Miguel Gutiérrez: «En todas mis novelas está presente Dostoievski»

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Una pasión latina (Alfaguara) es el título de la nueva novela del escritor piurano Miguel Gutiérrez (1940), quien bajo la forma de un thriller cuenta la historia de un hombre atormentado por el rencor, que luego de 20 años de matrimonio asesina salvajemente a su esposa estadounidense. Lea aquí la conversación con el también autor de La violencia del tiempo.

 
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El ruido y la furia de los motores invaden la terraza del Hotel Bolívar, donde Miguel Gutiérrez aguarda la segunda entrevista de la tarde. Dicen que le gustan muy poco las entrevistas, pero parece que ya no tanto. Al menos en esta conversación respondió a todas las preguntas con mucha cordialidad. El pretexto: la presentación de su novena novela, Una pasión latina
 
Hace algunos años al hablar de las pasiones dijo que la fundamental para usted es la escritura. Le pregunto ahora, ¿qué es para usted escribir?
La pasión por la escritura define mi vida en última instancia. Yo a veces tardo para escribir una historia, después las escribo relativamente rápido. Pero lo interesante del momento de la escritura, cuando uno ya se dispone a escribir, es que en ella se cristaliza toda la experiencia de tu vida, todo lo que has leído, todas las imágenes que conforman tu imaginario. La escritura es lo que me sostiene en el mundo.
 
Usted cita como grandes influencias en  la novela a Joyce, Faulkner y a Kafka (por mencionarle algunos),  ¿Qué autor considera que es el que más influyó en su obra?
El autor que influyó más en mí para toda la vida fue Dostoievski, cuando leí a los 13 años Crimen y castigo. En todo lo que escribo está presente Dostoievski, no como recurso literario, no como forma, sino como visión del mundo y sentimiento del mundo. Es para mí la gran influencia. Ahora, formalmente y a su debido tiempo, recibí grandes enseñanzas de Faulkner, de Joyce y, por supuesto, Kafka, que me permitió dar otra mirada a la realidad. Sin embargo, para mí la gran novela del siglo XX es En busca del tiempo perdido de Proust. Estos son escritores que he leído y sin los cuales no hubiera podido escribir novelas.
 
¿Y qué reconoce de Dostoievski en su obra?
Bueno, varios amigos me dicen que él está en todas mis obras. Un amigo crítico que leyó mi última novela, Una pasión latina, me decía que allí también está Dostoievski, y se evidencia -me decía- en la vida atormentada del personaje principal, Nolasco Vílchez, quien comete un crimen atroz.
 
Y a propósito de Una pasión latina, en ella están presentes como temas la bastardía, el racismo y el mestizaje. ¿Estos son temas que de alguna forma lo persiguen, podría considerarse que son sus demonios?
Pienso que sí, pues siempre salen aunque quisiera controlarlos (sonríe).
 
¿Cuál fue el punto de partida, el chispazo inicial que inspiró esta novela?
Hace diez años un amigo me refirió la historia brutal, truculenta, de un hombre latino que entra en amores con una estadounidense cuando son jóvenes, y 40 años después, cuando están en Estados Unidos, la asesina y la descuartiza. La historia me conmovió porque estaba dentro de ese gran tema que están en todas mis novelas y que Peter Elmore llamó «la condición mestiza».
 
Este Nolasco Vílchez vive desde su infancia acomplejado por su origen bastardo, por el color de su piel y busca reivindicarse consiguiendo a una mujer blanca y extranjera
Claro. (El crítico literario) Ricardo González Vigil me hacía mención del cuento de Ribeyro, Alienación, donde ve el tema desde un punto de vista satírico. En mi novela, en cambio, está visto desde otra perspectiva, pero finalmente nos remite a eso. Creo que esta es una de las heridas del pueblo peruano.
 
 
POLÍTICA, VARGAS LLOSA Y LIBROS
 
Miguel Gutiérrez estudió Literatura en San Marcos, se graduó con una tesis titulada Estructura e ideología de Todas las Sangres, la obra de José María Arguedas. Su primera novela, El viejo saurio se retira (1969), tuvo más críticas que elogios, pero se reivindicaría con La violencia del tiempo (1991), su obra más importante, y que en el contexto en que apareció desató polémica por su alusión a Sendero Luminoso.
 
¿Se siente ahora un escritor valorado literariamente? Antes la crítica le ponía reparos a su obra por su ideología marxista
Yo pienso que hasta ahora hay críticos que se acercan con prejuicios a mi obra por mis concepciones políticas y por mis propios escritos. Pero de alguna manera cuento ya con un público y no me quita el sueño ser reconocido por todo el mundo. Obviamente por mis propias convicciones, mis escritos han ofendido a mucha gente. 
 
Convicciones a las que no ha renunciado, ¿no es verdad? 
No, no.
 
