Susan Orlean y Julio Villanueva Chang: dos cronistas conversan

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    Frente a un auditorio repleto, dos de los mejores representantes del periodismo narrativo dialogaron sobre su especialidad. Julio Villanueva Chang, director fundador de Etiqueta Negra, entrevistó a Susan Orlean, escritora norteamericana, sobre la crónica y el método de la narradora de no ficción.

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    La colaboradora del The New Yorker habló del oficio con su colega peruano. (Foto: Feria del Libro de Lima)

    Por Daniel Robles Chian
    daniel.robles1 @hotmail.com

    “Susan Orlean es la cronista más conmovedora en contar las historias que a las personas que trabajan en diarios o revistas no les preocupan. No le excita relatar sobre lo ‘noticioso’ o ‘importante’, prefiere escribir sobre gente alrededor de ella”. Con este elogio, Julio Villanueva Chang dio inicio a la entrevista a la escritora de la revista The New Yorker. Las preguntas y comentarios del cronista peruano se realizaban en español y la invitada respondía en inglés, mientras que, de manera simultánea, era traducida al castellano en los audífonos entregados a cada espectador. Villanueva Chang no olvidó una precisión muy importante si es que algún día tenemos la oportunidad de conversar con ella: “No se pronuncia O-r-l-i-a-n, sino O-r-l-i-n”.

    Este deseo de la cronista de escribir historias sobre gente aparentemente común y corriente nació cuando, mientras estudiaba en la universidad, leyó en The New Yorker la historia de tres conserjes de un edificio. En ese momento sintió que aprendía y entendía algo nuevo de la vida. Tiempo después, cumpliría su sueño de trabajar en aquella revista, en la que lleva más de veinte años publicando sus crónicas, y escribiría historias sobre un asesino que mata gente solo los sábados por la noche, un traficante de orquídeas que adora la dificultad de obtenerlas y una torera que revisa demasiado su maquillaje antes de salir a matar o morir frente a un toro.

    ¿Por qué te gusta decir que eres una especialista en nada?, fue la primera pregunta de Julio Villanueva. “Porque lo único que sé es que tengo el deseo de aprender. Soy una experta siendo una estudiante. Siempre estoy interesada en ingresar a mundos y conocer historias que no conozco. En la historia del ladrón de orquídeas, en un inicio no sabía nada de las orquídeas”, respondió Susan. El reflejo del escaso interés de la escritora por las celebridades fue relatado por el cronista peruano. Le encomendaron la tarea de hacer un perfil de Macaulay Culkin, el protagonista de Mi pobre angelito, sin embargo, ella les respondió que solo lo haría si también le permitían hacer el perfil de un niño cualquiera de diez años que vivía en los suburbios de Nueva Jersey. Este niño fue Colin Duffy y así nació la crónica “El hombre americano a los 10 años”: “(Colin) no me habló durante los primeros días. Lo seguía a todas partes y a él le daba vergüenza. Es difícil que las personas se sorprendan, con el perfil de Colin Duffy buscaba que los lectores sientan empatía por un mundo que no era el suyo, que descubran lo interesante de algo que aparentemente era ordinario”.

     

    ESCRIBIR ES UN ACTO DE SEDUCCIÓN Y TRANSPARENCIA

    Al leer aquella crónica, el lector quedará deleitado con el primer párrafo. Susan Orlean mencionó que la técnica utilizada en ese primer extracto buscaba seducir a su público para que siga leyendo la historia y no se distraiga con los diversos entretenimientos actuales, entre ellos, las redes sociales. “Escribir es como ser una streaper. Si eres una buena streaper, no te quitas toda la ropa de inmediato, te despojas de ella poco a poco, te mueves, esperas, y así seduces a la audiencia. Así es el proceso de escribir, buscas que el lector preste atención a la historia, que se quede con ella y no se vaya a otro sitio”. Villanueva recalcó que la historia termina con Susan siendo víctima de una trampa de Colin y la escritora concluyó que en el mundo del niño ella no tenía poder, era una simple visitante y se sentía como si fuera niña otra vez.

    Unas de las anécdotas que mencionaron en la entrevista fue cuando una joven promesa de la música góspel se enamoró y besó a Susan. En esos momentos, ella le prestaba una excesiva atención al músico no por atracción, sino porque estaba escribiendo una historia sobre ellos y centrarse en él era una parte necesaria del reportaje. Con una sonrisa siempre presente en su rostro, declaró que la transparencia en los escritores es muy importante, entendida en el sentido de que un cronista debe dejar en claro que en el momento de la investigación no es uno mismo. “Le dije al músico que esa Susan que los seguía a todas partes no era la auténtica. Esa era la Susan “reportera” y no la Susan real. En mi vida real no me hubiera interesado prestar atención a todo lo que decía y hacía, sin embargo, el exceso de atención era necesario para realizar la crónica sobre ellos”, finalizó.

