Siu Kam Wen: “Íntimamente me siento chino; como escritor me siento peruano”

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Siu Kam Wen una de las calles del Centro de Lima. (Foto: Eduardo Vásquez)
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Nació en China, pero escribe en español. Su patria literaria es el Perú y sus recuerdos y vivencias le sirven de materia para su obra. Una obra de estilo directo y con personajes muy bien constituidos y muy humanos. Les compartimos esta charla con Siu Kam Wen (Zhongshan, China, 1951).

 

Entrevista de Bruno Ysla Heredia

El escritor chino-peruano de culto Siu Kam Wen estuvo a fines de marzo de visita en Lima —radica en Hawái—, para presentar su más reciente publicación a cargo de la editorial Casatomada: La novela Viaje a Ítaca. Esta es la primera novela que escribió, a principios de la década de 1990, pero que no había sido publicada hasta ahora en nuestro país.  El libro trata de uno de los regresos del autor al Perú, precisamente en 1990, y, como dice él mismo, fue su primer intento de resumir sus veinticinco años de experiencia aquí en un solo libro. Esta entrevista-testimonio es también un intento, y nada más que eso, de resumir los temas y motivos de la vida y obra de Siu Kam Wen en un solo texto.

 

NOMBRES

Los caracteres chinos se pronuncian según dialectos en formas muy diferentes. Cuando yo nací mi nombre fue registrado en caracteres chinos y esos caracteres se usaban como el idioma oficial de China en ese momento que es Putonghua o mandarín. En mandarín mi nombre se pronuncia como Xiao Jing Rong, pero en cantonés, Siu Kam Wen. Lo que pasó fue que cuando se estaba gestionando mi visa para ir de Hong Kong al Perú, alguien en el consulado chino en el Perú resultó ser una persona de origen cantonés y sólo pudo transcribir mi nombre según la pronunciación cantonesa. Mi nombre resultó siendo Siu Kam Wen. Este nombre apareció en todos mis documentos desde mi pasaporte hasta mi carnet de extranjería que usaba entonces. Fui a los colegios y a la universidad con ese nombre, por eso tuve que quedarme con él. Yo me reconozco como Siu Kam Wen.

Hay algunas personas, por ejemplo, corresponsales que me escriben desde China, que me llaman señor Xiao, no señor Siu. Siu es mi apellido paterno y Kam Wen es un solo nombre chino de dos caracteres. Se puede usar cualquiera de los caracteres pero generalmente prefiero que sean usados los dos al mismo tiempo. La gente en el Perú me llama Siu, nunca me ha llamado Kam Wen. Todo el mundo pensaba que Siu era mi nombre de pila, y así se han acostumbrado a llamarme. Incluso el personaje femenino de El verano largo. ¿Dónde está el apellido materno? Yo no tengo pues.

Yo desde que estaba en la secundaria todos los años tenía que ir en la matrícula a quejarme y señalar de nuevo cuál era mi nombre y cuál mi apellido, porque si no iba a estropear mi registro escolar. Todos los años tenía que buscar a la secretaria de mi colegio para pitear. En el colegio chino comenzó el problema porque me pusieron un nombre peruano: José, José Siu Li. Mi mamá se apellida Li. Cuando terminé la primaria, esos registros escolares no coincidían con el nombre que tenía en mi carnet de extranjería y tuve un problema enorme también.  Tuvieron que hacer rectificaciones de nombre, a través de un abogado. Por eso, desde que entré a San Marcos insistí en usar el nombre como Siu Kam Wen y en ese orden.

 

IDENTIDAD

Lo he tratado muchas veces de contestar y no se ha llegado nunca a una respuesta inequívoca. Entonces, mi forma de contestar es de manera indirecta, no en lo afirmativo sino en lo negativo: Yo no sé qué soy pero sé lo que no soy. Y no soy 100% chino, no soy 100% peruano y no soy 100% norteamericano. Otra forma de responder ha sido de este modo: íntimamente yo me siento como chino porque cuando bajo a la calle en los Estados Unidos, o en Lima, todavía me siento como un extraño en otro país, no me siento completamente confortable. Sin embargo, una vez estuve en Hong Kong y cuando salí vi que todo el mundo afuera era como yo, me sentí así como que estuviera en casa. Entonces, íntimamente me siento un chino pero soy también norteamericano simplemente porque es una cuestión de elección, porque llegué a un punto de mi vida en que no tenía pasaportes, tenía que agarrarme uno cualquiera.