¿Y es anacrónico definirlo a usted como un escritor marxista? 
No creo que ser marxista sea anacrónico. Eso es lo que nos dicen los liberales, los apolíticos, el marxismo todavía sigue siendo una opción. Bueno, mi marxismo se complementa con mi apertura hacia el pensamiento contemporáneo. Digamos que hay una actitud heterodoxa. Mi marxismo es heterodoxo, pero creo que sigo perteneciendo al mismo campo.
 
¿Siente que con los años ha dejado de ser confrontacional? Recibió muchas críticas, por ejemplo, por su ensayo sobre la Generación del 50
Creo que mis posiciones fundamentales siguen siendo las mismas. Por ejemplo mi actitud frente al poder no ha cambiado. Yo planteo y sostengo que el escritor debe mantener una distancia frente a todos los poderes para poder decir la verdad. Siempre he sido crítico. Naturalmente en la manera, en la forma, he morigerado el tono confrontacional.
 
¿Y diría que fue injusto con sus críticas a algunos escritores en ese ensayo sobre la Generación del 50?
Hay que ver en qué momento se escribió este ensayo, pues fue en una época de gran beligerancia. Tiene un tono vehemente, sin embargo no insulto a nadie, no estigmatizo a un escritor por sus convicciones políticas. Por ejemplo, sobre (Julio Ramón) Ribeyro, fue la parte que me resultó más dolorosa de escribir. Fui muy severo con él porque aceptó una condecoración del primer gobierno de Alan García a los pocos meses de la matanza de El Frontón (nota de referencia: en esa masacre de 1986, murió su hijastro Carlos Eduardo Ayala). Sin embargo, en el mismo libro dedico un análisis a la cuentística de Ribeyro, por quien siento una gran admiración, para mí es el mejor cuentista del Perú.
 
¿Llegó a conversar luego con Ribeyro sobre esto?
No y fue una pena para mí. Una vez me encontré con su hermano (Juan Antonio), pocos meses después de que muriera Julio Ramón y le dije que hubiera querido conversar con él.  «Créeme -me dijo- que Julio Ramón entendía tu posición». 
 
La violencia del tiempo, esa novela que llaman totalizante ¿ es su mejor novela?
Yo he hecho mi propio ranking y podría decir que esta es mi novela más poderosa de todas. Ahora, a raíz de la reedición (de hace un año) tuve la oportunidad de releerla muchos años después. Me di cuenta del momento en que fue escrita, justo en una etapa en que el país afrontaba una convulsión tremenda. Más que novela totalizante yo la llamo novela summa porque está compuesta de varias novelas.
 
¿Cuál cree usted que ha sido su aporte a la novela peruana? 
Mire, yo he querido terminar con ciertas dicotomías. Por ejemplo, soy un hombre nacido en una urbe, sin embargo he escrito novelas que transcurren en el campo. Entonces yo nunca acepté que había una dicotomía entre lo rural y lo urbano, creo que un novelista puede transitar entre esos dos mundos. Además, no aceptaba que hubiera separación entre lo nacional y lo cosmopolita. En La violencia del tiempo está la pequeña aldea, está Piura, pero también está París y Barcelona. El escritor no necesariamente tiene que vivir una realidad para escribir sobre ella.
 
¿Qué le pareció que le hayan dado el Premio Nobel a Mario Vargas Llosa, con quien ha polemizado por sus convicciones políticas?
Yo creo que lo merece. Se pueden tener muchas discrepancias con Mario, pero indudablemente es un escritor formidable. Con esa disciplina para escribir una obra tan vasta, no solo en novelas sino también en ensayos.
 
¿Cuál cree que es la mejor novela de él?
Creo que Conversación en La Catedral. La guerra del fin del mundo también es una gran novela, pero no me satisface totalmente -no como forma porque es perfecta-, porque pudo haber sido la Guerra y Paz de Latinoamérica si él hubiera tenido una actitud más abierta, más cercana hacia el pueblo, me refiero a los que pertenecieron al bando del Conselheiro.
 
¿Qué disfruta más leer o escribir?
Cuando estoy embarcado en la lectura, prefiero escribir porque creo que solamente cuando escribo me siento verdaderamente feliz.
 
¿Escribe todos los días? ¿Tiene horarios?  
Cuando estoy escribiendo sí. Últimamente he dejado mi horario nocturno, durante muchos años trabajaba desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana.
 
Si tuviera que decirnos los cinco libros más importantes que usted haya leído cuáles serían. 
Un clásico que me impactó mucho que lo leí a los 17 años fue Edipo Rey, de Sófocles. Otro libro fue Los hermanos Karamazov, de Dostoievski. 
 
De Leon Tolstói me gusta Guerra y paz.
 
De Marcel Proust, En busca del tiempo perdido para mí es la gran novela del siglo XX.
 
Y de Latinoamérica pondría tres grandes novelas que para mí son las mejores. De Guimaraes Rosa, Gran sertón: Veredas. También Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y Pedro Páramo, de Juan Rulfo. No sé cuál de las
tres es la mejor. 
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