Jorge Franco: “La escritura es un camino de búsqueda y eso la vuelve impredecible”

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Estuvo de paso por Lima, donde presentó El mundo de afuera, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2014. En esta charla con Jorge Franco buscamos explorar el origen de las obras de este autor nacido en Medellín, de la cual aún no se ha mudado al menos en la ficción.

 

 

 

Por Jaime Cabrera Junco
[email protected]

Fotografías: Iván Salinero y Antonio Sorrentino (Colectivo Phoss)

El recuerdo de nuestra niñez es generalmente el más grato de todos. Cuando dirigimos la mirada hacia nuestro pasado asociamos nuestra vida no solo al juego sino también a un entorno amigable, casi idílico. El mundo de afuera, la novela del escritor colombiano Jorge Franco (Medellín, 1962) vuelve la mirada al Medellín de inicio de la década de 1970 en el que podríamos ubicar el punto de partida de la escalada de violencia que viviría esa hermosa ciudad colombiana. Esta historia tiene un estilo que al inicio causa sorpresa, pues tras un comunicado policial en el que se da cuenta del secuestro de un hombre millonario, acto seguido el registro cambia: el autor nos sumerge a un castillo casi de un cuento de hadas, donde todo es mágico y a salvo de la violencia que empieza a instaurarse en ‘el mundo de afuera’. Esta novela resultó ganadora del Premio Alfaguara 2014 y conversamos con su autor, quien acaba de participar en la Feria Internacional del Libro de Lima.

 

Gabriel García Márquez dijo que si hay un escritor al que le gustaría pasarle la antorcha eras tú. A propósito de la muerte de Gabo quería poner esta frase en términos de herencia literaria: ¿cómo es que te ubicas dentro del panorama de la narrativa contemporánea de Colombia?
Pues, hombre, pertenezco a una generación literaria que tuvo un rompimiento con, digamos, esa influencia de la obra de García Márquez, pero de una manera tranquila, natural, sin la necesidad de un parricidio. Fue un cambio que se dio básicamente por una transición generacional porque pertenecíamos a otra época y a otro espacio que es muy importante. La nuestra es una percepción mucho más de ciudad, más ciento por ciento urbana y, en ese sentido, pues también había ya una ruptura con esa literatura previa que permite que este salto se haya dado sin traumatismos. Muchos de nosotros leímos a García Márquez cuando ni siquiera pensábamos en ser escritores -fue mi caso-, lo leíamos con total desprevención, como se lee a un clásico, y pues eso nos permitió tener mucha libertad al momento de decidirnos por la escritura. A nuestra generación no la une ni un estilo literario ni unos temas literarios muy amplios y diversos. Ese sería el elemento común: que no tenemos nada en común.

Y es una mirada distinta a la realidad, siguiendo con lo de García Márquez…
Es una mirada muy diferente, mucho más desde lo urbano. Hay algo que también tal vez es un elemento en común y es cómo que esos grandes temas políticos que trataron los autores del Boom Latinoamericano nosotros no los tocamos, no es que no nos interesen los temas sociales, esos sí siguen incluyéndose en nuestra literatura. Creo que de alguna manera tiene que ver con un desencanto generalizado posterior a la generación de García Márquez hacia las tendencias políticas, hacia las corrientes políticas que fueron muy decepcionantes. Somos una generación que pertenece a un desencanto generalizado.

¿Antes de ser escritor, pensaste en ser cineasta? Estudiaste cine en Londres…
Sí. Siempre sentí una fascinación muy grande por el cine, creo que es el arte de nuestro tiempo por excelencia. Yo quería contar historias a través del cine con esa misma fascinación que sentía desde muy niño, pues veía mucho cine y pertenecía a un cineclub. No tenía muy claro de qué manera podía llegar a hacer eso hasta que tuve la oportunidad de estudiar cine en Inglaterra y buscaba contar historias a través de los guiones, y curiosamente fue así que me vi obligado a escribir mucho: la sinopsis, los argumentos, la descripción del personaje. Me di cuenta de que mientras mejor escribiera todo esto, más poder de seducción y de convocatoria podrían tener las historias que me estaba planteando, y ahí creo que fue ese paso a la escritura creativa, ahí perdí un poco el miedo, es un miedo que no se pierde del todo. Me di cuenta que podía hacer lo mismo a través de la escritura sin estar sometido al frenesí de una filmación.

