Finalistas de la II Bienal Vargas Llosa hablan sobre la creación de sus novelas

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    Los finalistas de la edición 2016 de la Bienal Vargas Llosa en el auditorio de la UTEC. (Foto: Agencia Andina)
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    La fecha inaugural de la II Bienal Vargas Llosa reunió a los finalistas del premio de novela que lleva el nombre del Nobel, quienes hablaron sobre el proceso de creación de sus obras.

     

    Por Alberto Rincón Effio

    Antes de que todo empezara, lo único que brilló por varios minutos, sobre el ecran resplandeciente, detrás de seis sillas color verde limón, fueron las fotos de Daniel Mordzinski, inconfundibles, a apenas minutos de inaugurarse la II Bienal Mario Vargas Llosa. Allí estaban Gioconda Belli haciendo pataditas con un balón en medio de un estadio vacío, Juan Gabriel Vásquez de punta en blanco sobre una mesa de billar listo para taquear, Oswaldo Reynoso cogido de una motocicleta, Samanta Schweblin frente a un espejo retratado desde el cielo, Dante Trujillo con anteojos de sol flotando sobre un la acera, Jeremías Gamboa indiferente delante de un autobús limeño abarrotado de gente o el mismo Mario Vargas Llosa entre almohadones y sábanas blancas con la pluma en la mano escribiendo en una libreta. Era Mordzinski y los asistentes, era Mordzinski invisible y los escritores, los mismos retratados que se miraban, sonreían, se pasaban la voz delante de sus fotos.

    El auditorio y salón de conferencias de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC) sirvió de marco para la inauguración de la II Bienal Mario Vargas Llosa que se produjo el lunes alrededor a las 6 de la tarde. El evento contó con la presencia de todo tipo de personalidades ligadas a la literatura, el arte y la cátedra universitaria, también de alumnos, periodistas, familiares y amigos de los invitados que acudieron y casi llenaron el moderno espacio. El evento abrió fuegos con las palabras del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien a través de un video felicitó y agradeció a los organizadores por el gran esfuerzo deconcretar la II bienal que lleva su nombre. También resaltó los trabajos de los participantes y a los cinco finalistas y puntualizó que “ojalá el premio sea un impulso para la difusión del libro ganador, no solo del escritor”.

    Luego, tocó el turno de los organizadores. Eduardo Hochschild, presidente del Consejo Directivo de la UTEC, destacó el honor de tener esta clase de eventos e invitados en su universidad. Además, agradeció la oportunidad de utilizar sus claustros para la inauguración yvarias de sus conferenciasy resaltó el parecido “muchas veces imperceptible entre ingenieros y escritores: ambos queremos modificar la realidad”. Luego de esto, el escritor y director de la Cátedra Mario Vargas Llosa, Juan Jesús Armas Marcelo, resaltó los trabajos presentados por los cientos de escritores de los cuales quedaron solo cinco finalistas y el esfuerzo del jurado y de las organizaciones detrás del evento. Como es habitual en Armas Marcelo, el escritor español se despachó con algunas bromas. Primero felicitó a Pilar Reyes, editora de Alfaguara, por su onomástico, luego puntualizó su conformidad con la opinión de Patricia Llosa –asistente también a la inauguración junto a Morgana Vargas Llosa– quien le comentó antes del evento que esa espera del veredicto hasta el jueves le parecía un martirio para los cinco finalistas y, finalmente, confesó que “el único lugar donde se desarrollan libremente los escritores y dejan atrás su pudor, es en los bares”.

    Luego de esta introducción que distendió los ánimos, ingresaron entre aplausos los 5 finalistas de la II Bienal Mario Vargas Llosa al estrado principal de la sala de la UTEC. Los escritores Carlos Franz (Chile), Juan Gabriel Vásquez (Colombia), Héctor Aguilar (México), Renato Cisneros (Perú), y Rita Indiana (República Dominicana), en ese orden, fueron presentados, tomaron asiento y luego de ser felicitadosfueron interpelados por el escritor colombiano Carlos Granés, en una conversación que duró alrededor de dos horas. En esta charla, se trató de ahondar en el proceso de creación, investigación y escritura de sus respectivas novelas, así como en los efectos que ha producido cada una luego de publicadas en sus respectivos países y públicos.

