Sergio Galarza: “Escribo más para mí y menos para conseguir una imagen”

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Nuestra conversación con Sergio Galarza se realizó en Surquillo, en la casa de sus padres. (Foto: Jaime Cabrera)
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Una conversación con el escritor Sergio Galarza a partir de su libro Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre (Estruendomudo, 2016).

 

Por Jaime Cabrera Junco
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El dolor es el motor de la escritura. Para algunos más que para otros. Y no hay dolor más lacerante que la pérdida de una madre. Este hecho convierte a un hijo o hija en una suerte de pollo sin cabeza. Eso es lo que dice Sergio Galarza Puente (Lima, 1976) en Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre (Estruendomudo, 2016), una historia autobiográfica del autor sobre la relación con Doris Puente, su  madre, cuyo punto de partida es el fallecimiento de ella producto de un cáncer. El libro conmueve y tiene pasajes que evidencian mucho dolor, si bien no todo es lamento, pues Galarza matiza con humor y nos da una pincelada sobre el personaje principal de la historia, su  madre. Todos tenemos una historia que contar de nuestras familias y esta es la que nos ofrece Sergio Galarza, quien acaso ha escrito el mejor de sus libros, o el más visceral, como afirma.

 

En la presentación de Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, Beto Ortiz dijo que no deberíamos felicitarte por haber escrito este libro, pues su punto de partida ha sido la muerte de tu madre y esas experiencias dolorosas uno no desearía vivirlas nunca. ¿Hubiera sido preferible no tener que escribir este libro?
El libro se planteaba como una obligación porque había quedado por escrito por mi madre, según las señas que voy descubriendo y cuento en esta historia. La intención anterior era escribir un libro sobre fútbol, donde ella era un personaje importante, pero aquí ya se vuelve un personaje principal. Tenía un temor y era que el libro pudiera no estar a la altura de otros que había leído. Al final pienso que sí, lo he conseguido luego de cinco años de escritura, reescritura y de tantas correcciones.

Has dicho que tu historia aspira a la máxima honestidad posible.
Sí, por eso pensaba que iba a ser un libro de no ficción porque había una confusión con la honestidad, porque pensaba que iba a ser un libro en cuanto iba a ser fiel con mis recuerdos, y sí lo he sido, pero esos recuerdos no siempre se corresponden con la verdad.

En una parte del libro dices que escribir para ti es una terapia, que te permite darte cuenta de tus errores. En esta historia se percibe culpa, dolor y gratitud. ¿Por qué publicar el libro y compartir ese dolor?
(Piensa unos segundos) Porque pienso que era la misión pendiente que había dejado mi vieja, por todas las pistas que iba dejando y, de hecho, los apuntes de la agenda y la canción al final de esta son pistas. Así también las cartas que le enviaba a sus hijos y todo lo que he ido recopilando desde que ella supo que estuvo enferma. Ella, además, intentaba un mayor acercamiento conmigo y en algún momento se puede considerar que fuimos cercanos, pero este acercamiento siempre se diluía. Quizás la única forma que esté en el centro haya sido convirtiéndola en un personaje de uno de mis libros. Además, este no es solo un libro sobre el duelo, para mí es más un libro sobre cómo se forma una vocación, sobre cómo somos más una herencia que un invento de nosotros mismos.

12814629_894605037319853_5135078038044075622_nMarcos Giralt Torrente, el autor de Tiempo de vida, decía en una entrevista que él no creía en una literatura terapéutica, pues sostiene que su libro no había hecho que queden atrás sentimientos dolorosos. ¿Para ti también ha sido así?
Yo, por ejemplo, ahora que estoy en Lima y que vengo con mi familia, tengo el recuerdo permanente, y todo el rato ha sido pensar cómo habría vivido esta etapa mi madre. Y, además, es el recuerdo de mucha gente con la que me encuentro —amigos, familia, vecinos—que me dicen: «ah, lo que tu madre hubiera dado por este momento». Entonces es algo con lo que uno aprende a convivir. Ahora mismo hay una forma de ver las cosas, de alejar todo lo que sea negativo, como las penas y la culpa, cuando todo eso forma parte de nosotros mismos, de nuestra vida diaria, sobre todo en un país como el nuestro que ha vivido tantos años de violencia, de terrorismo. Seguimos siendo una sociedad violenta, pero preferimos enterrar eso y ahora estamos llenos de positivismo, y esto implica ausencia de crítica. El que se queja, el que critica, es el que está en contra del progreso.

