Kassel no invita a la lógica: un perfume ario en el corazón de la vanguardia

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Las novelas de Enrique Vila-Matas tienen un sello propio. De la simple anécdota nos llevan a la reflexión donde las citas y frases vuelven a la historia un híbrido entre el ensayo y la ficción. En este post nos ocupamos de su libro Kassel no invita a la lógica (Seix Barral, 2014).

 

Por José Donayre Guerrero

La documenta

El bosque sobre el cual se construye la imaginación de Enrique Vila-Matas procede de una tierra desconocida, ajena,  extendida sobre un mundo paralelo donde todo es posible y natural, agitado por un ligero viento fresco y transparente que circula alrededor de cada lector. Kassel no invita a la lógica, su penúltimo libro, tiene mucho de bosque, de imaginación, de países perdidos bajo una luna germana. En este caso es el recuento de su experiencia personal tras aceptar  la invitación que le hicieron para que participara de la documenta del año 2012. La misma se desarrolla siempre en  Kassel, una ciudad de la que no sabía nada hasta ese momento, pues no había viajado hacia ese lugar tan cubierto por bosques extensos y del cual también ignoraba que Hitler utilizó como sede para construir y resguardar su armamento durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día no queda ya nada de eso.

Los bombardeos destruyeron el pasado histórico de aquella ciudad que volvió a levantarse, pero Vila-Matas verá que aún respiran los escombros de un pasado lleno de muerte y violencia. Lo descubriría a partir del arte, pero en un proceso lento y que tardará en develarse. Primero viajaría para dejar que los visitantes lo vean mientras escribe. Una tarea escandalosa para él, pues se convertiría en una instalación en el Dschingis Khan, restaurante chino también desconocido para él. Ese sería su aporte a la documenta,  la exposición de arte donde se presenta lo más vanguardista del arte contemporáneo y que se mantiene alejado del mundo capitalista.

Desde el inicio Kassel se muestra llena de misterio y de un profundo enigma. La novela empieza con un juego de mcguffins (que es todo aquel objeto distractor que sirve para enganchar al lector) pero lentamente caerá en lo más característico del género vilamatiano que es la mezcla de ensayo, ficción, citas y una constante escritura que se inventa desde la forma de un viaje y Kassel lo recibirá como todas las ciudades a las que siempre llega Vila-Matas en sus novelas: un clima adverso, muchos personajes pintorescos, y la sombra de otros escritores que vienen a su memoria.

Sin duda los más atractivos son los fragmentos que van llegando por asociación a partir de las obras que va observando. Las huellas de un terror que no va a olvidarse emergen desde el fuero interno de cada autor. De ahí que para Vila-Mata un tema traiga al otro y el abanico se expanda para sumar historias, recuerdos, sueños, pesadillas y búsquedas por internet desde un cuarto de hotel que utiliza como cabaña para pensar. Todo se va hilando y todo es posible de hilar.

Siguiendo el mapa de la documenta Vila-Matas logra un relato intenso y verídico. Distanciándose y acercándose, regresando e incluso pasando la noche en una de las instalaciones, porque así entre cierta diversión y seriedad enternece. Tambaleándose entre la alegría y la tristeza construye una novela, que empieza y termina como cualquier aventura. Sabe que la inspiración que recibe de las obras de arte vienen de las afueras, de lo lejano de su comprensión, pues llegó a Kassel y encontró que la documenta tenía por tema “colapso y recuperación” es decir le venía de manera precisa,  ya que se encontraba él en un estado plomizo y gris hasta que llego a encontrar la motivación bajo un tenso cielo germano.

 

Kafka y el Dchinguis Khan

Si bien los libros anteriores, Aire de Dylan y Dublinesca se extendían por Irlanda,  New York y Barcelona, en esta novela se contará lo que es llegar al centro mismo de Alemania. Y a la vez tendrá como aliado nada menos que al arte mismo. Dicho de manera más precisa, al arte de vanguardia a la que el narrador Vila-Matas siempre quiso pertenecer porque se creía vanguardista desde muy joven. Lástima que la invitación le llega ya en una edad avanzada cuando es un  veterano escritor que duda de toda su escritura, de toda una obra que parece caerse y siente que su inspiración está a punto de languidecer para siempre.

