Orlando Mazeyra: “Los personajes de mis historias son miserables”

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Autor de un libro de relatos con situaciones que reflejan con truculencia la crisis de la familia, Orlando Mazeyra Guillén nos habla en esta entrevista sobre su vocación de escribir, la cual obedece a un impulso tanático y deicida. Mi familia y otras miserias (Tribal, 2013) fue presentado hace unos meses en Lima y el próximo jueves 3 de octubre el narrador hablará de esta obra en la Feria Internacional del Libro de Arequipa.

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Por Jaime Cabrera Junco

«La verdadera literatura del Perú se está haciendo actualmente en las provincias. Lima hace tiempo que perdió el tren y los medios especializados limeños le dan la espalda a esa narrativa». La frase pertenece a Oswaldo Reynoso y la dijo durante la presentación del libro Mi familia y otras miserias (Tribal, 2013), del escritor Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980). Este comentario no es un simple elogio a un paisano, puesto que la prosa de este joven narrador se defiende por sí sola. Los relatos de Mazeyra estremecen por la sordidez de la que están impregnados sus personajes, pero a la vez conmueven por el patetismo de las situaciones que nos presenta, todas en el ámbito familiar, donde supuestamente nos debemos sentir protegidos y a salvo de la selva de cemento que es la calle. Algunas veces las más feroces batallas ocurren dentro de las cuatro paredes de nuestra casa.

 

Ya el título, Mi familia y otras miserias, nos da una idea del espíritu de los relatos que presentas en este libro. Oswaldo Reynoso decía que es una suerte de protesta contra la familia y que, además, refleja la crisis que ella atraviesa.
Sí, a mí me marcó mucho un fragmento que leí de la novela Missing (una investigación), de Alberto Fuguet, donde al comienzo cuenta cómo fue a buscar a su tío a los Estados Unidos, quien a su vez afirma: «dicen que la familia es la base de la sociedad, yo más bien creo que la socava». Eso para mí fue como un puñetazo, de esos que recibes cuando lees los buenos libros, yo estoy totalmente de acuerdo con eso, esa es mi idea de la familia. Ese mito de que es la célula de la sociedad… en muchos casos la familia destruye a la sociedad, pero estoy hablando de mi experiencia, de lo que conozco: una familia totalmente disfuncional, con un padre alcohólico, con una madre que es adicta pero al trabajo. Entonces, imagínate un hogar así, donde unos hijos producto de ello han crecido en un ambiente turbio y que también arrastran adicciones. Yo me prometí no tener adicciones salvo ser adicto a la literatura, pero me arrastró algo más fuerte: soy alcohólico y en parte este libro es una suerte de declaración. A veces nos da miedo mirarnos en el espejo y ver lo que somos.

PortadaMiFamiliaEn esa línea, tú remarcas que estamos ante un libro de autoficción, es decir no es un libro autobiográfico, algo que suelen confundir lectores poco perspicaces
Sí, incluso, diría que El pez en el agua, de Mario Vargas Llosa, es difícil de encasillar. Aunque lo clasifican como memorias para mí es autoficción. Este libro de Vargas Llosa es un híbrido, tiene mucho componente autobiográfico -sobre todo en la parte política-, pero en los capítulos impares, donde habla de cuando era niño y su formación sentimental, creo que se contamina su experiencia personal con la ficción, y en eso también recuerdo a García Márquez en Vivir para contarla, en cuyo epígrafe él pone: «La vida no es la que uno vivió sino la que recuerda y cómo recuerda para contarla». Para mí este libro tiene mucho de este componente. Pero siempre hay gente que no entiende la distancia entre la realidad real y la realidad ficcional, inclusive hay supuestos periodistas que utilizan mis ficciones para atacar a mi entorno familiar leyendo en la radio fragmentos de mis historias, confundiendo a mis personajes con seres de carne y hueso. En conclusión, yo creo que los personajes de mis historias son miserables, pero hay en la vida real gente mucho más miserable como esta clase de periodistas.

En estos cuentos y particularmente en Es mejor hacerlo con agua mineral, el escritor argentino Martín Kohan señala que es realmente perturbadora la manera en que unes los ámbitos familiares con la más absoluta sordidez. ¿Dirías que esto resume la premisa de este libro?
Martín Kohan pudo leer tres relatos de este libro y él no sabía el título que tendría finalmente, pero justamente su comentario da en el clavo: cómo mezclo el ambiente familiar donde supuestamente está impregnado de ternura, de afecto y le imprimo sordidez. Escenas que hasta cierto punto son repulsivas. Hay un relato que se llama La próxima vez serán rosas que se lo compartí a Mario Bellatín, quien me dijo que no muestre tanto, que sugiera más, ya que hay escenas impregnadas de mucha truculencia, pero es así, es mi estilo, mi forma natural de escribir.

Es lo que te brota naturalmente…
Es, como se dice coloquialmente, lo que me sale del forro. Yo escribo desde lo que siento, desde adentro. Y ese cuento, Es mejor hacerlo con agua mineral, es de un personaje que dicta talleres de escritura en Arequipa, y a quien le preguntan «¿por qué escribes?», la ‘gran’ pregunta que le hacen a todo escritor y él dice que solo puede responderla a través de la manera en que vive, en que sabe hacerlo, que es contando historias. Es una historia muy dura, la relación padre-hijo, que es lo más recurrente en mi narrativa.