¿Cómo ha sido la lectura del libro en tu familia? Es un libro basado en algo real y has dicho que este es producto de tus recuerdos
Mi hermano me ha hecho alguna corrección, pero una de dato, pero a él le gusta y también a mi hermana. Mi padre, por su parquedad, no me ha dado ninguna opinión. Otra gente sí (ríe), tengo una tía que es la mejor amiga de mi madre, por antigüedad, y el otro día me dijo «creo que esa parte en la que cuentas tus años en los que estabas metido en la droga es la parte más fantasiosa de la novela» (vuelve a reír). No se lo voy a negar tampoco, prefiero que siga pensando eso.

¿Qué definición es más precisa para hablar de tu libro? En la página 140 dices que podría ser una novela autobiográfica, crónica, ensayo, homenaje, ajuste de cuentas, libro de autoayuda sin consejos…
Yo creo que es un ajuste de cuentas. Un ajuste de cuentas con la memoria de una persona que aunque creía en su dios y tenía su fe religiosa, sabía que donde iba a vivir era en la memoria de nosotros, por eso se esforzaba tanto por ayudar a tanta gente que creía desvalida, por aconsejarles y darles momentos gratos. Porque al cabo lo único que está demostrado es que vivimos en la memoria de las personas y por eso se siguen escribiendo libros, sino todo el mundo estaría en misa los domingos.

Y decías también que el homenaje a tu madre es ponerla en la memoria de los lectores
Sí, bueno…he estado recopilando en mi cabeza el número de personas que se han acercado y me han dicho que mi madre tuvo una influencia importante en su vida y hasta el momento supera al número de lectores que me dicen que mis libros han sido importante para ellos (ríe). De momento mi madre va ganando.

Decías que ella había sido una influencia decisiva para que fueras escritor
Mi madre pensaba la figura del escritor como un intelectual y yo veía más al escritor como una persona despreocupada, viviendo al límite, un maldito de la noche. Mucha gente ve a Ribeyro como un hombre que se pasa todo el rato filosofando. Yo me pegué más a sus relatos donde aparecen los bares, las aventuras de juventud, yo quería ser ese Ribeyro, no el otro. Mi madre me descubre un mundo a su manera y yo lo interpreto a la mía.

 

 

DE LITERATURA PERUANA Y EL VIAJE A ESPAÑA

GalarzaCandaya“Ser escritor es una decisión que tomé una noche en la biblioteca de mi casa. Durante mucho tiempo creí que la idea había surgido de forma espontánea, pero una vocación es un llamamiento y el estilo de vida ribeyriano llevaba años ofreciéndome una vía de escape y para escapar lo primero era escribir”, escribe Galarza en la página 79 de Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre. Si bien el eje de la historia es su madre, el autor también va revelando pasajes autobiográficos de su formación como escritor o incluso la comparación que hace con el fútbol, una de sus pasiones: “Jugar el fútbol es mi gran pasión, disfruto más salvar un gol en la línea o meter un pase entre las piernas, que escribir párrafos con sustantivos sólidos de bajo y batería…El marcador no se puede editar a favor cuando ocurre una derrota. En la literatura sí”.

