Las (cuatro) leyes de la frontera: cuando la violencia trasciende la vida íntima

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Javier Cercas, no cabe ninguna duda, es uno de los más renombrados narradores españoles contemporáneos. Es autor, entre otras novelas, de la célebre Soldados de Salamina (2001). A continuación, cuatro breves apuntes sobre su último libro: Las leyes de la frontera (Mondadori, 2012).

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Por Jack Martínez Arias*

 

LA PRIMERA FRONTERA

Verano de 1978. España sale de la dictadura, la economía resucita y la delincuencia alcanza sus más altos índices. En una pequeña ciudad, Gafitas aparece como un adolescente ingenuo, débil y callado. Los compañeros del colegio esconden sus gafas, lo maltratan, lo ponen de rodillas, lo humillan. Resignado a ser la burla del resto, Gafitas se refugia en los juegos de salón. No imagina el giro que su vida está por tomar. Pues en la sala de juegos, Gafitas mirará y se enamorará de la Tere, una adolescente hermosa, marginal, drogadicta y criminal. Por supuesto, ella no aparece sola. La Tere siempre andará con el Zarco, el jefe de la pandilla más temida de la ciudad. Ambos buscan reclutar a un muchacho de aspecto decente, que inspire confianza y no despierte sospechas. Ese muchacho servirá para esperar fuera y avisar al resto de la pandilla por si se presentan inconvenientes durante los robos en las estaciones de gasolina, las casas residenciales o los bancos de los pueblos aledaños. Ese muchacho será Gafitas. Para la Tere no resultará difícil atraerlo hacia la pandilla. Esta es la primera frontera que viola la historia: el paso de un adolescente convencional hacia las filas delincuenciales. El Gafitas, por tanto, salta del centro a la periferia. Hay que señalar que Javier Cercas toma riesgos al hacer esto: introduce un personaje ingenuo, timorato y cobarde; en un contexto violento y salvaje. Cercas se arriesga pero sale bien librado: esta disparidad entre la personalidad de Gafitas y el resto de la pandilla es la que va marcando las primeras tensiones de la novela. De esta manera, el lector seguirá los sucesos con curiosidad: ¿qué le puede esperar al buen Gafitas en una pandilla callejera?

 

LA SEGUNDA FRONTERA

PostLasLeyesFrontera1Es Gafitas quien relata la historia (por lo menos la mayor parte de ella). Se la cuenta a un escritor que busca hacer el libro definitivo sobre el Zarco. Porque para el tiempo en que Gafitas es entrevistado (casi treinta años después de aquél verano del 78 en que se unió a la pandilla) el Zarco ya se ha convertido en una leyenda urbana. Se han hecho películas, novelas y documentales sobre él. Pero nada de lo que se ha dicho hasta entonces–asegura Gafitas–se ajusta a la verdad. Es así que Gafitas se autoconstruye bajo la figura del testigo que, cansado de tantas leyendas, decide dar el testimonio verídico sobre los sucesos de aquél verano. Gafitas, entonces, cuenta lo que pasó en los ambientes íntimos del Zarco. Pero aquí vale la pena destacar que al dar su testimonio, Gafitas cuenta también sus propias experiencias, dice cómo y por qué se enamoró perdidamente de la Tere, narra cómo sufrió al no concretar una relación estable a su lado, revela por qué decidió abandonar al Zarco y su pandilla. Lo interesante es que, al contar con detalle todo lo que le ha sucedido en aquél verano, ya no es el Zarco el que capta la mayor atención del lector de la novela, sino que es la figura del propio Gafitas el que adquiere mayor relevancia. Así, la segunda frontera es aquella que éste personaje cruza: Gafitas pasa de ser el testigo a convertirse el verdadero protagonista de la historia. Además, con esta forma de narrar, el narrador dota de mayor verosimilitud a la historia que Gafitas nos va contando. Con ello, el género testimonial—que Cercas conoce muy bien, pues lo ha trabajado ya en libros anteriores—ocupa un espacio determinante para los fines de esta novela.

