Dos artículos de «Habla una mujer», libro de Elsa Hochhäusler de Sagasti

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Compartimos dos textos incluidos en esta publicación de Planeta que reúne los artículos y columna de opinión —fechados entre 1955 y 1971— de Elsa Hochhäusler de Sagasti, madre del actual presidente de la República, Francisco Sagasti. El libro se presentará este miércoles 14 de julio, a las 7:00 p.m., en el Facebook de Planeta.

Por Elsa Hochhäusler*

La mujer de hoy

Siguen llegando —¡Quién lo creyera!— comentarios sobre la cuestión de si deben o no trabajar las madres de hijos chicos.

El consenso fue que conviene quedarse en casa o trabajar solo por horas (a no ser que la necesidad económica sea imperativa) mientras los niños están pequeños.

En ningún momento se dijo que la mujer debía dedicarse el resto de su vida solamente a las tareas domésticas, y pido disculpas a quienes lo hayan interpretado así.

Si bien estoy de acuerdo con las opiniones expresadas por las lectoras de que es mejor que la mujer se quede en casa cuando sus hijos son bebés o, por lo menos, no acepte trabajo de oficina o fábrica a horario completo, siempre he pensado y dicho que es una lástima que se desperdicien cualidades y talentos que nues tra sociedad necesita y que la mujer puede aportar.

Una lectora escribe:

La mujer casada y con hijos, en el momento histórico en que vivimos, no puede darse el lujo de limitarse exclusivamente a los asuntos de la casa. La imagen de la «madrecita» al estilo de Sara García pasó a la historia hace rato. Sin embargo, es sorprendente cuántas personas aún ven en la madre a la mujer que ha dejado de lado sus cosméticos para meterse a la cocina a pelar papas por el resto de su vida y dar palmaditas cariñosas a los niños. La mujer de nuestro siglo no puede ya vivir a ese nivel. Ha surgido una generación de mujeres dinámicas, preparadas, dispuestas a cumplir totalmente su misión en la sociedad, y la sociedad necesita de ellas. ¿Es posible que por el solo hecho de haber realizado el caro anhelo de convertirse en madres, tengan que pasar a la reclusión del gineceo?

Esta joven exagera las cosas un poco: «Ni tanto que se queme el santo, ni tan poco que no alumbre».

Sigo convencida de que el primer deber de la mujer con hijos pequeños está en el hogar. La razón es muy simple: puede haber muchas otras que desempeñen las diversas labores que la sociedad requiere —mujeres solteras, madres de hijos ya mayores—, pero hay una sola persona en el mundo que puede desempeñar para sus hijos el rol de «mamá».

            Sin embargo, no debe la madre absorberse en el papel de «mamá» al extremo de no darse luego cuenta cuando llega el momento en que los hijos ya no necesitan su constante presencia y vigilancia. Tampoco debe absorberse en su papel de madre de manera tal que no comprenda que la comunidad necesita de ella en la medida en que pueda ayudar.

Aportar nuestro trabajo al bien de la comunidad es solo otra forma de trabajar por nuestros hijos.


El bien común

Vivir en una sociedad libre representa para el individuo más problemas que vivir bajo un yugo dictatorial.

La libertad —permíteme explicarte— representa más problemas porque representa más oportunidades de escoger, de tomar decisiones. Si vives prisionero, no tienes problema alguno. Todo está ya resuelto: dónde vas a vivir, en qué vas a trabajar, cuándo vas a comer. Otros piensan por ti y solo te resta obedecer. Sin embargo, prefieres los problemas de la libertad.

Uno de los problemas básicos de una sociedad libre es el de las relaciones entre el individuo y la comunidad.

            Eres libre. No se te trata como a un menor de edad que se encuentra bajo la tutela del omnipotente Estado. Tú mismo tienes que resolver los conflictos entre tus intereses como individuo y los de la comunidad a la cual perteneces.

Como individuo, tienes el derecho y el deber de cautelar tus propios intereses.

Como miembro de la comunidad, tienes el deber de velar por los intereses de la comunidad.

Aunque esto parezca a simple vista contradictorio, no lo es. El bien común es condición indispensable para tu propio bien. Al velar por el bien común, estás velando por tu bien personal y el de tu familia. Si la comunidad entera no goza de bienestar, tarde o temprano desaparecerá cualquier bienestar del que puedan gozar tú y tu familia.

Lástima que muchos de nosotros nos consideremos libres de responsabilidad y nos figuramos que «ellos» (ya sea que consideremos como «ellos» al Gobierno, los municipios o cualquier otra entidad) son los únicos que tienen obligación de preocuparse del bien común.

«Ellos» nos sirven de pretexto para todo. De lo que marcha mal culpamos a «ellos» sin ver nuestra propia culpa.

Nos quejamos de que «ellos» no organizan debidamente el tránsito, a la vez que nos pasamos las luces rojas; nos quejamos de que «ellos» no protegen al comercio honrado, mientras compramos mercadería de contrabando; nos quejamos de que «ellos»no controlan las epidemias, pero no vacunamos ni al perro ni a la familia; nos quejamos de que «ellos» no hacen cumplir los reglamentos, mientras fumamos como chimeneas en el cine; nos quejamos de que «ellos» no mejoran la instrucción, pero no inculcamos a nuestros niños el amor al estudio ni el respeto a los maestros; nos quejamos de que «ellos» no moralizan la administración pública, pero recurrimos al soborno y al «tarjetazo» cada vez que nos es posible.

Vivir en una sociedad libre es un privilegio. Hay que merecerlo para conservarlo.


*Elsa Hochhäusler de Sagasti, fue una figura icónica del periodismo entre las décadas del cincuenta y setenta en el Perú. Escribió cientos de columnas y artículos que fueron publicados en la revista Caretas y en los diarios La Prensa y El Comercio, cuyos textos tienen un estilo sencillo y una prosa elegante, y expresiva.

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