Millenium: el demencial proyecto de la novela total

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    Larsson planeó escribir una serie de 10 libros, pero debido a su repentina muerte en 2004, sólo pudo completar tres, que fueron publicados de forma póstuma.
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    A continuación una revisión de la saga novelística del escritor sueco Stieg Larsson tomando como eje el concepto vargasllosiano de novela total, aquel donde una obra debe explorar su propio universo hasta el límite.

     

    Por Joe Iljimae*

    He terminado de leer las 2400 páginas de la trilogía de Millenium del escritor sueco Steig Larsson y he quedado embargado por una sensación de vacío y de completa orfandad. La fuerza ciclónica de la trama de Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire me transformó de golpeen un feliz esclavo del texto, en su más fiel servidor. Y es que descubrí que Larsson aniquila toda pretensión estructural, lingüística, poética y hasta “literaria” de la mayor parte de experimentos novelísticos del siglo XX y XXI. Así, con esta gran obra maestra, el escritor fulmina los artificios y devuelve a la novela a la esencia con la que nació: contar una historia para embelesar al lector.

    Nostalgia, desasosiego, ingravidez, síndrome de abstinencia, son los síntomas más frecuentes que se manifiestan después de salir de los universos totalizantes que nos entrega la ficción.Tanto las novelas como las grandes series de televisión pueden crear en nosotros esa sensación de complejidad, de generalidad y de conjunto que tiene el mundo y, de paso, hacernos creer que formamos parte activa (o pasiva en algunos casos) de ese todo. A diferencia de los cuentos, la poesía, la pintura, la música, el cine o cualquier otra forma de arte, solo las novelas totales y las buenas series de televisión logran suplantar nuestra realidad y agotar dentro de su propio universo todas las posibles variantes de la experiencia humana llevándolas a un plano cognoscitivo, pero al mismo tiempo, utópico. Y esto por una cuestión de proporción, desmesura y ambición. Y también, desde luego, por la gran maestría y calidad con la que están construidas las ficciones. Sin embargo, la usurpación absoluta de nuestro universo por lo ficcional solo llega ser aceptada por la prolongación sistemática y consciente de una obra, mas no por su brevedad. Es cierto que existen relatos, poemas, pinturas o icónicas películas que pueden cambiar la vida, pero su sola brevedad, laconismo y concisión evita que estas suplanten el vasto universo de manera tan eficaz como lo hace una gran novela o una serie de televisión. Enfocándonos en lo literario, Julio Ramón Ribeyro decía que el cuento, por su brevedad, es un género que escapa de la totalidad y crea, por el contrario, una especie de mosaico de un hecho puntual. Hemingway, casi del mismo modo, no se cansaba de decir que el cuento en vez de intentar abarcar todo debe omitir todo. Y en poesía, como lo dijeron Paz y Borges, Whitman fracasó por intentar totalizar el mundo. Vargas Llosa, por su parte, afirma como fiero contrapunto que “todas las novelas totales que suplantan nuestra realidad no solo son grandes novelas, sino también suelen ser grandes y desmesuradas”.

     

    LA NOVELA TOTAL Y LO POSTMODERNO

    Stieg Larsson.
    Stieg Larsson.

    ¿Pero qué hace de una novela una novela total? Citando nuevamente a Vargas Llosa, “la novela total es aquella que explora su propio universo hasta el límite, sin hacer concesiones al gran público. Esta tiene un mundo cerrado en sí mismo y, paradójicamente, creciente. Agota hasta el cansancio las casuísticas de la experiencia vital de los individuos«. En otras palabras, la novela total rasga los velos de la medianía y el silencio, poniendo en práctica el utópico designio de describir una realidad total. Además, como primer punto se debe entender que en el corazón de toda novela de este calibre hay una ambición desbocada e incontrolable. Son, sin duda, obras demenciales que están construidas con la imaginación y las palabras, y compiten, de igual a igual, con el mundo en el que vivimos.

    Dentro del corral “literario” de nuestro país existe un pequeño grupo que desdeña el papel de la novela total. Tal vez por medianía y falta de valentía frente a proyectos de largo aliento que requieren un máximo de esfuerzo y ambición. Aunque este fenómeno es natural, pues estamos en un momento de apogeo de la cultura post-postmoderna, del estancamiento intelectual, del vicio de la brevedad y lo fragmentario, donde la regencia principal está en manos de las redes sociales y la internet, lugares de ortodoxia cerrada y venal de aspirantes a escritores que desean hacer una literatura “de urgencia”, de “post”, para que el mundo los entienda (y los admire o quiera), mas no para entenderse a sí mismos o entender un gran todo.  En el dominio de esta deleznable hegemonía contemporánea, la fantasía desmesurada de autores de novelas totales resulta ser insumisa e incomprensible para la visión “oficialista” de nuestra realidad. Habría que recordarles a estos individuos que la novela siempre tuvo esa inclinación totalizadora, como ya lo decía Ernesto Sabato. Para el autor de Sobre héroes y tumbas, la novela colocada como está entre el arte y el pensamiento, desempeña una triple y trascendental misión: la catártica, ya intuida por Aristóteles; la cognoscitiva, al explorar regiones de la realidad que sólo ella puede llevar a cabo, y la integradora de una realidad humana desintegrada por la civilización abstracta. A todo esto, Sabato lo califica como Neorromanticismo fenomenológico, que se podría traducir en la cosmovisión literaria que sustentan las más grandes novelas de la historia, la base filosófica de la gran novela total “capaz de dar la summa de la realidad y con lo cual se terminan todos los falsos dilemas en que se ha venido agotando inútilmente”.