En lo de ser escritor, me siento peruano porque escribo en el idioma que se usa en este país, por los 25 años que viví en el Perú, por mi paso por la universidad y los colegios del Perú y porque tengo afectos también aquí. Y también porque todo lo que escribo, bueno, con algunas excepciones, se ocupa del Perú. Entonces, me siento un escritor peruano. Yo no me siento un escritor chino, en China nadie me conoce, además, yo no escribo en chino.  Y no soy como uno de esos escritores nacidos en China que se va a los Estados Unidos y comienza escribir en inglés. Ellos se consideran escritores chino-norteamericanos.

 

LENGUA

Escribir [originalmente en inglés]  Viaje a Ítaca sí había sido un poco por arrogancia pero aprender el inglés, comenzar desde el principio, no fue simple arrogancia sino un reto. Había superado la dificultad de un nuevo idioma varias veces, no solamente el castellano sino también el cantonés porque mi primera lengua era longduhua, un dialecto sumamente opaco y hermético, que hablaba muy poca gente. De ahí, tuve que aprender el cantonés, en la primaria en Hong Kong. Después, asumí el trabajo de aprender el castellano, que fue una empresa muy difícil para mí. Y, finalmente, cuando me vi obligado a emigrar por tercera vez, a los Estados Unidos, también supe que iba a tener que enfrentarme a un nuevo idioma y yo sabía que iba a agarrar al toro por las astas, no me iba a asustar por eso. Incluso cuando llegué allá, mi formar de aprender el inglés fue sentarme y hacer traducciones, como repitiendo lo que hice en el Perú. Porque veía que yendo al colegio, estudiar de forma oral el inglés, se aprendía las expresiones más usuales para conducirse en la vida, pero no para alguien con fines de escribir en el futuro algún libro, por ejemplo. Yo creo que puedo jactarme de que siempre he tomado una actitud un poco heroica en función al lenguaje. Si algún día me tengo que mudar a Francia, también voy a agarrar al francés por las astas.

 

PRIMERA NOVELA

Viaje a Ítaca fue mi primer intento de resumir mis veinticinco años de experiencia en el Perú en un solo libro, originalmente no lo iba a titular así, sino simplemente Perú. En cierta forma no fue un libro exitoso porque  no pude poner todo en la forma de ficción; tuve que usar mi memoria y escribirlo un poco como un libro de viaje, citando mis recuerdos cuando visitaba lugares conocidos. Allí también hablé acerca de mis familiares, de mi tío, pero eso lo hubiera querido plasmar en forma completamente ficticia y no logré alcanzar ese propósito hasta que escribí La vida no es una tómbola. En éste sí, toda mi experiencia fue contada en forma de ficción, incluyendo la vida de mi tío. Yo considero a La vida no es  una tómbola como una versión más exitosa de Viaje a Ítaca. O que los dos libros tienen su importancia.

 

RENACIMIENTO

Había escrito cinco o seis libros y estaban acumulándose en el cajón de mi escritorio. No es que yo no haya escrito durante mis treinta años en Hawái. Escribo casi todos los días pero a veces no resultaba un libro y tenía que abandonarlo. De todos modos, después de no sé cuántos fracasos, siempre lograba rescatar algunos libros y había logrado escribir cuatro o cinco y estaban acumulando polvo en los cajones de mi escritorio. Hasta que un día leí un artículo de Iván Thays, que decía que Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique habían destrozado a la generación de 1980 porque esa generación ya no publicaba. Me calenté. Yo no publicaba porque no tenía editores no es que no escribía. Entonces, armé mis libros por internet. Ese fue también un descubrimiento que hice en esa época, que podías armar tu propio libro y publicarlo por demanda. Saqué unos ejemplares por demanda y se los envié a Iván Thays, me quedé un poco enojado. Se lo mandé y parece que él habló en uno de sus programas de esos libros. Después, Paolo de Lima, que tenía un blog en esa época, se ocupó de mí y escribió uno o dos artículos sobre mí en su blog y eso llamó la atención del Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de José Ballón, en esa época, y ellos compartieron esos artículos. Yo leí eso y me dije: Ah, la Universidad de repente estaría interesada en publicarme. Escribí una carta a su secretaria, pregunté si estaría interesado en leer mi libro y José Ballón dijo: Oh, sí, envíamelo por correo electrónico. En unas semanas ya lo había aprobado: Oh, te voy a publicar. Justamente, en esa época, Gabriel Rimachi se había ofrecido a publicar una reedición de El tramo final. ¡Dos libros en el mismo año! ¡Oh, regreso! Entonces, yo les debo a tres personas mi renacimiento editorial por lo menos: A Paolo de Lima, a Gabriel Rimachi y a José Ballón. E, indirectamente, también a Iván Thays, porque si no hubiera dicho lo que dijo, yo no hubiera reaccionado.

