Pesopluma, una joven editorial que busca completar vacíos y dinamizar el medio

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Tres amigos de colegio fundaron su editorial. Paloma Reaño junto a Teo Pinzás y Carlos Vela.
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Conversamos con Paloma Reaño, directora de Pesopluma, un nuevo sello que llega con el cometido de ofrecernos publicaciones atractivas en fondo y forma. Próximamente nos traerán poemarios de Roger Santivañez, Tilsa Otta, y a nivel internacional, obras del argentino Pablo Ramos y otro de conversaciones con el uruguayo Mario Levrero.

 

Por Jaime Cabrera Junco
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Su debut no pudo ser mejor: Crónica de San Gabriel, la primera novela de Julio Ramón Ribeyro, un libro cuya reedición era urgente. El nuevo sello Pesopluma, fundado en 2014 por tres amigos del colegio, sale a competir en un mercado en el que las editoriales independientes son las que toman las decisiones más osadas y, por eso mismo, las más valiosas. Pesopluma sale al ring dispuesta a esquivar todos los golpes y dar los suyos a través de buenos libros. Paloma Reaño dirige este sello junto a Teo Pinzás y Carlos Vela, este último el hombre de los números, “nuestro cable a tierra” como lo llaman ellos dos. En esta entrevista Paloma nos explica la propuesta editorial que nos ofrecen.

 

La idea de formar una editorial fue un proyecto que tuviste hace 15 años en el colegio junto a otros dos compañeros, Teo Pinzás y Carlos Vela. ¿Por qué hacerlo realidad recién ahora? ¿Era un jugársela hoy antes de que años después se preguntaran “qué hubiera pasado si…”?
Más que como idea, empezó como un deseo cualquiera, una meta del tipo “cuando sea grande quiero…” Lo bonito es que, con el tiempo, Teo y yo forjamos la experiencia profesional necesaria para cumplir ese sueño. Y creo que nos dimos cuenta a tiempo; salir de los veintes fue una de las señales, de hecho. Lo mismo con Carlos, que luego de años de trabajo administrativo y financiero para terceros, decidió invertir en lo propio. Fue un paso oportuno y ahora estamos ávidos de aprender sobre la marcha.

Tú trabajabas en Solar y eras subeditora de una revista literaria como Buensalvaje que ha tenido un gran crecimiento, ¿por qué dejar un proyecto encaminado y empezar de cero uno nuevo?
Creo que es un cambio natural, es importante no perder la perspectiva y estar a la altura de tus metas. A veces el sentido de un sueño existe si hay un quiebre, si enfrentas la dimensión de tu deseo. Sacar adelante un proyecto como Buensalvaje fue una etapa sumamente estimulante en mi carrera. Hay unos versos de Juarroz que se acercan mucho a lo que considero mi experiencia como editora: “El oficio de la palabra, más allá de la pequeña miseria y la pequeña ternura de designar esto o aquello, es una acto de amor: crear presencia.” A mediados del 2013 la edición freelance fue absorbiendo cada vez más mi tiempo, terminé una maestría y dejé la oficina. Entonces sentí que terminaba una etapa y me dediqué de lleno a la construcción de nuevos rieles.

¿Cuán importante fue esta experiencia previa para este reto?
Esa y todas las experiencas editoriales previas fueron peldaños. Cuando te dedicas a lo que te apasiona, todo esfuerzo y riesgo suma.

El nombre de Pesopluma surgió de un parafraseo del verso de Luis Hernández “Soy Luchito Hernández Ex Campeón de peso welter”. Los nombres son a veces en sí mismos una declaración de principios y también una metáfora. ¿En este caso se trata de una editorial ‘peso pluma’ que sale a pelear en un mercado dinamizado por las editoriales independientes?
No diría que salimos a pelear sino a ser parte de, a completar vacíos, articular y dinamizar el medio. Y sí, el término pesopluma contiene la escencia de lo que apreciamos como lectores y queremos como casa editora: una literatura fresca y renovadora; ligera o ingrávida en relación a la pesadez de lo solemne, canónico y anquilosado; la lectura y la escritura como herramientas para el viaje (ahí el avioncito de papel), el movimiento y la concepción de otros mundos. Queremos presentar un conjunto de publicaciones atractivas en fondo y forma, que muestren la plasticidad de la escritura y el arte gráfico.

¿Cómo ves el trabajo de las editoriales en el país?
Me alegra el trabajo colectivo. Creo que desde nuestros nichos estamos articulando un circuito interesante y cada vez más dinámico. Si bien tenemos obstáculos que superar (es importantísimo renovar la Ley del Libro, por ejemplo), me gusta que haya una especie de polinización conjunta. Un buen ejemplo es la fusión de Paracaídas y Animal de Invierno para la serie Insular, de poesía. Ser una editorial independiente garantiza libertad en las decisiones, y eso es invaluable. Pero aún tenemos grandes retos: necesitamos mayor comunicación con nuestros pares en la región, y más y mejores canales de distribución.