    Conociendo este contexto, se puede afirmar que Stieg Larsson pertenece a la gran estirpe de escritores con ambición totalizante. Y Millenium es el resultado de la operación descabellada de Larsson al intentar crear la realidad total de Suecia dentro de estas tres magníficas novelas. Muchos críticos y lectores han intentado clasificarla en diversos géneros (policial, aventura, psicológica, política, erótica, social, etc.) y, sin embargo, ninguna le conviene y ni una sola le basta, pues Millenium, como la gran mayoría de novelas totales, lo abarca todo.

     

    LA REALIDAD EN MILLENIUM

    Actriz sueca Noomi Rapace interpretando a Lisbeth Salander.
    Actriz sueca Noomi Rapace interpretando a Lisbeth Salander.

    Uno de los rasgos que más se puede celebrar en la saga es el testimonio fiel que da de nuestra época. Las descripciones de los ambientes postmodernos, los diálogos y formas de moverse por el mundo de los personajes, las idas y venidas de Lisbeth Salander (personaje central de Millenium) por el universo de los hackers, los intereses comerciales y políticos de los medios de comunicación, la endeblez del espectro periodístico, el liberalismo enfermizo de Mikael Blomkvist (segundo personaje central de Millenium), la gran maquinaria tecnológica que lo puede todo y la internet, están incrustados en la novela con manejo absoluto de la cosmovisión contemporánea que tiene el escritor sobre el mundo en el que vivimos. Como es natural, cada época tiene sus propios fantasmas que se van transformando con el tiempo en las costumbres, tradiciones, leyendas, miedos, leyes, religiones y cultura de un determinado momento; todas estas representaciones coexisten poderosamente en la saga de Millenium como lo hacen en la vida real. Así, Larsson utiliza sin exclusión y sin escrúpulos la realidad como instrumento de trabajo. En otras palabras, lo abarca todo y se sirve de todo. Desde lo más infinitamente pequeño hasta lo más infinitamente grande; característica esencial que solo cabe adjudicar a la novela total y no a otra.

    Vargas Llosa, en su ensayo sobre Tirant lo Blanch, hace una definición que cae como anillo al dedo a un novelista de la estirpe de Steig Larsson: “El novelista común, dice Vargas Llosa, crea a partir de algo. Pero el novelista total, ese voraz, crea a partir de todo”. Y en efecto, Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, están creados a partir de un todo; pues al igual que la Rusia de Guerra y paz, la Francia de La comedia humana, el México de La región más transparente, el Dublín del Ulises o la Inglaterra ficcional de Henry Fielding, la Suecia de Larsson en Millenium se prolonga y abarca todos los diferentes niveles de realidad que puede (para alimentarse así mismo), deslumbrando y engañando al lector ante los actos más inverosímiles y disparatados que realizan los personajes de esta gran ficción.

    millenium-IISin duda, uno de los ganchos principales de Millenium es la trama policial que tiene clarísimas coincidencias cinematográficas. Cualquier tipo de lector que se embarque en la saga se quedará poseído por el morbo y la curiosidad de saber qué cosa pasará en la siguiente página. Y esto porque la trama de esta trilogía está construida sobre la base de un campo minado de sorpresas. Cada capítulo es una nueva aventura, un nuevo laberinto del cual los personajes buscarán salir para ingresar inmediatamente a otro. Sin embargo, los libros no solo entrampan eso. El género psicológico también entra a jugar sus cartas de manera deslumbrante en las personalidades de cada uno de los personajes. Desde el más anodino hasta el más importante de estos se mueve por el mundo guiado por sus fantasmas, traumas o vivencias felices de un pasado invisible dentro de ese vasto universo ficcional. Aunque algunas veces, y esto hay que anotarlo, Larsson prefiere guardarse para sí estas biografías o prontuarios de sus personajes y mostrarlos por medio de acciones que hagan trabajar las fantasías del lector. Los personajes  de Millenium no son figuras de una o dos dimensiones. Me atrevería a decir que muchos de ellos son de tres y hasta de cuatro como en el caso de Lisbeth Salander. De este modo, el escritor penetra en la intimidad de todos ellos y nos va descubriendo sus motivaciones que están detrás de las conductas por las que se deslizan por el mundo. Esta profundización de la intimidad, de la psicología individual y colectiva en la novela, no es forzada. Todo lo contrario, es complementaria y justificada. Larsson no impone al lector ni a sus mismos personajes retahílas de adjetivos o documentación a fuerza de querer ser “profundo”. Aunque tal vez lo haga con los personajes demasiados secundarios o con los que aparecen como estrellas fugaces para nunca más volver a deambular por las páginas del libro. Sin embargo, el grueso de sus personajes va dibujando su carácter de manera objetiva y gradual a través de sus acciones y comportamientos, a través de sus traumas y creencias, de sus aciertos y contradicciones.

