Martín Kohan: «No siento la escritura como un juego, la veo como un gesto de repliegue»

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El año pasado participó en la Feria Internacional del Libro de Lima y tuvimos un primer acercamiento con su particular concepción de la literatura. En esta entrevista, Orlando Mazeyra explora otros flancos de este escritor argentino que no duda en calificar de perfectos algunos relatos de Jorge Luis Borges. 


                                                                                                                                           Foto: Lecturas Personales.
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Por Orlando Mazeyra Guillén*


Martín Kohan (Buenos Aires, 1967) se licenció como profesor de enseñanza secundaria normal por la Universidad de Buenos Aires (UBA), después obtuvo la licenciatura y el doctorado en Letras en la misma universidad, en cuya Facultad de Filosofía y Letras, es profesor de Teoría Literaria. Con Ciencias Morales ganó el Premio Herralde de Novela el año 2007. A fines de enero, mientras terminaba de devorar su narrativa, le propuse una entrevista que él gentilmente se animó a responder. Este es el resultado.


I

Martín, dices que escribes en bares. ¿Te acomoda mejor el bullicio de lo cotidiano que el silencio cuando creas ficciones? ¿Cuál es (o sería) el ambiente ideal para entregarte a las ficciones?
En rigor no es que solamente escribo en bares. Paso todo mi tiempo en bares. También leo, veo fútbol por televisión, me junto a conversar, como, preparo clases, leo el diario, en los bares. Es un lugar donde me gusta estar. Y en cambio, deploro estar en casas, no me gusta, me canso rápido, me siento encerrado, al poco tiempo me quiero ir de una casa, quiero salir. No soy un escritor de bares, soy una persona que está siempre en bares y que a veces, entre otras cosas, escribe.


Creo que fue Rilke quien dijo que la verdadera patria del hombre es la infancia. Julio Ramón Ribeyro decía que quizá escribir era prolongar los juegos de la infancia. ¿Qué vasos comunicantes encuentras en tu acto creativo con el mundo de la infancia?
El gusto por estar solo. No siento la escritura como un juego. Pero sí, en cambio, como un gesto de repliegue, la actitud del retraído. Y eso sí me remite a mi infancia, porque fue en la infancia cuando descubrí que era ése mi temperamento.


Como hincha de Boca, ¿te tienta la idea de escribir un libro sobre el club más popular de la Argentina?
Creo que no tengo pasiones que no admitan ser explicadas, que no puedan respaldarse con argumentos, que no puedan ser puestas en palabras racionales. Tal vez Boca sea la única excepción. Por eso es que creo que preferiría no escribir un libro sobre Boca, o que no podría hacerlo.


¿Alguna vez has sentido que Cristo te miraba?
No creo en Cristo.


Ya sabes, ¿a partir de qué edad se puede empezar a torturar a un niño? Quizá quiero saber si, en la maldad, la realidad siempre supera a la ficción…
La realidad impone siempre la crudeza de su condición de tal. Que se pueda imaginar una pregunta así, ya es terrible; pero es tanto más terrible saber que la pregunta de veras existió, que alguien estaba de veras dispuesto a proceder según esos términos. En todo caso, lo que me importa no es lo que separa y distingue realidad y ficción, sino lo que las comunica. Porque esa pregunta, por ejemplo, es real y es inimaginable a la vez.


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Si pudieras elegir a un mentor (vivo o muerto) para que te guíe o te dé un taller de escritura creativa, ¿a quién elegirías y por qué?
Presiento que los escritores que admiro (entre los argentinos: Borges, Saer, Piglia, Aira) estarían poco dispuestos a dictar un taller de escritura creativa. Me dirían que haga lo que hago: aprender de ellos, leyéndolos.

Esta pregunta viene de la mano de la anterior: ¿crees en los talleres de escritura creativa?
También mi respuesta viene de la respuesta anterior; personalmente, no me han interesado nunca. Sé que a muchos otros les resultan provechosos. Pero en mí suscita más que nada distancia la idea de escritura con consignas, o tan direccionada, pautada, tentada por la convención; tampoco la inmediatez de la presencia grupal me atrae, más bien me disuade.


¿Qué le mandarías a leer a un joven que se te acerca y te dice que quiere ser escritor?
Le sugeriría leer a Borges. Pero también me daría curiosidad saber por qué motivos alguien podría querer ser escritor.


