Isaac Goldemberg: traducen dos libros suyos al inglés e italiano

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El escritor Isaac Goldemberg en una imagen durante su visita a Lima en 2014. (Foto: Casa de la Literatura Peruana)
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La novela “Acuérdate del escorpión” y el poemario “Diálogos conmigo y mis otros”, del escritor peruano Isaac Goldemberg acaban de ser traducidos al inglés y al italiano, respectivamente.  Los críticos Braulio Muñoz y Mariza Bafile comentan estas obras del autor de raíces judías nacido en Chepén.

 

El escritor peruano Isaac Goldemberg -quien reside en Nueva York desde 1964- tiene una obra que abarca tanto la novela, los cuentos, la poesía y el teatro. Su novela La vida a plazos de don Jacobo Lerner (1978) ha sido la que más reconocimientos importantes ha recibido a nivel internacional. Recientemente su novela Acuérdate del escorpión y su poemario Diálogos conmigo y mis otros han sido traducidos al inglés y al italiano, respectivamente.

Compartimos dos lecturas realizadas por los críticos Braulio Muñoz y Mariza Bafile sobre estas dos obras.

 

REMEMBER THE SCORPION

Por Braulio Muñoz

Traducida del español por Jonathan Tittler, con una introducción de Saúl Sosnowski, Acuérdate del escorpión (Remember the Scorpion) es una muy buena novela. ¿Qué nos dice acerca de la condición humana? Una buena pregunta para acercarse a esta intensa novela negra. Y debido a que la historia de Remember the Scorpion tiene como trasfondo la tradición cultural peruana de mediados del siglo XX, tal vez debamos tomar ese punto de partida para hallar algunas respuestas.

RememberScorpionGoldemberg
Portada de la novela publicada en Los Angeles por The Unnamed Press.

Lo primero para tomar en cuenta es que Goldemberg sitúa la historia dentro de una clara condición de mestizaje, tanto a nivel cultural como de mezcla de sangres. Este proceso cultural, aun en su forma más intensa, no es privativo del Perú, por supuesto: ocurre en todas partes y en todas las épocas, y siempre implica tanto peligros como oportunidades. En las Américas, a lo largo de cinco siglos, podemos identificar por lo menos dos claras posturas culturales o ideológicas en lo que se refiere a este proceso. Hasta muy recientemente en los Estados Unidos, este proceso fue celebrado como el iniciador del “crisol de razas”, en el cual las culturas y razas subalternas (con formas diversas de aceptación) fueron incorporadas a las tradiciones hegemónicas de la cultura anglosajona protestante y blanca. Por otro lado, desde por lo menos comienzos del siglo pasado, intelectuales de México y Perú, han visto al mestizo como el “nuevo hombre”; es decir, un ser nacido de la mezcla cultural y biológica. Ambas posturas fueron sostenidas ante una realidad voluble: la mayoría de los mestizos parecían interesados en encajar dentro de la cultura hegemónica más vasta, pero al mismo tiempo, parecían querer preservar sus diferencias culturales.

Remember the Scorpion, escrita en la tradición de la novela negra, teje una historia que cuestiona un aspecto específico del Perú de mediados del siglo XX: la cultura mestiza limeña como era en junio de 1970, dos días después del terremoto que azotó el país y en que perecieron más de 70 mil personas. Con breves y ágiles pinceladas, Goldemberg nos pinta la Lima del detective Simón Weiss.

Lo que encontramos mientras seguimos la mirada del detective es una ciudad en expansión donde coexisten sectores de tradiciones culturales diversas y bien delineadas. En cada uno de estos enclaves culturales —donde los marcadores de las diferencias de clase, culturales y raciales se ven realzados— encontramos sedimentos de abatimiento, memorias, traumas y sueños. A medida que seguimos el recorrido del detective, visitamos barrios de clase alta, media y baja, salpicados de centros culturales reconocibles, así como burdeles, billares y fumaderos de opio. En el transcurso nos percatamos de que la capital del Perú se compone de migrantes recién llegados: indígenas que han bajado de los Andes, criollos que han abandonado el centro de la ciudad, negros, chinos, judíos, japoneses, alemanes y otros grupos étnicos.

