Los cuentos de la peste: Mario Vargas Llosa interpreta el Decamerón, de Bocaccio

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Mario Vargas Llosa junto a la actriz Aitana Sánchez-Gijón en una de las escenas de "Los cuentos de la peste". (Foto: Andina)
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La nueva obra teatral de Mario Vargas Llosa parte del emblemático libro de Giovanni Bocaccio para reivindicar una vez más a la ficción como un camino para evadir momentáneamente la realidad muchas veces opresiva y sombría. Esta puesta escénica, que actualmente se presenta en Madrid, acaba de llegar en formato libro bajo la editorial Alfaguara.

A Mario Vargas Llosa solo le falta cantar. Claro, es una exageración pero es que el Premio Nobel arequipeño sigue trabajando incansablemente en sus proyectos literarios a sus casi 79 años de edad. Uno de ellos fue llevar al teatro el Decamerón, del escritor italiano Giovanni Boccacio. Y no conforme con escribir Vargas Llosa interpreta a uno de los personajes de Los cuentos de la peste, puesta escénica que actualmente se presenta en el Teatro Español, de Madrid.

“Desde la primera vez que leí el Decamerón, en mi juventud, pensé que la situación inicial que presenta el libro, antes de que comiencen los cuentos, es esencialmente teatral: atrapados en una ciudad atacada por la peste de la que no pueden huir, un grupo de jóvenes se las arregla sin embargo para fugar hacia lo imaginario, recluyéndose en una quinta a contar cuentos. Enfrentados a una realidad intolerable, siete muchachas y tres varones consiguen escapar de ella mediante la fantasía, transportándose a un mundo hecho de historias que se cuentan unos a otros y que los llevan de esa lastimosa realidad a otra, de palabras y sueños, donde quedan inmunizados contra la pestilencia”, escribe en el prólogo el novelista peruano, quien para hacer realidad este libro –y fiel a su estilo- viajó a Florencia y visitó los lugares por donde transitó Boccacio. La obra la terminaría de escribir en febrero de 2014 en el Centro Studi Jorge Eielson, de Florencia.

Esta no es una adaptación teatral, advierte Vargas Llosa, sino más bien una interpretación que realiza para remarcar algo que siempre menciona en más de 50 años como escritor: la ficción es una vía para escapar de la realidad mediocre, lúgubre y a veces truculenta. Recordemos que el Decamerón tiene como telón de fondo a la peste bubónica que golpeó a Florencia en 1348 y que motivó a un grupo de jóvenes -siete mujeres y tres hombres- a huir de la plaga y a través de las historias que cada uno iba contando no solo pasar el tiempo sino vivir otras vidas en una representación que bien podría calzar en una obra de teatro.

“En El Decamerón no hay el menor prurito en disimular los defectos y vicios inherentes a la condición humana; por el contrario, la razón de ser de muchos cuentos es describir al hombre esclavizado por sus pasiones más bajas, sin que nada consiga atajarlas. La venganza juega un papel importante en el libro. El narrador de las historias no ejerce ningún tipo de censura ni hace el menor esfuerzo para disimular, justificar o frenar el espíritu vengativo que domina a algunos personajes. Solo el humor cumple en algunos casos la función de atenuante de las venganzas crueles y hasta sádicas que se comenten”, escribe el Nobel en el prólogo.

 

LA VERSIÓN DE VARGAS LLOSA

En la puesta teatral Vargas Llosa interpreta al Duque Ugolino quien a su vez encarna a otros personajes cuando le toca contar sus historias a los demás. Figura también Giovanni Bocaccio, el autor de El Decamerón, así como Aminta, Condesa de la Santa Croce, Pánfilo y Filomena. A todos ellos les corresponde a su turno contar una historia al resto, aunque a diferencia de Las mil y una noches, el motivo más que salvar la vida de alguien en particular es poder resistir las horas interminables que llevan refugiándose de la peste bubónica.

Como sucede a menudo con las obras recientes de Mario Vargas Llosa, todas están estupendamente escritas y entretienen, pero no golpean como sus primeras novelas o como sus textos teatrales como Kathie y el hipopótamo o La señorita de Tacna. El humor, picardía, lujuria y el poder de la imaginación están presentes en Los cuentos de la peste resaltando la esencia de El Decamerón.

