Micaela Chirif: “El regreso a la poesía me liberó de la imagen”

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Micaela Chirif en una actividad realizada en 2017 en la Sala de Literatura Infantil Cota Carvallo de la Casa de la Literatura Peruana. (Crédito de foto: Bereniz Tello)
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Conocida sobre todo por ser autora literatura infantil, Micaela Chirif es también poeta. Es más, publicó primero poesía. En esta entrevista nos comenta la experiencia que la llevó a reconectarse con la poesía a partir de un proyecto de libro álbum. Además, nos habla de la importancia que se vea al libro como un objeto con valor económico.


Por Jaime Cabrera Junco

Micaela Chirif es la autora peruana de literatura infantil de mayor reconocimiento en la actualidad. Su trabajo sostenido en este género empezó hace más de una década y publicaciones, como Más te vale mastodonte (2014) –ilustrado por Issa Watanabe–, ha recibido premios y ha sido traducida incluso al japonés. La literatura infantil no es una versión simplificada de la literatura “para adultos” (sí, entre comillas). A través del libro álbum, uno de los formatos que más ha trabajado, las imágenes y el texto se vinculan. Recientemente, junto a la ilustradora chilena Loreto Salinas, ha publicado Animales peruanos (Planeta, 2020), una enciclopedia que no por ilustrada se limita al público infantil.


Literariamente se dio a conocer como poeta y luego como autora de literatura infantil. ¿Cuál es su relación actual con la poesía? ¿Sigue escribiéndola de manera continua o esporádica?

Empecé escribiendo poesía y publiqué tres poemarios a lo largo de varios años. Luego me fui metiendo cada vez más en la exploración del álbum y los libros ilustrados y dejé de escribir poemas por un tiempo hasta que, en 2018, tuve la idea de modificar un poema que había publicado con anterioridad con el fin de convertirlo en un álbum. El libro, que sufrió muchos retrasos en su publicación pero que está finalmente en imprenta, fue ilustrado por el mexicano Juan Palomino. Se llama Una canción que no conozco. A partir de ese momento me reencontré con la poesía y empecé a explorar la posibilidad de unir poesía y álbum. Al mismo tiempo, aunque suene contradictorio, abandoné los guiones con los que trabajaba los libros álbum para dedicarme de lleno a los textos desentendiéndome de lo que pudiera ocurrir con la imagen, que es el aporte del ilustrador. Luego he vuelto parcialmente a los guiones, pero desde una perspectiva mucho más flexible. El regreso a la poesía me liberó de la imagen.

Preguntas por la poesía y por la literatura infantil, pero aclaro que no se contraponen. La poesía es un formato, una manera de escribir. Lo “infantil” no es un formato sino un público objetivo en el cual no creo mucho. Hay literatura buena y mala. La buena a veces les gusta a las niñas y los niños. A veces a los adultos. A veces a cualquiera. Bueno, la mala también, está claro.

 

En sus dos últimos poemarios aparecen como temas la muerte y el duelo, ¿su acercamiento a la poesía es un acto más doloroso y, en cambio, la literatura infantil es un acto más gozoso? ¿Cómo distingue ambos momentos creativos?

No lo veo así. El acto de escribir es siempre gozoso. Incluso si entraña algún tipo de dificultad o dolor, el gozo de escribir es siempre infinitamente superior al sufrimiento. Por otro lado, me parece que hay que distinguir el acto de escribir y aquello que el texto nombra o describe. Un texto que para el lector es alegre y relajado puede provenir de un acto de escritura complejo, difícil, trabajoso. Un texto que, en la experiencia del lector, aparece como doloroso puede provenir de un acto de puro placer.

Ahora, si tuviera que elegir, diría que el poema es siempre más gozoso porque es un acto de escritura mucho más íntimo y libre. No importa de qué hable.