Pero antes de eso, ¿qué lecturas fueron importantes? Mencionas, por ejemplo, a Juan Rulfo.
Pues mira, esto de lecturas es muy cambiante con los años y la edad. Rulfo fue muy importante porque me mostró una receta literaria que era bastante experimental y que me mostraba los alcances de la escritura y ver que ésta no tiene límites. Y esto lo aprendí sobre todo de Pedro Páramo, que es su libro más importante, aunque también hay otros autores. Juan Carlos Onetti fue también un autor de cabecera, lo leí en casi su totalidad, me gustaba mucho el manejo que él hacía de los personajes, cómo los lleva hasta sus límites y sin piedad los va empujando hasta el abismo. Borges fue también fundamental, así como Cortázar. Pero también William Faulkner ha sido uno de los autores que he tenido siempre en la mesa de noche y también Truman Capote.

¿Y qué es lo que empiezas a escribir primero? ¿Es cuando estás estudiando cine que empiezas a escribir ficción, los cuentos, o ya antes?
Fue cuando comienzo a estudiar cine, pues quería llevar mis historias a cortometrajes y lo que trataba de adaptarlas a los requerimentos del cine, pero muchas veces me dejaba llevar por la imaginación, no podía someterme a los límites que me imponía la escuela: si era una historia para filmar en un espacio cerrado o en uno abierto. Lo que hacía era intentar trabajar estas historias ya como cuentos y fueron historias llenos de vacíos que ni siquiera se publicaron, nunca quise que se publiquen y tampoco sé dónde están.

 

 

MEDELLÍN, TE ODIO Y TE QUIERO

JorgeFrancoPost2Jorge Franco necesita gafas para leer y lo hace saber cuando le pedimos que nos lea un fragmento de su más reciente novela. Lee pausado, como descifrando cada palabra. Hace una pausa y dice “¿y si mejor voy por mis gafas?” Luego lo piensa y decide continuar con la lectura. Estamos en el lobby del hotel donde está hospedado en estos días de feria del libro. Continúa. Arruga un poco sus cejas pobladas y le da una tonada especial a cada palabra y pronuncia con sumo cuidado, casi en alemán perfecto la frase: Isolde, wo bist Du?

Tu relación con Medellín, tu ciudad natal, es de amor y odio. Además ha marcado tu literatura. ¿Es tu ciudad una marca permanente aún cuando vives ahora en Bogotá?
Sí, y he intentado escribir sobre otros lugares, sobre la misma Bogotá, pero me cuesta. Como que me pierdo en la ciudad y me pierdo en la narración. Por el contrario, cuando comienzo a escribir sobre Medellín me siento mucho más cómodo y eso me ha llevado a que persista a tenerla como escenario. Es una relación de amor y odio, pero obviamente es más amor y ese odio viene de la frustración de ver que todavía no se han solucionado problemas que llevan varias décadas.

¿Y crees que seguirá siendo una huella constante?
Hombre, la verdad que no quiero pelear sobre ese tema, pero si tengo una historia que se dé en otro lugar y me sienta cómodo contándola, lo haría.

Hay dos visiones de Medellín sobre un mismo problema: el sicariato. Por un lado estás tú y por otro Fernando Vallejo, con Rosario Tijeras y La virgen de los sicarios, respectivamente. ¿Cómo ves en retrospectiva esta novela tuya que tanto éxito ha tenido?
Creo que Rosario Tijeras sigue siendo una novela muy vigente en la medida de que el narcotráfico, el pandillaje sigue sin resolverse en Medellín y en Colombia. Este es un libro que sigue leyéndose por los jóvenes, se lee mucho en los colegios…y ahora con El mundo de afuera, pues he retomado otra vez este tema de Rosario Tijeras y casi sin proponérmelo se convirtió en un anticipo, como una novela de la víspera…

Como una precuela, para hablar en términos de cine
Exacto, y eso no fue intencional, pero simplemente cuento cómo Medellín fue alguna vez un lugar idílico, tranquilo, donde los niños andaban y jugaban en la calle hasta altas horas de la noche y de pronto sucedió un hecho violento, que fue como el anuncio de que venía algo mucho más fuerte, y efectivamente así sucedió.