 

ESCRIBIR

Escribir libros ha sido siempre por afecto, por afición y por amor a la escritura. Es un asunto un poco quijotesco, porque yo siempre he dicho y lo he repetido muchas veces que si el mundo avanza es porque está lleno de estos tipos quijotescos que no esperan una recompensa por sus esfuerzos. Yo cito como ejemplo a los hermanos Wright, los que construyeron los primeros aviones. Ellos comenzaron con una tienda de bicicletas y gastaron sus ahorros en construir aeroplanos primitivos. Todos los grandes descubrimientos, hallazgos,  han sido hechos por gente que se arriesga, que no esperan una recompensa a sus esfuerzos. Hay que arriesgar. Después de mis dos primeros libros yo traté de escribir pero no resultaba porque en ese entonces yo tenía que buscar trabajo, tenía que asentarme en la nueva vida y con ese trajín era imposible tener paz mental. Yo llegué a escribir, por ejemplo, una novela de 300 páginas. Era una novela acerca de un pishtaco, de un músico norteamericano que pasó una vez por Lima en el siglo XIX, creo que presenció una pequeña revolución aquí, su hotel fue atacado con cañones y todo, es un poco interesante. Escribí esa novela como un divertimento, no lo considero algo serio y no pienso publicarlo nunca. Tiene unas 300 o 400 páginas.  Todavía tengo el manuscrito pero no pienso publicarlo.  Escribí otro libro, llegué a la página 100, después me di cuenta de que el tono usado era inadecuado y tuve que tirarlo al tacho. Por cada libro que termino habré abandonado unos tres. Todavía me pasa eso.

 

OBRA

Un poco antes de La vida no es una tómbola escribí una colección de cuentos fantásticos, Ilusionismo. Es un conjunto de unos ocho o nueve cuentos fantásticos. Nunca se ha publicado aquí en Lima. Tal vez lo haga en un futuro, no tengo prisa con eso. Después de eso, escribí La estatua en el jardín, no me acuerdo en qué año la escribí, debe ser después de mis dos viajes a Francia, porque usé toda mi experiencia de lo que había visto allí, lugares que había visitado. El material autobiográfico se agota, para escribir otro libro tengo que inspirarme en noticias, en lo que leo. Por ejemplo, el libro El furor de mis ardores fue inspirado por una historia real. Yo trabajo para una fundación  para las artes y la cultura del estado de Hawái, soy un empleado público. Mis compañeros de trabajo son en su mayoría artistas, pintores, escultores, había un guitarrista también. Este último era japonés norteamericano y un día la secretaria me dice: Ven, ven, te voy a mostrar un artículo. Me dio una revista y me dijo: ¿Tú sabías que su hermano había sido asesinado y por su propia esposa?  Por esa razón ahora él tiene que criar a su sobrina y no se ha casado nunca porque ha sufrido un trauma. Yo no sabía todo eso. Me presté el artículo y lo leí en casa. Hablaba de un doble crimen, y ese libro se inspiró en él. Por supuesto, trasladé la historia de Hawái al Perú, porque se me hacía más confortable.

El libro que vuelvo siempre a releer es El verano largo, pero la novela que considero como la mejor es La vida no es una tómbola porque como novela está bien estructurada, los hilos se conectan, parece que es la novela perfecta. Pero íntimamente, prefiero El verano largo.

 

MUJERES

En mi vida me ha tocado conocer a mujeres muy interesantes. Mis personajes femeninos no los he inventado completamente. En el peor de los casos son amalgamas. Por ejemplo, en La vida no es una tómbola hay una chica que se llama Maggie, ella es un amalgama de dos mujeres. En El verano largo debo de confesar que el personaje en que está basado es muy real, casi no he tenido que cambiar sus aspectos psicológicos, su carácter ni nada; prácticamente, yo lo he retratado tal como era ella pero a veces en situaciones que no eran reales sino inventadas. Generalmente lo que hago es imaginarme como es estar en el cuerpo de esas mujeres y reaccionar a ciertas acciones o contestar a ciertas preguntas. Creo que por eso he podido dar más verosimilitud a esos personajes.

 

FLORES

Foto: diario La República.

