Evelio Rosero: “Una novela requiere tanto imaginación como investigación”

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Rosero participó en la reciente edición de la Feria del Libro Ricardo Palma. (Foto: Jaime Cabrera)
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Conversamos con el escritor colombiano Evelio Rosero, ganador del Premio Tusquets 2006 con una estupenda novela llamada «Los ejércitos».

 

Por Jaime Cabrera Junco
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“¿Es familiar de Segundo Rosero?”, me preguntó un amigo al comentarle sobre el personaje al que acababa de entrevistar. No lo culpo, pues este escritor mantiene un perfil bajo y apenas un premio internacional lo hizo conocido en su país, Colombia. “Mis libros son los que tienen que mostrarse, yo no”. Eso ha dicho Evelio Rosero, nacido en Bogotá, en el año 1958, pero cuya niñez transcurrió en la ciudad sureña de Pasto. Es autor de una magnífica novela titulada Los ejércitos, la cual precisamente obtuvo el Premio Tusquets en 2006 y que ha sido traducida a una decena de idiomas y cuya lectura nos recuerda un tanto a Juan Rulfo como a Gabriel García Márquez. Antes de novelas había escrito cuentos, teatro y ensayo. Y anteriormente a ello, poesía, género al que considera “un amor no consumado”. Estuvo a fines del año pasado en Lima, donde pudo conversar de su obra y sus ideas como escritor. Frente ancha, cabellera entrecana y camisa a cuadros y jeans azules, Rosero no es la persona huraña o parca que podría indicar su decisión de aparecer lo menos posible.  Se muestra amable y no evade ninguna pregunta. Tiene paciencia y buen talante. No pregunta cuánto tiempo nos va a tomar la charla.

En sus comienzos, cuenta, le interesó el género fantástico. Tiene algunos relatos con esta impronta, pero simultáneamente le interesaba una literatura realista, aquella que está vinculada a la violencia que golpeó a su país. En 2014 obtuvo el Premio Nacional de Novela en Colombia por La carroza de Bolívar, una novela histórica en la que desmitifica al Libertador, mostrándolo víctima de sus excesos y equivocaciones. La novela generó controversia y los bolivarianos le saltaron encima. “El escritor es, sobre todo, un rebelde”, dice Rosero, quien sostiene que el oficio de escritor implica un tratamiento formal determinado, serio, perseverante y no solo un fin de índole comercial.

 

Hay una suerte de postura tuya de no aparecer mucho en los medios, de no tener columnas de opinión en los periódicos, de no dictar talleres, en suma de prácticamente ser un escritor concentrado solo en su oficio. ¿A qué se debe esto?
Bueno, soy plenamente consciente de que el trabajo literario exige todo el día, la mañana, la tarde y la noche, por lo menos en lo que a mí respecta. Por eso digo que admiro al escritor que aparte de escribir sus obras es catedrático o es periodista. Prefiero dedicar mi tiempo por completo a la literatura. No creo que el papel primordial del escritor sea participar en cocteles o conceder entrevistas sino esforzarse en lo posible en su propia obra, en lograr cada vez lo mejor de sí para entregar en la literatura.

¿Lo tuyo podría decirse, entonces, que es una vida consagrada a la literatura?
Sí, pero eso es lo mismo que consagrarse a la vida, a la contemplación de lo que uno tiene como realidad inmediata: su país, sus hermanos, su familia. Ahondar en eso y, por supuesto, en la investigación que demanda cualquier novela. Una novela es un mundo y requiere no solo de la imaginación sino de la investigación y buscar en todo lo posible las causas de un argumento, de una inquietud literaria que terminan convertidas en libro.

EvelioVertical¿Y se puede vivir así, Evelio? En tu experiencia europea pasaste mucha necesidad y tuviste que tocar la flauta en las estaciones de metro
Siempre las tuve hasta que luego de ganar el Premio Tusquets empezó a recogerse de nuevo mi obra, la publicada anteriormente se reeditó. Las traducciones me han permitido sobrevivir de mi trabajo literario, pero siempre fue difícil. Lo único importante es que yo hacía lo que quería que era escribir.

