pero no responde a tu forma de ver las cosas, no hay onda como se dice allá. No puedo dar un consejo que sea para todos.

¿Qué es lo que hace usted en los talleres?
En realidad no tengo mucha exigencia de excelencia en los talleres. Salvo que haya un loco (ríe) o  chicos muy competitivos que te molestan…pero yo acepto todo, la variedad de novelas. En cada semana leemos un cuento nuevo, hemos leído mucho a autores latinoamericanos. En la otra hora comentamos los trabajos que ellos me traen, y de vez en cuando hago alguna apertura de un tema que surge en el mismo taller. Por ejemplo, un alumno me dijo «yo no puedo escribir malas palabras» (ríe nuevamente), vamos a ver si quiere escribirlas, pero ¿a qué le llama malas palabras? Y trabajamos eso. Una vez una chica me hizo una pregunta interesante: «¿hay que ser compasivo para escribir?» (vuelve a reír). Le digo hay que ser compasivo, pero también agresivo (ríe), las dos cosas. Hacemos todo esto en el taller. Trato de no ser demasiado elogiosa cuando hacen algo bien ni bajar a nadie para que haya armonía en el grupo.

¿El cuento debe tener fuerza desde el inicio o puede luego aumentar en intensidad, como dice usted que le sucede a Alice Munro?
El tema del inicio es un tema mágico, mitológico…Un cuento puede empezar mal y seguir bien, es como una relación humana. Puede empezar mal y después sale una cosa linda. Lo que pasa que por cábala la gente dice si empecé bien debo de continuar bien.

¿Y los cuentos que usted ha escrito parten de la experiencia personal?
O de cosas que me han contado. A veces un cuento surge cuando alguien me cuenta algo, pienso que esa historia es para mí. Porque hay gente que dice «con esto que yo viví vos harías un cuento», y no, porque no entra dentro de mi registro. Cada uno tiene un registro y desde allí puede contar algo. Saco del cuento un montón de hojarasca que no me sirve. Todo lo demás que me dicen no me importa. O sino frases de repente que veo y me llaman la atención, incluso del lenguaje de la televisión. Veo Animal Planet y de repente te dicen «Anguilas con problemas de actitud» (ríe), es ridículo.

¿Y debe haber una disciplina? ¿Escribir todos los días?
No, no. Yo no tengo disciplina. Yo lo pienso y luego escribo. Salvo en las crónicas de viaje, donde las hago en el mismo lugar.

¿Por qué le llama más la atención la crónica como género?
Será porque me hace aprender, me hace conocer, viajando y viendo cosas específicas se aprende mucho.

Cuando le preguntan por qué escribe, ¿qué responde?
No lo sé, qué te voy a decir (ríe).

¿Hay alguna motivación para hacerlo?
Es difícil esa pregunta, es tan eterna.

¿Vos escribís o no?—me pregunta Hebe—
(Corte. Le cuento la historia sobre la novela que quiero escribir. Entramos en una suerte de taller al paso en donde ella también pregunta)

¿Últimamente ha tenido deseos de no escribir?
No porque voy viajando y al hacerlo me voy estimulando. Pero no creo que pase nada si no escribo. No sé.

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE HEBE UHART

  1. Pequeñas criaturas, de Rubem Fonseca.
  2. Por los tiempos de Clemente Colling, de Felisberto Hernández.
  3. Un mundo Julius, de Alfredo Bryce Echenique.
  4. Los cuentos de Luis Loayza.
  5. Cuentos de Kjell Askildsen.

 

 

 

 

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