 

LA TERCERA FRONTERA

Cuando Gafitas entra en la pandilla tiene en el Zarco a su máximo referente: un tipo duro, valiente, sin miedo, invulnerable. Sobre todo eso: invulnerable. El Zarco es quien va a la vanguardia en los robos y asaltos a mano armada. Gafitas, mientras tanto, obedece al pie de la letra las órdenes del Zarco. Pero esa imagen ruda del Zarco sólo se sostiene en la primera parte de la novela. Más adelante el Zarco se irá desnudando, el cascarón que muestra al inicio se desmorona hasta dejarnos, finalmente, a un ser enfermo, obsesivo, inseguro e irremediablemente dependiente de la heroína. Por otro lado, meses después de ese verano del 78, un suceso extremo hace que Gafitas se aleje definitivamente de la pandilla. Así, él vuelve a casa, termina la escuela y más adelante va a la universidad. Se convierte en un abogado respetable y, muchas décadas después, se topa nuevamente con la Tere. Ella le pide ayuda para el Zarco. Gafitas, que no había dejado de querer a la Tere después de tanto tiempo, acepta el pedido: la tarea es sacar al Zarco de la cárcel. De esta manera, Gafitas tiene en sus manos el destino de un Zarco decadente. Esa es la otra frontera que se cruza: Gafitas comienza a manejar los hilos de las acciones. El Zarco, aunque resistiéndose de vez en cuando, es ahora el que debe obedecer las órdenes de su viejo compañero y nuevo abogado. A lo largo de la novela, entonces, el Gafitas se sitúa en diferentes posiciones jerárquicas. Sin embargo, esto no quiere decir que él experimenta una transformación radical en su personalidad. Aun cuando logra salir de la pandilla y convertirse en un hombre que obedece la ley, Gafitas todavía arrastra complejos y traumas adquiridos durante aquél salvaje verano del 78. Gafitas nunca logra quitarse al Zarco ni a la Tere de la cabeza. El breve tiempo que pasó junto a ellos lo ha marcado para siempre. Gafitas, por tanto, no logra liberarse. Y ese es un gran acierto en la novela, pues Cercas explora minuciosamente en la complejidad de los personajes, sus constantes contradicciones, sus inesperadas reacciones, hace que las figuras de un protagonista o antagonista no resulten claramente legibles o convencionales.

 

LA CUARTA FRONTERA

LasLeyesPost3Ésta es la frontera que más me interesa. Y es la violencia la que la trasciende. Esa violencia se presenta en un ámbito local y cotidiano hacia el inicio de la novela: Gafitas contra el suelo, pisoteado por los compañeros abusivos del colegio. Vemos que hasta allí, Gafitas es el hazmerreír de su barrio. Pero su barrio, como todos los barrios, no está aislado del resto de la ciudad: hay otros espacios más allá. Y Gafitas llega hasta ellos, donde convive con muchachos que no conocen la escuela, que sólo saben de drogas y asaltos callejeros. Es entonces cuando la violencia en la novela también cruza la frontera de la escuela para alcanzar las otras dimensiones de la urbe. Al mismo tiempo, se trata de una violencia que se incrementa: los abusos del colegio no se comparan con los actos delincuenciales de los que Gafitas formará parte cuando se junte con la Tere y el Zarco. Pero más adelante en la novela, la violencia trascenderá también las fronteras de la propia ciudad para llegar a alcanzar dimensiones más amplias. Pues la historia del Zarco (que conoce la cárcel desde muy joven y se pasa la vida escapando de ella) se hace conocida y salta a la fama gracias a la atención que la prensa presta a jóvenes como él. La violencia ejercida por esa pandilla, por lo tanto, llega a ser—a través de los medios de comunicación—el símbolo de una violencia más universal, aquella que invade a toda la nación representada en la novela. Repito, esa trascendencia de la violencia es lo que más me interesa. Pues es necesario remarcar que la violencia íntima, local o familiar no representa un hecho aislado con respecto a lo que se vive afuera, sino todo lo contrario. Es una violencia que resuena en ámbitos sociales más amplios. En ese sentido, la representación literaria de la violencia que se suscita en espacios privados no es apolítica, no está aislada de un contexto más amplio. Y es ese puente entre lo que podemos llamar una violencia privada y una violencia pública el que Las leyes de la frontera logra tender a la perfección.

 

 

 

*Jack Martínez Arias estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). Es autor de la novela Bajo la sombra (Animal de invierno, 2014) y ha publicado artículos, entrevistas y columnas en varios diarios y revistas especializadas. Es co-editor de El Hablador, y sigue un doctorado en Northwestern University (USA).

 

 

 

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