     

    LOS FINALISTAS A VIVA VOZ

    Cabe resaltar 3 exposiciones. La de Juan Gabriel Vásquez, Héctor Aguilar y Renato Cisneros.

    El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, finalista con la novela Las formas de las ruinas (Alfaguara), contó los singulares –por decir lo menos– pormenores de la escritura de su novela. Un extraño, quien conocía su interés por los asesinatos de Jorge Eliecer Gaitán y Rafael Uribe Uribe, lo invitó a su casa a presenciar lo que sería el detonante de su historia: una vértebra de Gaitán perforada por una bala y un pedazo del cráneo de Uribe, que guardaba como tesoro y quería sacar a la luz. Este suceso solo lo impactó, en un principio, pero cuando lo relacionó al reciente nacimiento de sus hijas, a quienes “había tocado esos mismos días, con las mismas manos”, lo hizo interrogarse en qué relación tendrá el futuro de mis hijas con el asesinato de estos dos personajes. De allí nace la novela de Vásquez, la cual, cuenta con un protagonista que el escritor lo hace pasar como sí mismo, es decir, en una especie de autoficción. Cabe resaltar que es la segunda vez que Vásquez queda finalista, en 2014, con su novela Las reputaciones tuvo la misma suerte.

    El escritor e historiador mexicano Héctor Aguilar Camín, finalista con la novela Adiós a los padres, contó por su parte que su novela la quiso escribir cuando tenía 17 años –ahora tiene 69– pero no pudo. Esta es la historia real de sus padres que nace a partir de un hecho cruel: el enfrentamiento y rompimiento de su padre y su abuelo. Aquel, despojado de una propiedad familiar por su propio padre, comienza una debacle íntima que termina destruyendo su familia, su propia persona, cayendo en el alcohol y el posterior divorcio de su madre. A la vez, un desastre natural sería el punto final a este desmoronamiento: un inmenso huracán arrasa el pueblo donde viven. Aguilar –algo conmovido y contándolo casi como si fuese un hecho reciente– revela que “este libro no tiene nada de ficción”. Cuenta también que solo fue posible escribirlo como novelista pero que el trabajo detrás de la investigación y el andamiaje de relatos la hizo como historiador. “Esto es lo único que quería escribir en mi vida”, concluyó.

    Por su parte, el periodista y escritor peruano, Renato Cisneros, finalista con la novela La distancia que nos separa, contó algunos pormenores inéditos de la escritura de su novela. Además de ser una novela que le costó muchos años escribir, cuenta que la familia se dividió a partir de este hecho entre los que aceptaron su decisión de relatar los pormenores de la biografía del Gaucho Cisneros –protagonista de la novela y padre del novelista– y los que lo tomaron a mal y han roto palitos con el escritor. Sin embargo, Cisneros resaltó que “si el precio por contar esta historia es haberme peleado con algunas personas, lo volvería a hacer”. Nombró algunos libros que leyó para empaparse del popular tema de escribir sobre el padre, entre ellos El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince y El pez en el agua de Mario Vargas Llosa. Interpelado sobre cuándo descubre el momento para empezar a escribir esta novela, Cisneros contó que al día siguiente del funeral de su padre, cuando abrió los periódicos, encontró una nota que relataba los pormenores del entierro en una pequeña cita donde aparecía su nombre y se dijo: “Tuvo que morirse para que yo, por fin, saliera a la luz”. La distancia que nos separa fue el libro más vendido de la última Feria Internacional del libro de Lima en 2015 y es, sin duda, el último acontecimiento literario del país, por lo tanto, una de las novelas favoritas para ganar este importante premio.

     

     

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