Literatura y box: “El profesional”, de W. C. Heinz

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Una de las mejores cosas que le puede suceder a un hombre es aprender a boxear. Otra, aprender a leer para así devorar libros de box. Porque en la literatura, al igual que en el boxeo, nunca sabes con quien te vas a enfrentar en el ring.

 

Por Joe Iljimae*

Al igual que el sevillano Julio Manuel de la Rosa, autor de la novela Guantes de seda, creo que el box tiene una enorme deuda con la literatura, pues esta ha tratado al boxeo con mucha más profundidad y originalidad como no lo ha hecho con ningún otro deporte. A diferencia del cine (que en muchos casos ha frivolizado y creado dimensiones surrealistas con el universo pugilista ‒salvo contadas excepciones como Más dura será la caída (1956), de Mark Robson; Marcado por el odio (1956), de Robert Wise; y «Toro salvaje» (1980), de Scorsese)‒ la literatura ha explorado, desde diferentes canteras psicológicas y en absoluta clave poética, el mecanismo que mueve a un boxeador a combatir, con o sin guantes, en un mundo muchas veces inflexible y desdeñoso.

Libros como El combate de Norman Mailer, Más dura será la caída de Budd Schulberg, Fat City de Leonard Gardner, Neutral corner de Ignacio Aldecoa, Seis metros de soga de Pedro Novoa, o los relatos La noche de mantequilla y Torito de Julio Cortázar, Por un bisteck, El mexicano, El combate del inefable Jack London, son muestras de una realidad cruenta y casi definitiva del universo del boxeo. Por medio de una sombra de violencia y tensión in crescendo podemos acercarnos, casi sentir, los miedos, dudas y arrogancias de sus protagonistas, como también, la vehemencia e intensidad durante una pelea. En toda esta literatura dedicada al box, la violencia o la dureza son protagonistas omniscientes que se deslizan por cada una de las páginas, envolviendo al lector en un limbo brutal y a la vez, caustico. En otras palabras, esta violencia (en algunos casos oculta e inconsciente) alimenta la literatura pugilista.

El Profesional - W. C. HeinzMás no así en El profesional (1958) de W. C. Heinz, una de las más grandes, pero más grandes novelas de boxeo que he leído hasta hoy. En este libro, la violencia desaparece casi por completo para dejar paso a una miríada de reflexiones, lecciones de box y tacto y sensación de aquello que sucede antes y después de una pelea. Para Heinz el boxeo no representa una metáfora de nada, sino es simple y llanamente boxeo, a secas. Así, El profesional se transforma en una obra de arte que escarba la parafernalia que rodea al pugilismo, pero también, rescata aquel oscuro universo que se oculta tras los títulos y las crónicas de los combates. Heinz logra construir un mundo del boxeo desconocido que, alejado de la prensa, aparece una vez que las luces del cuadrilátero se han apagado, el público se ha ido y el boxeador se encuentra solo, absolutamente solo con su propio yo.

Desde las primeras páginas de esta novela, el lector puede gozar de la verosimilitud vertiginosa de esta historia. Los diálogos magistralmente construidos, los puntillosos perfiles psicológicos de cada uno de sus personajes, la descripción escueta y directa del contexto, las estructura a manera de entrevista en ciertos capítulos y el oficio narrativo de este corresponsal de guerra norteamericano, hacen del libro una verdadera joya literaria. Todo transcurre en la novela de manera paulatina y sutil. A diferencia de Por un bisteck o Más dura será la caída, textos salvajemente fluidos y embargados de pura carga de tensión narrativa, El profesional deslumbra por su acción sosegada e intimista, en una constante exploración al mundo cotidiano de un boxeador que aspira al título profesional del mundo.

Esta aparente placidez prosaica no es, sin embargo, lineal o soporífera. Todo lo contrario. Es una incesante consecuencia de terremotos internos que despiertan al lector y lo mantienen en vilo hasta la última página. Es un golpe que no te desgarra por fuera, sino por dentro. Además, la mirada periodística de W. C. Heinz hace que esas pequeñas y superfluas cosas que por simple apariencia no interesarían a nadie, se universalicen y creen un certero espacio donde no solo se narren los hechos, sino, se interroguen esos hechos narrados.

Para terminar, debo decir que El Profesional tiene uno de los mejores finales de novela que he podido encontrar hasta hoy. Sin apartarse del giro inesperado o tanático, el cierre de este libro llega a ser más bien irónico y mordaz, un cross directo a la mandíbula, casi un final perfecto para todo novelista.

Creo, sin ninguna duda, que Hemingway no exageraba al decir que El Profesional es la única gran novela de boxeo que se ha escrito”. Pueden ustedes comprobarlo.

 

*Joe Iljimae (Lima, 1990). Periodista y escritor. Administra el espacio cultural Cronopios y Famas, donde realiza entrevistas a diversos personajes vinculados al mundo de las letras. Ha publicado el libro de relatos Los Buguis (Paracaídas Editores).

 

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