Margo Glantz, la muchacha de 86 años

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Margo Glantz fue una de las invitadas internacionales al Hay Festival Arequipa. (Foto: Jaime Cabrera)
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A Margo Glantz se la podría describir de muchas maneras. Vital, inquieta, elegante, viajera, curiosa, incansable…y seguirían los calificativos. Es que esta mujer de 86 años sigue encontrando cosas que la sorprendan. Les compartimos nuestra conversación con esta gran escritora mexicana, quien participó en el Hay Festival Arequipa.

 

Por Jaime Cabrera Junco

Tal parece que los viajes rejuvenecen, que despiertan los sentidos y mantienen alerta y, sobre todo, vivas, a las personas. Margo Glantz (Ciudad de México, 1930) ha transitado por varios países y aun quiere conocer más. De Arequipa, ciudad donde la encontramos con motivo del Hay Festival, le llaman la atención la bella arquitectura del centro histórico, entre los cuales figura el convento de Santa Catalina. Pero el espíritu viajero de Margo ‒quien en realidad se llama Margarita‒ la ha llevado por destinos que se nos hacen lejanos: China, Australia, Nueva Zelanda, Europa y la India, país que visitó tres veces y cuyas impresiones quedaron en un libro titulado Coronada de moscas, que es a su vez uno de los versos del poema “Ternera acosada por tábanos”, de Blanca Varela.

‒¿Cómo así conoció a Blanca Varela y a su poesía? 
‒Bueno, la hermana de (Fernando de) Szyzslo, Juanita, vivía en México y Blanca, además, tenía una relación cercana con mi país. Fue amiga de Octavio Paz, aunque yo no lo fui de él, y su primer poemario, Ese puerto existe, fue publicado por una editorial importante de Veracruz. Blanca Varela es una poeta excelentísima, de una fuerza vital y de una integridad poética poco vista.

 

Glantz recuerda que fue amiga también de otros poetas peruanos como Javier Sologuren ‒quien vivió en México‒ y Antonio Cisneros, “quien además era guapo”, dice. Pero también del filósofo Augusto Salazar Bondy. “He leído la poesía de César Vallejo, de Cisneros y de Carlos Germán Belli”, añade.

El cosmopolitismo de esta autora le vino de nacimiento. Sus padres, un poeta y una asidua lectora, tuvieron que dejar Ucrania por problemas políticos. Con la muerte de Lenin surgió la represión stalinista y ambos huyeron de la entonces república soviética. “Mis padres tenían familiares en los Estados Unidos y creían por eso que podían emigrar”, señala. Recuerda ‒del relato de sus progenitores‒ que de su patria ellos llevaron escasa ropa, pero muchos libros.

 

‒¿Cuál es el recuerdo más significativo que tiene de su acercamiento a la lectura?
‒Vivía en una casa donde la lectura era predominante. Entonces, mi recuerdo más preciso es la cantidad de libros que teníamos en casa.

‒¿Que usted leía libremente o su padre le sugería?
‒Mi papá no me sugería mucho. Él era un personaje maravilloso, de una vitalidad impresionante, con un sentido del humor increíble, pero también muy egoísta. Lo que más le importaba era él (ríe).

 

Podría resultar evidente afirmar que su condición de escritora fue una consecuencia de su afición a la lectura. Sin embargo, Glantz recuerda que fue recién a los 30 años cuando escribió sus primeros ensayos. “Mi primera escritura de ficción que me pareció publicable fue cuando tenía 47 años. El que escribiera no fue una consecuencia de que fuera lectora. Siempre pensé que escribiría y que en algún momento lo haría”, afirma.

 

‒¿Esta “demora” fue quizás porque no encontraba la forma de expresar lo que quería?
‒Creo que todos buscamos eso, ¿no? Pero tenía amigos que a los 20 años habían escrito libros deslumbrantes.

