“La palabra insoportable”, de Giovanni Anticona

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Giovanni Anticona había publicado antes una trilogía sobre Lima. (Imagen del Facebook del autor)
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La discriminación y el clasismo son aún factores de segregación en Lima, y de esto da cuenta Giovanni Anticona en su novela La palabra insportable (Ediciones Altazor, 2014). En una suerte de radiografía social de nuestra ciudad, el autor nos muestra qué poco han cambiado las cosas.

 

Por Alina Gadea Valdez*

Desde el epígrafe de Celine, que nos sugiere salir de nuestra propia piel, sentimos el infierno, la asfixia desesperante existencial de la imposibilidad de aceptarnos a nosotros mismos.

Con la trilogía Lima Norte, Lima Sur, Lima Este, Giovanni Anticona fue desentrañando los misterios de nuestra capital, revelándonos una Lima tan compleja y llena de matices como varios mundos reunidos en una urbe caótica y gris. Con esta cuarta entrega, en La palabra insoportable, el autor escarba aun más hasta las entrañas del monstruo de mil cabezas, internándose en las profundidades del alma humana y en particular en el interior de un personaje femenino, inolvidable por su humanidad cifrada en sus contradicciones y errores y en sus anhelos y más profundas cuitas. Shirley, a quien el autor de rato en rato le habla directamente, como desde dentro de su propia mente, ya desde el nombre extranjerizante nos hace pensar en el cuento Alienación de Ribeyro.

En cabeza de la madre del personaje nos conecta con ese porqué tan doloroso del repudiar el propio origen y cultura pretendiendo asimilar el estilo de vida americano con su desenfreno consumista y la exigencia de las apariencias externas predeterminadas como única forma de vida. Las descripciones más nítidas de los contrastes físicos y de las sensaciones internas en que resulta vergonzante nuestro pasado grandioso, nuestro rico mestizaje, nuestras costumbres ancestrales y hasta ese idioma tan lírico y lleno de sutilezas que es el quechua y que parece tan solo ser la representación de la basura quemada. Todo lo que tenga pues que ver con lo andino resulta así, repudiable, en un complejo que parece imposible de ser extirpado de la mente.

Giovanni bucea en la subjetividad de la protagonista, una adolescente trastornada por su propia identidad, que no resiste vivir dentro de su propia piel. Presa en un cuerpo y una cara de rasgos andinos de los que desearía escapar, para convertirse en lo que no es. Constata que el cambio de una zona a otra o de un colegio estatal a una universidad costosa no cambiará su esencia. Esa cuita desquiciante del no asumirse nos persigue a lo largo de la narración suscitando un fuerte conflicto que tensa el hilo de la acción dramática. Entramos en la enrevesada tela de araña de una sociedad discriminadora y racista, clasista, plagada de complejos, con una tara de alienación que arrastra de siglos atrás. Segregación y arribismo que son dos caras de la misma moneda. Shirley nos enfrenta a la vergüenza que le causa su propia familia en la figura de una abuela provinciana, personaje logrado con maestría, hasta la fascinación por un grupo de limeños típicos que poco o nada tienen de especial pero que a sus ojos adquieren una inalcanzable magnificencia.

El cambio de vida de una zona populosa a una residencial, de un entorno social a otro por el que han luchado tan duramente y que ha sido tan anhelado, resulta de difícil asimilación por no decir que se hace imposible la adaptación, llevando a Michel, el hermano, de vuelta por sus antiguos barrios y a la madre a caminar desconcertada y deseosa de aceptación por esas nuevas y pétreas calles. El autor no cae nunca en lo maniqueo, un personaje como Paolo, el profesor, ofrece otro punto de vista y otra forma de enganche social a través de la educación y la revancha. O el esperpéntico personaje de doña Lulú, regentando un sórdido prostíbulo, y un pasaje oscuro en el pasado de Emiliano, hombre trabajador incansable que muestra un lado totalmente oculto e inconfesable como es de compleja la naturaleza humana.

La vergüenza, la rabia, el asco, el desprecio, los complejos procesos internos son intercalados con párrafos de excepcional lirismo y reflexión profunda.

La palabra insoportable es un psicoanálisis de la sociedad limeña y sus raíces desde siglos pasados hasta nuestros días en ese intrincado laberinto de diferencias que nos componen y que hacen de nuestra realidad un drama interminable de nosotros como personas foráneas de una u otra manera dentro de nuestra misma tierra.

El autor enfrenta temas tan delicados como el racismo, el clasismo, la discriminación, la desadaptación social en una urbe cuya transformación social, urbana, económica, histórica y cultural es como un torrente imposible de detener, que ha sido caldo de cultivo de injusticia y violencia y que en el mejor de los casos, arrastra a la gente a la vorágine de sus más escondidos miedos, vergüenzas y complejos.

Sus páginas crudas, transgresoras y lacerantes están dotadas de hiperrealismo y sensibilidad, por momentos con un sesgo periodístico y a la vez lírico, como es la prosa de Giovanni Anticona. Siempre lleno de humanidad y mostrándonos lo que no podemos o no queremos ver.

 

 

*Alina Gadea Valdez. Es abogada, graduada en la Universidad Católica. Obtuvo el premio Copé Bronce 2006, en la XIV Bienal de Cuento de Petroperú, por el cuento “La casa muerta”. En 2009 publicó su primera novela, “Otra vida para Doris Kaplan” (Borrador Editores); en 2012, la novela “Obsesión” (Editorial Altazor). Acaba de publicar su tercera novela, “La casa muerta” (Altazor, 2014).
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