Fernando Ampuero: “El cuento tiene un efecto más perdurable que la novela”

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Entrevistamos a este escritor y periodista, que acaba de presentar Antología personal (Punto de lectura), una selección conformada en su mayoría por sus cuentos, a los que se han sumado sus artículos periodísticos y algunos de sus poemas -“un pecado tardío”, dice sobre estos últimos-. En esencia, nos dice, se considera un cuentista. Veamos por qué.


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Fernando Ampuero (Lima, 1949) es un escritor que ha hecho del lenguaje sencillo y directo una bandera. Lo notamos en cuentos entrañables como Malos modales, Taxi driver sin Robert De Niro y Bicho raro; y en sus novelas Caramelo verde, Puta linda o El peruano imperfecto. En su prosa no hay afectación ni barroquismos, hay historias. En unas, narrador y autor se fusionan; en otras los personajes tienen su origen en los marginales de esta ciudad: el cambista de dólares involucrado con el narcotráfico, el taxista que adormece y ‘vende’ a sus pasajeros, y la prostituta orgullosa de su oficio. Al ingresar en su casa de Miraflores, el escritor, de un metro noventa de estatura, me recibe con una amabilidad que no conjuga con la mala fama que le han hecho. Se le nota relajado y dice que ahora tiene mucho más tiempo para escribir y que en el colmo de la buena suerte vive muy cerca de las oficinas de Cosas Hombre, la revista que actualmente dirige. Empezamos la conversación.


El responsable de su pasión inicial por la lectura fue su abuelo. Él le leía historias de aventuras hasta que un día le contó un relato a medias y le dijo que si quería saber qué seguía tenía que ir a buscar el libro en la biblioteca 
Sí, en efecto. Era una época muy diferente a esta y no había televisión. Estábamos a fines de la década de 1950 y yo tenía unos nueve o diez años. Gracias a mi abuelo, que me hizo esta ‘trampa’, empezó mi afición y voracidad por la lectura. Luego me repitió este truco hasta que me dio un libro y me pidió que se lo leyera. Se lo leí e iba modificando el relato, y por primera vez fui inventando una historia a la medida y gusto de mi abuelo. Además había otro factor, y es que a los 8 o 9 años veía que en mi casa a partir de la tarde todos estaban leyendo en distintos ambientes. Mis abuelos, mi madre, mi hermano mayor leían, entonces para mí este silencio era muy misterioso y me dio mucha curiosidad. Cuando mi abuelo me empezó a contar estas historias es cuando se completa el círculo. 

¿Y de dónde le vino el impulso de querer escribir?
Vino de muchas cosas. Yo no supe tan temprano que quería ser un escritor, no me di cuenta de eso con claridad. Aunque a los 12 o 13 años era un lector de uno o dos libros por semana, lo que en realidad quería ser era torero. Iba a los toros con mi abuelo, con mis tíos y mi hermano mayor y me fascinaba ese mundo, la cercanía del peligro. Mi drama, mi gran frustración, fue que empecé a crecer y me convertí en un muchacho muy alto, de un metro noventa, y eso no funciona para el mundo de los toros. Porque si eres muy alto el toro se ve como un pericote y no transmite sensación de peligro. Después de esta frustración me puse a escribir un cuento sobre un torero, sobre el torero que no pude ser. El cuento fue muy malo y lo rompí.

Aunque ha publicado algunas novelas dice que se considera esencialmente un cuentista, ¿por qué?
El cuento fue el género que más me fascinó.  Primero, porque me parece muy difícil, requiere de una capacidad de síntesis bastante particular. Segundo, porque son historias que comienzan y terminan y tienen un efecto en la memoria más perdurable, uno se queda con la idea del cuento. En la novela es más complejo, el escritor necesita 200 o 300 páginas para persuadir al lector sobre una realidad. En el cuento se necesitan 10, 15 o 20 páginas y a veces menos. Pienso que el cuento es un género cautivador, hechizante, para mí el mayor de los géneros literarios.

¿Pero primero escribió poesía?
Todos escriben poesía a los 15 años. No la guardé, consideré que no era lo que yo quería expresar. A los 19 años había publicado mi primer libro de cuentos (Paren el mundo que acá me bajo), que era casi como un catálogo de las diferentes técnicas literarias que había ido aprendiendo a través de mis lecturas. Pero no encontraba todavía mi voz narrativa.

¿Cuándo encontró esa voz?
Con Malos Modales (1994) ya está mi voz narrativa. A diferencia de la poesía, uno puede ser un poeta redondo a los 20 años, en la narrativa necesitas pelear más con el lenguaje para poder expresar correctamente todas las emociones y situaciones que quieres expresar.

