La participación del Perú en el Diccionario de la Real Academia Española

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    Las controversias sobre el nuevo diccionario de la RAE empezaron apenas se supo los nuevos términos que habían sido incorporados -guasap en vez de whatsapp o tuiter en lugar de twitter, entre otros-, pero también sobre los americanismos que concierne a este lado del continente. El presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos, se pronuncia a propósito de algunas observaciones sobre la participación de su institución en la elaboración de este diccionario.

    DEL2014

     

    Por Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua*

    Los diccionarios cuando aparecen suscitan controversia y eso no debe apenarnos, en materia de lengua, puesto que esta pertenece a todos, cualquiera puede opinar y su punto de vista es siempre valioso. El diccionario de la lengua española, siempre fue hecho por españoles y cuando algún hispanoamericano quiso influir en el pasado, salió descalabrado. La historia de Ricardo Palma en 1892 es aleccionadora. Ninguna palabra le aceptaron de todas las que propuso.

    Las cosas comenzaron a cambiar en 1951 cuando se fundó la Asociación de Academias y puede decirse que la Real Academia Española está cambiando lentamente de actitud y empieza a considerar el punto de vista americano en el diccionario que se considera de todos. Hay criterios técnicos para aceptar una palabra en el DRAE que sería largo enumerar aquí, pero lo que pocos saben es que hay otro Diccionario, el DA, o Diccionario de Americanismos, aparecido en 2010 que tiene el mismo valor que el DRAE. Sin embargo, como los diccionarios se hacen en España, se editan allá, por más buena voluntad de todos, se cometen errores.

    En 2010, la Academia Peruana de la Lengua tuvo una posición muy firme sobre errores que se cometieron en palabras originarias del Perú en ese diccionario y Rodolfo Cerrón Palomino y el suscrito tuvimos un intercambio de pareceres algo duro con el secretario de la Asociación de Academias, Humberto López Morales que salió en los diarios de España y del Perú. Simplemente nuestras últimas correcciones no se tomaron en cuenta. Pero los diccionarios siempre son perfectibles y ahora que acaba de aparecer el DRAE se suceden pareceres.

    Carlos Villanes Cairo, un escritor peruano que reside en Madrid, hace una serie de observaciones que vale la pena leer en el diario La República. Pero elogiando a tres académicos, Cerrón, Camilo Fernández y el suscrito, censura a los demás considerando que su trabajo ha sido nulo o no ha sido tomado en cuenta. Paso a aclarar que para el español del Perú, en la mesa de trabajo de este y otros diccionarios están los libros de Palma, Arona, Hildebrandt, Ugarte Chamorro. Como se dice, lo he visto con mis propios ojos.

    No es justo decir que a Martha Hildebrandt no se le tiene en cuenta. Un academia no es un conjunto de lexicógrafos, algunos de sus miembros de dedican a esta disciplina, o aprenden algo de ella como Camilo Fernández y el suscrito que venimos de la literatura. De manera que un escritor de novelas no tiene por qué añadir palabras al diccionario. A veces ocurre, sin embargo que un intelectual que no es lexicógrafo ayuda en alguna definición. Así, por ejemplo, Fernando de Trazegnies, que no es lexicógrafo, ha aportado con la definición de la palabra «tinterillo», que, claro, como abogado, conoce bien. Tal aporte aparecerá en el Diccionario de Peruanismos que está culminado y que la Academia Peruana de la Lengua publicará en 2015.

     

     

    *Texto publicado por el firmante en su cuenta de Facebook.

     

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