 

Digamos que la espera valió la pena, pues Margo es una autora de una obra prolífica, que no solo incluye ficción o crónica de viajes, sino también el ensayo y la crítica literaria, donde sus contribuciones son notables. Investigó a profundidad la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz, así como a personajes históricos como “La Malinche”, mujer de origen indígena que jugó un rol importante en la victoria de los españoles contra los aztecas. Glantz hace una revisión sobre el rol de esta mujer satanizada desde la época de la Independencia y que la autora logró poner en su contexto a través del libro La Malinche, sus padres y sus hijos. Ha escrito novelas y relatos, ha recibido muchos reconocimientos, como el Premio Sor Juana Inés de la Cruz y el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, de la Feria de Guadalajara. El más reciente premio fue quizás el más emotivo. El 6 de abril de 2016 recibió la medalla de oro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por sus 55 años de labor como docente de la Facultad de Filosofía y Letras. Margo se reconoce también como maestra.

 

‒Su producción literaria es amplia. ¿Qué buscaba explorar en cada uno de sus libros?
‒No sé muy bien cuál era la motivación, solo que esta existía y me impulsaba a trabajar. Hay una pasión muy grande en mi trabajo. Creo que mi identidad es la de lectora y después de escritora como también de profesora. Cuando tenía unos 30 años me di cuenta de que era muy buena profesora y difusora de la cultura, pero eso fue espontáneo, no me lo propuse. No tuve conciencia del “deber ser” sino de “ser” nada más.

‒¿Y la escritura de ficción tiene como base importante su autobiografía?
‒Desgraciadamente soy muy autorreferencial, pero esto, además, tiene que ver con los intereses que mi situación vital promueve. Estoy muy vinculada con cosas importantes del mundo actual, porque me parece fundamental saber qué está pasando, analizar la política de mi país, me parece indignante ciertas conductas. Me parece importante saber lo que pasa en Siria, en Estados Unidos, en América Latina. Lo que me interesa es producir textos que están respondiendo a un momento dado, aunque las obsesiones y las temáticas se reiteren tienen que ver con una forma de ver el mundo que se va distribuyendo en textos diversos que va adquiriendo formas diversas de estructuración.

 

A diferencia de sus contemporáneos que satanizan las redes sociales y se han resistido, incluso, a utilizar computadoras, Margo Glantz, con 86 años, es una activa usuaria de Twitter y recientemente de Facebook. “Puede ser que empezar a escribir tarde me ha hecho más partícipe de las generaciones jóvenes. Las redes sociales me parecen muy interesantes, muy productivas, pero te puede llevar a situaciones muy nefastas, pero si uno tiene cuidado y autocrítica puede sortearlas sin problemas”, nos señala esta señora que lleva muy bien la edad y sigue haciendo planes para viajar y publicar. En una entrevista en la televisión mexicana comentó que tiene avanzadas 250 páginas de una novela y que a la par está preparando un libro con aforismos surgidos de su experiencia como tuitera. De sus tantas idas al dentista en los últimos años se le ocurrió escribir algo y pronto lo sabremos. Margo no se cansa y tampoco se desespera por las preguntas de unos periodistas que le vamos quitando tiempo de pasear por Arequipa.

 

‒¿Ha escrito todo lo que ha querido, Margo? ¿Se da por satisfecha?
‒No, de ninguna manera. Tengo un libro de viaje de más de mil páginas que vengo redactando. Además estoy redactando algo que se me ocurrió cuando estaba en Facebook que ahora quiero publicar. Llevo 50 páginas y quiero llegar a 100.

‒¿Por qué escribe? ¿Qué la motiva a seguir haciéndolo?
‒Pues, no sé. Lo necesito. Necesito escribir sobre todo lo que veo. Por muchos años fui periodista y escribía en un periódico, luego tuve un blog que no funcionó. Escribo diarios de viaje. Necesito escribir sobre lo que voy viendo.

 

LOS LIBROS FAVORITOS DE MARGO GLANTZ

Es imposible para Margo darnos cinco libros, “son muchísimos más”, dice. En todo caso, ella guarda un gran recuerdo de la obra de Julio Verne, de Fiodor Dostoievski. Le gustan las novelas de William Faulkner, de Gustave Flaubert, Honoré de Balzac y de John Dos Passos. Así también la obra de Jorge Luis Borges y contemporáneos como Georges Perec. ¿Y de México?, le preguntamos. La lista es larga: Sor Juan Inés de la Cruz, Juan Rulfo, Sergio Pitol, Mario Bellatin, Valeria Luiselli, Nellie Campobello, Elena Garro, Carlos Monsiváis, Amparo Vicente, Josefina Dávila y  Salvador Elizondo.

El video de nuestra conversación con Margo Glantz

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