Renato Cisneros: “Hoy estoy totalmente involucrado en la literatura”

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Dejarás la tierra fue el libro más vendido en la reciente Feria Internacional del Libro de Lima. (Crédto de foto: RPP Noticias)
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En aquellos días agitados de la Feria del Libro de Lima conversamos con el escritor y periodista Renato Cisneros, quien ha publicado la novela Dejarás la tierra, díptico con el que cierra -asegura- las indagaciones sobre la historia de su familia. ¿Qué vendrá después? En esta entrevista ya no los insinúa.

  

Por Jaime Cabrera Junco

Después de Vargas Llosa y Bryce, sin duda el escritor peruano que más vende, que más público congrega hoy en día, es Renato Cisneros (Lima, 1976). La publicación de La distancia que nos separa (Planeta, 2015) fue un éxito y ha tenido sucesivas reimpresiones. No solo eso, pues a las ediciones latinoamericanas, se han sumado traducciones al francés y, próximamente, saldrá una inglés. Esta historia personal sobre su padre, el general Luis Cisneros Vizquerra (1926-1995), recibió no solo mucha atención sino que incluso fue leída como un testimonio histórico si bien, en tiempos como este, la franja entre ficción y no ficción hay una pequeñísima distancia, a veces imperceptible. Esta entrevista se dio con motivo de la publicación de su cuarta novela, Dejarás la tierra (Planeta, 2017), en la que el narrador indaga ahora sobre el origen de la familia Cisneros. Un origen con historias macondianas, algunas siendo verosímiles no lo parecen, tal como suelen ser las historias ocultas de nuestras familias. Esta obra, para variar, fue la más vendida en la Feria del Libro de Lima y aunque no ha sido recibida con el entusiasmo de la novela sobre el Gaucho Cisneros, no deja de tener muchísimo de interés.

  

La primera vez que conversamos fue en 2012 cuando publicaste Raro, una novela a la que la crítica y algunos lectores le dieron con palo
Sí, mi sensación fue que esa como la anterior, Nunca confíes en mí, pasaron como desapercibidas y aunque tuvieron lectores están como invisibilizadas y, en general, no fueron especialmente bienvenidas ni bien recibidas.

Por eso, siendo tu tercera novela, La distancia que nos separa, marca un antes y un después para ti como escritor por la atención que recibió
Tiene que ver también con la actitud detrás de la escritura de cada libro. Los dos libros anteriores —esto suena casi a pedido de disculpas, pero no lo es—, pues fueron libros que quise escribir en ese momento y me conectaron con lectores, algunos de los cuales conservo hasta ahora. Fueron libros que escribí pensando en Internet y escribía los fines de semana. Ya con La distancia que nos separa lo que hice fue plantearme un tema que me urgía escribir y que quizás no hubiese podido escribir si no escribía esas primeras novelas. Claro, hubo un cambio de registro, de temática, pero también de actitud: renuncié a un trabajo, me dediqué exclusivamente a escribirla y la novela fue el resultado también de esa preocupación y de esa actitud.

¿Qué lleva a un escritor, a una persona, a un lector que consume historias empezar a hurgar en su historia familiar? ¿Tiene que ver con la llegada a la adultez, con la proximidad a la edad de ser padre?
Bueno, a mí el tema de mi padre me había obsesionado desde siempre, supongo que incluso desde antes de que él muera, y su muerte terminó de convertir mi experiencia de hijo que pensaba que algún día se convertiría en algún material literario y, de hecho, ya en varios de mis poemas aparecía la figura de mi padre, pero nunca tan explícitamente. Luego, escribí estos libros que comentábamos, donde no había ninguna alusión a la relación padre-hijo, hay por ahí un padre que está como un personaje de segunda o tercera línea, pero en todos esos años sabía que la historia de mi padre, por el tipo de persona que había sido —un tipo complejo—, tenía que ser contada, tenía que ser narrada. No como un texto panegírico, no como un homenaje, sino como una novela y supongo que también fue el hecho de estar leyendo otras novelas sobre el padre lo que me hizo pensar que ya había llegado el momento de quitarme ese tema de encima y escribirlo lo mejor que pudiera.

Portada de la edición francesa de “La distancia que nos separa”.

