“Los años de peregrinación del chico sin color”, una historia de búsquedas

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Presentamos un comentario sobre la reciente novela del escritor japonés Haruki Murakami, quien nos presenta una historia cuyo protagonista realiza un viaje físico e interior de un hombre de 36 años que se siente emocionalmente fracasado.

MurakamiLosAnosPeregrinacion

 

Por Juan Carlos Méndez

Cuando acepté presentar este libro pensé en la prosa de Haruki Murakami y sólo pude calificarla, reducirla, con una palabra: sensorial. Luego recordé el artículo de Rodrigo Fresán que me convenció de leer Tokio blues. Sobre todo la parte que señala que esa novela incita a hacer el amor.

Así que volví a leer ese artículo y me encontré con una biografía de Murakami que no sabía que existía y cuyo título lo dice todo: Haruki Murakami and the music of words. Murakami y la música de las palabras de Jay Rubin, uno de sus traductores al inglés.

Ciertamente, cuando decía que la prosa de Murakami era sensorial, aludía a su sensualidad, pero también a su musicalidad. Y no solo por su melodía y ritmo sino porque la escritura de Haruki, como la música, se sumerge y nos sumerge, en esas zonas donde la razón no sabe bucear.

Entonces recordé que también me sumergí en Tokio Blues cuando leí que lo último que hizo Haruki antes de dedicarse a ser escritor a tiempo completo, fue trabajar como barman en el Peter Cat jazz club de Tokio.Y como el jazz también es un alegato contra la lógica, entonces, el desconocido mundo de Murakami me atrajo más.

Al terminar de releer el artículo de Fresan comprobé, otra vez, que mi memoria siempre miente. Porque no encontré por ningún lado eso de que las páginas de Tokio blues incitan a hacer el amor.

Luego aterrizó en Lima 1Q84. Sus casi 1000 páginas pusieron a prueba el entusiasmo que me había despertado la lectura de Tokio…. Así que ideé una coartada: también leería ese libro por Orwell. Por la evidente relación que tiene con la novela de George Orwell, 1984.

Me alucinaba descubrir lo que no era obvio en el homenaje que el japonés había realizado en torno a la novela del inglés. Así que mi plan era tan simple como perfecto. Leer la novela de Murakami y luego leer la novela de Orwell y después escribir un ensayo sobre ambas. Algo que por supuesto nunca hice.

1Q84 es una trilogía publicada en dos tomos. El primero tiene 740 páginas y el segundo 400. Al concluir el primer tomo me sentía atosigado de Murakami. Así que dejé mi malévolo plan a la mitad. No seguí con el segundo tomo y tampoco con la novela de Orwell.

 

LOS AÑOS DE LA PEREGRINACIÓN…

Eso fue hace dos o tres años. Por eso cuando recibí la invitación para comentar Los años de peregrinación del chico sin color (Tusquets, 2013) estaba listo para conversar con un amigo al que no veía hace varias lunas.

LosAnosPeregrinPost2Gracias a la ley seca pude exprimir esta novela en poco más de un día. Precisamente porque no tenía tiempo dije es ahora o nunca y abrí el libro y me encerré para salir luego de superar sus 300 páginas.

La novela me gustó mucho. Porque relata un viaje físico y emocional con hechos, eventos y referentes «reales» como las descripciones de una megalópolis como Tokio o como un suicidio confundido con un asesinato o como una simple conversación de pareja.

Pero además de estos datos concretos, Murakami echa mano de eventos sugerentes, irracionales y evocativos: quizá el principal sea ese aroma musical que se percibe a lo largo de toda novela por la repetida mención y descripción de Los años de peregrinación, tema del compositor y pianista húngaro Franz Liszt y que da título al libro.

Igualmente intenso es el aroma a jazz que la novela emana gracias a la interpretación de Around midnight, tema de otro pianista genial como Thelonius Monk.

Junto a la música, son constantes los viajes al inconsciente gracias a la minuciosa descripción de sueños que exploran tanto el lado erótico como el tanático del protagonista.

Además de notas de piano y de sueños, otra herramienta usada por el escritor para provocar una lectura con todos los sentidos, y también con el sinsentido, es relacionar a los personajes con un color. Este perfil cromático explica que mientras unos sean rojos, azules o verdes, el protagonista sea un chico sin color.

No es menor entonces que lo musical y su dimensión sonora y los colores y su dimensión visual hayan motivado un título tan sensorial.

Sin embargo, esto no debe llevar a pensar que la historia se desarrolla en las nubes.

No. Acá pasan cosas tan concretas como terribles.

El protagonista se llama Tsukuro. Es un ingeniero de 36 años que trabaja construyendo y modificando estaciones de tren en Tokio. Tsukuro es un tipo solitario, melancólico y herido. Profesionalmente exitoso, emocionalmente fracasado.

Hijo de un padre efusivo con el dinero pero silencioso con los afectos, Tsukuro se nos presenta cuando su vida está girando en torno al suicidio. Tiene 20 años y acaba de ser abandonado por sus 4 amigos, quienes juntos formaban su ancla. Sin ellos, se da cuenta de pronto, es un barco sin capitán azotado por una tormenta nocturna.

Y aunque logra superar esa dura prueba, luego de 16 años sigue mostrando los hematomas producidos por ese golpe.

Sara, una chica dos años mayor que él y que trabaja en una agencia de viajes, es la que se encarga de colocar un espejo para hacerle ver que la herida no ha cicatrizado. Sigue abierta y duele.

Ella lo hace porque quiere establecer una relación seria y ya no está en edad de que su pareja sea también su hijo. En pocos días lo obliga a madurar de una manera como quizá solo lo puede hacer una mujer. ¿Cómo? Enfrentando a sus fantasmas. ¿Quiénes son ellos? Los amigos que lo abandonaron sin darle ninguna explicación. Ella los ubica a través de Internet y acto seguido le da sus direcciones a Tsukuro. Debe ir a buscarlos, confrontarlos y buscar la verdad. Solo cuando aclare su pasado estará listo para dar un paso hacia el futuro.

Entonces se inicia una pesquisa en trenes, autos y aviones, dentro de Japón y que llegará hasta Finlandia en una búsqueda casi policial que motivará encuentros y silencios, abrazos y cadáveres.

Esta novela es pues una búsqueda física y externa pero también emocional e interna. Con una trama muy sólida pero también muy sugerente, que mientras retrata la multitudinaria soledad de las grandes ciudades explora también otros mundos, razones, ritmos y misterios. Porque esta novela exuda vida, movimiento, esperanza, soledad, dolor y melancolía. Lo que redondea una lectura que se vive como una experiencia, como un viaje de transformación al que la memoria regresa en busca de respuestas.

 

 

*Juan Carlos Méndez es periodista y escritor. Ha publicado la novela Pandilla interior. Ha escrito la obra de teatro Tiernísimo Animal/ La luz de la lluvia, estrenada en 1999, y la pieza breve Cicatriz al final de la espalda, dirigida por Miguel Rubio.
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