Kathy Serrano: “Siempre me ha gustado contar historias, siempre ha sido una necesidad”

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La actriz y directora de teatro, Kathy Serrano, acaba de publicar su primer libro como escritora: Húmedos, sucios y violentos (Estruendomudo, 2020),  una colección de microrrelatos cuyos ejes temáticos son la muerte, el sexo y las pasiones.



Por Jaime Cabrera Junco

El microrrelato como género tiene mucha potencia, fuerza en el lenguaje y cada palabra debe sostener la historia. En la literatura peruana, el relato corto ha cobrado mucha más fuerza y no solo aparecen antologías sino libros individuales. Una publicación reciente sobre el género breve es Húmedos, sucios y violentos (Estruendomudo, 2020), de la actriz y directora de teatro, Kathy Serrano. Acostumbrados a verla en la pantalla dando vida a un personaje de telenovela, dirigiendo una obra o como promotora del microrrelato, ahora la vemos asumiendo el rol que, según nos dice, siempre quiso interpretar: el de escritora. En este su primer libro destacan el ritmo intenso, pero sobre todo el humor negro que atenúa cualquier exacerbación de la realidad o de la violencia que impregnan sus historias. Inquietos por conocer cómo ha sido su acercamiento a laliteratura, le enviamos un cuestionario y estas son sus respuestas.


En el teatro, cine o televisión el actor o actriz están sujetos a un texto escrito por alguien. Si bien has dicho que tu interés por la escritura no es reciente, ¿cómo explicarías esta posición de ser ahora quien crea una historia?

Creo que este tránsito es mucho más natural de lo que se puede pensar. Ejemplos en la  literatura son infinitos. Ahora mismo acaba de culminar la maravillosa edición virtual del Hay Festival de Arequipa, y en la última fecha estuve escuchando a Lætitia Colombani, novelista, directora de cine, actriz y guionista francesa. También está la inmensa Nona Fernández, actriz, guionista, dramaturga y novelista chilena. Solo por citar dos casos contemporáneos donde se manifiesta, en maravillosa armonía, la literatura a través de las diversas formas de contar una historia. Como actriz, a través de mí, de mi cuerpo, han  tomado vida diversos personajes. Para llegar a ellos, para colocar sobre esos personajes  una  luz que  los ilumine y los saque a la superficie, he tenido que investigar, buscar, crear, ensayar, leer. Es un proceso creativo que implica, de alguna  manera, escribir la biografía de ese personaje, estudiar su psicología, buscar a través del cuerpo su forma de enfrentar el mundo, caminar, moverse, pensar, reaccionar, etc. y, por fin, poder transmitir su historia a esos otros que ocupan las butacas de un teatro. Como directora, de alguna manera, sucede lo mismo, pero con toda la obra de teatro. Como leí en un libro de Peter Brook, desciendes al sótano del texto y lo alumbras hasta ir descubriendo la vida que subyace en ese texto.

Creo que todo mi camino, desde siempre, ha estado guiado por un hilo conductor: siempre me ha gustado contar historias, ya sea como actriz, ya sea como directora de teatro o como gestora de un espacio que exhibía infinidad de cortometrajes. Siempre ha sido una necesidad. Solo que ahora he creído en mí, me he atrevido a hacer lo que deseaba hacer desde siempre. Y es maravilloso porque a diferencia del teatro, que requiere de toda una producción enorme, de un grupo humano y una inversión económica, acá estoy yo con la hoja en blanco o el computador, en total libertad.

 