    Pensemos por ejemplo en Lisbeth Salander, figura principal y personaje más vivo de todo Millenium. ¿Cuál sería la primera impresión del lector al enterarse de que una chiquilla de metro cincuenta de estatura, de delgadez anoréxica, de rasgos enfermizos, agarre a patadas y a cabezazos a un viejo gordo y cincuentón que le coge el culo en un tren de Södermalm? ¿Cómo la supondría al saber que a los once años desmayó a punta de batezasos a un compañero de colegio que le rompió el labio un día anterior? ¿Cómo reaccionaría al verla haciéndose un tatuaje en el talón mientras planea su venganza? ¿Cuál sería su opinión al conocer que jamás habla con la policía por más que la hayan masacrado? Larsson no necesita describirla con multitud de adjetivos para hacernos entender que Lisbeth Salander es una mujer desadaptada, violenta, insumisa, con un sentido muy personal de la moralidad y con un auto de consciencia que le hace resolver sus problemas por sí sola y sin la menor ayuda de las leyes. Así, cada acción va marcando la psicología del personaje sin necesidad de caer en malabares periodísticos.

    Lo mismo pasa con Mikael Blomkvist, otro de los personajes más alucinantes de la saga. Blomkvist es un periodista de una moralidad exasperante. Sus acciones dentro de la novela lo hacen convertirse en un ser intachable e insobornable. Además, lo tiene casi todo. Dinero, prestigio, mujeres, olfato y posición social. Es un maniático del orden, un perfeccionista de salón. Lisbeth Salander llega a calificarlo muchas veces de “don Perfecto”. Don Perfecto Blomkvist. Sin embargo, a pesar de todas estas manías de lord inglés, también puede cometer pequeñas indecencias y chantajes para lograr atrapar al malo o salvar al bueno. Puede llegar a guardar una bomba periodística para no resquebrajar la integridad de una familia o desvincularte de un reportaje de trata de blancas con la condición de que le entregues la cabeza del chancho principal. Estas contradicciones o contrapuntos dentro de su elevada moralidad en vez de empobrecer su perfil, lo enriquecen y humanizan, porque aparecen en él, como rasgos invisibles,un par de elementos inherentes a la conducta humana: la ambigüedad y la ambivalencia.

    De esta manera podríamos hacer una larga lista de personajes que no solo son construidos sobre la base de sus acciones, sino que también gozan de alucinaciones y epifanías que los vuelve vivos como el caso del gigantesco y musculoso Ronald Niedermann. Niedermann a pesar de desnucar a cualquier persona con una sola mano, tiembla de miedo al verse solo en la oscuridad y cree vislumbrar espectros que lo acechan en los lugares cerrados. Estos abismos entre lo que los personajes creen o dicen que son y lo que sus actos realmente muestran de lo que están hechos, es lo que enriquece la novela.

     

    LA FE EN EL PERIODISMO

    millenium-3Por otra parte, Millenium es una clase maestra de periodismo de investigación que se refleja no solo en la actividad desbocada y delirante de Mikael Blomkvist y Erika Berger. Ambos son el espejo de lo que Larsson creía sobre el periodismo y de cómo lo ponía en práctica en su labor extraliteraria. El nivel de enfoque y profundización en un tema a investigar es monstruoso y, sobre todo, contagioso. La forma como Mikael se mete de cabeza a un reportaje es envidiable. Jamás deja fisuras y lo lee absolutamente todo, hasta lo que no tiene nada que ver con el tema. La obsesión por obtener nuevas pistas, nuevas fuentes, nuevos datos que den un giro a la noticia te devuelve la esperanza en el periodismo. No estoy seguro si el olfato reporteril que tiene Blomkvist y sus colaboradores lo tenía Larsson, pero esa manera de abordar la noticia y de atraparla es magistral. Aquí algunas frases que aparecen dentro de la trilogía:

    “Mikael Blomkvist lo expresó así: sólo existe un momento bueno para publicar y una infinita cantidad de momentos malos”.