¿En qué lugar, fuera de Argentina, te has sentido como en casa?
Me siento como en casa en Buenos Aires, y en ninguna otra parte que conozca. Puedo sentirme cómodo, bien recibido, incluso a gusto en otros lugares; pero solamente en la ciudad en la que viví toda mi vida, la que conozco de punta a punta, accedo al don de la pertenencia.


¿Qué es lo que más amas y detestas de Mario Novoa, tu personaje de Bahía Blanca?
Amo y detesto lo mismo: su sentido de la fijación, su obcecación, la obsesividad de su pasión.


Si te sentaras en un bar a tomar un café con Mario Novoa,  ¿qué pregunta le harías? ¿Y qué crees que te preguntaría él?
¿Yo a él? Qué pasó con Belén, finalmente. Él a mí: ¿cómo puedo suponer que se fijó siquiera en Belén? Novoa es un enamorado cabal: una sola mujer, y basta.


¿Qué autor o autores te entusiasmaron en alguna etapa de tu vida y hoy, a la distancia, los sientes tan ajenos que hasta podrías decirles adiós y para siempre?
Mario Benedetti. Ernesto Sábato. Eduardo Galeano. Etcétera.


¿Compartes el planteamiento de Sábato cuando afirma que la condición más preciosa del creador es el fanatismo? Él señala que el escritor «tiene que tener una obsesión fanática, nada debe anteponerse a su creación, debe sacrificar cualquier cosa a ella. Sin ese fanatismo no se puede hacer nada importante»… 
Estoy de acuerdo, aunque lo diría sin tanto desgarramiento existencial. Por lo pronto, hablaría de escribir, más que de «creación», que es más pomposo; también creo que uno antepone la pasión de la escritura porque le resulta placentera, no porque deba suponer que está haciendo algo «importante».





II

JORGE LUIS BORGES: LA LITERATURA ENTERA, EN UN SOLO AUTOR


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Si te apuro en una antología de seis cuentos, ¿cuáles me nombrarías?
Emma Zunz, de Borges, Hombre de la esquina rosada, de Borges, El sur, de Borges, El Aleph, de Borges, La intrusa, de Borges, La muerte y la brújula, de Borges. ¿Por qué? Porque son perfectos.
¿Qué tan importante es la música en tu escritura?
Cuando escribo, presto mucha atención al ritmo, a la sonoridad de las palabras, a la métrica. La música me gusta mucho (a veces pienso que más incluso que la literatura), espero que eso incida en lo que escribo y lo beneficie.


¿Los premios literarios sirven de algo? ¿Fueron determinantes en tu devenir como escritor de ficciones?
Un premio, como cualquier reconocimiento, puede contribuir a destacar un libro o a un autor, cosa que no viene nada mal, dado que es tanto lo que se publica y es tanto lo que circula. El Premio Herralde ayudó mucho a mis libros en este sentido. Pero a mí como escritor no me determinó en nada, ¿por qué habría de hacerlo?


¿Como qué personaje de la ficción te gustaría morir y por qué?
Ninguno. No pienso en mi muerte.


Una palabra o frase que resuma lo que piensas de los siguientes autores:

-Borges: «la literatura entera, en un solo autor».

-Cervantes: «¿cómo pudo alguien escribir tan pronto todo eso que vendría después?»

-García Márquez: «aprecio a un autor que fue capaz de crear un mundo».

-Onetti: «admiro su talento para narrar sentimientos, sin ser nunca sentimentalmente cursi».

-Sábato: «a veces lo subvaloro, a veces lo sobrevaloro. Ni tan bueno ni tan malo».

-Rulfo: «me fascinan los renunciamientos, el suyo en especial».

-Mario Vargas Llosa: «me parece muy correcto lo que escribe, sin haberlo leído todo».

-Coetzee: «lo leí en abundancia y me entusiasmó, pero no retuve mucho de esas lecturas».

-Neruda: «aprendí mucho sobre literatura cuando entendí por qué Residencia en la tierra era mejor que los Veinte poemas de amor».

-Philip Roth: «disfruté mucho la mirada que tiene sobre el mundo judío, logró que ese mundo me interese especialmente».

-Camus: «leí solamente El extranjero, pero me impactó».

Por último, ¿cuál sería tu once ideal de escritores? 
Borges al arco (un ciego al arco, sí), y diez más que vos quieras.
*Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980), escritor  con dos libros de ficción publicados –Urgente: necesito un retazo de felicidad y La prosperidad reclusa– y colaborador de publicaciones como Hildebrandt en sus trece, y otros medios extranjeros.
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