Katya Adaui: “Escribir es un acto de atrevimiento, es la rebeldía máxima”

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La publicación de su primera novela fue el pretexto para este diálogo con la escritora Katya Adaui, quien nos habla sobre algunas huellas presentes en sus obras que continúan también en Nunca sabré lo que entiendo, cuyo viaje en tren de su protagonista sirve como punto de inicio para una introspección llena de frases y reflexiones, algunas incluso sobre la creación.

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Por Jaime Cabrera Junco
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Desde que en 2007 publicara su primer libro de cuentos titulado Un accidente llamado familia, Katya Adaui Sicheri (Lima, 1977) se ha ubicado con mérito propio, y silenciosamente acaso, en el mapa de nuestra literatura nacional. Fueron estos relatos los que nos mostraban una voz personal, así también una indagación hacia dentro, que hace un zoom en aquello que ocurre en nuestro ámbito más cercano. Algo se nos ha escapado (2011), su segundo libro, no solo profundiza en ello sino que exuda una tensión que se refleja incluso en el vínculo entre madre e hija que se supone es ‘sagrado’. Pero también hay un sello personal en la escritura de Katya Adaui que es la fragmentación, y es que los pensamientos surgen así, las reflexiones irrumpen nuestras mentes caudalosamente unas tras otras. ¿Cuántas veces nos asaltan inesperadas ideas cuando viajamos en el bus, mientras hacemos fila en el banco o esperamos a alguien? Esto es lo que encontramos también en su primera novela, Nunca sabré lo que entiendo (Planeta, 2014), una obra en la que estos elementos mencionados aparecen aunque esta vez teniendo como eje una relación de pareja. Si es que algo se nos ha escapado en toda esta descripción, la lectura de esta entrevista quizás lo complemente.

Cuando se trata de clasificar a los escritores, se habla por un lado de aquellos que miran a su alrededor y otros que miran hacia adentro. A estos les llaman intimistas. ¿Tú te sientes más cercana a este grupo?
Sí, totalmente. Sobre todo con este libro (Nunca sabré lo que entiendo), con el cual miro hacia adentro, así como miraría un cardiólogo al corazón.

Hablando de esta mirada hacia adentro, hay un factor importante que es la familia. Incluso, en una entrevista dijiste “estoy segurísima de que si hubiera vivido otra infancia no escribiría ni una línea”…
Sí, dije eso, ¿no? Qué osado…

Y en Página/12 fuiste un poco más allá incluso: hablaste de una familia disfuncional y otros detalles que no quiero obligarte a mencionar. Pero la familia, en tu caso es algo importante, determinante quizás…
Determinante, sí. Creo que me pasa que tengo la necesidad de escribir sobre lo que conozco y definitivamente para mí el tema de la familia disfuncional es todo. Entonces (risas) en mi caso mucho tiene que ver con la familia y ha sido inevitable -y supongo que seguirá siendo-, pero en este libro (se refiere a su novela) sí, digamos, trato de ir hacia las relaciones de pareja y buscar qué significa la vida del otro en tu propia vida. Si bien es un tema familiar, rompe un poco con mi propia tradición, si puedo llamar así de temas relacionados a la madre, al padre y voy más al conflicto de pareja…

Y en esa mirada a las familias disfuncionales hay algunos temas como la ausencia o las relaciones tensas. Por ejemplo, en tu cuento Algo se perdió, la madre le reprocha a la hija por no ser como ella esperaba…
Sí, es verdad eso. La figura de la madre a mí me encanta porque creo que la literatura es para cuestionar cosas, nos cuestiona la vida y no hay relación más venerada que la de un hijo con su madre, es la relación en la que nadie se puede meter. La Biblia dice“Nunca pegarás a tu padre o maldito el que escupa a su padre”. Pero lo genial de la literatura es que nos permite romper con estas relaciones con las que nadie se podría meter y crear para las historias estos finales que se nos antojan, ¿no? Uno puede matar al padre y a la madre y matarse a sí mismo como hijo, o como hermano, como esposo todo el tiempo. Entonces, no guardo ningún respeto a ninguna figura y puedo derrumbar a nuestros propios falsos ídolos cotidianos como me da la gana porque esa es la libertad de la creación literaria, ¿no? Poder romper todo el tiempo.

