Hugo Coya: “Se necesitan periodistas que incursionen en el periodismo narrativo”

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Hugo Coya ha dirigido el diario El Peruano y ha sido director periodístico de América TV. (Foto: Jaime Cabrera)
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Con la pericia de un arqueólogo ha ido descubriendo personajes peruanos que han tenido un papel trascendente en la historia mundial. Primero fue Magdalena Truel y ahora nos presenta una historia sobre la espía francesa de origen peruano llamada Elvira de la Fuente. Les presentamos una entrevista con el periodista Hugo Coya.

 

 

Por Jaime Cabrera Junco
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Hugo Coya acaba de publicar Los secretos de Elvira (Aguilar, 2014), un libro de no ficción que nos presenta la historia de Elvira de la Fuente, una espía de origen peruano que trabajó para el servicio secreto británico y al mismo tiempo para el alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Ya antes nuestro entrevistado se había encontrado con este personaje cuando investigaba para escribir su libro Estación Final, obra que será llevada al cine por una productora de Hollywood y que se centrará en la vida de Magdalena Truel. Para escribir sobre esta mujer espía las pesquisas lo llevaron a Francia e Inglaterra, donde tuvo acceso a los documentos del comité ultrasecreto llamado Doble X, que se encargaba de desinformar al servicio secreto alemán. Además, obtuvo el diario personal de Elvira, quien apuntaba con una minuciosidad de escritora todo lo que le acontecía. El periodista ha reconstruido los episodios más importantes de la vida de esta mujer y a través de un lenguaje claro, y por momentos poético, nos hace pensar que se trata de una novela policial. Sin embargo, Elvira de la Fuente existió y este libro ha puesto al descubierto algo que nunca imaginamos: que una peruana tuviera un papel importante en el giro final de la Segunda Guerra Mundial, pues evitó la invasión nazi a Inglaterra y además los distrajo con información falsa facilitando el desembarco a Normandía, más conocido como el Día D.

En estos días Hugo Coya trabaja en la biografía de Magdalena Truel, la peruana que radicada en Francia ayudó a salvar de los campos de concentración a centenares de judíos. El objetivo es que la productora tenga material suficiente para la película que probablemente se estrenará en 2016 y que entre sus productores tiene a Branko Lugtig, aquel de la cinta La lista de Schindler. “¿Seguirías indagando sobre peruanos que tuvieron un papel relevante en la historia mundial?”, le pregunto. “No quiero dar muchos detalles, pero la investigación en la que vengo trabajando está concentrada en la década del 60 de nuestra historia”, responde.

 Puedes ver y escuchar la entrevista aquí.

La última vez que conversamos me decías que te interesaba contribuir a llenar un vacío, pues no suelen publicarse muchos libros sobre investigaciones periodísticas como sí ocurre en Argentina y Colombia. Tenemos algunas investigaciones como Muerte en el Pentagonito o recientemente un libro sobre la matanza en Uchuraccay, es decir, sobre la historia peruana reciente. Empecemos por allí. ¿Por qué no se trabajan este tipo de libros? ¿Falta de estímulo editorial para hacerlo? Tú mismo no tuviste la idea de publicar Estación final, por ejemplo
El problema capital es que tenemos una industria editorial muy pequeña y lamentablemente un mercado muy pequeño. El periodismo narrativo o literatura de no ficción demanda mucho tiempo, muchos recursos para poder desarrollarse, es decir, requiere de una larga maduración. No estoy diciendo que quienes escriban ficción lo hagan mucho más rápido, pero el periodismo está condicionado a la fuente, a la manera en la que se pueda obtener y contrastar la información. Esto hace muchas veces que los libros demoren muchísimo, y las editoriales, como es lógico en un mercado, necesitan ganar dinero y entonces apuestan poco por estas investigaciones. Además, las propuestas que reciben de los propios periodistas es bastante limitada. Hay otro problema también: los periodistas no hemos sido preparados para utilizar los recursos literarios, pues si bien escribir un libro demanda conocer bien la historia, hay que pensar en enganchar al lector a través de los recursos literarios. En las universidades se nos enseña en que hay que ser objetivos, ir al meollo del asunto y en la inmediatez, lo cual hace que muchas veces el lector no se conecte con la historia.

 

Quizás ocurre esto porque las investigaciones son muy caras. Requiere que uno mismo se financie sus viajes. Tengo entendido que para Estación final fuiste a Auschwitz. Para este nuevo libro viajaste también a Inglaterra y Francia.
Probablemente en Estados Unidos, en Europa te pagan la investigación para tener como resultado un libro, lo cual lamentablemente no ocurre aquí. Por eso el escritor a su propio riesgo, entusiasmo y decisión decide invertir tiempo y dinero en un resultado que no necesariamente va a conducir a la publicación. Quizás para las grandes editoriales el proyecto no resulte atractivo y entonces es mucho más arriesgado cuando hablamos de periodismo narrativo, por eso vemos a muchos periodistas escribiendo en revistas, en algún suplemento de periódico o en blogs.