Tú has expresado tu admiración con Fernando Vallejo. ¿Qué afinidades a nivel literario has encontrado con él y también diferencias?
Pues, a ver. Compartimos un espacio natural, una geografía que es Medellín, obviamente visto desde puntos de vista muy distintos debido a una diferencia generacional que tenemos y porque cada uno tiene una relación diferente con la ciudad. A veces yo le doy un punto de vista más romántico, él lo cuenta muchas veces desde su vida, su desencanto, desde su punto de vista familiar que es casi autobiográfico. Envidio mucho su prosa, pues brota con una naturalidad que al leerla uno siente que fluye con facilidad. No he tenido la oportunidad de tratarlo mucho, pero es una persona que en lo privado es muy amable y generoso. Las oportunidades que he tenido de verlo y tratado he quedado encantado.

¿Y qué novela te gusta más de Vallejo?
(Piensa) Hay varias. La virgen de los sicarios, por supuesto, El desbarrancadero, pero tal vez hay una que me gusta más sobre las otras y es Los días azules, porque es una de sus primeras novelas y nos muestra a un Vallejo mucho más relajado, hablando de su niñez, de ese Medellín que se asemeja al que cuento en El mundo de afuera.

 

 

EL MUNDO DE AFUERA Y EL DE LA ESCRITURA

JorgeFrancoPost3Estudió Literatura en la Universidad Javeriana de Colombia, luego estudió realización de cine en el London Film School. Su primer libro fue uno de relatos titulado Maldito amor (1996), luego publicaría su famosa novela Rosario Tijeras (1999) que no solo fue llevada al cine sino también a la televisión, y donde también registraría ese sello personal suyo que es indagar sobre el universo femenino. Esta es su cuarta visita a Lima y su tercera visita a la feria del libro.

¿Qué es lo que quisiste hacer con El mundo de afuera? ¿Una alegoría entre dos mundos? Laura Restrepo, jurado del Premio Alfaguara, hablaba de una dualidad: una mezcla entre los hermanos Grimm y los hermanos Cohen.
Hay muchos hechos reales que cuando fui niño me causaron gran impacto. Primero el hecho de ser vecino de un hombre que vivía en un castillo, yo vivía apenas a un par de cuadras de ese lugar que para un niño era una invitación a soñar. Había una serie de mitos en torno a este personaje, que en la novela es don Diego. Y también otro hecho que fue el detonante mayor: el secuestro de este personaje en 1971 y que marcó la historia de Medellín. Era un Medellín idílico, donde no pasaba nada y con ese secuestro sentimos que esa burbuja se había roto. Esa línea narrativa en la novela es mucho más realista y utilizo el tono un poco más orientado al relato infantil cuando cuento cómo era la vida de Isolda, la hija de don Diego, quien se convierte en el núcleo y punto en común que tienen el secuestrador y su víctima.

Este estilo, entre lo fantástico e hiperrealista no está exento del humor y de la descripción de algunos personajes muy pintorescos como Twiggy.
Claro, es que buscaba una alternativa para contar la violencia de esta historia, pues ya había tratado la violencia en otros términos, sobre todo en Rosario Tijeras. Entonces lo hice apoyándome en la ingenuidad de la época, pues recordemos que la novela está narrada en los años 60 y 70, en la época del Peace and Love, del hippsismo. Además los secuestradores son principiantes y la situación empieza a escapárseles de las manos y allí es donde entran estos elementos humorísticos.

