Manuela Espinal Solano: “Lo bueno de la literatura, es que uno no siempre está diciendo mentiras”

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La narradora colombiana Manuela Espinal Solano ha presentado su libro en la feria La Independiente. (Foto: Sebastián Uribe)
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Entre tanto ruido e información que nos llega de manera caótica, cuesta muchas veces distinguir la belleza de una obra, el encanto de una prosa rebosante de musicalidad y encanto. Se vuelve difícil  distinguir el talento, por lo que su hallazgo se vuelve un acontecimiento digno de destacar y difundir, tal como ocurre luego de leer “Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto” de Manuela Espinal Solano (Medellín, 1998) , quien presentó en la feria La Independiente la tercera edición de este libro, vía La Travesía Editora, tras las aparecidas en Colombia y España.

 

 

Por Sebastián Uribe Díaz

Desde el inicio se muestran las ansias por huir de las protagonistas. Y  lo que parece ser una historia enfocada  en el fracaso  de dicha empresa,  termina por adoptar la forma de un relato de supervivencia y de resistencia. La migración vista  desde otra óptica, más compleja que el hecho de moverse a otra ciudad. ¿Responde ello a una extrapolación del traslado geográfico a uno emocional? 
A la hora de escribir no estaban estas conceptualizaciones ni muchos pensamientos, más allá de los que relato mismo dice, pero puede ser cierto. Incluso uno ve que en el relato cada vez que el tiempo pasa: hay una nueva casa y una nueva vida, y  la protagonista se va dando cuenta de cosas mientras va  teniendo nuevas incertidumbres y preguntas. Puede que el cambio de casa, de ciudad y de país haga que la protagonista vaya evolucionando en esas dudas y que todas ellas, en lugar de responderse, se hagan cada vez más profundas.

 

En cierto momento de la novela se menciona lo siguiente: “En esas sale un cantante joven, nuevo en la industria y anuncia que es el  nuevo presentador de un  programa de talentos. Con mi misma edad y él ya está presentando un programa, ya es reconocido. No me llamó la atención, nunca he querido las luces” (pág.28)  Si bien la protagonista se va oponiendo a esta idea, yace  en el lector la sospecha sobre si se puede mantener dicha resistencia a lo largo de la vida. ¿Se ha acentuado esta idea de aplastar o  ser aplastado, en la industria artística en específico, cuando se percibe a alguien  como competidor , más aun si pertenece a la misma generación de uno?
En el mismo libro hay una reflexión sobre eso. Casi todo el tiempo los músicos quieren aplastar al otro músico. Cuando un músico, como pasa en Colombia, cobra cierto dinero por una presentación y otros músicos cobran menos es una forma de estar siempre “aplastándose”. Por eso, muchos artistas, al vivir  en esta  dinámica tan agresiva, van desapareciendo de la misma. Creo que más allá de aplastar o ser aplastado, el tema en ese fragmento es más la presión de estar siempre pensando “yo debería estar haciendo algo”, «yo debería estar haciendo algo que esa misma persona de mi edad  está haciendo”, los cuales son pensamientos muy comunes. Mucho más que la otra reflexión, esas presiones de mirarnos siempre con respecto al otro y de compararnos y de decir “estoy atrás y necesito hacer más y más” son las que cobran mayor relevancia.

 

Muchos pensadores actuales caracterizan a está época como una gobernada por la permanente aceleración, importando más ir quemando etapas lo más pronto posible, destacándose solo a aquellos que lo van logrando. Y por el contrario, la novela pone las luces sobre el b-side  de dicha mecánica a través de la historia de aquellos artistas que si bien no llegan a surgir de manera masiva,  logran cautivar a un público limitado y fiel. ¿Crees que la industria va a permitir que sobrevivan estos últimos, conviviendo con los primeros?
Definitivamente, no, y tengo varios datos que lo corroboran porque he hecho algunos  reportajes sobre ese tema  en mi universidad. Por ejemplo, en Colombia hay una organización que distribuye el dinero de los artistas y justamente luego del hecho de conocer que hay artistas que ganan dinero por las veces que suenan en la radio nos preguntamos cómo van a vivir de la música aquellos que no tienen presencia en las emisoras y han vivido de la música toda la vida.  Creo que no hay mecanismos que hagan que ambas partes puedan sobrevivir. La música es una profesión en la que la competencia es muy fuerte. No hay forma de que ambas  convivan en las mismas condiciones.. Por lo menos en Colombia no pasa eso.

 

En tu libro, los personajes padecen un fuerte conflicto interior al vivir tanto con el deseo de evasión y escape, como con  la angustia por ser aceptados y encajar en una sociedad que parece estar retándolos todo el tiempo. ¿Cómo fue el proceso de esbozar dichos perfiles, sobre todo cuando son seres que cargan con la dependencia de otros, como en la relación maternal?
El texto está  narrado en primera persona, mostrándose como algo que nace fuertemente desde el yo, desde lo autobiográfico, apostando por no ser fantasioso a pesar de que haya ficción. La protagonista nunca indaga en los sentimientos de los otros personajes y no asume que tal personaje esté sintiendo algo. Es una narración en la que se muestran los hechos pero no se entra a examinar los sentimientos de las personas. No me encargo mucho de dibujar ni de hacerle un perfil específico a la madre que tiene dos hijas a su cargo y desea seguir luchando por su carrera. Quien narra está ahí y alcanza a imaginar a la madre (cómo es, cómo habla, cuáles son sus deseos). En ningún momento se llega a leer cómo se siente la madre respecto a sus dos hijas.