 

¿Dirías que irte a España ha sido decisivo para ti como escritor?
Sí, sobre todo porque vivir en otra sociedad te permite hacer una comparación. Ahora mismo pienso que hay mucha gente (en el Perú) que está ciega y no ve que estamos cavando un foso donde nos vamos a enterrar. Hace unos años parecía que habíamos salido adelante porque había prosperidad económica porque había mayor estabilidad en la sociedad, que había una democracia sana, pero por ejemplo lo que estoy viendo ahora que se vienen las elecciones es que vamos a volver a lo mismo, y de allí no sé quién nos va a sacar adelante.

En la literatura peruana estamos ante un debate, acaso inútil y estéril, sobre la denominada autoficción o literatura del yo. ¿Qué puedes decirnos tú sobre esto? Aun viviendo en España estás siempre al tanto de lo que sucede aquí
Pienso que esto es una etiqueta. Cada cierto tiempo el mercado editorial tiene que renovar sus apuestas, tiene que vender sus productos y esto último implica cambiar de etiquetas. Cuando empecé a escribir se llamaba literatura autobiográfica y es como yo siempre la he conocido, y ahora se llama autoficción aunque a mí me parece la misma cosa. Lo que demuestra esto es que sí existe un mercado editorial, que hay algunas editoriales que realizan un trabajo de marketing y veremos también si eso supone que haya más lectores. Porque el hecho de que unos libros vendan 10 mil o 15 mil ejemplares no supone que haya la misma cantidad de lectores. Sería bueno que estos 10 mil o 15 mil se vuelvan consumidores habituales, visitantes de librerías. Es lo que se debería conseguir para que de alguna manera cambie ese universo literario tan pequeño que tenemos en el país.

¿Qué percepción se tiene en España de tu obra y de ti como escritor?
¿Qué puedo decir? Creo que he tenido mis momentos, pero no creo que sea un autor reconocido ni nada de eso. De hecho que eso ha sido un problema para mí porque me hubiera gustado ir a más, pienso en algunas oportunidades que desaproveché (piensa)… y ya no hay vuelta atrás en ese sentido. Publicar este libro es quitarme un peso de encima y dejar de pensar en eso, y que hay cosas más importantes en las que pensar. Escribir es cada vez más para mí y menos para conseguir una imagen, es como una liberación. Quizás pueda ser como la aceptación de un pequeño fracaso, llamarlo fracaso tampoco es toda mi vida, es pequeño con respecto a lo que tengo ahora, tengo una familia y dos chicos en los que preocuparme, así que me hace poner los pies sobre la tierra. Antes vivía más para mí, todo era mi ego, los autores tenemos un ego que no cabe en una casa. Creo que puedo tomar estas cosas a bien. Si me invitan y me publican lo celebraré como celebramos todos en el Facebook. Si no pasa nada, pues tampoco pasará nada para mí. No me afectará como me afectaba antes. Quizás era un poco como una derrota, pues cuando me fui a España la idea era conquistar el mercado, convertirte en el autor peruano que se toma en cuenta, que se menciona siempre, conquistar una parcela de imagen. Eso para mí ya ha pasado a un segundo plano.

MatacabrosEsto es lo paradójico en la literatura, pues si fueras una celebridad te pedirían publicar un libro cada año y no estarías publicando para ti como acabas de decir sino para el mercado.
(Piensa unos segundos) A veces pienso en otros autores y amigos que tienen esa obligación, reviso sus libros y constato que existe esa presión, pues son libros que empiezan a caérsete de las manos. El mercado es como una rueda que lo va triturando todo y quedan muy pocos rastros delante de ellos. Las mesas de novedades son trituradoras absolutas, a veces los libros no duran ni dos semanas. Apuestas fuertes que al salir una reseña adversa las matan. El autor que tocaba el cielo al haber firmado por una editorial grande si fracasa lo hace para todo, porque no lo va a publicar ni una editorial pequeña.