Una pregunta de abogado del diablo podría ser ¿por qué escribir estas novelas y, mas aun, por qué publicarlas?
A ver, ¿por qué escribirlas? Porque en la operación de la escritura y la posterior publicación hay, primero, una cuestión de riesgo, de poder contarte a ti mismo primero la historia, que es un primer movimiento bien importante para quien tiene tormentos y preguntas sobre la identidad, sobre la procedencia que para mí siempre han sido temas que me han interesado muchísmo. La escribo primero para mí y después la publico para quitarme de encima ese asunto y no tener la tentación de seguir escribiendo el libro. De hecho, tenía muchísimas más entrevistas que hacer, pues me había planteado conversar con todas las personas vivas que habían conocido a mi padre a las que podía acceder, pero en algún punto renuncié a eso porque no quería que terminara pareciéndose mucho a un reportaje, pero sí me interesaban las lagunas y los espacios en blanco para rellenarlos con ficción o con mis propios recuerdos tergiversados. Pero si no la publicaba iba a tener la tentación de corregirla todo el tiempo y de escribir infinitamente toda esta novela nunca publicada sobre mi padre. Entonces, creo que la publicación cumple la función de cerrar un ciclo creativo y de verte a ti mismo como un autor que quizás ya está en otro momento para escribir sobre otros temas. Eso, y sobre todo porque existía la posibilidad de publicarla. Por otro lado, coincidió con que en ese momento el que se convirtió en mi editor y amigo, Jerónimo Pimentel, me dijo “vamos a publicarla”. Y entonces fue la suma de las dos cosas: mi urgencia por escribirla y el interés de una editorial por publicarla.

Es curioso el paralelo que se hizo entre La distancia que nos separa y Los rendidos, libro de José Carlos Agüero, que es más bien un testimonio de un hijo de militantes de Sendero Luminoso. La pregunta es ¿qué tanto se puede conocer a través de tu novela quién fue El Gaucho Cisneros?
A ver, habría dos cosas que decir. Por un lado, quizás lo más importante es cómo de un tiempo a esta parte los años de la violencia política —los 80 y 90— pasaron de tratarse literariamente desde la pura ficción a la no ficción o incluso desde el ensayo. Son las novelas de Alonso Cueto, de Santiago Roncagliolo, Iván Thays, Óscar Colchado, que abordaban —por supuesto—, el problema del terrorismo y el conflicto político desde la ficción. Lo que ha venido pasando años después es que diferentes autores hemos recogido el mismo tema para contarlo desde una experiencia muy personal. Creo que, en ese sentido, los libros de José Carlos y el mío, independientemente de su género, dialogan porque responden a una preocupación casi generacional de expiar un poco nuestra historia familiar vinculada con este tema político, cada vez menos reciente, pero cada vez más actual. Por eso era natural que conversaran un libro de ensayos de un historiador joven con la novela de no ficción de un escritor-periodista. Lo veo muy natural más bien. No era un diálogo de libros respaldado por la literatura, era un diálogo de libros respaldado por la problemática y la necesidad de seguir conversando sobre un tema no resuelto.

¿Crees que en las ediciones extranjeras de tu novela la lectura haya sido más literaria, a diferencia de la lectura que se ha hecho del libro en el Perú, donde el foco de atención estaba en el Gaucho Cisneros?
Claro, en otros países les interesaba más la relación padre e hijo que es quizás como el tema más universal del libro. En otros, como en México y Argentina, las preguntas que me hacían iban por el tema de la dictadura. Es curioso porque en Argentina todos sabemos que hubo una junta militar que afectó la vida de los argentinos, y en México donde no había una dictadura como tal, a pesar del PRI, hay un interés por las relaciones de poder autoritario. En Colombia y España el interés iba más por el lado sentimental.

¿Y en el Perú cuál ha sido el principal “reclamo” que te han hecho sobre el libro?
¿Reclamo? Yo no he sentido ningún reclamo directamente. A ver, ha tenido lectores de izquierda, lectores de derecha, lo cual es bien interesante porque las lecturas enriquecen muchísimo el libro que uno escribe. Uno no es muy consciente de los libros que escribe, uno no escribe con un discurso, este se va configurando después con las lecturas luminosas de lectores inteligentes y con las propias observaciones que hace el autor con aquello que se ha puesto en discusión con el libro. Aquí surgió como una suerte de desconcierto con el tema de la autoficción. Que no sé si fue desconcierto, o como haberle puesto a la novela que era una novela de autoficción generó algunas dudas, supongo. Pero más allá de eso del tema del género no he sentido ningún tipo de reclamo o reproche. Ha habido críticas y siempre las he recibido bien.