 

En 2019 obtuvo el Premio Hispanoamericano de Literatura Infantil por su obra El mar (libro aún por publicar tengo entendido). ¿Han confluido aquí los procesos de creación poética y de literatura infantil?
Es un premio de poesía. Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños. Como te decía, a partir de Una canción que no conozco tuve ganas de regresar a la poesía y de encontrar algún tipo de encuentro entre los poemas y el libro álbum. El mar lo escribí el año pasado y, aunque nació como un texto para un libro álbum, se convirtió, gracias al comentario de una amiga editora, en una serie de poemas. Está en imprenta en estos momentos. Reúne once poemas que componen un paisaje marino: la ballena, los peces, la sirena, las nubes, el cielo, etcétera. Fue un placer dedicarme por entero al texto y, luego del premio, tuve la suerte de contar con tres excelentes ilustradores mexicanos: Juan Palomino, Amanda Mijangos y Armando Fonseca. Ellos han ampliado, desde la gráfica, las lecturas posibles de los poemas y, navegando en el mismo sentido que el libro, han contribuido a que el libro tenga una lectura que llamaré sincrónica más que narrativa. Han multiplicado los ecos del texto y han jugado con él al juego de las idas y vueltas que, desde una aparente narración, destrozan la idea clásica de que hay un inicio y un final y una línea recta que los une. Eso me gusta: es un libro que uniendo poesía y álbum intenta convertirse en algo que acontece en presencia del lector.

Ojo que hablo, nuevamente, de formatos: álbum y poesía. No hablo de la edad de los destinatarios.

 

La literatura infantil llegó a usted como parte de un proyecto que había dejado inconcluso el poeta José Watanabe. ¿Qué encontró en esta nueva forma de escritura que la ha llevado a explorar distintas posibilidades como lo viene haciendo hasta ahora?

Con ese primer libro, Don Antonio y el albatros (2008),lo que encontré fue un formato que me entusiasmó y que me abrió a la posibilidad de narrar tanto desde el texto como desde la imagen. Lo escribí pensando que sería una experiencia única, un acto que formaba parte del luto por la muerte de José. No fue así. Lo que descubrí me gustó tanto que escribí otro libro que se llama Buenas noches, Martina (2009) y fui profundizando en el gusto por encontrar la manera de obtener textos cada vez más breves y sintéticos. Así fue que llegaron En forma de palabras (2010),un libro en el que el texto y la imagen se acaban por confundir en un mismo plano, y Desayuno (2013),en el que hay un quiebre bastante grande entre lo que narra el texto y lo que presenta la imagen.

 

¿La literatura infantil ha ido cambiando o han cambiado los lectores? Es decir, los lectores de antes leían a Salgari, Julio Verne o a otros autores, cuyas obras no llevaban el rótulo de literatura infantil

La distinción entre literatura infantil y no infantil es relativamente reciente, como lo es la idea misma de infancia. Las historias de la tradición oral, de las que provienen los cuentos de hadas, eran relatos para todos, no para niños. La primera recopilación de los hermanos Grimm, por ejemplo, los reúne con la crueldad y crudeza de los relatos originales. Luego fueron suavizando sus versiones de manera que resultaran mucho más aceptables para la burguesía y de esa manera se convirtieron en lo que hoy conocemos como literatura infantil. Optar por que los relatos fueran “infantiles” fue un gran éxito comercial y lo es hasta el día de hoy. Sin embargo, creo que salvo por los libros para pre lectores, no deberíamos hacer una distinción tan tajante entre infantil/no infantil sea, lo cual no quiere decir que las niñas y niños no tengan sus peculiaridades como público. Pero lo que trato de hacer al escribir libros “infantiles” son libros que incluyan a las niñas y los niños sin excluir necesariamente a los adultos.

 

Comentaba usted en entrevistas anteriores algunos vicios de cierta literatura dirigida a niños, entre ellos el hecho de remarcar alguna moraleja o ciertos valores. ¿Cuál es su definición o concepción de la literatura infantil?

Que antes que ser infantil sea literatura, que muestre respeto por sus lectores, que jamás los subestime, que no se confunda con una herramienta pedagógica.

 

El libro álbum es un formato en el que se ha especializado, tanto como creadora como en la asesoría y dictado de talleres sobre el tema. ¿Se trata de un género nuevo? ¿Qué elementos posee un buen libro álbum?
No, no es un género nuevo. En absoluto. Aparece como tal en los años sesenta con el que probablemente sea su libro más representativo: Donde viven los monstruos (1963), de Maurice Sendak. Sin embargo, es posible rastrear sus orígenes en el trabajo de Randolph Caldecott en el siglo XIX.

Caldecott fue un ilustrador inglés que publicó versiones ilustradas de algunas canciones y rimas populares (The house that Jack built, Hey Diddle Diddle, entre otras). La peculiaridad de su trabajo radica en que añadió a sus imágenes un contenido narrativo que complementaba al del texto. Eso es un álbum, un libro que se narra tanto desde el texto como desde la imagen y que, al romper con la redundancia entre ambos, deja un resto no resuelto que convoca al lector a participar.