KatyaAdauiPost2En esta familia disfuncional, que era la tuya, sin embargo no faltaban los libros. Contabas que a los 9 años leíste Corazón, de Edmundo de Amicis, y que tu madre a veces escondía algunos libros. A pesar de este contexto hostil también había un espacio propicio para leer…
Sí, eso es verdad. Es muy lindo eso que dices porque en verdad si algo pude ser en mi infancia fue tener la absoluta libertad de leer. Incluso cuando leía los libros prohibidos de mi casa me sentía muy libre. Había una parte de mí que sabía que lo que yo leía en esa época iba a ser determinante para mí. No sabía cómo, pero lo sentía.“Si yo leo, esto va a ser mi vida”. Fui muy consciente de eso, no sé cómo. Me acuerdo que solamente quería leer, leer, leer los libros de la biblioteca del colegio y también seguir leyendo en mi casa. Y mi mamá me decía “¿Qué vas a hacer?”“Leer”, le respondía. “Ah, okey…”, me contestaba. Era un espacio de mucho respeto, de mucha imaginación, de mucha fuga, de mucha irrealidad, de mucha ficción y era muy feliz ahí.

Y cuando en la secundaria decías que ibas a escribir, ¿qué visión tenías en ese momento dela escritura? Es decir, ¿tenías un diario o cómo te veías escribiendo?
Me veía leyendo sobre todo, pero me pasó que justo para el Día de la Madre, mis papás se pelearon terriblemente y me puse a escribir un cuento y lo boté. Por algún raro motivo, nadie ni yo limpiamos el tacho y siguió el Día del Padre -que es en junio- y mis padres de nuevo se pelearon. Estaba furiosa me acuerdo y miré el tacho y vi el cuento allí, lo saqué y lo continué escribiendo a mano. Y luego mi papá tenía una máquina de escribir antigua y pasé todo el cuento y ese fue el primer cuento que escribí a los 16 años que se llama La última palabra, que es el único de esa época que tengo conmigo y fue muy importante para mí porque me hizo sentir que era capaz de narrar. Es un cuento terrible, obviamente pésimo, pero es un primer cuento, ¿no? Y existe para que existiera el segundo cuento. Entonces, fue una época de lectura y de un primer cuento a los 16 años.

Tu llegada al periodismo es curiosa porque un test de colegio decía que tenías propensión a la soledad y por ello te recomendaban una profesión para que socialices. Estuviste narrando noticias en Canal N entre 2000 y 2005 y luego desapareciste de la pantalla. Te retiraste del periodismo y creo que se malentendieron los motivos, pues en Página/12 hablabas de los bajos sueldos de los periodistas.
Claro, nunca ha sido un tema de sueldo para mí sino que estudié periodismo porque el profesor de psicología del colegio me dijo:“lo tuyo es escribir, leer, viajar, pero si haces demasiada introspección te vas a deprimir y vas a estar muy sola”. En ese momento dije “okey, hago periodismo”. Estudié periodismo, amaba la carrera, entré a Canal N, que además era el bastión contra Fujimori, era un canal muy justo,muy de narrar la vida como era. Estábamos en la época de Fujimori, Montesinos, las Torres Gemelas, la guerra de Irak… además como trabajaba muchas veces de madrugada me llegaban y editaba los videos terribles de atropellos… decapitaciones, las noticias como son, y había que editar. Era muy duro para mí tanta realidad, tanta crueldad, tanta locura, ¿no? Gaza, Palestina, era muy doloroso. Entonces decidí romper con eso y buscarme un trabajo que me permitiera seguir en la realidad pero seleccionar ser yo la que edite las imágenes que quiero ver, y no sentirme tan violentada por el mundo en realidad, fue así. No era un tema de sueldos, imagínate. Yo practicaba en Canal N, cuando entré estuve años ganando 400 soles y haciendo mil chambitas por ahí. Era un tema de sentirme en paz con mi propia mente.

¿Y saliendo ya del periodismo, de Canal N, es que te concentras más en escribir?
Sí, lo que pasa es que me di cuenta de que odiaba narrar noticias porque era estar 8 horas sentada repitiendo lo mismo y me ponía muy nerviosa con las cámaras y tenía que hacer entrevistas y me quedaba cohibida como si de pronto no tuviera ningún conocimiento. Entonces yo misma me ofrecí pasar a redacción, estuve un período de prueba y cuando escuchaba que alguien narraba una noticia que había escrito y, sobre todo las de internacionales o las de cultura, me emocionaba. Dije “Es que lo mío es escribir, ¿qué hago yo intentando ser algo que no soy? Prefiero estar detrás de la cámara que adelante al menos en noticias”. Y así fue que me pasé a un trabajo donde escribía todo el tiempo y venía a mi casa y me la pasaba escribiendo ya mis cosas, y podía escribir, encontraba un espacio para escribir y era genial, era fascinante para mí.