 

LA SAGA FAMILIAR

Lima, 2013.

Ese día llegamos al cementerio con la urgencia de verificar si era cierto o no que el esqueleto de la tatarabuela Nicolasa se encontraba enterrado junto al del cura Gregorio. Eran las doce. El sol recalentaba las tumbas y cegaba a los perros sin dueño que vagaban buscando la sombra. De a pocos el silencio del Presbítero Maestro fue disolviéndose, primero con nuestra respiración, luego con el eco de los pasos desganados de las contadas personas que a esa hora se movilizaban para comunicarse con sus muertos.

(…)

Una vez en el San Job, guiado por una intuición hasta aquel instante adormecida, el tío Gustavo caminó lánguido pero con una convicción hacia las lápidas del sector “C” y empezó a recorrerlas con la mirada, repitiendo tres dígitos en voz alta:

Dos, cinco, tres.
Dos, cinco, tres.
Dos, cinco, tres.

Parecía un sonámbulo pronunciando el conjuro que lo devolvería a la vigilia.
Así estuvo unos segundos hasta que dio con la tumba que buscaba. Detrás de partículas de tierra sedimentada y restos de telarañas ya quebradizas, los datos del mármol se leían con nitidez.

Aquí descansa doña Nicolasa Cisneros
Nació el 10 de setiembre de 1800
Falleció el 3 de enero de 1867.

Abajo, una inscripción en latín:
Adveniat Regnum Tuum
“Venga tu reino”.
Al pie, más que un epitafio, una sentencia:
“Sus hijos la querrán siempre”.

(Dejarás la tierra, p.p.11-13)

Así empieza la nueva novela de Renato Cisneros, quien llegó a ese título al reunir algunos epígrafes, aludiendo este a una frase bíblica del libro del Génesis. Antes de eso el libro se llamaba tentativamente La herida original y luego Los hombres inventados. Como en la escena inicial del libro, el centro del libro es indagar sobre el origen de una familia ilustre, de intelectuales y artistas, cuya base, humilde y sencilla parte de los amoríos de un sacerdote, llamado Gregorio Cartagena, con una mujer huanuqueña de origen ilustre llamada Nicolasa Cisneros. “Me parece que la novela pone en discusión varios temas que están concentrados en el título: el asunto de la pertenencia, el tema del destino, lo que heredamos, la procedencia, creo que todos estos temas e ideas están aglutinados en esta frase que es Dejarás la tierra, que tiene mucho de mandato familiar, de orden bíblico y mucho de misterio. No se sabe muy bien quién lo dice, quién recibe la orden, sin embargo, espero que sea lo suficientemente persuasiva para que los lectores se sientan interesados”, afirma Renato Cisneros.

 

Es curioso que hayas incluido este epígrafe de Los hijos, de Gay Talese, donde hace alusión a cómo la base de una familia próspera e ilustre muchas veces parte de la miseria. Y que hay como un retorno nuevamente.
A mí me interesaba poner esa cita como epígrafe porque la historia tiene un poco de eso. Cómo uno crece escuchando sobre una serie de antepasados que son ilustres por una serie de razones, pero que han estado involucrados en la vida intelectual y política del país, pero que por otra parte tienen vidas íntimas caóticas y contrariadas y a mí me correspondería por generación, o siento que me corresponde conocer toda la historia y poner en evidencia todas sus enormes contradicciones y complejidades.

Has dicho que este libro no es la historia oficial de la familia Cisneros
Así como la novela sobre mi padre no es la historia oficial del Gaucho Cisneros, porque, además, ¿quien podría recordar esa historia? Porque, incluso, las biografías autorizadas no ahondan en los hechos históricos que las han inspirado. Igual en esta novela, no es la historia oficial de los Cisneros. Creer que hay una historia oficial es demasiado pretencioso. Es la historia de mi familia como yo creo que ocurrió o me hubiera gustado que ocurriera. Es un poco de las dos cosas.