 

DEGUSTACIÓN LITERARIA

I

LosCuentosdeLaPesteMVLWebLeeEL HOMBRE-VENENO Y EL FANÁTICO

Sentados en ronda bajo los árboles, bañados por la luz del crepúsculo y una suave música de tamborines, mandolinas y pífanos, Bocaccio, Pánfilo, Filomena, Amina, condesa de la Santa Croce, y el duque Ugolino cuentan ¿sus vidas? Constituyen un grupo unido, con excepción de Aminta, quien guarda una distancia visible con el resto, salvo cuando encarna a otro personaje o habla con el duque Ugolino. Lo mismo ocurre con los demás hacia ella, que ni siquiera parecen advertir su presencia.

 

EL DUQUE UGOLINO
Estuve en las Cruzadas y tengo el cuerpo cosido de cicatrices. Maté y herí a muchos paganos. Antes de partir al rescate de los Santos Lugares, vi cruzar el cielo de Florencia al cometa que según el obispo Ranieri anunciaría el fin del mundo. Mi nombre no es Ugolino. No soy duque.

CONDESA DE LA SANTA CROCE
Enviada por mi padre, el sultán de Babilonia, a casarme con el rey de Algarvio, padecí toda clase de percances y fui amantes de ocho hombres. Luego de cuatro años de aventuras, pude viajar a desposarme con el monarca al que estaba prometida. No soy la condesa de la Santa Croce ni me llamo Aminta. Tampoco estoy aquí. Mi nombre es Alatiel.

BOCACCIO
No me llamo Giovanni Bocaccio. Nunca viví en Nápoles ni estudié Banca y Derecho. Tampoco me he pasado la vida entre viejos infolios y escribiendo libros que nadie leerá. Por mi hermosa caligrafía los benedictinos hicieron de mí un copista, pero jamás acepté iluminar manuscritos porque la pintura es diabólica y no quise exponerme a Satanás. Me habría quedado ciego dedicando diez horas diarias a copiar si el buen Dios no hubiera dispuesto para mí un cambio de oficio. ¿Cuál? Inquisidor.

FILOMENA
Mis padres me llevaron a un convento de clausura al cumplir diez años. Si no fuera por la peste, seguiría durmiendo sobre una tabla, despertándome a las cuatro de la madrugada para la primera adoración, bordando rezando y soñando unos sueños pecadores por los que mi confesor me exigía ajustar más el cilicio sobre mi carne púber. Las cicatrices forman un cinturón en mis caderas. Pero, gracias a Floralisa, recuerdo aquellos años con nostalgia.

PÁNFILO
Yo soy Floralisa, la novicia inseparable de Filomena. No sé por qué me metieron a ese convento de monjas siendo un niño y no una niña. No sé por qué mis padres ocultaron mi sexo, ni por qué decidieron enterrarme en un mundo de puras mujeres, ni por qué se ocultaron ellos de mí y me ocultaron a mí de ellos.

BOCACCIO
Como fanático de la fe he interrogado a sospechosos de malas artes y peores compañías, brujería, pactarios y adoradores del demonio, sodomitas, apóstatas, falsos conversos, infractores de los mandamientos, herejes, idólatras, copuladores de bestias y corruptores de infantes. A todos los colgué del potro o senté en parrillas al rojo vivo, los llevé ante el tribunal que los condenó y, montados al revés en un burro y enfundados en una camisola verde y un capirote estrellado, los conduje a la hoguera. Al verlos arder, siempre lloré.

EL DUQUE UGOLINO
Al regresar de Jerusalén, mis tierras y mi casa habían sido ocupadas y mi mujer huido con un mercader veneciano. Terminé de mendigo en Florencia, la ciudad que me vio nacer noble y rico. Viví diez años de la caridad, durmiendo en los atrios de las iglesias y a la sombra de las murallas. Me alimentaba con la sopa que reparten los conventos a los pobres.

 

 

 

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