Nunca sabre texto curvas copyY luego de este primer cuento que escribiste a los 16 años, ¿cómo es que retomas las escritura pero ya con mayores certezas?
Tenía 27 años cuando dije voy a hacer un primer libro. Es como decir, voy a irme a China o voy al Cusco y dije “voy a hacer un libro” y empecé a escribir cuentos a partir de un momento que viví en un viaje a Máncora, donde un niño murió ahogado en una piscina y era una piscina que era muy chiquita, parecía algo más grande que una batea, ¿cómo podía morir un niño ahí frente a los ojos de tanta gente y nadie darse cuenta? Entonces, pensé “Un accidente llamado familia”. Tenía el título, a veces tengo primero el título del cuento o del libro y luego tengo la historia. Y empecé a escribir, con mucha osadía además, porque quería hacer un primer libro que rompiera el lenguaje y todo, y creí que lo había conseguido con la soberbia de la juventud. Ese fue mi primer libro, un libro de cuentos inconexos creo yo, pero fue un aprendizaje.

Cuando te preguntan por influencias o aprendizajes, siempre mencionas que este se dio a través de la lectura. Ahora viendo tu biblioteca por ejemplo, noto que Clarice Lispector tiene un lugar privilegiado -tienes todas sus obras-, y leyendo también tus relatos también está Virginia Woolf presente, incluso en los epígrafes o en el título del libro. ¿Es Clarice Lispector la influencia más importante?
En una manera de ver la vida creo, porque ella fue una mujer que desde muy pequeña cuestionó su lugar en el mundo y su identidad, ¿no? Y a mí me ha pasado un poco eso de papá palestino y mamá italiana y yo, soy peruana, nací acá, pero este no saber de dónde eres, ¿no? Y aparte que mi papá nació en Belén entonces era muy raro eso y que ahora no exista la casa donde él nació, no tener estos orígenes, cómo hilar tu propio pasado, tu historia, es muy difícil para mí. Y cómo ella (Lispector) se enfrenta a la valentía de intentar hilarse el origen y saber que nunca lo va a entender. En eso ha sido una gran influencia, en no desesperar por entender, en sus descubrimientos, en saber que todo es finito, pero en verdad todo lo que leo, ni sé cómo, todo lo que leo se queda en algún lugar archivado hasta que es útil. Eso (risas) siempre me he dado cuenta que me pasa.

En tu descripción de Twitter se lee “Escribo para descubrir”, casi como una declaración de principios de la escritura. ¿Qué es lo que has descubierto hasta ahora?
Que sigo escribiendo para descubrir (risas). Te va a parecer sonso esto que te digo, parece muy obvio, pero en verdad nada te acerca más a la vida que descubrir porque la vida es tanto dolor como es tanta alegría, ¿no? Es una convivencia errática armoniosa, extraña a veces, pero es un gran viaje hacia uno mismo, ¿no? Entonces, me pasa que este es un libro que va excavando y ya no tengo miedo de excavar, ya no tengo miedo de ir hacia abajo y cavar.

 

 

NUNCA SABRÉ LO QUE ENTIENDO

Si en algunos de sus relatos se respira tensión, ella en el trato personal se muestra cálida y relajada. Me ofrece un café, que cae preciso en este invierno, y mientras aguardo husmeo en su biblioteca. Clarice Lispector reina y gobierna, no mucho más atrás están Susan Sontag y Virginia Woolf. También asoman Camus, Paul Auster y Herman Hesse. El acto de observar una biblioteca ajena puede ser otra manera de conocer a su propietario. Katya regresa con el café y me sorprende viendo sus libros, aunque, claro está, no me atrevo a tomar ninguno. Nos alistamos a conversar y mientras todo eso aprovecho en contarle la historia del blog, que no viene al caso aquí detallar. A su vez me cuenta que ha renunciado a su trabajo que se alista a seguir una maestría en Argentina. Luego en una entrevista me enteraría que se trata de una maestría en literatura creativa. La noto tranquila y confiada en que el viaje será una gran experiencia.

Si buscáramos un punto en común entre Un accidente llamado familia, Algo se nos ha escapado y tu primera novela, Nunca sabré lo que entiendo, ¿podríamos decir que este sería la pérdida de algo, o también quizás la ausencia y la familia?
Es la ausencia, es todo eso también, pero es la contradicción. No me había dado cuenta, pero lo dijo Iván Thays en la presentación de la novela, que siempre hay una contradicción de una negación en los títulos. Un accidente llamado familia, Algo se nos ha escapado, Nunca sabré lo que entiendo, para mí siempre va a ser que algo se nos ha escapado y mientras se te escapa no vas a saber que es todo esto que dices o es la contradicción.