¿Cuánto de tu experiencia como actriz te ha ayudado para el proceso de escritura?
Comencé a estudiar actuación unos días antes de cumplir 17 años. Dentro de las materias que llevaba en la escuela, la escritura estaba presente a través de la  dramaturgia. También estaba presente en cada improvisación que debía realizar. Todo te entrena para intentar comprender desde lo corporal ese personaje que llevarás a escena. Luego, cuando viví en Rusia y estudié dirección y actuación en San Petersburgo. El proceso fue el mismo pero multiplicado y en una lengua que no era la mía. Entonces, creo que el gusto por los personajes se vio reforzado. Creo que tal vez esa cercanía a la creación, análisis y puesta en escena de personajes se volvió algo que me acompaña siempre. Amo crear personajes. Amo ponerme en los zapatos de  otros e imaginar lo que  sienten  seres distintos a mí en infinidad de circunstancias. Otra de las exigencias de la actuación es la observación. Observar siempre en la calle, en las  reuniones, en  cualquier  lugar, a la gente, a la vida. También  la  escucha. Los actores y actrices trabajamos  con todos  nuestros sentidos y trabajamos con el alma y la mente humana. Intentar descubrir sus secretos, sus zonas oscuras es  apasionante. Escribir creo que tiene ese mismo proceso.

 

¿Qué posibilidades has encontrado en el microrrelato que no encontraste en la narrativa larga? Comentabas que tenías algunos cuentos y un proyecto de novela.

Me enamoré del microrrelato cuando leí “Ecosistema”, del maestro José María Merino. Luego me enamoré de muchísimos microrrelatos más. Me enamoré de la brevedad y la exigencia que posee el género. Pero mi gusto por lo breve viene desde hace muchos  años. Durante más de 12 años dediqué la mayor parte de mi tiempo vital a la exhibición y promoción del cortometraje. Visioné cientos de cortometrajes durante todos esos  años. Y cada vez que me topaba con uno que me sorprendiera con su brillantez e ingenio, me sentía muy feliz. Pero no significa que en la microficción haya encontrado algo que no encontré& en textos de mayor longitud Creo que el placer lo estoy encontrando en el solo hecho de escribir. Tengo ya acumulados algunos relatos largos. Estoy trabajando en ellos y seguiré haciéndolo. Asimismo, estoy en un proyecto de largo aliento como es la novela. Estoy convencida que escribir es lo que me interesa. Y mi intención es seguir explorando con toda la libertad posible en los diversos géneros que la literatura nos ofrece.

 

En Húmedos, sucios y violentos hay un tema que atraviesa todas las historias y este es la muerte. Has comentado que has tenido precisamente una experiencia muy cercana con ella. Me gustaría saber si esta fue una premisa para escribir tus microrrelatos o ya en el proceso de selección fueron las historias que más te convencieron a ti o a tu editora.

Los microrrelatos,  los relatos  cortos y la obra  de teatro breve  que conforman el libro, surgieron en épocas distintas y paulatinamente. La selección presentada a la editorial ya estaba casi completa, como la vemos en el libro, a principios de año. Hay algunos  textos  que no figuran  porque en  el  proceso de  revisión  del manuscrito a cargo de mi querida Anahí Barrionuevo, me sugirió que  los sacara y los guardara para algún otro proyecto a futuro. Durante los  días finales de  este  periodo de revisión, le  envié a  Anahí, a último minuto, unos cuatro o cinco textos para incorporar. A ella le parecieron adecuados  y  fueron  incluidos  en  el manuscrito final. Lo que quiero decir, es que los temas que encuentras en Húmedos, Sucios y violentos se fueron imponiendo  sin  una  premeditación, yo diría que de una manera muy orgánica. La muerte es un tema  importante en mi vida. Siempre ha estado presente, desde muy niña. A los 8 años la conocí al ver  morir a  mi  padre. De allí en adelante se ha  presentado  muchas veces, ha estado cerca  recordándome  que todo es finito, que absolutamente nada escapa de su destino. La muerte es lo único que nos pertenece. Es un misterio enorme. No hay  manera de saber con certeza que hay después de su llegada. Porque, además, creo que no podemos tener  certeza ni control de absolutamente nada. Hay un párrafo de un libro que adoro, El Maestro y Margarita de Bulgákov, que lo expresa de manera brillante. El personaje del profesor alemán, que en realidad es el diablo, discute en las primeras páginas de la  novela con dos escritores soviéticos, en un momento surge este pequeño dialogo:

“…pero a mí me preocupa lo siguiente: si Dios no existe, ¿quién mantiene entonces el orden en la tierra y dirige la vida humana?

El hombre mismo -dijo Desamparado con irritación apresurándose a contestar una pregunta tan poco clara.

