Tres poemas de «Reír hacia atrás», de Daniel Nakasone

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Presentamos tres poemas de «Reír hacia atrás» y un testimonio de su autor, Daniel Nakasone.


Mapa de calor

Qué te he de decir cuando me preguntes si el amor se adhería.

Qué comprender.

Niña eras al hacer tus preguntas,

tal como se hacen los encargos, limpiamente, qué pues te diría.

Que deseo que las cosas se definan en menos de 5 palabras.

Lo necesario antes de que cualquier niño pierda la paciencia.

¿Qué es una mesa? ¿Qué castigo cumple el gusano?

¿Por qué no podemos quitarnos la sombra?

¿Qué habría que hacer para aburrir al niño y

evitar darle respuestas?,

niña que duerme y olvida,

te haré ver cosas que brillan

para que así olvides lo que es la muerte.

No es que me sienta mejor

siento escalofríos, y con eso basta.

No me gusta viajar, no te veo en la niebla,

me aterraría ver un enjambre de langostas,

para qué decir más.

Hay cosas que son sí y no, y esa es nuestra condena.



Arrobamiento

Es la noche, donde pelo todas las frutas.

En dedos

toda la pulpa se desparrama.

Junté todas las cáscaras camino borrosa me cierra el encuentro

y el jugo se escapa mis dedos pegajosos.

Sorber el agua, eso hago también.

Y hago lo que sea que me digas,

voy donde ya estoy.

Regresé desde donde ya me han dado por perdida.

Mirar cerrando un ojo: grita el gallinazo, su graznido me abraza.

Arden mis manos desde donde ya no las alcanzo

Y así les gusto a todos. Soy vertical en mi hoguera,

soy cómplice de lo que me ha pasado en este mundo.

Imponer la palabra sobre mí,

así hay que reír, a carcajadas, recordaré tu nombre

varias veces hasta que mi memoria desfigure tu rostro.

Así debería ser, temblando de frío por mi falta de chompa.

Soy desnuda por los arenales,

soy correr por ellos sin controlar mis brazos pesados.

Esquiva la mirada al verme. Cambia de vereda.

Hace tiempo que perdí la medida en mí.

Oh, Ridícula línea de equilibrio, mantén tu distancia

si no quieres ver

cómo me despedazo contra el cielo.



Dador de ruido

No es nada nuevo pero alguien que abre la ventana

diciendo que las aves maduran lentamente

nunca las ha visto morir. No ha entendido bien

cierto canto, más bien sollozo de

palomas y cuervos resistiendo el frío desde los follajes.

O sus plumajes derritiéndose ante el sol.

¿Será esa la verdadera música?

Qué esperanza queda para mí, si lo que escucho y me tranquiliza

no es sino una desconocida armonía del horror.

Me ha sido dado el ruido, pero no me ha sido dado el entenderlo.

Y qué hay en esa transición sino falta de contentamiento.

Así habían sido las cosas.

Por eso, en vez de comprender,

tomé solo la flauta

y sobre el silencio rasguñé

mi humilde cuota de simpleza.



Sobre el proceso creativo del libro. Testimonio de Daniel Nakasone

El poemario proviene de mi experiencia personal conociendo a una colega y a su hija adolescente, quien tuvo un penoso accidente que cambió la vida de ambas.

En el breve tiempo que pasé con ellas pude apreciar de cerca la conmoción,  el coraje y las fuerzas de María, la madre, para sacar adelante a su hija. Al mismo tiempo, me llamó la atención la idea de ponerme en los zapatos de una persona joven que poco a poco empieza a perder su identidad y cordura a causa de un accidente. En el poemario traté de darle voz a ambas en esa su lucha contra la adversidad.

Diría que el libro intenta esbozar episodios de ese viaje terrible desde la esperanza a la resignación.

Para los interesados en adquirir el libro, contactarse a [email protected] o  WhatsApp +51 999 427 705

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