En el Hay Festival de Arequipa comentaste que en el Perú existe un canon poético, pero no uno narrativo. “No tenemos un cuerpo narrativo muy identificado, lo que hay es una corriente narrativa que ha predominado que es el realismo”, dijiste
Siempre hemos sido un país de poetas, pero no hemos sido un país de narradores. Si bien tenemos a Vargas Llosa, Bryce, Ribeyro, luego hay un vacío, es decir tenemos novelas, libros de cuentos, pero no tenemos autores. Para mi gusto hay autores que se dice que sí han desarrollado una obra contundente, tipo Alonso Cueto, en mi caso no son autores que nos marquen, no son libros que me atraigan. Siento recién ahora que en estos años empiezan a aparecer autores con esa ambición, de formar una obra y que esta estructure un poco cuál va a ser nuestra narrativa. En este caso ha tocado que sea una literatura autobiográfica, son los libros que más se han vendido, los más mencionados, lo cual es una coincidencia, no creo que las editoriales se hayan puesto de acuerdo. Me parece que es una coincidencia. Ya el tiempo dirá qué libros se desteñirán y cuáles perdurarán. Lo que siento ahora es que hay una ausencia de poetas. Cuando Antonio Cisneros era joven, había como él más poetas importantes y ahora no hay muchos o no suenan, tampoco los he leído. En la narrativa creo que ha cogido cuerpo, que hay vigor.

¿Estás escribiendo ahora o estás en una pausa luego de este libro sobre tu madre?
Estoy en una pausa, estoy como en una bajada de paternidad (ríe) porque no puedo escribir nada, estoy ocupado en asuntos caseros, pero siempre estoy pensando. Ahora tampoco tengo esa necesidad de decir «tengo que escribir esto, ahora necesito aprovechar este momento». No, eso ya pasó, creo que volveré a escribir de aquí a un año o año y medio, me he aplicado más en leer, he cogido una buena disciplina de lectura. Cuanto más presión hay es cuando mejor funciono, y he aprendido a funcionar como un lector bajo presión. Leo en el metro, mientas mis hijos se echan una siesta, además me he vuelto un lector exigente. Si el libro no me engancha ya lo dejo, ya no soy como cuando era joven, un testarudo, en el que le daba una nueva oportunidad.

¿Qué quisieras que pasara con este libro sobre tu madre? Abad Faciolince no imaginaba que El olvido que seremos gustara tanto y hasta ahora se lo recuerdan. ¿Qué podría pasar contigo?
(Piensa unos segundos) Pienso en ese libro de Abad, donde hay un párrafo en el cual dice algo así como «no soy una persona que escribo sino que redacta» y tiene razón es un libro que no está escrito sino redactado. A mí es un libro que me decepcionó mucho. Yo espero que mi libro no decepcione. A mí me gustaría que con mis libros se rescataran como en Chile, donde se ha hecho una edición con este libro sobre mi madre. Me gustaría tener lectores con los cuales compartir gustos y exquisiteces. Suena todo elitista, pero al final ¿qué puedo hacer?, si así soy.

¿Y ahora qué te lleva a escribir?
(Piensa unos segundos) De hecho ahora lo que me planteo es este desencuentro que tengo con mi país. Por qué me siento tan lejos incluso estando en Lima en estos días, por qué no me encuentro en estas calles y en casi nada, por qué ahora me afecta más la pobreza que veo en las calles que incluso para esa gente no es pobreza. Ahora me planteo más eso, me siento cada vez más extraño en esta sociedad. Y un poco de eso es lo que escribiré, de lo que he ido tomando nota, cómo tu visión de las cosas te va distanciando también de esas personas que eran tus amigos, y cómo tus opiniones son rechazadas por ser consideradas por un extranjero que no tiene derecho a opinar por no vivir aquí. Y también porque al fin y al cabo porque somos un país que está contaminado aún por el fujimorismo, hay tantos vicios de esa época que se mantienen.

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE SERGIO GALARZA

  1. La soledad del corredor de fondo, de Alan Sillitoe.
  1. Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente.
  1. Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett
  1. Ariel, de Sylvia Plath.
  1. ¿Tenían ombligo Adán y Eva?, de Martin Gardner.

 

 

 

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