Rescate 5: «Torres» de Juan Carlos Bondy (2004)

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El escritor Francisco Ángeles nos comparte esta semana un nuevo cuento. Esta vez se trata de la historia de un escritor que representa de manera caricaturesca todas las taras que un narrador puede tener: pretencioso en el lenguaje, retórico en su discurso y sumamente susceptible con la crítica. En este post la historia detrás del cuento, la palabra de su autor,  Juan Carlos Bondy, y el relato para leerlo ahora mismo.

 
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Por Francisco Ángeles*
 
Finalista del Copé en 2004, y publicado en calidad de tal en el volumen correspondiente, Torres ya había tenido su rescate original con la publicación de esa suma de cuentos finalistas en concursos que fue Ayuda por teléfono (2009), el primer y hasta la fecha único libro de Juan Carlos Bondy. Como en otros cuentos de la mencionada colección, leer a Bondy sí que puede despertar unas sinceras carcajadas. Sin embargo, a diferencia de otros narradores que ocasionan el mismo efecto pero de manera involuntaria, el humor no es en este caso la respuesta instintiva del lector a las pretensiones fallidas de narradores con muchas más ambiciones que recursos, sino más bien la consecuencia de una mirada descreída e irónica de la vida, una mirada que tiene la sabiduría suficiente como para darse cuenta de que, en última instancia, burlarse de sí mismo es la variante más refinada de la inteligencia. Y por eso, aunque suene arriesgado decirlo, creo que Bondy en el fondo actúa con la impiedad de quien es tan inteligente como despiadado y, por tanto, no le queda otro camino que atacarse a sí mismo. Y por ello, el protagonista del relato, Carlos Andrés Torres, es la representación esperpéntica de la figura del escritor, la cifra de todas sus taras: pretencioso en el lenguaje, retórico en su discurso, artificial en su apariencia, teatral en su actuación, anticuado en sus códigos de conducta (reta a duelo al crítico que maltrata su libro) y paranoico frente a lo que considera una «mafia literaria» que sistemáticamente condena al olvido su talento.
 
Esta especie de Quijote en versión limeño-culturosa se considera a sí mismo como recipiente del verdadero arte, y por ello hace frente a todos los molinos de viento a los cuales su incapacidad lo obliga a enfrentar. Sin embargo, a pesar de todas sus taras, inicialmente no está solo en su empresa, sino que tiene un par de fieles escuderos que parecen dispuestos a seguir su ejemplo en defensa de la verdadera literatura, de los códigos anticuados, y de resistencia al mercado y a sus falsos modelos de éxito. Pero esta épica resistente al final se revela no solo como equivocación, sino también como trampa: Torres termina renunciando a sus códigos morales y, en pos del éxito y el afán de reconocimiento al que supuestamente hace frente, pasa al lado de la ilegalidad y plagia a otro escritor (que, para colmo de males, es mucho menor que él e igual de desconocido). Símbolo del escritor fracasado por naturaleza, del talento esquivo y de la vocación injustificada, Torres carga el sino trágico de una doble condena: por un lado, no haber sido jamás beneficiado por el éxito literario; por el otro, que las circunstancias lo llevan al reconocimiento definitivo de su incapacidad en las lides literarias.
 
Detrás del humor y la ironía con que Bondy acertadamente rodea a su personaje, Torres demuestra en realidad una soledad y una manera kafkiana de estar enfrentado al mundo y ser incapaz de darle batalla. Y por eso demuestra a cada momento que es el inútil que además tiene mala suerte, el fracasado esencial que ha hecho todos los méritos para serlo. Y por eso su incapacidad literaria es equivalente a la que evidencia en la conquista de mujeres (todos sus torpes avances con Rosa, la mesera del restaurante donde suele concurrir, no llegan a ninguna parte) y también en la lucha con otros hombres (el crítico la que pretendía enfrentar llega a levantarlo como un títere mientras «sus zapatos talla treinta y nueve bailaban ágilmente en el aire»). Bondy, como hace también en otros cuentos de Ayuda por teléfono, cimenta su escritura en el acercamiento a los personajes, y usualmente se pone del lado de ellos en una empresa absurda y perdida de antemano. Esperamos con expectativa su siguiente entrega. 
 
 
LA PALABRA DEL AUTOR:
 
«Hace cosa de diez años se me dio por ver películas y leer libros realizados con mucho humor. Lo había hecho hasta entonces de manera irregular, pero en esa época pasaba invariablemente las horas husmeando la saga de Wilt, buscando en el cable la hora de transmisión de Educando a Arizona o embarcándome en la relectura de La conjura de los necios. Fue precisamente el excesivo y procaz Ignatius Reilly de John Kennedy Toole quien me dio la idea de escribir el segundo cuento que hice en serio en mi vida, «Torres». Se trataba de una caricatura del oficio de la escritura, que es, en apariencia, una actividad intelectual y solemne, pero que da cabida a envidias, murmuraciones y, en estos tiempos, a toda una divertida gama de controversias on-line. Fue muy gracioso escribirlo, pero lo fue más todavía cuando el personaje principal del cuento, Carlos Andrés Torres, fue tomando vida propia entre los amigos lectores: algunos me dijeron que había sido inspirado en un escritor que ellos conocían y alegaban como prueba cierto párrafo que yo había inventado enteramente. Así, Carlos Andrés Torres fue, según estas lecturas, un narrador de los noventa, un profesor sanmarquino, un amigo de tiempos universitarios y quién sabe cuántas personas más. No tardé en comprender que en ese Carlos Andrés Torres, con su rosario de majaderías y barbaridades, todos los narradores, mal que bien, nos reconocemos un poquito«. 
 
EL CUENTO
 
*Francisco Ángeles es escritor, crítico y periodista, con publicaciones en diversos medios académicos y periodísticos peruanos y extranjeros. Su primera novela, La línea en medio del cielo (2008), fue muy bien recibida por la crítica. Creó y dirigió el colectivo literario  Porta 9, y en los últimos años viene ejerciendo como codirector de la revista de literatura El Hablador, en cuyo blog
escribe la columna «Doble click». Vive en Filadelfia, donde sigue un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Pennsylvania. Actualmente alista la publicación de su segunda novela.
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Jaime Cabrera Junco (Lima, 1979). Periodista cultural y director de Lee por gusto. Ha trabajado en los diarios Expreso, El Comercio y Perú21, donde esta web comenzó como blog. Ha sido docente de cursos de periodismo digital en la Universidad de San Martín de Porres. Actualmente es jefe del Equipo de Promoción Literaria de la Casa de la Literatura Peruana.

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