Pasos Pesados: Respirando un país denso y crudo

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Compartimos la siguiente lectura sobre la novela Pasos pesados, del autor peruano Gunter Silva, quien aborda los años de la violencia de la década del 80 y 90.

 

Por Antonio Moreno*

Pretender escapar del trueno para caer en el relámpago, frase que proviene de aquella novela legendaria, podría servir como una suerte de metáfora ontológica, muy útil, para comprender la vorágine que toman las propias experiencias de Tiago Molina, el personaje central determinante de la novela Pasos pesados (Fondo Editorial UCV), del peruano Gunter Silva (La Merced, 1977). Impregna además una actitud de verdadera tensión narrativa durante todo el desarrollo de la trama, de la que ningún lector podría juzgarla de intranscendente, cuando las tribulaciones de este y los otros personajes generan sobrecogimiento, ansiedad, compasión, producto de sus bajas pasiones, del miedo, de los anhelos, de la inexperiencia y sobre todo de una buena dosis de humor involuntario. Todas estas vicisitudes que James Joyce llamaba lo grave y constante en el sufrimiento humano.

Primero, los apóstoles del Boom; después, Roberto Bolaño. Y antes de ellos, el padre de la ficción moderna latinoamericana: Borges. No es nada fácil para los jóvenes narradores latinoamericanos al momento de querer tomar distancia de estas bestias sagradas, si ya todo está dicho, y muy bien trabajado, respecto del tratamiento de determinados temas como de las técnicas narrativas, especialmente por esa idea salvaje y ambiciosa que se resume en la escritura de la novela total, con esos dilatados andamios, de prosa entre cáustica y hechizante, desbordante en páginas, con personajes que en su mayoría se metamorfosean con su condición social y con el mundo que habitan porque poseen un espíritu interpelador. Sin dejar de lado el cuento sin mácula de Borges, diseñado con una maquinaría perfecta para construir universos únicos e irrepetibles; y la feroz lucha de Bolaño para renovar la prosa latinoamericana.

 

CAMBIAR EL CLAVO Y MARTILLO POR LA LUPA

Uno de los parteaguas más importantes radica en la manera en cómo esta hornada de escritores nacidos en los finales de la década del setenta, resuelven los dilemas en torno al relato a secas, a caballo entre el materialismo, la introspección y la caracterización del personaje. Sobre todo, la manera en que esas obras espejean y aproximan a los lectores hacia esas particulares realidades construidas. En Argentina, la vida y la memoria del barrio cobra un giro importante; en Chile, siempre es regocijante advertir la voluntad por la transgresión genérica para reformular el fantasma de la dictadura, incluso, a veces, de manera esotérica; en México, el narco adquiere derecho de piso estético e inmediatamente se plasman los usos y costumbres que corresponden a las prácticas de una violencia sistemática, de la mano de una fogosa arquitectura verbal; en Perú, seguirle la pista a compulsivos hechos políticos que marcaron una época puede significar una tarea poco atractiva si los escritores no hubieran cambiado el clavo y el martillo por la lupa, para proponer, por encima de las alergias, una nueva dialéctica con un renovado aliento poético.

Tanto la mexicana como la peruana suelen ser literaturas endogámicas; mientras que la argentina, escapista sería un adjetivo grosero, es el ejemplo opuesto. Las novelas endogámicas se alimentan de sus propios resentimientos y activan un juego de falsas expectativas al momento de escudriñar el referente. La de Gunter Silva muestra las pautas de los cambios culturales del Perú de finales de siglo XX, y también contrapone dos urbes, como las de la imponente Cusco y la estrepitosa Lima, donde la narración toma lugar; y en ambas, el personaje experimenta emociones decisivas, en la primera, el despertar sexual, en la segunda, el amor, la amistad y la decepción. La historia de Tiago Molina está enmarcada en la época de finales de los ochentas y el inicio del fujimorato, los brotes guerrilleros intermitentes y el flagelo de la corrupción gubernamental. La de ese chico ingenuo e inexperto que anheló escribir un ensayo académico sobresaliente para uno de los profesores estelares de la facultad, apodado El Gato, queda vinculada a la vida de Ana Del Valle, hija de un empresario-político importante caído en desgracia. Además de la juventud, A Tiago y Ana los une una especie de desasosiego sentimental post-adolescente, con un corazón vacío que de ahí en adelante tienen que llenar sin las quincallerías de las bajas pasiones.