Me interesaba también saber la lectura que se hace tu novela en Colombia. Cuando tuve la oportunidad de estar allá por la feria del libro vi una suerte de boom televisivo por las series sobre la época de la violencia en Colombia, los paramilitares… en fin, aun cuando se trata de ficción, una obra se lee a veces como un relato o busca una comparación de lo real.
Pues la lectura es incluso muy diferente en la misma Colombia, porque mientras más cerca esté la historia en donde ocurrió la lectura tiene connotaciones diferentes. Por ejemplo, en Medellín hay todavía muchas generaciones que conocieron esta historia real, entonces algunos la han juzgado de acuerdo a qué tanto se parece la novela a la realidad, lo cual para mí no tiene ningún interés. Siempre he creído que la novela no tiene por qué rendirle cuentas a la realidad, y en ese sentido me tomé todas las licencias literarias para inventar. Curiosamente en Medellín la novela se iba a presentar en ese castillo, que es un lugar que existe y es un centro cultural, y aunque inicialmente nos dijeron que sí, la junta directiva nos dijo que no, pues sostenían que mi novela no le hacía honor a la realidad de los personajes, algo que me parecía totalmente absurdo. En el resto del país digamos que la novela no ha sido relacionada con esas historias recientes de nuestra violencia que se están abordando en la televisión y que se siguen escribiendo y que las creo muy válidas, pues el país tiene derecho a contarse cuáles han sido los errores que ha cometido, dónde han estado las fisuras en el comportamiento de sus ciudadanos, y por eso lo creo válido.

Juan Gabriel Vásquez, compatriota tuyo, en una entrevista para Lee por gusto, decía que él escribe novelas porque hay cosas de la realidad que no entiende. ¿Tú por qué dirías que escribes novelas?
Hombre… (Piensa) Creo que también hay un poco de eso que dice Juan Gabriel, pues comparto esa incomprensión de la realidad, pero también existe el deseo de querer acomodar esa realidad a una realidad propia, a una realidad muy íntima que es el acto de escribir. Cuando era niño tenía esa tendencia a cambiar las historias que veía en el cine o leía en los libros. Por esa realidad que tenía a mi alrededor tenía esa tendencia a cambiarla. Yo aprendo mucho de mis historias, aprendo mucho de la realidad porque son procesos muy lentos que voy analizando con cuidado.

¿Y en El mundo de afuera dirías también que hay en esta mirada hacia atrás un aprendizaje, un sentimiento?
Hay algo muy importante y es un regreso también a una recuperación del mundo de mi infancia. Si bien no puedo recuperarlo con hechos muy precisos debido a mi mala memoria, creo que sí logro captar una atmósfera generalizada de esa época y para mí eso es lo más valioso. Creo que los escritores en algún momento tenemos esa deuda pendiente con la infancia y siempre estamos a la búsqueda de qué historia es la que nos lleva para rescatar esa época.

¿Y ya a estas alturas de tu oficio como escritor, tienes claro por dónde va lo siguiente que seguirás escribiendo o es una incógnita?
No…es una incógnita. Nunca tengo nada claro a la hora de escribir, ni siquiera cuando estoy escribiéndola. Cada día este es un dilema muy fuerte: saber cómo sacar adelante la historia, porque como dije no tengo nada claro. Cuando cuento historias basadas en la realidad estas me sirven de apoyo, pero nada más. A mí me gusta cambiar de temas, cambiar de estilo, experimentar, me gusta hacer de la escritura un camino de búsqueda y eso la vuelve muy impredecible.

¿Qué tipo de escritor aspiras a ser?
¿Qué tipo de escritor? (Piensa) Hombre, me gustaría ser un escritor que se sienta mucho más seguro de lo que hace, mucho más seguro de sus textos, con un poco más de disciplina, de constancia…aunque trato de tenerla me cuesta. Creo que se debe a un miedo que tiene que ver con eso que hablaba de la inseguridad, y quisiera tener más seguridad en lo que hago, ser ese tipo de escritor que se siente más seguro de lo que está escribiendo. Yo siempre estoy lleno de dudas.

 

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE JORGE FRANCO

1. La Carretera, de Cormac McCarthy

2. La luz difícil ,de Tomás González

3. Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

4. El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez

5. Recomiendo las novelas de Haruki Murakami.

 

 

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