 

¿En el Perú, qué temas o aspectos a nivel periodístico crees que podrían profundizarse y volverse materia de un libro? En Argentina, por ejemplo, aunque es historiador Felipe Pigna realiza investigaciones sobre la historia de su país haciéndola asequible para todo tipo de público. En Colombia han publicado, incluso, un libro sobre el 5-0 de la selección colombiana a Argentina en las eliminatorias de Estados Unidos 94.
Hay muchísimo temas a explorar. Por ejemplo Un hombre flaco, de Daniel Titinger, donde encontramos una semblanza maravillosamente escrita sobre Julio Ramón Ribeyro. Allí utiliza entrevistas, documentos, memorias y ha conseguido reconstruir la vida de un escritor de manera amena. Hay muchísimos temas en nuestro país que nos pueden permitir realizar una investigación mucho más profunda, pero lamentablemente se necesitan editoriales y escritores que decidan apostar por estas investigaciones. Hay algunos periodistas que han incursionado en la novela y me parece muy bien. No estoy criticándolos, pero creo que se necesitan periodistas que también incursionen en el periodismo narrativo y nos den a los peruanos la posibilidad de leer nuestras propias historias, muchos de los hechos que desconocemos o no han sido tratados en profundidad por la prensa diaria.

 

LosSecretosDeElviraPortada¿Y no será acaso que no hay lectores para este tipo de temas? Por mencionar un dato, en las ferias de libro entre las publicaciones más vendidas figuran los libros de personajes de la farándula.
No necesariamente, yo no coincido con eso. Lógicamente no voy a hablar por mí, pero algunos libros han tenido muy buena repercusión como el de crónicas de Beto Ortiz o este que acaba de publicar Daniel Titinger. No creo que se pueda medir el éxito por quién es el primero o segundo de una feria, donde hay varios factores que influyen en este resultado. Por ejemplo, en la feria Ricardo Palma no hubo libros de alguien de la farándula entre los más vendidos. Ahora, uno puede escribir una gran historia sobre un personaje de la farándula. ¿Por qué no? ¿Por qué tenemos que ser muy serios o conservadores? Creo que si uno es un buen periodista y cultiva la narración puede escribir un gran libro sobre un personaje de la farándula, de hecho que tenemos biografías no autorizadas que son más divertidas porque revelan cosas de gente del espectáculo.

 

¿De qué personaje de la farándula peruana te gustaría que se haga una biografía?
De Laura Bozzo, por ejemplo. Sería muy interesante porque ella trasciende la televisión, representa un contexto, a una época. Tendría que explicarse sus vínculos con el poder, con todo lo que estaba detrás de las pantallas. Ella es un personaje interesante a trabajar pero con una investigación profunda, real, desapasionada que te muestre todo lo que ocurrió cuando ella ejercía ese ‘reinado’ en la televisión peruana.

 

Me comentabas también anteriormente que es imposible vivir de publicar libros, lo cual podría dificultar aun más que un periodista o investigador se meta de lleno a una indagación como la tuya. Este tipo de trabajos supongo lo haces más por un interés personal
Sí, o sea yo no escribo por interés comercial. Escribo porque la historia me interesa, me apasiona y porque quiero transmitir esa pasión hacia el público. Para mí eso es clave. No soy un escritor por encargo, que me pidan que haga algo. Si no me interesa el personaje o el tema, no lo voy a hacer. Invierto mucho más tiempo y dinero del que gano realmente, incluso cuando me dicen que «encontré tu libro pirateado, felicitaciones». Es una sensación doble porque no estoy ganando nada, pero también hay otra cosa más, que una persona que no tiene dinero suficiente está accediendo al libro.

 

Además de la satisfacción personal tu primer libro, Estación final, ha tenido tal éxito que incluso será llevado pronto al cine. Imagino que te sientes muy recompensado por eso. ¿Y la recompensa económica ha sido atractiva?
Más que la parte económica, que no voy a negar con falsa modestia, la pregunta que siempre hago es ¿cuánto vale 5 años de investigación, de malas noches, de contrastar información? ¿Cuánto vale tu tiempo? No hay dinero real que compense esto. No lo veo por ahí, lo veo como un orgullo en el sentido de que la historia de estas personas se conozcan, que trasciendan las fronteras.

