Luisgé Martín: «La literatura siempre está atada a la vida»

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Luisgé Martín es un escritor con más de una decena de libros publicados, entre cuentos, novelas y ensayos. (Foto: El Confidencial.com)
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Conversamos con el escritor español Luisgé Martín, reciente ganador del Premio Herralde con su novela Cien noches.

 

Por Jaime Cabrera Junco

Luis García Martín, o Luisgé Martín como se le conoce literariamente, acaba de obtener el Premio Herralde por su novela Cien noches. En esta obra, el autor madrileño aborda la infidelidad  a través de las experiencias de una psicóloga que decide realizar una investigación sobre la performance sexual de distintos hombres. En su prosa se amalgaman el ensayo y el testimonio. Esas obsesiones o demonios literarios están vinculados a distintos temas, especialmente, como dijo una vez, de aquellos que no se ven o de los que no se hablan abiertamente.

 

En El amor al revés, tu libro más autobiográfico, dices: «En 1977, a los 15 años, tuve la certeza definitiva de que era homosexual». ¿A qué edad tuviste la certeza de que querías ser escritor?

Mucho antes. Esa curiosidad por las letras la tuve antes de ser un niño lector. Me recuerdo a mí mismo escribiendo una novela que nunca acabé evidentemente. Tenía unos 9 o 10 años y era esta una novela con todos los ingredientes del mundo de un niño que se enfada con sus padres porque le regañaban.

 

¿Cómo es que un niño a edad ya escribía?

Pues no te voy a poder responder porque no venía de una familia lectora, donde si ben es verdad había un aprecio por los libros pensando en nosotros, los hijos. En mi familia no había lectores empedernidos. Nunca he sabido explicar por qué a una edad tan temprana me puse a escribir. Es posible que tenga que ver con el colegio, con algún momento de miedo, pero no tengo ubicado por qué motivo escribí. Me veo a mí mismo en el pupitre de mi habitación escribiendo en un cuadernito que había comprado. No soy capaz de darle una explicación racional.

 

Entonces, cómo ocurre tu acercamiento más cercano a la literatura durante la adolescencia

No hubo un periodo de ruptura, pues ese niño de 9 años siempre siguió escribiendo cosas. En Navidad en un momento no pedí juguetes sino una máquina de escribir. Mi primera novela acabada la tuve a los 16 años, fue una novela larga de ciencia ficción o de política ficción más bien. La presenté a un premio y quedó entre los dos finalistas. Perder fue una decepción, pero con 16 años confirmé que podría tener cierto recorrido en lo que hacía. La novela era malísima, pero el hecho de llegar en ese concurso a ese punto me empujó a seguir.  

 

En el ensayo El mundo feliz dices: «La vida es en esencia un sumidero de mierda o un acto ridículo». ¿Qué función cumple la literatura, entonces, respecto a la vida?

Creo que muchas funciones una de ellas es la de salvavidas. Creo que a mí la literatura, y el arte en general, me han salvado y me han hecho entender cosas o mirarme en espejos que me ayudaban a seguir viviendo, a madurar y encajando las piezas de mi rompecabezas. La escritura para mí también supone –no quiero que suene tan pedante– una forma de autoconocimiento. Es decir, creo que la mayoría de escritores lo que hacemos es poner en orden ideas, intuiciones dispersas. A veces, cuando hemos terminado de escribir esa novela o ensayo no hemos acabado de precisar o cerrar nada, pero lo que sí tenemos es un poco más de solidez bajo los pies. La literatura siempre está atada a la vida, siempre tiene que ver con los sueños, con las frustraciones, con los fracasos, con la idea de la muerte, con los anhelos del ser humano.

 

En sentido, ¿has llegado a determinar de dónde viene esa necesidad de contar una historia?

Yo creo que los escritores vivimos rodeados de obsesiones. Siempre recuerdo a Ernesto Sabato cuando recomendaba a los jóvenes escritores a escribir sobre lo que les obsesionara y cuando hayan acabado eso, volvieran a escribir sobre lo que les obsesiona. No tengo ningún interés en hacer un best-seller o una novela que verse sobre un tema que me sea ajeno. ¿Cómo llegan las novelas? Pues, en mi caso de muy distintas maneras, pero siempre partiendo, a diferencia de otros escritores, de una idea. En mi caso las historias han venido porque yo he querido escribir sobre un tema concreto.

 

Cien noches empieza a modo de ensayo y luego va apareciendo propiamente la historia. ¿Cómo es tu método de trabajo en la novela?

Creo que ningún escritor tiene un método que carezca de la suficiente flexibilidad como para salirse de él. Arranco, como te decía de un proyecto, actualmente tengo cuatro. Tengo mi carpeta digital abierta con esos proyectos que ya están arrancados. Tengo un cuaderno analógico en que el apunto cuando tengo una idea que puede ser cualquier cosa: un personaje, una situación que encaja en la novela. Poco a poco, como en la cocina, va en el horno cociéndose hasta que en un determinado momento hay la masa suficiente para que yo saque las carpetas, los cuadernos: miro todo y me siento a escribir. En esta segunda fase de escritura real, mi único truco es que trato de ser metódico y constante. Trato de escribir todos los días aunque sea unas palabras. Esto me va creando un hábito y me permite estar dentro de la novela. Trato de ser constante y aunque no escriba un día intento que haya continuidad. Es cierto que estar dentro de la novela te sirve aún cuando no estás escribiéndola. El resto del día sigues dentro de la literatura.

 

Alguna vez dijiste «soy perverso en literatura», ¿podrías desarrollar esta idea?

Quise decir que cuando me leen podrían llevarse la impresión de que soy una especie de diablo, de sátiro que todo el día anda practicando sexo por todos lados. Como muchos escritores, lo que no somos capaces de hacer en la vida lo hacemos en la literatura. A mí en la literatura me interesa hacer cosas que me hubiera gustado hacer y, sobre todo, explorar esas partes oscuras, esas partes perversas, culposas y culpables de las que incluso puedo tener miedo.

 

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE LUISGÉ MARTÍN

  1. Frankenstein, de Mary Shelley.
  2. Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.
  3. Los hermanos Karamásov, de Fiodor Dostoievski.
  4. Cuentos de Julio Cortázar.
  5. Cuentos de Jorge Luis Borges.

 

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