Todo el tiempo es una narración muy parca y seca que no llega a profundizar en los sentimientos de personajes secundarios o de personajes principales diferentes a la narradora. Y  no se adentra en dichos sentimientos porque uno en la vida real no sabe del todo lo que el otro está sintiendo. Gabriel García Márquez sabe exactamente cómo se siente cada personaje en “Cien años de soledad” , pero, aquí en la vida real, yo hablo como lo siento y no me enfoco en los sentimientos de los demás, no me pongo a dibujar al otro personaje con sus conflictos internos, sino que todo es desde la percepción de la protagonista.

 

La protagonista camufla su talento, lo que el lector puede interpretar  como un símbolo de protesta frente a la mera mercantilización del arte y su consecuente banalización. ¿Puede presentar ello una vía para contrarrestar el determinismo del éxito como una acumulación solamente de riqueza monetaria? Lo pregunto por esa cadena de sueños heredados en la familia de la novela, y el hecho que la falta de  éxito económico lleve a derivar mayores esfuerzos al ámbito como una forma de sobrevivir y posicionarse socialmente.
Creo que la preocupación de la madre, más allá de lo económico, no está en el hecho de ser artistas y lidiar por cómo van a comer sus  hijas, sino que todo el tiempo se habla de fama y  reconocimiento. Nunca se habla de dinero. Incluso la madre regaña en cierto pasaje  a la hija porque no quiso cantar en público. El tema va más allá de lo monetario. Más  allá de no dejar que te pagaran por cantar, sino por no dejar  que te escucharan cantar. Estar escondiéndolo. Es todo el tiempo el deseo del reconocimiento. Es mostrar que muchas veces esas vanidades se dan por querer el reconocimiento más allá de la recompensa monetaria que pueda significar.

 

“Ninguno se dio cuenta del verdadero talento, de las notas altas y bajas, de a voz que sufre en la interpretación que va más allá de la nota correcta.” (pág. 72)  En una de las escenas más significativas de tu novela, la madre está cantando y nadie puede percibir la belleza de su interpretación, distraídos por la parafernalia externa. Ello lo podemos trasladar a la realidad diaria donde leer o apreciar una obra es mucho más difícil por el nivel de exigencia y concentración, lo que en el libro  es contrarrestado por la hija que sí logra ver la belleza de la música  de su madre y su abuelos ¿Lograremos rescatar como ella, el  arte y su belleza, sumergidos como estamos entre tanta hiperconectividad y atrofia informática?
Pienso que de alguna manera todas esas cosas van cambiando y que la música ya es otra cosa. Que todo lo que llamamos arte cada vez es un concepto más diferente y todos los conceptos ya lo manipulan y tienen miles de definiciones diferentes. Cada vez es más difícil leer. Cada vez estamos más conectados con otras cosas. Los niños incluso tienen más dificultades para concentrarse. No sé cómo va a sobrevivir la literatura frente a su enemigo: la tecnología. Ni siquiera sé cuáles son los índices de cuánta gente lee todavía un libro físico, pero sí creo que la tecnología ha afectado mucho. Y no solo la tecnología, sino otras corrientes.

 

Si hay una idea que perdura tras la novela es el uso de  la ficción como una herramienta para sobrevivir y salvarse. Contar historias para mantenerse unidos y salvar lazos, como los familiares . ¿Uno puede llegar a tornar en falsos ciertos hechos y alcanzar la plenitud literaria con esas mentiras?
Digamos que lo bueno de la literatura, es que uno no siempre está diciendo mentiras. Si a mí me dicen en este momento “es que tú mentiste sobre algo que dijiste que dijo tal personaje” , yo respondo que allí yo me estoy autoficcionando y creando un personaje. Eso es un personaje literario, el  personaje que me estoy construyendo, y de donde voy a empezar a narrar otras historias. Lo que cuente ahí no es una mentira, sino una interpretación de una realidad. Es una forma de escribir un diario ficticio, autobiográfico. Es algo que yo quisiera explorar un poco más: el hecho de crearse un personaje. Hablar desde otra persona y que no necesariamente signifique mentira,  sino narrar desde otras voces.

 

Finalmente, recomiéndanos un libro y una canción que hayas disfrutado últimamente y desees recomendarnos.
En libros, “Stoner” de John Williams, donde lo más fuerte y cautivante es que no hay heroísmo ni grandes momentos. Es la vida pasando y ya. No hay grandes finales. Es  una forma de narrar muy interesante y que yo quisiera aprender, Y en cuanto  a canciones recomiendo “Bajan”, que si bien fue originalmente de Spinetta terminó siendo interpretada por Cerati durante toda su vida como homenaje,  y “Signos” de este último con Soda Stereo.

 

 

Transcripción: Alejandro Alva

Apoyo con la edición: Sofía Salazar

 

 

 

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