Goldemberg nos ofrece otro lado de la condición humana que puede encontrarse en el Perú de mediados del siglo pasado. En medio de un país que yace en ruinas luego del devastador terremoto, el equipo nacional de fútbol obtiene victorias en la primera ronda clasificatoria del Mundial de 1970, celebrado en México. El maltratado y abatido espíritu de los peruanos se ve reconfortado por un variopinto equipo de futbolistas que lo dejan todo en el campo de juego. Los gritos de “¡Goool!” proporcionan un respiro muy necesario para soportar la tragedia. Goldemberg nos muestra que la capacidad de resistencia sale a relucir precisamente en nuestros momentos más oscuros.

 

 

DIALOGHI CON ME E CON I MIEI ALTRI

Por Mariza Bafile

Arañan los versos de Isaac Goldemberg reunidos en el libro Dialoghi con me e con i miei altri (Diálogos conmigo y mis otros), recientemente publicado en italiano por la Editorial Giuliano Ladolfi y la traducción de Emilio Coco.

DialoghiGodemberg
Portada de la edición italiana del poemario publicado por editorial Giuliano Ladolfi.

Taladran el alma, sin piedad destapan vacíos que la cotidianidad llenó de polvo, nos recuerdan que cada día que pasa es un mordisco que le damos a la cuota de vida que nos corresponde. No dejan alguna posibilidad de huida, obligan a los lectores a abrir sus cajas de Pandora. Los fantasmas salen y con ellos recuerdos, rostros, músicas, palabras, miedos y esperanzas.

Los versos de Goldemberg hablan el lenguaje de los “diversos”, diversidad que asume la silueta de un paisaje, el color de una piel, el rezo que dirigimos a uno u otro dios; señal distintiva de quienes aprendieron a llevar su casa a cuestas mientras la avidez de mundo los aleja de los muros donde nacieron. Casa “vendida al olvido” como dice el poema “Diáspora”: “Hoy el olvido tiene su llave, idéntica a la memoria del padre”.

Goldemberg dejó su tierra de arena, Chepén, en Perú. “El desierto es mi exilio y mi casa” escribe en Oración fúnebre:

Está escrito que el desierto es texto, tejido de arena.
Tejido de voces, tejido de cuerpos, tejido de lenguas.
El desierto es texto y paisaje.
Arrastra sabiduría, cuenta historias.
Es laberinto y lugar de purificación: la escritura.

 

En estos versos divisamos la esencia de Goldemberg, esquivo y silencioso como el desierto, generoso con la escritura, fiel compañera de sus días. En ella y sólo en ella confía plenamente y con ella se desnuda a sí mismo sin temores y sin vergüenzas. Con las palabras dialoga y ellas nos cuentan a nosotros, acompañan nuestros silencios y nuestras soledades con la complicidad que sólo conocen escritura y lectura.

La creatividad de Goldemberg transita por géneros diferentes y no deja de sorprendernos. Cuando le preguntamos con cuál género literario siente mayor afinidad contesta con espontánea simplicidad: “Puede parecer extraño, pero siempre he sentido que los géneros me escogen a mí. Sucede que la génesis del poema, del cuento, la novela, la obra de teatro, siempre se me aparece en una o varias imágenes que de alguna forma me anuncian ya lo que será el producto final. Entonces se produce una simbiosis con el material: una vez que se me presenta la imagen, me entrego de lleno a las exigencias de cada género”.

Al preguntarle si para él escribir es dolor o placer, Isaac Goldemberg responde: “Las dos cosas: un dolor placentero y un placer doloroso”.

 

 

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