 

MUNDOS EN CRISIS

Crisis es una palabra nuclear preponderante en Pasos pesados. La crisis personal, institucional y nacional posee un sentido de ubicuidad. De un lado, la novela muestra los variados matices de la corrupción doméstica y los accidentes políticos del Perú de los noventa, así como las taras culturales alrededor de los términos étnicos que orientan dominio y privilegios; las pugnas entre las mafias académicas cargadas de odio y nitroglicerina son constantes, y como consecuencia de esas reyertas ideológicas bobas, provocan la muerte de un profesor talentoso; el caprichoso y estúpido prejuicio que se activa de inmediato cuando un limeño es detectado en provincia, y la industria pujante del bricherismo va copando Cusco, por lo que fácilmente podría declararse a la mítica ciudad incaica, su capital mundial. De otro, en Pasos pesados el personaje femenino resulta fortalecido por su capacidad de agencia; de este modo destaca en universos adversos, y dominados por el hombre. Por tal condición, Waikicha, esa joven cobriza que inicia sexualmente a Tiago (y no al revés); Emma, hábil y prolífica crítica de música rock, y particularmente Ana Del Valle, quien por causas inesperadas madura de la noche a la mañana, logran reencauzar sus vidas por las decisiones radicales que toman y así adquieren condiciones exclusivas de los personajes mayestáticos.

Resulta muy atractivo distinguir la manera en que esta generación dialoga y desafía la tradición que dejó el listón demasiado alto. Aunque uno pueda advertir las costuras en el texto, no es tan fácil indagar los modos en que los así llamados jóvenes escritores metabolizan, fagocitan o vampirizan al momento de establecer estrategias de readaptación o reapropiación—para encarar esas múltiples realidades latinoamericanas generadoras de caos e incertidumbre.

 

CUESTIÓN DE COLORES

Casi todas las producciones presentan un tapiz realista, y Pasos pesados no es la excepción, especialmente si se trata de meter las narices en el tema racial y de clase social en el Perú de los últimos tiempos, aunque la historia se sitúa en la época del Chino Fujimori (que era un dictador de origen japonés), con esos adjetivos cromáticos que emplea el narrador en tercera persona para diferenciar entre un criollo y un indígena, de la blancura a lo cobrizo de la piel y todos los términos que de allí se desprendan para construir metáforas racializadas.

Sería erróneo decir que los cimientos de esta novela podrían venirse abajo por un liviano traspié en la secuencia narrativa de la página 30, se escabulló en la corrección de pruebas. Ese abrupto cambio de plano narrativo que logra confundir ligeramente, puede resolverse fácilmente con un blanco tipográfico. En ese supuesto desatino, previo a la repentina transición, cuando aún no eran sus alumnos, Tiago y Ana visitan la casa de El Gato, el competente profesor de literatura que es, por eso mismo, objeto de envidias entre sus colegas de la facultad. El encuentro es muy importante porque fortalece la trama con una escena en la que no sólo sobreviene una suerte de homenaje a la tradición, sino que une a dos generaciones de lectores. Esa pincelada sobre la caracterización de un personaje que es asesinado posteriormente, proporciona un equilibrio sobrio en ese hilo narrativo específico. De la selecta biblioteca de El Gato, mientras él prepara el café y trae las galletas de vainilla, Ana elige— no al azar— la novela consagrada de Gabriel García Márquez, la cual punza un diálogo entre suspicaz y reticente sobre esa misma novela, la participación de la crítica en el Perú y los gustos literarios de los lectores: “Los primeros diez años son espectaculares” (30). En cuanto a la crítica, con el mismo tono antiséptico, añade que se está escribiendo poca crítica y remata diciendo que sigue practicando el hábito de la buena lectura.

 

NOVELA BIEN LOGRADA

Por el manejo del lenguaje, la cohesión de la trama y un ritmo martillado por las incesantes acciones de los personajes, todo se resuelve y hace de Pasos pesados una novela portentosa, bien lograda. Está ahí, en ese pulso agitado de Tiago Molina, la vena del Bildung, que implica en los aspectos decisivos de la narración: educación, formación de valores y la modelación de la conducta en dos personajes clave: Tiago Molina, un estudiante universitario, y Ana Del Valle, hija de un político de primer nivel del gobierno de la República del Perú, acusado y encarcelado por el delito de corrupción. Todos estos elementos formativos apuntan hacia un rumbo personal en las relaciones sociales.

Un mundo denso y crudo puebla Pasos pesados, absorbe tensiones clave e intrigas políticas que marcaron un país entero. Que sea el segundo libro y la primera novela de Gunter Silva, ya traducida al danés recientemente gracias a la Fundación Para Las Artes de Dinamarca —Tiagos Overdrevne Og Vildfarne Eventyr (2017)—, es el mérito de una prosa firme y limpia, y se le reconoce que en esa prosa haya frases bien escritas dignas del subrayado, todo eso, pone de manifiesto que el primer paso como novelista lo dio con el pie derecho. Y que la violencia interna que vivió el Perú, como tema literario no está agotado, más bien, se empieza a escribir en voz alta.

 

*Antonio Moreno, profesor en el departamento de Literatura y Lenguaje de la Universidad de Texas UTPB.

 

 

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