Perdone usted -dijo el desconocido suavemente-, para dirigir algo es preciso contar con un futuro más o menos previsible; y dígame:¿cómo podría estar este gobierno en manos del hombre, que no sólo es incapaz de elaborar un plan para un plazo tan irrisorio como mil años, sino que ni siquiera está seguro de su propio día de mañana?…”

Estos  temas de la vida y la muerte me interesan muchísimo. Me  ha interesado toda  la vida de una  manera un  tanto obsesiva, podría decirse. Esta imposibilidad de controlar la vida. Tenemos la falsa sensación de gobernar  nuestras  existencias, pero ya  la  realidad  nos va sacando la venda de los  ojos una y otra  vez. La muerte  puede  llegar  en cualquier  instante y apagar la  luz, desconectar a  quien le toque, y sobre eso no hay  control  posible. Es por eso que en el libro me interesó acercarme a la muerte desde diversos ángulos y hasta bromear con ella.

 

En la entrevista que te hizo Carlos Sotomayor, de Letra Capital, comentabas que tenías escritos más de 400 microrrelatos y quedaron estos 66 que conforman Húmedos…y que fue todo un proceso de seleccionar qué historias “servían” o no. ¿Cómo detectas que una historia funciona o no?

Yo diría que ha sido un proceso de aprendizaje de estos tres años. Cuando me dedicaba a promover el cortometraje en el país, tenía épocas en las que veía cientos de  cortometrajes y llegaba un  momento en el que tan solo a los 30 o 40 segundos me daba  cuenta si el cortometraje me atraparía o  no, si  lo  consideraría bueno o no. Obviamente este es un  proceso muy  subjetivo, pero también  muy orgánico Es lo mismo cuando vas  a ver  una 
obra de teatro o una película. Te atrapa o no. Aprender de alguna  manera a llevar a cabo este proceso con el material que una misma ha creado es difícil. Es un  proceso de desapego. No es fácil pero es indispensable. Tengo acumulados todos esos microrrelatos y la gran  mayoría no verá la luz. Pero no los elimino porque pueden, en  algún momento, darme alguna idea, algún nuevo impulso. El proceso fue duro por  momentos y hermoso en otros. Tengo la maravillosa suerte de tener a mi lado a Ricardo Sumalavia, a quien atormento con mis preguntas, consultas, dudas. Él es un gran apoyo. Pero también es  alguien que respeta muchísimo el trabajo de los demás, y en este caso  concreto el mío. Es así que hubo momentos en los que al pedirle su opinión sobre algún  texto fue muy cortés pero sincero. Y yo tomaba la decisión de si lo conservaba o no. Luego  hay  otra cosa, al  pasar de los años, porque  son un poco más  de tres años de trabajo, yo misma me fui dando cuenta de cuándo un texto no funcionaba. A veces escribes un  microrrelato y te sientes  contenta  con  él en ese momento, pero a medida  que  pasa  el  tiempo, y  tienes  más  lecturas, el encuentro con el mismo  texto puede ser una tremenda desilusión.  En el teatro también  sucede. Ensayas  tres meses y cada  día que  pasa  tienes  que  despedirte de cosas  que  pensabas eran  hallazgos  maravillosos, pero  que  al  final no son más que bosquejos que  anteceden a los verdaderos hallazgos creativos. Creo que es el camino de  mi exploración con el microrrelato. Estoy  contenta  con la selección que hemos presentado en Húmedos, sucios  y  violentos.

 

También están presente la violencia sexual, que es abordada no desde una visión descarnada sino incluso con humor negro con una constante mención al cuerpo femenino. ¿Cómo es tu lectura de estas historias vinculadas a la corporalidad?