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    OTRAS CRÓNICAS Y EL ESTILO DE SUSAN

    Villanueva Chang leyó un extracto de la crónica “La ruta de la devoción”, en la que Orlean relata las actividades de los Jackson Southernaires, una banda de música góspel con temas vinculados a religión. Al preguntarle sobre el ritmo del lenguaje empleado en esta, Susan respondió que como investigaba un tópico vinculado a la música, quería que las palabras le transmitieran musicalidad al lector. Añadió que estuvo dos semanas con ellos y al escribir tenía un río de sonidos (música y bandas) en la mente. “Al leer un texto en voz alta, este debería sonar hermoso”, declaró.

    Conversaron sobre la primera novela de Susan llamada “Saturday Night”. La trama nació de la pregunta ¿Qué hace la gente los sábados por la noche? Una de las historias de la novela de no ficción relata la forma en la que se divertían un grupo de amigos: daban vueltas en un auto por un pequeño pueblo de Indiana y tocaban el claxon cada vez que veían a un amigo. Orlean estuvo dando vueltas con ellos. “Puede parecer una manera tonta de divertirse, pero es maravillosa. Expresa todo lo que buscamos: el sentido de comunidad, un momento en el que simplemente conversas y te ríes con tus amigos”, declaró la novelista. Su amor por los animales tampoco quedó fuera de la entrevista, y por ello se abordó la crónica “The Dog Show”, en la cual Susan relató la vida de un perro que participaba en concursos de belleza. “Le dije a los dueños que quería estar a solas con Biff, el perro, sin que nadie más esté presente. Lo encontré ejercitándose en una corredora. Tuve una sensación muy extraña porque por lo general puedo conversar con mis entrevistados, ¡pero esta vez era un perro!”, río la ilustre visitante.

     

    THE NEW YORKER PARA ORLEAN

    “Antes de entrar a The New Yorker, decías que lo que se sabía de la manera de trabajar dentro de la revista era tan secreto que era similar al Kremlin. ¿Era cómo te lo esperabas? La mayoría de la gente, en América Latina, cree que escribir crónicas es más ingenio y tener cierta prosa florida, y no se imagina todo el trabajo que supone las piezas que publicas en ese medio”, fue otro de los comentarios de Villanueva Chang a la cronista.

    Orlean mencionó que The New Yorker  ha brindado mucho más apoyo a la narrativa periodística que otras instituciones y que es un lugar extraordinario para trabajar, tan bueno como lo pensaba. Acerca del proceso de edición, declaró que no escribe varios borradores, sino que va editando el texto mientras lo escribe. “Escribo una oración, la pienso y la arreglo. Voy avanzando de esa manera”, explicó. Sobre su relación con los editores, enfatizó que sus historias siempre han mejorado con la corrección de estos y si bien han acordado cambios con los que ella no estaba de acuerdo, sí reconoce que no buscan modificar su estilo o voz, sino la lógica, la claridad y la descripción adecuada de los lugares abordados en el texto.

    Para finalizar, mencionó con humor su vínculo con los verificadores de datos. “Ellos marcan absolutamente todo lo que sean datos en la crónica. Desde el tiempo del día descrito, los nombres de la gente y la temperatura brindada. Van al lugar y verifican. Incluso me han llegado a decir: “Según la rueda de tonos de pintura, esa pared que mencionas que es roja no es de ese color, sino que es magenta”. En ese momento los quiero matar”, concluyó entre risas. Asimismo, complementó que en el caso de los libros, el autor es en gran parte el propio editor de su obra, ya que no hay nadie revisando cada oración con uno. “Tal vez por eso hay algunos libros muy malos, aunque esto no lo debería decir en una feria”, mencionó con una sonrisa.

     

    NUEVO PROYECTO

    Julio Villanueva Chang habló sobre el nuevo libro que Susan ha decidido escribir. Una vez más, la escritora nos ha sorprendido con su habilidad para encontrar aspectos de un lugar que todos pasan por alto. El libro consiste en la Biblioteca Pública de Los Ángeles, una ciudad que asociamos con el cine y el surf, pero jamás con una biblioteca. “Las bibliotecas son asombrosas. Son lugares donde todos se sienten bienvenidos, no hay muchos sitios en el mundo así. Esta tiene una historia muy interesante que incluye el incendio que sufrió en 1986, el más grande que ha afectado a una biblioteca en Estados Unidos, y que dañó 400 000 libros. Algunos de ellos todavía tienen marcas por el fuego”, concluyó Susan. En su visita al Perú, Orlean también visitará Machu Picchu y “se le ocurrirá hacer hablar a las piedras porque ya sabemos que es capaz de todo”, bromeó Villanueva Chang.

     

     

     

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