¿Y cómo llegas a esta escritura fragmentada? También has escrito micrrorelatos que están incluidos en Algo se nos ha escapado y que esta fragmentación continúa en la novela. ¿Cómo así llegas a esta forma de escritura?
Cuando tenía 22 años me dijeron “tú nunca podrás hacer una novela porque tú ves tu vida fragmentada y no vas a poder” y dije “Dios mío, qué dolor”. ¿Cómo te libras de eso? Es como que sabes que tienes los brazos muy cortos, nunca vas a poder nadar. Y de pronto un día cuando escribía esta novela y tenía 20 páginas de un tirón, de pronto empecé a fragmentar y nada se correspondía. Y de pronto me sentí libre y dije “Okey, rebélate contra aquello que te han dicho, fragmenta como te dé la gana, como tú quieras y en algún momento  ordena las incoherencias y estructura, pero escribe libremente”. Me lo dije a mí misma. Pero creo que escribir es un acto de atrevimiento, es la rebeldía máxima. Es atreverse no más y fragmenté y al final intenté darle estructura, coherencia y ritmo, espero que se sienta no sé, pero fragmenté, la vida es fragmentada, a quién trato de engañar, ¿por qué no puedo escribir fragmentadamente si veo la vida así?

katyaAdauiFoto4Nunca sabré lo que entiendo podríamos decir que es una nouvelle, tiene 66 páginas, y tenía la curiosidad de saber cómo es que decides probar con una novela. Decías que Iván Thays te mencionaba que ya era hora que escribas una, ¿era acaso también para ubicarse dentro del mercado también? Porque las editoriales no suelen publicar muchos cuentos porque la novela es el género que vende, que llega, que te ubica…
Mira, para mí era simplemente que llegué a 20 páginas y para ese momento mi cuento más largo tenía 12, entonces era claramente que la historia tenía que continuar. Nunca pienso que lo que voy a escribir se va a publicar, entonces no estoy pensando ahora voy a hacer una novela porque ya toca ¿qué es ‘ya tocar’? No, yo siento que soy cuentista básicamente, es lo que me sale, lo breve, lo corto, pero no había ninguna presión ni del mercado ya para que te vean como escritora. No, yo me sentía escritora desde que publiqué algo, desde que escribí algo entonces no había para mí paltas por ahí pero yo misma quería hacer esta novela porque me lo iba pidiendo la historia, el momento me lo iba pidiendo. Si a esta novela, que dices que es una nouvelle, alguien viniera a decirme es un cuento largo, sí lo es (risas) podría verse como un cuento un poco más largo, pero sí, es chiquita y salió novela por casualidad. Si hubiera sido un cuento también hubiera estado contenta.

Para los que todavía no han leído la novela, la historia transcurre dentro de un tren, es el viaje que hace Ana, el personaje, quién todo el tiempo está pensando. Hablábamos de la mirada hacia adentro, y está aquí la metáfora del viaje en tren pero también este viaje interno, el recuerdo de la relación de pareja que se resquebraja por no poder tener hijos. Además hay otra metáfora también que antes que la infertilidad es la incapacidad para crear, ¿cómo podrías sintetizar esta premisa de la novela?
Que en realidad la búsqueda de la perfección es bastante inútil, ¿no? Entonces, como creadores y como seres que hemos sido creados (risas) creo que hay que saber cuando algo ya está listo, cuando algo ya está hecho, consumado, cuando no puedes lograr algo y la historia de Ana es un poco la historia de aprender a estar bien con lo que te ha tocado vivir. Una amiga me decía “¿Pero por qué voy a leer tu libro? ¿Qué voy a aprender?”, “No, yo no sé si tú vas a aprender nada, no es una lección de moral”. Y como decía Clarice (Lispector) también son odiosas las lecciones de moral, no pretendo hacer eso mucho menos en la novela, simplemente lo que está en la mesa, aprender a estar bien con lo que está en la mesa y esta chica Ana no se conforma pero sabe que en algún momento va a entender. “Okey, esto es lo que tengo, lo que está en la mesa es lo que hay, voy a ir con lo indispensable, me van a juzgar, me van a lapidar por huir, pero para poder ser libre y poder crear otras cosas más allá del hijo que no puedo tener, tengo que huir”, y eso es lo que a mí me gusta del personaje, que se va en un tren, entonces esa visibilidad fragmentada de la vida que sucede afuera y la que sucede en su interior, esa metáfora que tú has visto, poder unir las partes y hacerlo aún más fragmentado todo (risas).

