Mario Vargas Llosa: una novela sin mucha esquina

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Comentamos Cinco esquinas, la más reciente novela del Premio Nobel Mario Vargas Llosa.


Por Jaime Cabrera Junco

Partamos de algo. Mario Vargas Llosa ha escrito unas cuatro o cinco novelas que le sobrevivirán holgadamente. Por otro lado, sus últimas obras no han logrado estar a la altura de publicaciones relativamente recientes como La fiesta del Chivo (2000). La última decepción fue El héroe discreto (2013), a la cual definió como su novela más optimista y con una visión distinta del Perú a la mostrada en sus anteriores historias. Este bajón, por llamarlo de alguna forma, no pasa por la edad sino por la capacidad de utilizar a la novela como un vehículo para exorcizar los demonios interiores y de inventar y reinventar realidades verbales. Esto último dicho, por cierto, en términos vargasllosianos.

Tras esta consideración pasemos entonces a comentar Cinco esquinas (Alfaguara, 2016), la novela número 18 del Nobel peruano, la cual —como todas sus obras— ha sido recibida con mucha expectativa en España y Latinoamérica. En resumen, estamos ante un thriller, un thriller que se centra en el modo en que opera el periodismo amarillo digitado desde el poder político.Ambientada en los años del régimen de Alberto Fujimori y del accionar terrorista —solo hay alusiones a Sendero Luminoso y el MRTA—, la novela nos presenta tres líneas narrativas: la burguesía limeña que se relaciona de manera amistosa y/o en complicidad con el poder; los periodistas que sirven de mercenarios del régimen; y las víctimas involuntarias, usadas como chivos expiatorios para encubrir el delito cometido por los que manejan los hilos del país.

No estamos ante una novela sobre lo erótico, como pudo haber sugerido el capítulo inicial, sino que el erotismo sirve de disparador para las circunstancias que ocurrirán en la historia, pero también le da un matiz a la trama principal. Es el erotismo el que desencadena la tragedia inicial del empresario minero Enrique Cárdenas, quien es chantajeado por el director del pasquín Destapes, Rolando Garro. Las fotografías lo muestran en circunstancias bochornosas y amenazan su prestigio, pero al negarse a la extorsión económica la revista lanza la ‘bomba’ y allí empieza su vía crucis social, algo nefasto para su clase.

La visión de la burguesía limeña es plana y, por momentos, superficial, a diferencia, por ejemplo, de la línea narrativa sobre el periodismo amarillo. Más que enfocarse en el director de Destapes se centra en la periodista Julieta Leguizamón, apodada La Retaquita. Ella representa al periodista que aunque sospecha de los intereses del director en determinadas informaciones, no cuestiona porque no le incumbe hacerlo. Esta reportera entrará al juego y luego saldrá de este abruptamente. Así la describe el narrador: “era tan pequeña que, vista de espaldas, cualquiera la tomaría por una niña. Morena, de cabellos crespos…delgadita y enclenque, sin embargo había en ella algo impresionante: sus grandes ojos incisivos e inteligentes, poseídos siempre de una extraña movilidad que Rolando Garro sólo creía haber visto en ciertos animales”.

Hablando de matices, otro tanto es el que le da la vida del recitador Juan Peineta, otrora famoso cómico de televisión y que cae en desgracia debido a las ácidas críticas de Rolando Garro. Su miseria personal es ‘culpa’ de este periodista farandulero temido incluso por los broadcasters por su poder de levantar o derrumbar la fama de bailarinas, actores o figurines televisivos. Peineta alimenta un rencor contra Garro contra quien escribe cartas que a veces olvida despachar y a quien responsabiliza de su suerte. Luego será una víctima circunstancial, pero eso no es lo medular de la novela.

 

¿Y CINCO ESQUINAS?

En la etapa previa a la aparición de la novela se ha hablado mucho y se han mostrado fotografías espectaculares de la famosa como decadente zona de Barrios Altos conocida como Cinco esquinas, pero la pregunta es, ¿qué papel juega en la novela? En realidad, su alusión es tangencial, pues allí transitan algunos de los personajes de la historia. En algunas entrevistas Vargas Llosa ha dicho que este escenario sirve para representar la ruina de un lugar otrora lleno de esplendor y donde surgió el criollismo. A partir de este lugar se realiza un paralelo con la realidad política del Perú corrompida por Fujimori y su asesor, llamado simplemente el Doctor y no Vladimiro Montesinos.

Hasta allí algunos aspectos generales de esta novela. Pasemos ahora a algunos aspectos centrales. En primer lugar me referiré a la verosimilitud. El punto de vista del narrador de la novela parece atrapado en la década del 50 aun cuando introduce algunas jergas o giros de este tiempo. Incluso la visión del erotismo y de la clase alta limeña es ingenua e inverosímil. Quizás esta afirmación sea cuestionable, pues el erotismo no es el eje de Cinco esquinas. Pero sí lo es, en cambio, la visión de la realidad. Cuando Vargas Llosa utiliza los diálogos telescópicos —aquellas conversaciones que se superponen a otras— hace recordar al autor de Conversación en La Catedral, sin embargo la falta de profundidad en los personajes parecen mostrarnos a un autor que ve la realidad desde la puerta de un automóvil y no se ha sumergido en ella.  Vargas Llosa sigue escribiendo sobre el Perú aunque no vive aquí y su realidad le es distante. No es su culpa. Su celebridad le impide camuflarse en cualquier espacio público y escuchar cómo habla la gente y cómo piensa en esta Lima que él visita de tanto en tanto.

Señalaba que estamos ante un thriller, si se quiere político, sin embargo el giro que da sobre el final es forzado. El repentino cambio de actitud de La Retaquita y la edición especial de Destapes evidenciando esto resultan —acaso involuntariamente— cómico. Así también los momentos en que aparece el Doctor, como la redención del ingeniero Cárdenas y su familia con el “¿Happy end?” —capítulo final de la novela—que tiene un viso de comedia romántica. El narrador no ahonda en la miseria de sus personajes, insinúa en todo momento que el régimen lo controla todo y que está llevando al país a la miseria moral, solo lo dice, mas no lo sugiere con descripciones o monólogos. Debemos creerle que esto es así. Los buenos ganan y los malos pierden, y el que va por el camino incorrecto tiene la oportunidad de enmendarse. Cinco esquinas es una novela que entretiene, se lee rápido, pero no deja alguna frase inolvidable como para citarla de aquí a algunos años.

 

 

 

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