 

 

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OrlandoPost2Conozco a Orlando Mazeyra desde hace un año, fue exactamente durante mi visita a la Feria del Libro de Arequipa que recién conversamos personalmente. Anteriormente me había enviado algunas colaboraciones para Lee por gusto, como la crónica de su visita a la biblioteca de Mario Vargas Llosa, en Barranco,  la que pudo conocer luego de haber escrito un testimonio de su admiración y gratitud que fue censurado en Arequipa y que, sin embargo,  el Nobel pudo leer a través de su hija. El autor de La ciudad y los perros estaba por partir a Madrid, pero accedió al pedido de su paisano, quien visitó su biblioteca en 2012. Orlando es editor cultural en la Universidad La Salle de Arequipa y estudió -muy a pesar suyo- Ingeniería de Sistemas en la Universidad Católica Santa María. Tiene otras pasiones que exhibe orgulloso: el club de fútbol FBC Melgar y Andrés Calamaro. En el prólogo de Mi familia y otras miserias menciona precisamente al Salmón y particularmente a una de sus canciones: “Doce pasos, no es sólo una canción del cantautor que más admiro, sino un estilo de vida, una manera de soportar la vida –de perderle miedo-, cuando (como me ocurre a mí) con la ficción no alcanza”.

Cuando empezaste a escribir estos relatos, ¿pensaste en que iban a tener una unidad o acaso estas historias pudieron servir de insumo para una novela?
Creo que en realidad el libro mismo es un cambalache, un híbrido, hay personajes que son recurrentes. En estas ficciones hay ecos de mí, de mi padre, hay una mujer que siempre se presenta y le da una especie de unicidad a las historias, hay como un hilo conductor en los personajes al ser autorreferencial, y podría disfrazarse de novela, pero al final son relatos independientes. Como dice Oswaldo Reynoso a mí no me gusta encasillar lo que escribo, simplemente lo escribo. Si lo tengo que definir, diría que Mi familia y otras miserias es un libro de relatos donde la experiencia se funde con la ficción.

Yo sigo los textos que publicas los viernes en el semanario «Hildebrandt en sus trece» y cuando los leo me pregunto si estoy leyendo relatos testimoniales o son simplemente cuentos. Hay un permanente juego entre lo real y lo ficticio en lo que escribes
Hay críticos que dicen que no respeto las normas de los géneros, que no respeto las normas del cuento, por ejemplo. Me dicen, con cierto desdén, que escribo simples relatos o crónicas. A mí no me interesa respetar las normas, escribo con espontaneidad. Raúl Bueno Chávez, un crítico literario arequipeño que enseña en Estados Unidos, se reunió conmigo y le dije que de repente me ayudaría estudiar literatura para conocer la teoría y las reglas de cómo se escribe cuentos y novelas, pero él me dijo que mi escritura es muy espontánea y que estudiar literatura en lugar de enriquecerme mataría mi vocación.

A través de tus textos da la impresión que escribir para ti es una válvula de escape necesaria. Escribes desde el dolor, desde tus experiencias personales, y finalmente se percibe como un desfogue
No es solamente una manera de vivir, como lo dice Vargas Llosa citando a Flaubert, sino que es una manera de sobrevivir, de sobrellevar la vida. Yo escribo para sacarme cosas de encima, dolores, traumas, experiencias, frases hirientes. Hay frases que le escucho a mi padre cuando habla por teléfono y que me persiguen, me asedian y torturan si no las vuelvo historias. César Hildebrandt me dijo que mi alter ego no ama el amor, ama el desamor, se autoflagela y me dijo que tenía una vocación tanática, «si no controlas eso vas a terminar lográndolo, es decir, acabar contigo mismo». Me dijo que tenía que meter esa vocación tanática en el sótano, como un perro que ladra de vez en cuando porque si te gobierna el final podría ser atroz.

¿Qué es lo que te interesa explorar a través de la escritura?
Yo escribo para conocerme, escribo porque es la única manera que he encontrado de hacer catarsis. Tengo otra adicción que es el alcoholismo y estoy recurriendo a las famosas terapias de grupo que me ayudan a controlar esto. En esas reuniones uno hace catarsis de manera grupal, pero la escritura es una actividad totalmente íntima. A través de las terapias de grupo uno diariamente le pide a Dios que lo ayude para sobrellevar el dolor, aunque en realidad uno quiere ser Dios. Yo escribo porque quisiera ser Dios, allí está la vocación deicida, para vengarnos de los que nos incordiaron, de los que nos hicieron daño. Uno escribe para ser Dios, y porque para mí todo acto creativo es un ajuste de cuentas, con la vida, con un amigo, con un familiar, con una chica que te dijo que no. Es un afán desesperado de corregir el destino, de corregirlo, sabiendo que al final que vas a volver al mismo lugar: a la realidad truculenta, miserable. Estoy convencido de que todos los seres humanos somos una suma de miserias, aquellos que no lo reconocen están viviendo con esa fantasía de que la felicidad existe, y para mí la felicidad no existe y salvo que leas a Coelho, no la vas a encontrar.

 

 

CINCO LIBROS RECOMENDADOS POR ORLANDO MAZEYRA

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1. El pez en el agua, de Mario Vargas Llosa.

2. Missing (una investigación), de Alberto Fuguet.

3. Los inocentes, de Oswaldo Reynoso.

4. Salón de belleza, de Mario Bellatín.

 5. Los cuentos de Julio Ramón Ribeyro.

 

 

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