Victoria y Nicomedes Santa Cruz: ritmos negros del Perú

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    Mayo de 1961. Victoria y Nicomedes interpretan la obra teatral "Malató". (Foto: Archivo de Octavio Santa Cruz)
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    La exposición  “Todo es ritmo. Victoria y Nicomedes Santa Cruz”, que va hasta el 17 de abril en la Casa de la Literatura Peruana, realiza un homenaje a estos dos gigantes de la cultura afroperuana.

     

    Por Jaime Cabrera Junco*

    Tenía apenas siete años, quizá cinco. No lo recuerda bien. De pronto, en la calle le gritaron: “¡Negra!”. “¿Soy acaso negra?”, se preguntaba la niña. Pero ¿qué cosa es ser negra o negro? No lo sabía aún, pero esta escena marcó a Victoria Santa Cruz (1922-2014), una de las primeras y más grandes difusoras e investigadoras de la cultura negra. “Cuando digo que no sabía que era negra, no estoy hablando del color, sino de lo que esto implicaba”, diría después al contar el origen de su famoso poema titulado, precisamente, “Me gritaron negra”.

    Su hermano menor, un inquieto adolescente, tenía ya una gran afición por las décimas, pero trabajaba como ayudante de herrero. A los 20 años conoció al guitarrista y cantante Porfirio Vásquez, cuyas composiciones le hicieron brincar de su asiento. “Al fin encontraba la forma poética que venía buscando infructuosamente desde tiempo atrás”, diría Nicomedes Santa Cruz (1925-1992), considerado el embajador de nuestra negritud, cuyo carisma y particular entonación muchos revivimos en célebres décimas como “La pelona” (“Cómo has cambiado pelona…”) o “La escuelita”, muy recordada por los versos con los que da inicio: “A cocachos aprendí/ mi labor de colegial/ en el colegio fiscal/ del barrio donde nací”.

    La exposición titulada “Todo es ritmo. Victoria y Nicomedes Santa Cruz”, que inauguró la Casa de la Literatura Peruana el 11 de febrero, es un homenaje a estos dos grandes difusores de la cultura afroperuana. En la muestra se exhiben, además de fotografías, documentos originales, publicaciones periódicas, afiches, vestuarios, audios y videos. Asimismo, el público observará las primeras ediciones de libros y discos que podrán ser escuchados completamente.

     

    El importante rol del obstáculo

    La experiencia de la discriminación sufrida por Victoria la llevaría a decir que “los obstáculos cumplen un importante rol”. El racismo, en lugar de acomplejar a los hermanos, les hizo canalizar su creatividad a través del ritmo y la palabra. Aunque ella y Nicomedes trazaron su propio camino, entre la década de 1950 y 1960 trabajaron juntos y formaron la compañía teatral Cumanana, y de las múltiples obras que presentaron destacó «Malató» (1961). Sobre esta pieza escribió César Miró: “’Malató’, si no es el primero, es el ensayo más ambicioso de teatro negro que se intenta entre nosotros. Victoria y Nicomedes lo han realizado. «Malató» tiene la calidad de lo que proviene de una sensibilidad fina y de una auténtica devoción por los valores propios”.

    Con sus trabajos, Nicomedes generó diálogos desde su negritud, pero con una preocupación no solo por el negro sino por la identidad peruana en sí misma. Victoria, por su parte, realizó un periplo distinto hacia las artes escénicas y el folclore nacional, y estableció una teoría sobre el ritmo y su relación con el estado humano colectivo e interior. Un factor clave es la familia, pues el patriarca de los Santa Cruz fue dramaturgo; y su esposa, bailarina de marinera. En la exposición se destaca la faceta artística de este clan, donde además hubo músicos e incluso un torero (el hermano Rafael, padre del carismático percusionista homónimo fallecido en el 2014).

    “Yo diría que Victoria y Nicomedes, más que difusores, han sido revitalizadores de la cultura afroperuana. Ellos la investigaron, recrearon y divulgaron. En el caso de Nicomedes, comienza revalorando las décimas que estaban en proceso de olvido. Victoria revitalizó las danzas, pues casi nadie conocía la zamacueca, el landó o el alcatraz”, afirma el historiador del arte Octavio Santa Cruz, sobrino de estos dos personajes y quien ha proporcionado parte de las piezas que se exponen en la muestra, al igual que su primo Pedro Nicomedes, hijo del decimista que vivió hasta su muerte en España.

    En 1962, Victoria Santa Cruz viajó a Francia luego de obtener una beca para estudiar en la Universidad del Teatro de las Naciones y en la Escuela Superior de Estudios Coreográficos. Nicomedes, en tanto, grabó discos y continuó con su labor de investigación como folclorista. Publicó artículos, especialmente en El Dominical, sobre la décima, la marinera, el cajón, la zamacueca, entre otros.

     

    Todo es ritmo

    El ritmo es un elemento fundamental para los Santa Cruz, por ello la exposición cuenta también, con un espacio en el que el visitante puede experimentar arrancándole música a mesas, cucharas, ollas o platos, que se convertirán en instrumentos musicales.

    A pesar de que la historia literaria los reconoce y los menciona, los Santa Cruz no tienen todavía el lugar que les corresponde en el ámbito académico, mientras que en el extranjero no son pocas las tesis realizadas sobre, por ejemplo, la poesía de Nicomedes. “Este es un ejemplo de cómo los peruanos estamos siempre en déficit”, apunta Octavio. En el caso de Victoria todavía hay mucho por conocer, pues, si bien se la recuerda como directora del Conjunto Nacional de Folclore y profesora de danza, se ha ignorado su rol como directora teatral en Estados Unidos, donde formó investigadores de artes escénicas. Esta es una tarea pendiente.

     

    *Artículo publicado en El Dominical, de El Comercio, el 7 de febrero de 2016.

     

    Dato:

    La exposición puede visitarse de martes a domingo de 10 a.m. a 7 p.m. en la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Áncash 207, Centro Histórico de Lima. Antigua Estación Desamparados, a una cuadra de la Plaza Mayor). Ingreso libre.

     

     

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