CSG_pesoplumaEs notorio el cuidado de la edición, la frescura a nivel gráfico y el debut con Crónica de San Gabriel, de Julio Ramón Ribeyro, ha sido insuperable, pero ¿cómo buscarán diferenciarse de las demás editoriales y marcar un estilo? Normalmente un producto nuevo busca llenar un vacío, es decir, algo que no se encuentra cubierto por una empresa, en este caso, editorial
Nos presentamos con la serie Crisálida, destinada a recuperar primeros cuadernos de clásicos contemporáneos. Esta serie marca ya una mirada singular. Crisálida busca mostrar nuevas lecturas de obras pasadas, por eso son reediciones prologadas por un escritor o crítico contemporáneo. Otro libro de esta colección será Symbol, de Roger Santivañez, uno de los fundadores de Kloaca. Es un poemario de 1991 que ya no está en librerías aunque marcó un momento importante, fue un grito neobarroco, poesía combativa. Pronto inauguraremos la serie Iceberg, para autores jóvenes, de quienes aún no hemos visto todo. Esta serie intenta acercarse a las últimas respiraciones de la época, y será inaugurada con Antimateria, el tercer poemario de Tilsa Otta, un viaje al caos original del universo. Tramamos también una serie para cómic y novela gráfica: Bitácora de artista, que esperamos abrir este año con la historietista argentina Lucía Brutta. Para esta serie tenemos algunas ideas que nos entusiasman mucho, queremos plasmar personajes y espacios singulares de la ciudad, hacer una lectura gráfica de Lima. Y aunque aún sin fecha, orbitan propuestas más que interesantes: una novela del escritor argentino Pablo Ramos, y un libro de conversaciones con Mario Levrero, del escritor y periodista Pablo Silva.

Al margen de nuestro catálogo, planeamos una página web que permita a lectores de todo el mundo acercarse a nuestra propuesta editorial, y ser puente para nuestros pares en la región. Llevar y traer libros y con estos discursos ajenos que refinen o alteren nuestras ideas.

¿Qué criterios sigue Pesopluma para publicar a un autor?
El criterio de selección siempre es la calidad. Creo que más que autores, o tanto igual, buscamos ser una editorial de ideas.

¿Podrían apostar por un autor joven que no haya publicado aún?
Sí, hacer públicas nuevas voces es parte de nuestra consigna.

¿Cómo ves la sostenibilidad económica de la editorial? La realidad a veces se impone y normalmente ocurre que para mantenerse las editoriales realizan servicios a otras empresas
Cada uno de nosotros lo hace hace años. La edición freelance es un campo de batalla, somos mercenarios de la pluma, digamos. La idea es canalizar nuestra oferta hacia un solo canal: Pesopluma. Y alimentarlo desde todas nuestras capacidades. Esta es una pregunta que seguro Carlos respondería mejor; viene de un campo laboral mucho más competitivo y dirige líneas de proyección que incluyen otros criterios, además de los editoriales.

logopesopluma¿Por qué entrar al negocio del libro cuando la venta en términos financieros no es un negocio redondo?
No fundamos la empresa con fines principalmente lucrativos, aunque por supuesto aspiramos a la sostenibilidad y tenemos una estructura comercial que apunta al crecimiento continuo. Sucede que tampoco es que hayamos “entrado” al negocio del libro y las publicaciones, se puede decir que Teo y yo ya vivíamos ahí, de él, como editores. Simplemente concentramos esfuerzos para hacerlo desde nuestro propio puerto. Trabajar para uno mismo, y en lo que te gusta, trae satisfacciones incomparables. Además, aunque no sea un negocio redondo, como dices, es un rubro con mucho potencial, aún en desarrollo incipiente. Parte de ello depende del trabajo articulado entre los actores y de la innovación que cada uno aporte.

¿Cuál es su proyección para este año?
Ampliar nuestro horizonte: luego de inaugurar las series Iceberg y Bitácora de artista, tramar la de ensayos. En paralelo, posicionar nuestra web, alimentar el blog y trabajar nuestro catálogo virtual, de manera nuestras ediciones no se agoten. Afinar la distribución en soporte digital y físico; en especial en Latinoamérica.

¿Qué aprendizaje hasta ahora ha sido el más valioso en esta experiencia?
El trabajo en equipo, la confianza ganada con otros actores del medio: autores, artistas, editores, libreros, distribuidores y, sobre todo, lectores.

¿Ser editor es más complicado de lo que pensabas?
Lo que nunca pensé es que uno fuera editor todo el tiempo. Y no me refiero a corregir o reacomodar palabras en la mente, que también, sino a la observación y búsqueda constantes de nuevas lecturas del mundo. Esto es nuevas voces pero también nuevas formas, canales, profundidades. Que son finalmente nuevas visiones o perspectivas, formas de sentir nuestro tiempo y espacio. No sé en qué momento ocurrió pero de pronto uno le exige a todo esa potencia de imagen que tiene la literatura, y esa mejor forma de contar/presentar las cosas que es la edición. No es lo mismo decir: se rompió una maceta que decir reventó contra el piso en un crujir seco. Pero claro, no quiero decir que la edición sea eso, sino que es un ejercicio mental de percepción que no se detiene. Se dice que se escribe a partir de vivencias e imaginación, y creo que también se edita así.

 

 

 

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