José Carlos Yrigoyen y una pequeña gran novela

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(Crédito de foto: Eduardo Gerbi)
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El poeta y crítico literario José Carlos Yrigoyen acaba de publicar su primera novela, donde a través de la autoficción se establece un contrapunto entre la vida del narrador y la del cineasta italiano Pier Paolo Pasolini.

 

Por Jaime Cabrera Junco

Comparto estas primeras impresiones sobre Pequeña novela con cenizas (Planeta, 2015), de José Carlos Yrigoyen, con la urgencia de quien ha leído conmocionado una historia lacerante y que aún sigue dando vueltas en mi mente por las ideas y reflexiones suscitadas al concluir sus 100 páginas. No soy crítico de oficio así que no voy a realizar una reseña formal ni mucho menos una exégesis literaria. Solo soy un lector.

Con algunos guiños autobiográficos que quizás deban ser tomados con pinzas, el autor nos presenta una novela que gira en torno a la historia de un hombre de más de 35 años que en primera persona nos narra cómo ha ido saliendo del marasmo causado por un desapego por las personas y el mundo de afuera. Todo esto desencadena en una depresión que lo paraliza y lo hace sentir “invalidado para la literatura” e incapaz de tener afinidad por cualquier cosa. ¿Qué lo tiene así? El narrador nos lo va refiriendo de a pocos a medida que nos va contando sus vínculos familiares, especialmente con su padre, quien ejerce sobre él un poder autoritario que lo humilla y aun cuando lo evoca en la adultez lo paraliza en cierta forma. Desde Carta al padre, de Franz Kafka, y El pez en el agua, de Mario Vargas Llosa, no recuerdo haber leído con tanto sobresalto escenas cotidianas que grafican la relación entre el padre tirano y el hijo humillado. Allí es donde siento que hay nervio, que las palabras transmiten con máxima intensidad esta realidad que nos ofrece la novela.

Escribir sobre mi padre, en cambio, es tortuoso, incómodo, me produce cada cuatro o cinco líneas un inmenso fastidio, una sensación de falta de aire y abandono. Apenas si me animo a escribir la mitad de lo que recuerdo; y cuando me decido por fin a escenificarlo en este libro solo consigo mostrar pálidas, borrosas siluetas de las imágenes que vibran en mi cabeza y que estuvieron ahí adormecidas tantos años. (p. 47)

El narrador –cuyo nombre se omite, acaso reforzando la supuesta autorreferencialidad- nos dice que este libro empezó a escribirse hace cinco años, pero que antes de iniciarlo había otro texto que pretendió escribir. Se trata de un ensayo sobre Pier Paolo Pasolini, poeta y cineasta italiano con quien se establece unos vasos comunicantes entre sus vidas y que van alternándose en la narración de sus respectivas circunstancias.

La referencia a Pasolini es el punto de apoyo, sirve para establecer cierto paralelismo entre la vida del narrador y del artista objeto de estudio. Cada dato revelado sobre el cineasta no es gratuito, tiene un contrapunto con el narrador-personaje de esta historia. El ensayo fallido sobre Pasolini sirve como espejo para analizarse a sí mismo. En un momento determinado estos puntos de comparación cesan con la muerte del cineasta, la cual aún está envuelta en un misterio que sigue alimentando libros y películas.

Toda lectura es muy subjetiva, por lo tanto es probable que Pequeña novela con cenizas sintonice con algunos temas que me interesan, además de las relaciones familiares, los conflictos existenciales vinculados con la creación literaria. Aunque podría haber deseado un final distinto o más páginas, he entendido que este final abierto, entre líneas, tiene una correlación con la vida. No hay nada determinado durante su paso. Esa brevedad a la que alude su título me parece un mérito. Es mejor recibir un puñetazo contundente que unos golpecitos a cada rato.

 

Actualización:
En este video de La Linterna Booktube el autor no deja lugar a dudas: el narrador-personaje es él.

 

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