Sobre «Deja que corra el agua», libro de relatos de Álex Rivera de los Ríos

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El escritor arequipeño Álex Rivera de los Ríos presentará próximamente su segundo libro de relatos, «Deja que corra el agua» (Surnumérica, 2021). Como adelanto presentamos el prólogo escrito por el narrador Yuri Vásquez.


Por Yuri Vásquez

Se puede decir que la literatura francesa, a partir de Marcel Proust cambia drásticamente la forma de encauzar el relato literario, ajeno al influjo del teatro clásico y por lo tanto de la tragedia griega y desprendida de las vibraciones novelescas de la novela decimonónica.

Más tarde con Joyce, con los Dublineses, en la narración corta y, Hemingway con sus cuentos, recorridos por el lenguaje preciso y periodístico, terminó de asentarse una manera distinta de contemplar literariamente la vida. Los continuadores modernos de esta tendencia disruptiva hoy en día se les conocen en el minimalismo de Raymond Carver, Richard Ford, y expresiones menos ortodoxas como las de John Cheever.

Esta óptica, condujo a que la literatura practicara un nuevo reconocimiento de su territorio y reexaminara también los instrumentos formales con los cuales abordar la ficción. La trama entonces se enmarcó en el individuo cotidiano con sus problemas aparentemente sin importancia, y la técnica, a la que se recurrió para describirla, fue la de la palabra dosificada y rigurosamente administrada.            

A este enfoque se adscribe, en términos muy generales, los relatos que publica Álex Rivera, a los cuales insufla su propio aliento y talento. El libro se encuentra conformado por nueve cuentos en los que a primera y última vista resalta un lenguaje ordenado, palabras bien pensadas y descripciones someras, las que, sin embargo, son suficientemente iluminadoras como para penetrar escenarios rápidos, dramas oscuros de la vida diaria y personajes más o menos mesurados, pero con grandes emociones internas. Leer los textos entonces se nos presenta como una experiencia que nos hace disfrutar de un conjunto de narraciones articuladas en un desplazamiento sintético en que el lenguaje sencillo encierra una condensación de significados.

El género del cuento exige reglas particulares. El cuento corto tiene su perfil definido y desde luego también el cuento largo, el que dicho sea de paso es poco ejercitado. Álex Rivera se enfrenta a estas dos contingencias. Sabemos que el cuento corto nos lleva necesariamente a ciertas velocidades y rutas en que el golpe certero acaba en un final definitivo. Tanto en uno y otro caso, Álex Rivera prefiere que nos involucremos en historias en que el flujo de la trama corre invisible, oculta bajo signos acompasados en que el interés no se escapa. Para lograr y manejar estos artificios hay que saber adivinar algunos misterios literarios.

Los personajes, a los que como lectores seguimos el paso, los vemos enfrascados en conflictos individuales en que el lazo familiar o de pareja los tiene sostenidos en una proporción mayor o menor del que depende el intríngulis de sus destinos y también el efecto narrativo con que el se cierra la lógica de los cadenciosos, precipitados o “pequeños” acontecimientos. Siempre con trasfondo existencial y emotivo.

 Merece destacar, por ejemplo, “Cielo totalmente vacío”, en que el divorcio del personaje aparece semejante al peso inexorable del presente, cuyo desahogo existencial se filtra por los recuerdos de la infancia en la residencia de la hermana que visita de años y en el que encuentra después de mucho tiempo al vecino con cierto desequilibrio mental, perdido en la noche oscura de la vida, carente de horizontes como las de él. 

O “Deja que corra el agua”, que da título al volumen. André y Martha que comparten un paseo campestre parecen desarrollar emociones distintas: las de André menores y un poco desinteresadas y la de Martha moviéndose en la intensidad de los sentimientos que anhelan el cumplimiento de un día especial que en realidad no sabemos exactamente en que consiste, y que André sin embargo se empeña en frustrar con un accidente intencionado.

También, podemos citar como muestra de botón “La mejor compañía”. En esta historia está de por medio, entre Patricia y Richard, la perrita bóxer Rita. Richard se desenvuelve lejos del matrimonio con Patricia, entusiasmado más por la mascota que altera y arruina la vida común y la dignidad de la esposa. El desenlace guarda las heridas de mujer y el despecho y la pasión de Patricia, en la que la Rita se ve arrastrada fatalmente.

Pero es en el cuento largo donde Álex Rivera encara complicados desafíos. Son: “Estupendo Brod” y “Lejana ciudad oriental durante una noche argentada de estrellas”. Particularmente me han emocionado y creo que para cualquier lector le será memorable. En ellos Álex Rivera con extraordinaria sagacidad consigue extenderse ampliamente sin que el movimiento ondulado de los relatos sea derrotado por las fisuras de la digresión o la morosidad. El final del primer cuento citado, en que el virtuoso perro Brod es llevado a beber ron en una cantina por órdenes de sus amos a los que no tiene más remedio que obedecer nos parece la suma elocuencia de una trama que pone de manifiesto la mediocridad y el fracaso de una familia dedicada a la bebida, que en un momento dado se empeña en dejar atrás los hábitos expansivos pero que termina hundiéndose en la modorra de la voluntad estéril.   

El segundo cuento largo es, quizá, un cuento autobiográfico del autor, estrechamente conmovedor y colmado de honda ternura: el profesor de francés y la pequeña alumna viven, rodeados de oscuras esfinges religiosas y de remotas leyendas de Brahma y Maya, el afecto imposible de la fatalidad en una relación impalpable, imprecisa, casi intangible. No les diré más. Es bueno que los lectores descubran los ángulos sombríos, tortuosos y esperanzadores de este cuento liviano como densamente humano.

Finalmente, diré que Álex Rivera recurre además de la técnica dosificada del lenguaje, unidas a historias cotidianas a las que les otorga el impulso de apacibles dramas, a estrategias y mecanismos literarios que tienen connotación con el dato escondido y el final abierto, entre otros elementos estructurales que ustedes tendrán que descubrir al leer este libro tejido punto por punto por un minucioso y ambicioso autor.

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