¿Cuánto ha cambiado en ti el haber investigado en la historia de tu familia? 
Muchísimo, si para la novela de mi padre ya había empezado a hacer arqueología periodística, a leer libros de la época, aquí tuve que releer pasajes larguísimos de la historia republicana del Perú. Basadre, Porras, pero también para entender cómo era la dinámica de las personas de los años 1800 tuve que leer también a autores de teatro, como Pardo y Aliaga por mencionar uno. También cosas de sociología, ahora mismo recuerdo un libro de Francesca Denegri que se llama El abanico y la cigarrera, que explora el comportamiento de las mujeres en la época de la Independencia, y varios libros como esos. Entonces, ha habido una investigación mucho más frondosa, pero al mismo tiempo el reto era mayor porque quería contar una historia sin que parezca muy historicista, sin que parezca que hubiera mucha investigación. Creo que Piglia decía que uno trabaja mucho para que parezca que no ha trabajado mucho. Espero que la novela se pueda leer bien, que interese la vida no solo de la familia sino para que los lectores se sientan inquietos y se interesen por saber de dónde vienen.

¿Qué tanto en esta novela hay espacio para la ficción? Hay un episodio en que uno de los personajes confiesa que mató al padre de su esposa y ella no se lo perdona y toma una determinación fatal
Bueno, a ver, yo también he hecho esas preguntas, respecto a qué cosa es verdad y qué cosas corresponden a la mera ficción. Pero no sé si te pasa a ti, Jaime, pero con el tiempo en lo que creo es que lo más importante ocurre en la cabeza de los lectores. Si el lector cree que eso ha ocurrido y la prosa ha sido persuasiva y la escena está bien contada, entonces es cierto en un nivel. Por el contrario, si un hecho por muy histórico que sea si está mal contado, de pronto deja de parecer real en el universo de la novela y el lector lo encuentra como innecesario. Entonces, eso de qué es verdad y qué es mentira va por cuenta de cómo el lector lo siente. Pero ha habido en este caso mucha más ficción que en la novela anterior. Porque ha habido eventos, episodios y personajes que nunca he conocido y que he rastreado, pero cuyas vidas he tenido que inventar.

¿Luego de La distancia que nos separa y Dejarás la tierra hay un espacio para un libro similar, la veta familiar ya está agotada?
Sí, ya la historia de mi familia la cierro con esta novela. Ya he contado todo lo que necesitaba contar: hablar de mi padre, de sus antepasados, hablar de la sensación que me produjo el saber que mi apellido era una especie de apellido “incorrecto”. Todo lo que he contado en estos dos libros eran temas que tenía internalizados y problematizados hace mucho tiempo. Ahora me quiero dedicar a ser padre, que además no deja de ser simbólico para mí dejar este relato familiar y empezar una familia biológica, pero en algún momento me gustaría retomar una experiencia para una futura novela y no sé en qué se podrá convertir. La idea del año 2000 me interesa mucho. Me tocó vivir ese año trabajando en el Congreso de la República y allí el conflicto que me llevaría a escribir esa hipotética novela —que de repente hago mal en comentar desde ahora— es que, claro, en la universidad había participado en las luchas contra el fujimorismo y luego termino trabajando no para el fujimorismo pero sí para una personalidad del fujimorismo como Martha Hildebrandt, en un año especialmente caótico, que fue el año en que se inicia la degradación de la clase política y de la sociedad. Así que me gustaría escribir sobre el año 2000. Vamos a ver si se termina materializando en un libro.

Y luego de esta gran recepción que tuvo La distancia que nos separa ¿cómo ha cambiado tu percepción de la escritura?
Bueno, yo ahora me dedico exclusivamente a escribir. Hablábamos hace un rato de mis primeras dos novelas y allí entonces sentía que la escritura me interesaba, pero la ejecutaba como un pasatiempo, escribiendo en fines de semana. Mis trabajos alimenticios eran otros, el periodismo me copaba todo el tiempo. Ahora no, vivo en España de algunas columnas que escribo y actualmente me dedico la mayor parte del tiempo a leer y escribir. Hoy la literatura tiene todo mi involucramiento. Espero que los libros que vengan también sean el resultado de ese ejercicio de interiorizar una vocación y de tratar de deberme exclusivamente a ella.

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE RENATO CISNEROS

“Bueno, mencionaré cinco libros que leí para Dejarás la tierra”, dice Renato Cisneros.

  1. La marcha Radetzky, de Joseph Roth.
  2. Los Buddenbrook, de Thomas Mann.
  3. Léxico familiar, de Natalia Ginzburg.
  4. Los hijos, de Gay Talese.
  5. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

 

 

 

 

 

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