Un aspecto que me llama la atención de tus historias son los finales. En la novela, el final es elíptico, resume los lugares donde llegará Ana y ahí acaba la historia. En algunos cuentos, hay algunos finales que son abruptos, son repentinos. ¿Esto es intencional, trabajado, es así esos finales?
Sí, mi papá, quien fue el primer lector de mis dos primeros libros, me dijo “a mí me gusta cómo escribes pero nunca entiendo tus finales, por qué los dejas tan abiertos”… y él quería un poco que escribiera como Agatha Christie pero a mí me pasaba con ella que se sentía que se repetía a sí misma (risas) y a mí me da miedo repetir, yo repito supongo esquemas… pero no sé, me da miedo repetir y me pasa que ningún final mío nunca va a tener toque de trompeta o de tambor… nunca, porque es cotidiano, no busco que sea algo tremendo porque no sería verosímil, siempre trato de hacer el único final posible… para mí (risas). Pero sí pues, trato de hacer un único final posible, nunca es algo con bombas sino tranquilo.

¿Cómo ves el panorama de la narrativa peruana y cómo te ubicas tú dentro de ella?
Yo me ubico como alguien que está escribiendo junto a otras personas que están escribiendo y siento que hay una movida muy muy buena, siento que hay mucha gente que está escribiendo y que lo está haciendo muy bien y me da muchísimo gusto. Me da mucho gusto que estemos escribiendo más, publicando más, estamos viajando afuera, también los escritores de provincia que están teniendo mucha más voz, que están siendo publicados, están surgiendo nuevas editoriales lo cual es una apuesta muy loca y muy arriesgada y es increíble que estén surgiendo, así que seguimos escribiendo y somos una generación bien chambera y me da gusto eso.

También mencionabas que no estabas muy de acuerdo con la literatura femenina y en tus textos pues hay personajes que son masculinos, te los hacían ver por qué escribes, en la entrevista de Página/12 creo que era por qué tienes personajes masculinos siendo mujer…
Imagínate, como si los nombres no escribieran de mujeres (risas). Tú no divides cocineros de cocineras, albañiles de albañilas (risas) , ¿por qué dividirlo y por qué ser nosotras mismas las que los dividamos? Cuando leo un libro, trato de no pensar que lo ha escrito una mujer o lo ha escrito un hombre, simplemente lo leo y lo disfruto entonces yo misma no voy a pedir que haya literatura de mujeres o de hombres y creo que ya no participaría en otra antología de mujer porque me parece que eso es separarnos y me encanta que nos incluyamos nosotras mismas, entonces no creo en que haya literatura de mujeres. Debería, quizás, dar una explicación más científica supongo al respecto pero no, no hay, nadie separa a los cocineros, por qué nos vamos a separar nosotras.

Y ahora después de la publicación de tu primera novela, me preguntaba si continúas ya escribiendo novelas de este estilo o esto no implica que renuncies al cuento
Sí, justo cuando entregaba ya la novela a Planeta empecé a escribir un libro de cuentos, cogí unos que tenía y empecé a reescribirlos, a modificarlos, así que creo que mi próximo libro va a ser uno de cuentos y ahora que me voy a estudiar tendré quizás un poco más de tiempo para hacer otra novela, ¿no? En algún momento, no sé, uno nunca sabe qué va a hacer después pero ya al menos el libro de cuentos está encausado.

¿Cuál dirías que es el motivo o leitmotiv de tu escritura?
(Suspiro) Todo en verdad, la vida misma ¿no? Eso es lo que me motiva, seguir descubriendo, no parar nunca de escribir. A veces me da una tendinitis terrible y bueno, para mí no sería la ceguera lo peor sino que llegue el momento de no poder escribir, “pero podrías dictarle a alguien”, me podrían decir pero no es igual. Sentir, el acto de sentir el teclado o el lapicero en la hoja es para mí delicioso. Ojalá nunca deje de escribir porque me encanta.

 

 

LOS CINCO LIBROS RECOMENDADOS DE KATYA ADAUI

1. Poemas inéditos y poemas elegidos, de Cesare Pavese.

2. El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

3. Poesía completa, de José Watanabe.

4. Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag.

5. La trilogía de Auschwitz, de Primo Levi.

 

 

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