 

 

REFLEXIONES SOBRE EL PERIODISMO

 

HugoCoyaLeeporgustoFoto2¿El periodismo peruano está en crisis? ¿Estás de acuerdo con esa frase? La leo constantemente en las columnas de César Hildebrandt y en las redes sociales durante estos días de movilización de los jóvenes contra una ley que fue derogada
Es que hablar de periodismo en general es casi un cliché. Lo vengo escuchando de hace bastante tiempo. ¿Cuándo el periodismo no ha estado en crisis? Crisis es algo transitorio, yo vengo trabajando durante más de 30 años como periodista y desde que comencé siempre me dijeron que el periodismo estaba en crisis. Quizás lo que ocurre ahora es que hay una preminencia de la ‘no noticia’, del periodismo descartable, donde se le da primacía a las noticias de la farándula. Pero tampoco seamos exagerados, en todas partes del mundo hay periodismo de farándula y de la ‘no noticia’. ¿El periodismo por qué tiene que ser siempre serio y dar lecciones de moral? No somos ni moralistas, ni tenemos que ser educadores, ¿quién nos ha dado ese papel? Nosotros no somos dios, no somos las autoridades. Somos un país libre y la libertad se ejerce a través del periodismo. Sí critico cuando se falsea, cuando se tergiversa, cuando se manipula. Pero creo que hablar de crisis porque estamos metidos en las redes sociales.

 

Pero a lo que se hace alusión es al conflicto que hay entre intereses comerciales y la información que se da al público
¿Pero cuándo no lo hubo?

 

Pero las formas se han vuelto más grotescas
De repente ahora es más grotesco, pero ¿dónde trabajan los periodistas? ¿en unas islas? Todos los periodistas trabajan en empresas periodísticas y éstas buscan ganar dinero. Es cuestionable, discutible, todo lo que quieras, pero no nos engañemos. En el caso de la Unión Soviética, ¿no había censura y no había intereses? No estoy cuestionando a alguien como César Hildebrandt que tiene una lucidez extraordinaria, pero todos tenemos derecho a ser felices en este mundo y uno lee las noticias que más le interesan. No nos pueden obligar a ser monocordes. Así como hay jóvenes que ven Esto es guerra, hay jóvenes también que leen y estudian.

 

¿Qué advertencias o pautas le das a tus estudiantes de periodismo teniendo en cuenta el cambio drástico que hay entre lo que se enseña en la universidad y lo que ocurre en realidad?
La cuestión de la ética es un tema grave y del cual no puedo agarrar y abrir mano. Para mí independientemente de que escribas una noticia policial, política, deportiva…la cuestión ética es clave. Es necesario que nuestros jóvenes salgan de la universidad con estos parámetros. No es una contradicción decir que me gusta escribir sobre Esto es guerra…yo detesto este esnobismo de gente que se dice «no veo televisión nacional o solo veo History Channel». Si esto fuera verdad, TV Perú sería líder en audiencia y eso se ve cuando haces una encuesta. Cuando llega a casa después del trabajo quieres ver algo ligero, igual en el cine, y lo mismo ocurre con los libros, hay algunos autores como Paulo Coelho que la gente lee, por eso es importante que el periodista lo sepa, que de repente no vas a hacer grandes análisis y tendrás que escribir correctamente, hacerlo de forma veraz.

 

Y ahora que mencionas la ética, ¿tu salida de América Televisión tuvo que ver con esto?
Hay varias cosas que se dijeron en su momento y que preferí no hablar por muchas razones. Uno, por respeto a mis compañeros que se quedaban y también por los que salían. En ese sentido, soy una persona que cuando no estoy satisfecho con algo, renuncio. No salgo tirando la puerta y pateando el tablero. En ese sentido, la única seguridad que puede tener un periodista a lo largo de su carrera es que más largo o más temprano va a estar desempleado. O sea, definitivamente, y eso se los digo a mis alumnos, cuando los periodistas no estamos de acuerdo con algo tenemos la posibilidad de renunciar. Yo cuestiono a aquellos que dicen «¡No estoy de acuerdo!», pero sigue allí quejándose, aunque es cierto que tienen compromisos familiares, responsabilidades, pero si tienes principios la renuncia es una posibilidad de decir «hasta aquí nomás». Creo que es el mejor mensaje. Entonces hay libertad de contratación y de renuncia.

 

¿Cuál es la mayor satisfacción que te ha dado el periodismo?
La posibilidad de expresarme, de decir aquello que quiero expresar. Creo que eso es lo mejor y lo más importante que he ganado con el periodismo. Escojo lo que quiero decir y decírselo a un público amplio, el que quiera leerme me lee y el que no, no me lee. En realidad creo que es un privilegio que los periodistas tenemos y desaprovechamos. Nosotros tenemos la posibilidad de influir en mucha gente, en la forma de pensar y ver el mundo, y es precisamente eso debemos pensar a la hora que escribimos y reportamos una noticia.

 

 

 

 

CINCO LIBROS FAVORITOS

  1. Un hombre flaco. Retrato de Julio Ramón Ribeyro, de Daniel Titinger.
  2. El anticuario, de Gustavo Faverón.
  3. El relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez.
  4. Balsa de piedra, de José Saramago.
  5. Los mitos de la historia argentina, de Felipe Pigna.

Extra: 1808, de Laurentino Gomes.

 

 

 

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