Me  interesa  muchísimo  el  cuerpo. Como ya te dije, como actriz ese es mi  instrumento. Todo pasa por el cuerpo y la violencia a la que somos sometidas las mujeres desde tiempos inmemoriales está en nuestros cuerpos, como una herida milenaria. Pero no solo me interesa  la violencia contra las mujeres.  Me  interesa también la violencia a la que son sometidos los  niños. La violencia en  general. Esa violencia que no  ha parado a pesar de que nos ha tocado vivir en este siglo tan repleto de tecnología y avance. Cuando era adolescente pensaba que con el desarrollo  tecnológico después del año dos mil, con el avance teórico, con el acceso al conocimiento, seríamos mejores seres humanos. Entenderíamos este milagro que supone la existencia en sí misma. Este paso veloz por el planeta. Pero a medida  que pasa el tiempo somos peores. Lo vemos todos los días. La violencia está normalizada. Yo escribí estos relatos  porque  necesitaba escribirlos. Así surgieron. No fueron premeditados. El tema de la violencia, la muerte y lo erótico surgieron de  manera orgánica. Lo mismo  sucede  en la  obra  de teatro  breve  que  cierra  el  libro. La violencia y la  muerte están allí, tal y como están en  nuestro cotidiano, cada día en las  noticias, en la calle, en la vida.

 

¿Ha habido alguna influencia o inspiración para escribir estas historias?

Los puntos de partida son muy variados. Los relatos han surgido en diversos lugares, en tiempos distintos  y en geografías distintas. Algunos los
escribí en Bogotá, otros en algunos vuelos, porque le tengo pánico al avión y escribir me abstraía de todo. Otros en casa o un  café o escuchando una clase o en medio de un taller.

Exactamente cuáles libros me influyeron, no podría  precisarlo  ahora. Son tres  años  y  un poco más. Pero si puedo decirte que muchos surgieron de lecturas sugeridas por Ricardo Sumalavia, quien ha sido ese maestro que yo  andaba buscando. También de libros que fui descubriendo en el proceso de búsqueda. Han sido lecturas que me empujaron a encontrar mi voz, a abrir ciertos candados de mi  inconsciente o mi  memoria. Son producto de un proceso de exploración, de búsqueda, de confrontar mis  miedos, mis  heridas, los temas que  me  importan, me sacuden o golpean.

Lo que sí  puedo decirte  es  que en esos tres años leí muchos relatos breves de autores  y  autoras  que  admiro como: José María Merino, Jorge Luis Borges, Ana María Shua, Augusto Monterroso, Cristina Peri-Rossi, Clarice Lispector, Andrés Neuman, Franz Kafka, Marco Denevi, Slawomir Mrozeck, Luisa Valenzuela, Juan José Arreola, Patricia Esteban Erles, Cecilia Eudave, Solange Rodríguez Pappe, Sandra Araya, Fernando Iwassaki, Ricardo Sumalavia.

Devoré Por  favor sea breve de  Clara Obligado entre otro número de antologías  que  fui consiguiendo  y  leyendo  con  ávidez. Y también, he estado y, estoy apasionada, leyendo sin pausa y amando autoras como Mariana Enríquez, María Fernanda Ampuero, Mónica Ojeda, Samanta Schewblin, Selva Almada, Lucia Berlín, Alice Munro, Siri Hustvedt, Flanery O´Connor, Patricia Highsmith, Selva Almada, Pilar Quintana, Nona Fernández  entre  muchísimas  otras.

 

¿Continuarás escribiendo microhistorias, la alternarás con otros géneros?

Quiero seguir explorando la brevedad al mismo tiempo que voy explorando otros  géneros. No tengo veinte años, así que quiero darme toda la libertad de explorar  aquí  y  ahora, en tiempo presente, todo aquello que me encienda, que me mueva, que me inquiete. No hay  tiempo para prohibirme nada. La vida  transcurre demasiado rápido. Y  la época que nos ha tocado vivir es muy compleja. Haré lo que pueda hacer con las  historias  que 
llevo dentro.

 

LOS CINCO (Y MÁS) LIBROS FAVORITOS DE KATHY SERRANO

1. El maestro y Margarita, de Mijail Bulgákov.

2. Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero.

3. Los libros de Mónica Ojeda.

4. Checkpoint, de Elsa Drucaroff.

5. Los libros de Mariana Enríquez.

 

BONUS TRACK:

6. La claridad, de Marcelo Luján.

7. Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlin.

8. Cuentos de Flannery O’Connor.

 

 

 

 

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