Resulta compleja la manera como se plantea la novela pero a la vez atrapante, sencilla. La mejor manera de ver una especie de diario ensayístico convertido en literatura pura y fresca,  y que una vez terminada de leer el silencio que queda al recordar comienza a ser aplacada por la ebullición de ideas y citas que uno va recordando tanto o más si uno decide volver a revisar todo. Un mundo europeo se vierte delante de nosotros y si ya antes lo había hecho, Vila-Matas lo vuelve a hacer. Siempre queda un giro más en el camino. Exactamente si antes seguía una línea narrativa clara aquí se sale para carecer de lógica, para que Kassel sea el centro motivador pero carente de ilación, pero aún así, seguir escribiendo.

Si uno hace un recuento de los libros de Enrique Vila-Matas  se encuentra con lo que él llama una sola obra. Desde La asesina ilustrada hasta Kassel no invita a la lógica se pasa por Doctor Pasavento, El mal de montano, Lejos de Veracruz, El viaje vertical, y las ya citadas, Dublinesca, Aire de Dylan, todo es un solo aire que recorre un su bosque creativo, siempre es un viaje que se expande entre las ciudades más tradicionales de la Europa medieval y cosmopolita. Un bosque personal intenso y grande. Y es esa voz de un inconfundible Vila-Matas la que crea el universo de Kassel no invita la lógica. Divirtiéndose y haciendo uso de la ironía para potenciar un relato  de inicio extraño y que se vuelve atractivo y hasta conmovedor. El horror y la alegría. Todo junto sobre la mesa.

 

El espíritu de la escalera

En su llegada a Buenos Aires para la inauguración del Filba 2014. Enrique Vila-Matas llegó con Kassel no invita la lógica bajo el brazo. Ante una audiencia efervescente por verlo, dio el discurso “Sed de Venganza” en el cual habló sobre elementos que aparecían en la novela y una de ellas es la del arte de la literatura como el espacio donde se pone todo aquello que no ponemos en la vida. La literatura es la venganza para estar por encima de la vida, así lo dijo de manera categórica. Y es que la vida se puede adecuar a la literatura y estar estructurada por lo escrito. Como si eso existiera primero y luego la realidad. Y como usar lo escrito para que todo coincida. Por ejemplo, escribir que uno está angustiado al llegar a su cuarto de hotel, y una vez que llega a su hotel y al no sentirse angustiado, pues actuarlo. De tal forma que se cumpla lo ya escrito, como si eso viniera primero. En Kassel el mejor ejemplo está en “el efecto de la escalera” término francés que  otorga la posibilidad de retroceder un escalón para volver a colocar o decir en la vida aquello que no se pudo cuando estuvimos en dicho escalón en la vida real. Alguna respuesta no dicha, alguna aventura no cometida porque no se dio el momento. Entonces  volvemos sobre nuestros pasos para recuperar y no perder nada y la literatura se encarga de eso y con nuestro escalón atrasado reescribimos la realidad.

Eso queda mejor detallado cuando en el año 2015 Vila-Matas recibió el premio de la Feria de Guadalajara y dedicó al estrado mexicano un discurso titulado “El futuro”. Donde alegaba que el objeto de la literatura es el de anteponerse a la vida que pareciera que se nos escapaba. Y más que nada es el arte la respuesta a una realidad que no parece abarcable. Vila-Matas ya lo ha dicho costantemente y ahora con más frecuencia que escribe los viajes antes de salir, para que  luego llegado el momento la acción sea como la ha escrito. Entonces todo resulte tal cual lo pensó antes. El futuro ya está escrito. Y con una idea tan cuadrada, alega que de la misma manera se disfruta la realidad desde un escritorio y en soledad sin ir a cazar leones ni cruzar Alpes como Hemingway.

Es Kassel un gran ejemplo de arte y escritura vilamatiana porque bajo aquel cielo germano que tantos sueños ha soportado y tantas guerras a cubierto con sus nubes grisáceas, demuestra una vez más que su bosque personal crece que las noches se multiplica frente a cada lector y se manifiesta inabarcable y rebosante de eterna literatura, tan listo para  romper la negritud del mar de hielo que llevamos dentro, pues “…la escritura nace del espíritu de la escalera y era en el fondo la de historia de una larga venganza… como poner en escrito lo que deberíamos haber puesto en la vida.”

 

 

*José Donayre Guerrero. Nació en Lima, Perú, en 1986 y reside en Buenos Aires. Es licenciado de la Universidad del Cine  y trabaja como realizador y editor de programas de canales de televisión y en cine. También es redactor y crítico de cine y literatura. Escribe en la página argentina Escribiendocine, y en Perú para la revista Godard!  Es miembro de Apreci-Perú.

 

 

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