En algunos de sus cuentos se percibe cierta influencia de Ribeyro, ¿esto fue así?
Sí, por supuesto, pero también de muchos otros. Ribeyro me interesó muchísimo porque era un autor que admiré siempre y era muy amigo mío. Es un escritor de un lenguaje claro, transparente que sale de frente a contar historias. Tengo varios padres literarios como Chejov, Borges, Maupassant y de estos uno va haciendo una gran mezcolanza y sin darte cuenta en algún momento va apareciendo tu propia voz expresiva, vas definiendo tu autonomía expresiva.

Comentó una vez en una entrevista que le interesa más la literatura de la infelicidad porque la felicidad no tiene historia. ¿La infelicidad produce mejores historias?
La felicidad no tiene historia, pero sí tiene muchas ventas. Tenemos autores como Paulo Coelho que venden la felicidad y vende mucho. La infelicidad vende menos, pero tiene más calidad literaria.



FICCIÓN, REALIDAD Y LITERATURA PERUANA

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Fernando Ampuero cursó tres años  de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Católica. Al mismo tiempo estuvo en el Club de Teatro que dirigía Reynaldo D’Amore, que por entonces quedaba en el sótano del cine Le Paris, de la avenida Colmena. Quería ser actor y director de teatro. A los 19 años  empezó una vida de trotamundos: vivió un tiempo en la isla Galápagos, viajó de mochilero a varios países de Sudamérica, y en 1975  ganó una beca para estudiar Literatura en Budapest (Hungría). Aunque no pudo ser torero, de alguna forma lo ha sido, pues ha toreado varias veces a la muerte. La primera fue durante un viaje que hizo a Tierra del Fuego: un bloque enorme de un témpano de hielo cayó encima del barco en el que iba. La segunda, fue a fines de los 90 cuando le diagnosticaron un cáncer en los ganglios del estómago. Lo habían desahuciado y organizó una extraña fiesta de ‘despedida’ en la que alegría y tristeza se
mezclaban. Ampuero toreó al cáncer luego de un tratamiento y ahora, al verlo, no nos imaginamos que haya estado tan cerca de la muerte. 


Cuando intentaban definir algunas de sus novelas, como Caramelo verde, usted decía que más que novela negra eran novelas realistas
Caramelo verde reflejaba una realidad -de la época del primer gobierno de Alan García-, por eso decía que la realidad del Perú es una novela negra. Yo hacía una novela realista y que encaja dentro de los moldes de la novela negra. Ahora nos hemos dado cuenta que la novela negra es el género más representativo de todas las sociedades contemporáneas. Los grandes libros son de novela negra. Stieg Larsson ha sacado una trilogía extraordinaria con este personaje maravilloso de Lisbeth Salander, que nos muestra una Suecia que no conocíamos, que ni siquiera imaginábamos. Yo pensé que ese país era el paraíso de los buenos modales y de la ética, pero también hay corrupción como en todas partes.

¿Cómo así decide incorporar el elemento autobiográfico en novelas como El enano y El peruano imperfecto?
Bueno, porque es un modo de autocriticarme. Yo lo que pretendo, a veces involuntariamente, es contar historias de amor. Caramelo verde, Puta linda, Hasta que me orinen los perros e incluso El peruano imperfecto son historias de un amor apasionado aunque cada novela tiene su contexto.

Aunque sus detractores digan que lo autobiográfico sea más para vanagloriarse
Bueno, sí pues..aunque son personajes, tienen algo de mí, pongo cosas , lo hago ambiguo. No es Fernando Ampuero sino Pedro José de Arancibia (protagonista de El peruano imperfecto).

Pero en El enano ya no hay un alter ego, está usted…
El enano es una crónica novelada, donde cuento con bastante sentido del humor -según me dicen- la historia de la relación de dos periodistas de una determinada época. Hay una fractura por las actitudes y el temperamento de este personaje que ataca inmisericordemente a muchas personas, algunas con razón, otras no. Esta es la causa por las que este señor (se refiere a César Hildebrandt) empezó a atacarme cuando me separé de él para tener un programa  de televisión propio. Siempre le contesté con pequeñas bromas pero estas lo irritaban más. Hasta que un día decidí contestarle y escribir este librito. Me encontraba con gente que me decía “qué bien lo que has hecho”. Empecé a vindicar a una cantidad de personas que había sido abusada, avasallada por ese tipo de periodismo malsano, porque no digo que (Hildebrandt) no sea un hombre talentoso, lo era, pero se fue malogrando y enrareciendo.

¿Era talentoso? ¿Ya no lo es? 
Ya no lo es. Lo veo cada vez peor y ahora está prácticamente en el olvido afortunadamente.