El nombre Azucena [de dos de mis personajes] es por mi preferencia a nombres de flores para los personajes femeninos. Por ejemplo, Rosa [nombre del personaje de Viaje a Ítaca] ha salido dos veces en mis libros e historias. Daisy [Margarita en inglés] ha salido también no sé cuántas veces. Azucena también. ¿Por qué? Porque yo tengo esta idea de que a veces una flor refleja la personalidad de su poseedora. Por ejemplo, Rosa habla de un carácter abierto, mientras que Azucena, de un carácter más puro. Daysi era un poco como corriente. Yo enchufo a mis personajes, siempre que puedo, el nombre de flores.  La única Azucena que conocí en mi vida era la chica del propietario del edificio donde vivía. Me pareció un nombre muy hermoso y, además, tiene una cierta connotación provinciana. Tanto Azucena en ese cuento que ganó una mención honrosa en el Cuento de las mil palabras, como en El verano largo son de origen humilde.

 

PADRE

El padre en mis narraciones generalmente se trata de un personaje severo que ve muy mal la vocación que han escogido sus hijos. Es ese tipo de padre. Y generalmente ese tipo de padre es el  que estimula a los hijos a escribir. Debe ser por rebeldía. Yo comencé a escribir Viaje a Ítaca antes de que mi padre se enfermase, entonces, trabajaba de mesero a tiempo parcial, me sobraba tiempo. Un día mi papá, que en ese momento tenía 79 años, despertó sin poder ver, ciego. Lo llevamos al doctor y el resultado fue que tenía diabetes. Un enfermo diabético necesita ser cuidado diariamente, tenía que recibir sus inyecciones de insulina. Mi hermano y mis dos hermanas tenían trabajos estables. Yo no podía pedir que se quedasen en casa a cuidarlo. Me dije: Mi trabajo es solamente parcial, si renuncio no me va a afectar mucho. Renuncié y me quedé en casa a cuidar a mi papá. Creo que me quedé dos meses y al cabo de ellos falleció. Después de su fallecimiento decidí no buscar de nuevo otro trabajo, sino terminar el libro y recién comenzar a buscarlo. Terminé este libro en tres meses y después volví a trabajar por nueve meses. Hasta que ya la plata comenzó a faltarme, llegó la época de navidad y yo no tenía ni plata para comprar regalos. Entonces, oye, ya tengo que ir a buscarme un trabajo. Ya había terminado el libro y aproveché.  Trabajaba algo así de 6 a 8 horas.

 

AUTOFICCIÓN

Sí he escuchado hablar de eso, pero autoficción… ¡no sé, pues! ¿Los ríos profundos es también autoficción, no?

 

RECONOCIMIENTO

Trato de ser versátil y no solamente escribir acerca de la comunidad china [en el Perú] pero comencé escribiendo sobre ella y me parece que es la veta que más interesa a los lectores y también a los académicos. Han escrito un montón de artículos acerca de El tramo final pero en cambio no han escrito casi nada acerca de los otros libros. Porque hay sobre El tramo final y sobre La vida no es una tómbola. Hay una tesis italiana sobre este último libro, no sé cuántas tesis francesas sobre El tramo final, y ahora están escribiendo también una tesis en China, sobre toda mi obra. A La vida no es una tómbola la van a traducir al chino; han terminado ya dos tercios del libro y lo van a publicar pronto. Ojalá.

 

PROYECTOS

He terminado un libro que es un poco similar a La primera espada del imperio, es de la vertiente maravilloso heroica. Yo la llamo una novela de kung fu acerca de la conquista. Una historia de espadachines ubicada en la época de la conquista del Perú. Es un libro que cubre desde el descubrimiento de América por Colón hasta la muerte de Pizarro. Es bastante largo pero no cansador. Es un libro que he podido condensar en menos de 400 páginas. Ya lo he terminado e incluso lo he traducido al inglés. Lo he escrito en dos versiones.

Creo que voy a hablar con la Universidad Ricardo Palma porque hace unos años mostraron interés en publicar todos mis cuentos en un solo tomo. Ya habían hecho algo similar con Oswaldo Reynoso. El problema en esa época es que yo necesitaba conseguir un permiso de mi editor español para una excepción a esos derechos, ellos tienen los derechos. Y yo por flojera no la había conseguido hasta ahora pero ya lo hice. Así que, los de la Ricardo Palma ya pueden publicar toda mi obra de historias cortas en un solo tomo.

 

ACTUALIDAD

Ahora no he visto grandes cambios en el Perú y no creo que haya oportunidad en el futuro para escribir un libro diferente acerca del país. Porque ahora el Perú está bien, es en los malos momentos que se pone interesante.

 

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE SIU KAM WEN

Los ríos profundos de José María Arguedas

La palabra del mudo de Julio Ramón Ribeyro

Rojo y negro de Stendhal

Servidumbre humana de Somerset Maugham

Las novelas de artes marciales de Jin Yong

 

 El video de nuestra entrevista con Siu Kam Wen

 

 

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