 

¿Podemos adaptar cualquier texto a esta clase de libros (poesía, narrativa, informativos)? Recientemente ha publicado junto a Loreto Salinas el libro Animales peruanos, una suerte de enciclopedia sobre nuestra fauna con información tan valiosa y útil para lectores de todas las edades

El álbum es un formato. No es mejor ni peor que otros. Funciona para ciertos libros. Para otros será mejor el registro poético, el narrativo, el informativo o cualquier otro. Cada uno de ellos tiene sus propias cualidades. Para mí ha sido muy interesante hacer Animales peruanos porque ha sido mi primera experiencia con un libro informativo y he aprendido muchísimo, además de que ha sido un placer trabajar con Loreto Salinas. Fue un proyecto que demandó mucho tiempo y esfuerzo y me ha alegrado sobremanera ver la acogida que ha tenido el libro. Me gusta pensar que habrá más niñas y niños en el Perú que, además de leones, tigres, cebras y elefantes, tengan en su imaginario a las llamas, los delfines rosados, los otorongos, el colibrí cola de espátula, el oso hormiguero gigante y tantos más que comparten con nosotros el mismo territorio.

 

¿Es caro producir estos libros para el mercado editorial peruano?

Esa es una pregunta más para editores que para escritores. Depende, supongo. Yo trabajé por mi cuenta como un año o más antes de tener editor para el libro. ¿Sale a cuenta en términos económicos? No. ¿Los derechos de autor cubren la cantidad de horas que uno trabaja? Definitivamente no. Pero, bueno, son cosas que no se hacen por dinero.

De otro lado, aunque no se escriba por dinero, me parece importante que se reconozca al libro como un objeto con valor económico. Que se compren libros, que no se pirateen, que se destine dinero a la compra de libros para bibliotecas y colegios. Estamos muy acostumbrados a presupuestos que destinan dinero a construir locales y comprar sillas y estantes y  computadoras, pero no libros. Creemos que los libros deben donarse siempre pero no hay manera de que una industria sobreviva o apueste por libros que toman tiempo y trabajo si esa actividad no se sostiene económicamente. Ninguna industria funciona a pérdida. ¿Por qué debería hacerlo la industria del libro? No tiene sentido.

En los últimos tiempos hemos visto algunas acciones positivas desde el Estado: la Ley del Libro (que es producto del trabajo y el esfuerzo de mucha gente), el dinero que se ha destinado a compras de libros y los estímulos económicos de la Dirección del Libro del Ministerio de Cultura que ya van en su tercer año.  Ojalá, poco a poco, construyamos un país que reconozca que invertir en libros y educación es mucho más barato que lidiar con las consecuencias de no hacerlo.

 

¿Hay algunos temas tabúes en la literatura infantil o que no hayan sido explorados aún?

En realidad, creo que todos o casi todos los temas se han tocado en la literatura infantil. Algunas veces bien y otras mal. Se puede hablar de la muerte y de la sexualidad, los dos temas tabúes por antonomasia, pero se puede hacer con buenos libros y con libros malísimos. Lo importante cuando se hace un libro es tratar de hacer buena literatura y elegir el formato adecuado. Si lo que queremos es informar, lo mejor es escribir un libro informativo y no tratar de disfrazar la información de poesía o cuento. Si queremos hacer poesía o escribir una historia, lo mejor es que nos libremos cuanto antes de pensar en las conclusiones que deberá sacar el lector.

 

¿Qué le cuesta escribir más: un poema o un proyecto de literatura infantil?

No sabría decirlo. Cada libro es distinto y tiene su propio proceso.

 

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE MICAELA CHIRIF*

  1. ¡Mamá puso un huevo! o cómo se hacen los niños, de Babette Cole.
  2.  La princesa viene a las cuatro: una historia de amor, de Wolfdietrich Schnurre e ilustrado por Rotraut Susanne Berner.
  3. La pajarera de oro,  de Anna Castagnoli e ilustrado por Carll Cneut.
  4. Ka, de Roberto Calasso.
  5. La presa, de Kenzaburo Oé. 

 

*Micaela Chirif nos advierte que no necesariamente son sus favoritos, pero se trata de cinco libros que le han gustado mucho.

 

 

 

 

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