¿Y no fue un exceso contestarle a través de un libro? Porque si no imagínese cuántos tuvieran que dedicarle libros a personas con las que han tenido diferencias 
Es cierto, pero él había sacado 30 o 40 artículos que bien podrían haber hecho un libro con las tonterías que me dedicaba. Yo nunca le respondía, pero un verano estuve inspirado y me dije “voy a contestarle”. Puede ser que haya sido un exceso, pero la verdad es que me empecé a divertir a medida que escribía el libro. Me dijeron que debía sacar una segunda parte porque el comportamiento de este periodista fue infame en el caso de Fernando Zevallos o Bavaria o en el caso de los Petroaudios. Sin embargo, no valía la pena escribir otro libro.

Pero ese no ha sido el único conflicto que ha tenido usted, porque también se sumó a esa polémica entre andinos y criollos…
Una polémica que fue muy triste que empezó en el congreso de escritores peruanos en Madrid. Fuimos invitados un grupo de escritores peruanos no limeños o andinos, pues el Perú es un país pluricultural. Hubo una cantidad de escritores que se sintieron ofendidos porque en los medios de comunicación aparecían más los escritores limeños que los andinos. Pero no era culpa nuestra. Decían que nosotros éramos unos mafiosos que controlábamos la prensa lo cual era absurdo. Yo trabajaba en un periódico, eso es ridículo, lo que querían es que los reflectores cayeran sobre ellos. Ahora, en el fondo de esto hay algo de verdad. Así como este país no hay una distribución equitativa de la riqueza tampoco hay una distribución equitativa de la fama. Pero eso no lo pueden controlar los escritores limeños. Todo esto sirvió para que mucha gente que antes estaba criticando y despotricando de las grandes editoriales trasnacionales tuvieran reflectores y sirvió para que ellos publiquen en esas editoriales.

Como Miguel Gutiérrez, por ejemplo, de quien dijo usted que era un escritor sobrevalorado
Bueno, mira esos fueron los momentos de fastidio y encono por las barbaridades que nos decían. Es probable que nos hayamos excedido al criticarnos mutuamente. Yo creo que (Gutiérrez) es un buen escritor y que ahora está editado en una editorial que lo difunde mejor, como otros escritores. Yo creo que todos debemos hermanarnos. Hace poco en la Feria del Libro de Huancayo encontré a un escritor huancaíno estupendo llamado Ulises Rodríguez. Creo que lo que hay que hacer es un trabajo de complicidad para poder juntos trabajar y crecer. El mejor ejemplo de este auge, que se ha dado gracias a esta hermandad, es el de la gastronomía.

¿Y qué escritor cree que no es valorado como se merece?
Hay muchos que merecerían un mejor tratamiento. Pienso que Eleodoro Vargas Vicuña que logró un lenguaje incluso antes que Juan Rulfo, tenía un lenguaje extraordinario del quechua con el español que a mí me maravilló. Sus cuentos Ñahuín o Taita Cristo eran estupendos, y este escritor debería estar en una ubicación mejor dentro de la literatura peruana.

¿Hay un escritor peruano que admire?
Admiro a Vargas Losa, que es un escritor extraordinario. Admiro a Abraham Valdelomar, que para mí es el fundador del cuento moderno, a Alfredo Bryce Echenique. A otro escritor que admiraba de niño era Ricardo Palma, que es un poco ninguneado por cuestiones políticas, pero es un escritor talentosísimo y allí ya está el sentido del humor limeño reflejado.

¿Está de acuerdo con las afirmaciones de Mario Vargas Llosa en su ensayo La civilización del espec
táculo
?
Sí, muchas de las ideas que vierte en ese ensayo son muy acertadas. La banalización de la cultura lo revela gran parte de la prensa nacional donde las secciones culturales prácticamente han desaparecido. 

¿Por qué no hemos podido tener revistas cultuales con más continuidad, como la revista Ñ de Argentina por mencionar una?
Porque aquí los propietarios de los medios consideran que la cultura no vende, lo cual es un absurdo. Además, deben enterarse que somos una ciudad de 9 millones de habitantes, que la gente va a las galerías, y que las entradas al teatro se agotan. Hay un fenómeno cultural, pero no lo quieren atender. Hay actividades que se llenan de gente. Además, creo que es muy estimulante para el público joven fomentar el libro, más aun si tienes un medio escrito. Si haces que la gente lea también van a leer tu periódico. El Internet y la televisión deben ser un complemento de la lectura. 


CINCO LIBROS RECOMENDADOS POR FERNANDO AMPUERO

Escuche aquí directamente al autor dándonos sus recomendaciones.

1. Rojo y negro, de Stendhal.

2. El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.

3. Ficciones y El Aleph, de Jorge Luis Borges.

4. Cuentos de Raymond Carver.

5. Los cuentos y la novela Desayuno en Tifanny’s, de Truman Capote.
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