Nuestro balance de la Feria del Libro de Lima 2019

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    El Nobel chino Mo Yan fue de los invitados internacionales más destacados en esta edición de la FIL. (Foto: Facebook FIL Lima)
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    Compartimos algunas impresiones de la edición número 24 de la FIL que se realizó entre el 19 de julio y el 4 de agosto últimos en el parque de Los Próceres.

     

    Por Jaime Cabrera Junco

    Me preguntan qué me pareció la FIL de este año, cuál es mi balance. Creo que sería mezquino restarle méritos a la feria, pues es la actividad cultural más importante del país, sobre todo en cuanto a convocatoria de público. Según el reporte final de la Cámara Peruana del Libro, este año asistieron 586,900 personas, lo cual representa un 4% más que en 2018. Por ejemplo, en la última edición de la feria gastronómica Mistura –realizada en 2017–, asistieron 302,139 visitantes. Es, entonces, la actividad que convoca más gente en el país, y se ha ido posicionando cada año a pesar de las críticas surgidas en 2016 cuando el precio de la entrada subió de 5 a 7 soles. Una de las maneras de contrarrestar los reproches fue apostar por traer invitados destacados, siguiendo la estela del Hay Festival. Así, vinieron escritores como Richard Ford, Jonathan Franzen, Jean-Marie Gustave Le Clézio, como este año fue el caso del propio Mario Vargas Llosa –a quien le dedicaron la feria–, y el Nobel chino Mo Yan. Por otro lado, también ha habido mejoras en el acondicionamiento de los auditorios, la distribución de los espacios e, incluso, en los servicios higiénicos.

    ¿Qué le falta a la FIL? Considero que podría afinarse la conformación de las mesas en lo temático y en cuanto a sus integrantes, para así sacarle mucho más provecho a los invitados internacionales. Pienso en que hubiera sido estupendo un diálogo entre Vargas Llosa y su biógrafo Gerald Martin. O que el escritor arequipeño hubiera podido confrontar sus ideas liberales con el sociólogo Nelson Manrique. (Dirán que MVLL no habría aceptado, pero podría haberse mejorado aquella mesa entre liberales como Carlos Alberto Montaner, quien decía amén a todo lo que afirmaba el novelista). O en todo caso, a propósito de los 50 años de Conversación en La Catedral podría haberse confrontado con el propio Vargas Llosa la pregunta de Zavalita “¿en qué momento se había jodido el Perú?” con el país de hoy, con miras al bicentenario. A la FIL le falta ser un poco más ‘Hay’, es decir, fomentar más el debate, darle una unidad temática a la programación para que los invitados tengan claro lo que hablarán en los 45 minutos que a veces resultan menos por alguna demora. En cuanto a lo positivo, destaco la dinámica en mesas como “Mi escritor o escritora favorito”, donde el testimonio de los participantes como lectores resultó motivador. Todo es perfectible por supuesto, y lo que buscamos es que la feria se atractiva también por los temas que aborda para no depender únicamente de los nombres de los invitados.

    He visto las críticas furibundas en las redes porque entre los libros más vendidos están títulos como Yo soy tu padre, del presentador de televisión Ricardo Morán, o uno del youtuber peruano Andynsane. Si bien en lo literario lidera el ranking Renato Cisneros con Algún día te mostraré el desierto, es cierto también que las ventas no necesariamente se corresponde con la calidad de las obras. En realidad reflejan la popularidad de los autores como gancho comercial para vender más libros. “Ojalá leamos todo lo que hemos comprado”, dijo sabiamente el tuitero @cuerpoatierra, esto a propósito del reporte sobre los 20 millones de soles en ventas de libros en la FIL de este año. Definitivamente lo más importante es que leamos y no solo seamos compradores snobs. Es importante que saltemos de un libro a otro, que leer se vuelva necesario y no solo la acumulación para vanagloriarnos de una biblioteca ‘virgen’. También de los lectores depende que nuestras exigencias atraigan a más autores importantes a la feria.

    Como punto aparte quisiera mencionar la presencia del stand de La Independiente, que permitió la exhibición de obras de sellos alternativos al mercado comercial y gracias a cuyos riesgos editoriales muchos de sus autores publican hoy en transnacionales. Además, sirvió de vitrina para conocer editoriales de otras ciudades del país.

    El próximo año habrá nuevamente un país invitado y será Portugal. “Pero ya murió Saramago”, comentaba un tuitero al conocer la noticia. Es cierto, pero hay otros nombres de la literatura portuguesa actual que son de mucho interés: Antonio Lobo Antunes, José Luis Peixoto, Gonçalo Tavares, Lídia Jorge y Ana Luisa Amaral. Sería interesante que todos ellos vinieran. Además, podría ser una oportunidad para revisar la tradición literaria de ese país y acercar a nuevos lectores a las obras de Saramago y del gran Fernando Pessoa. Ojalá que la del 2020 sea una buena #ExperienciaFIL.

     

     

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