Rescate 6: «El mago» de Carlos Yushimito (2004)

0
Want create site? With Free visual composer you can do it easy.

Compartimos un cuento de este joven escritor peruano que, más allá de su lenguaje poético, nos presenta una realidad difícil de interpretar a lo Onetti. Ocho años después de haberlo escrito, su autor afirma que El mago más que un cuento fantástico es «un cuento sobre lo excepcional de los sentidos».


Yushimito_Elrescate.jpg

Por Francisco Ángeles*
Hay que ir con cuidado con El mago: es breve, pero esa brevedad le basta para despertar confusión. Y me refiero a que puede parecer un cuento de lenguaje, uno de esos cuentos que de modo estereotipado podríamos calificar como «poético». Lo cual, más allá del facilismo de esquivar la lucha por la precisión, tampoco estaría tan mal: Carlos Yushimito deja que sus frases se encadenen lentamente, construye imágenes que, bien encabalgadas, producen la sensación de trasladar directamente las percepciones del ojo espectador. Y aunque ese es el rasgo más saltante de su escritura, puede ser también la causa que lleve a distraer la atención de lo más importante: que detrás de esa máquina de producción de imágenes se oculta un núcleo desestabilizador que, a la par del ritmo suave de la prosa, deja al descubierto una realidad precaria, difícil de interpretar, un agujero oscuro por el que se puede colar una verdad difícil, acaso la revelación más terrible: la invalidez de nuestro sistema de conocimientos. 
 
Tiene El mago algo que me recuerda a los cuentos de Juan Carlos Onetti: la atmósfera opresiva de Santa María trasladada a Brasil, la humedad, el frío y las nubes bajas como marco para la revelación de secretos que se deshacen a la par que cesa la lluvia. Como en El infierno tan temido, la imagen que dispara los recuerdos, el pasado borroso que vuelve como amenaza en el presente. La ruptura de las leyes de la lógica, y la imposición de una nueva causalidad (o la abolición de la causalidad) que llevan a que el secreto permanezca oculto no solo a nosotros, los lectores, sino sobre todo a los protagonistas de la historia, quienes, incapaces de decodificar bajo reglas ajenas, solo alcanzan a intuir la tragedia que se avecina. «No es el color de nuestro hoyo lo que tanto nos intimida; sino la fascinación por quedar atrapados en el predecible, pacífico fraude que con tanta insistencia deseamos ver en él», dice el mago en un momento de su espectáculo. «Este sombrero, después de todo, solo ha sido inventado para protegerlo a usted de la luz», remata, con lo que muy sutilmente revela que aquello que consideramos real no es más que un artefacto hábilmente construido, susceptible de derrumbe. 
 
Esta precariedad en la aprehensión de la realidad, que retrata Yushimito en el espectáculo del mago, remite a una escena de la gran película de Lynch Mulholland Drive, en la que en un teatro a medianoche se pronuncia la perturbadora frase «¡No hay banda!». Y esta referencia al gran director norteamericano se repite cuando el mago le pregunta a Evangelista, el protagonista del cuento, «¿Y qué le hace pensar que usted está aquí… en realidad?», lo que recuerda a la célebre escena del hombre misterioso en Lost Highway. Sin embargo, más allá de Lynch, lo importante para el caso de El mago es reparar en la imposibilidad de estructurar secuencias de eventos, antecedentes, cadenas de causalidades, lo que lleva a la destrucción de las reglas de la lógica y la caída de la dictadura de la razón y, en claro movimiento surrealista, abren el universo hacia el sueño y la magia. La lluvia es, en ese sentido, esa fuerza natural que corta la reflexión y eclipsa el epistema occidental, y nos lleva hacia otro espacio en el que no existe razón lógica que pueda garantizar que las conclusiones que obtenemos mediante nuestro sistema de conocimientos sean validados. Pocos cuentos peruanos han alcanzado transmitir esa sensación con tal precisión y en tan breve espacio. Imprescindible. 
 
 
 
LA PALABRA DEL AUTOR:
 
«Creo que este, a diferencia de otros que he escrito, es un cuento que ha envejecido, aunque no sé decirte si para bien o para mal. En cualquier caso no deja de cumplir con el propósito que tenía, al menos para mí, cuando fue escrito, que era ser una especie de poética sobre la capacidad que creo tiene o debe tener el escritor -esa especie de demiurgo o de mago (como creía César Moro)-, para mostrar los milagros de lo aparentemente cotidiano. Porque este es, más que un cuento fantástico, un cuento sobre lo excepcional de los sentidos. Y por lo tanto, me parece que es un cuento sumamente realista. Es uno de los primeros cuentos que yo me atreví a mostrar a alguien (de hecho, el primero que publiqué en forma de libro) y que, sobre todo, entusiasmó mucho a mi amigo Aldo Incio, en esa especie de club de lectura que teníamos, allá, a comienzos de los 2000, en casa de Pancho Izquierdo. Solo por eso merece un lugar especial en mi escasa bibliografía». 
 
 
 
EL CUENTO
Pueden abrirlo y descargarlo en este enlace
*Francisco Ángeles es escritor, crítico y periodista, con publicaciones en diversos medios académicos y periodísticos peruanos y extranjeros. Su primera novela, La línea en medio del cielo (2008), fue muy bien recibida por la crítica. Creó y dirigió el colectivo literario  Porta 9, y en los últimos años viene ejerciendo como codirector de la revista de literatura El Hablador, en cuyo blog escribe la columna «Doble click». Vive en Filadelfia, donde sigue un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Pennsylvania. Actualmente alista la publicación de su segunda novela.
 
Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
COMPARTIR
Artículo anterior«La colección» o la quimera de una Lima que nunca existió
Artículo siguiente«El semental» o el poder político como vicio
Jaime Cabrera Junco (Lima, 1979). Periodista cultural y director de Lee por gusto. Ha trabajado en los diarios Expreso, El Comercio y Perú21, donde esta web comenzó como blog. Ha sido docente de cursos de periodismo digital en la Universidad de San Martín de Porres. Actualmente es jefe del Equipo de Promoción Literaria de la Casa de la Literatura Peruana.

DEJA UNA RESPUESTA