    “Te he contratado para que hagas periodismo. Vas a investigar a fondo, no a cubrir noticias. ¿Te parece bien?”

    “Tu misión como periodista consiste en cuestionarlo y examinarlo todo con sentido crítico, no en repetir lo primero que alguien te diga, por muy bien situado que esté en la administración del Estado. Que no se te olvide nunca. Escribes muy bien pero eso no tendrá ningún valor si olvidas tu misión: meterte al fondo”.

    No exagero si digo que una de las cosas que hace Millenium es devolverte la fe en el periodismo e impulsarte a querer entrar a un periódico y decir: “señor, contráteme, quiero hacer una investigación para tumbarme al gobierno”.

    Podríamos hacer hincapié en cada uno de los géneros novelísticos de los que está compuesta esta tremenda saga sueca y saldría tranquilamente un mamotreto demencial. El erotismo (las mujeres que siempre se tiran a Blomkvist o la suerte de menage a trois entre Erika Berger, su esposo y Blomkvist), la política (la denuncia a la clase política sueca y la aparición sorprendente del gabinete presidencial en la novela), la postmodernidad (el mundo de hackers y los universos virtuales donde existen semihombres que se mueven a través de realidades paralelas a la nuestra), el género gore (múltiples asesinatos de formas horribles y violaciones colectivas), el feminismo (el carácter imponente de cada uno de los personajes femeninos en la sociedad ficcional y las figuras icónicas de Lisbeth Salander, Erika Berger y Mónica Figuerola), la épica (las correrías de Salander y Blomkvist por Hedestad y la isla de Hedebyy las batallas rimbombantes en los que se mete Salander por salvar su vida), lo militar (espías rusos que colaboran con la fuerza militar sueca en pleno auge de laGuerra Fría), lo costumbrista (la descripción del exceso de café que toman los personajes, la jerga engolada de los periodistas suecos, los largos cuadros de costumbres del Estocolmo del siglo XXI), lo satírico (la pintura sarcástica del cuerpo policial y la burla despiadada de las estructuras de poder), lo melodramático (Salander enamorada de Blomkvist y fracturando su estética y forma de ver el mundo para intentar caer a las garras del amor), la matemática (Salander obsesionada por libros de matemática y dispuesta a resolver sin ayuda de nadie el teorema de Pierre de Fermat), etc., son los géneros de los que se alimenta Millenium, convirtiéndose así, de manera indiscutible, en una novela que lo abarca todo, en una novela total.

    En efecto, Larsson es de esa clase de escritor que vuelca sobre su obra todo lo que hay en él, desde lo más pequeñito hasta lo más desmesurado, desde lo más bueno hasta lo peor, desde el escepticismo más férreo hasta la creencia más ciega. Esto lo transforma en un narrador puro, en un deslumbrante contador de historias que utiliza una plasticidad formidable en sus descripciones y sutiles técnicas literarias de menor cuantía. Y aunque -en contradicción- su técnica es defectuosa, no interesa, pues la fuerza con que está escrita la historia te subyuga y persuade que pasas por alto cualquier deficiencia estructural. Por ejemplo, las mudas literarias forzadas, los cambios arbitrarios de narrador equisciente a narrador omnisciente, las repeticiones de información, las bisagras mal cerradas, pleonasmos, circunloquios y un exceso de “cráteres activos”. Sin embargo, toda esta mierda no importa en Millenium, ya que, en lugar de aplastar o destrozar el texto, lo enriquece vitalmente. Recordemos que todas las grandes novelas tienen una significativa dosis de imperfección, espacios huecos o endebles que sostienen la marea narrativa.

    Para terminar, debo decir que Stieg Larsson maneja una prosa elegante y directa. El manejo de la tercera persona es funcional con aquello que narra desde la invisibilidad. Hace gala de un vocabulario selecto, de salón, aunque por momentos también recoge los giros lingüísticos de lo subterráneo, de los sectores bajos. No se agota en ningún espacio, sino que los explora y aprovecha todos. Se nutre de ellos.

    Todos estos rasgos hacen de Millenium una novela total, monstruosa, ambiciosa. Una novela que te traga o te devuelve la fe en la literatura contemporánea. Bien es cierto que ningún escritor podrá escribir jamás una novela que totalice el mundo, pero siempre existirán ambiciosos que trabajarán obras de cara a ese gran ideal artístico que nos han enseñado los maestros. Larsson fue uno de ellos.

     

     

     

    *Joe Iljimae (Lima, 1990). Periodista y escritor. Administra el espacio cultural Cronopios y Famas, donde realiza entrevistas a diversos personajes vinculados al mundo de las letras. Acaba de publicar el libro de relatos Los Buguis (Paracaídas Editores).

     

     

     

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