Dices que la escritura es una suerte de rebelión y que uno no está de acuerdo con lo que le rodea. ¿Cómo llegas a esta afirmación?
En mi caso es así, la escritura es una rebelión. Yo siento que de manera inconsciente estoy cuestionando determinados aspectos ya sea de la vida social de la realidad de un país como el mío, todos esos factores violentos que han caracterizado la historia de Colombia desde hace poco más de 50 años -el conflicto de la guerrilla, los paramilitares, el Gobierno-, han sido determinantes en mi trabajo literario, como lo ha sido en la obra de muchos escritores colombianos. En el mismo García Márquez esta presencia de la violencia es idéntica a la que asoma en mi obra y en la de otros escritores. Esa conciencia de la realidad es fundamental en la obra de un escritor que pretende ser testigo de su tiempo.

¿Y hasta qué punto los recuerdos de tu niñez han sido importantes? Sueles hacer mención de tus años en Nariño que de alguna forma evocas en tus obras
Así es. La infancia es determinante en la vida de cualquier artista. En mi caso esos pueblos que aparecen en distintas novelas, esas regiones humanas, los campesinos en el sur de Colombia. Yo soy de Pasto, capital de Nariño, un departamento en el extremo sur de Colombia. Esto ha definido la semblanza humana de mis personajes y también la geografía de mis novelas.

 

 

***

“A los 13 años tuve la suerte de leer a Homero y Cervantes porque me atraparon los clásicos de la literatura juvenil: London, Poe, Conan Doyle, Stevenson, Defoe. Los clásicos rusos son de mi adolescencia, y sin duda remecieron para siempre como Flaubert y Kafka”, así recuerda su precocidad como lector Evelio Rosero. Además, afirma que desde niño tenía clara su vocación de escritor. “Alguna tarde descubrí maravillado que yo también quería escribir libros como los que leía”, anota. Tanto así que cuando tenía unos 9 o 10 años escribió un cuento inspirado en el Robinson Crusoe, donde el personaje principal es una niña de la que estaba enamorado.

 

losejercirtosEvelio¿A qué atribuyes la universalidad de tu novela Los ejércitos que se ha traducido a doce idiomas?
Afortunadamente para mí, en mi experiencia de encontrarme con los lectores de diferentes países, he visto que el personaje del profesor Ismael Pazos universaliza ciertas realidades de diferentes culturas, no solamente en la violencia en sí sino la incertidumbre humana de un desarmado, de un civil, que de un momento a otro pierde a su mujer, y este dolor es común a todos los seres humanos, lo mismo que la alegría y la sensualidad, todas ellas patentes en la novela. Sus traducciones, el interés que ha despertado, ha permitido que se recuperen muchas de mis obras que habían pasado desapercibidas mucho antes de Los ejércitos y que ahora están de nuevo en librerías y que se han traducido a otros idiomas.

Además del personaje Ismael Pazos, el lenguaje es un atributo de la novela.
Es verdad, el tratamiento formal es algo que a mí me preocupa mucho, el estilo. Escribo y reescribo varias veces la misma página. Me preocupa mucho el sonido de las palabras. Esto es seguramente una de las características de mi obra sin que esto determine la calidad o no de la misma novela. Me preocupa el estilo, soy estilista, creo que con el trabajo exhaustivo de las palabras aparecen también nuevas posibilidades de argumentos, nuevos ámbitos, hay personajes que se imponen de pronto más que los protagónicos, esto me enriquece como autor, me hace llegar a derroteros distintos a los que tenía programados y que me parece definitivo porque no estoy trabajando bajo fórmulas específicas sino también llevado de cierta intuición que es la que determina finalmente el ensamblaje de una novela.

Los inicios tuyos han sido difíciles. En París y Barcelona, pasaste algunas penurias hasta que quedaste finalista del Premio Herralde con Juliana los mira…
Yo creo que los concursos son importantes, entre más haya tanto mejor, sobre todo para los escritores jóvenes, a quienes siempre les digo que deben evitar escribir para ganar un concurso. Yo terminé mis novelas, pero no tenía un editor interesado en mi obra, entonces tenía que participar en concursos, los cuales me ayudaron a superar las dificultades económicas. Tuve suerte, aunque participé en muchos en los que ni siquiera quedé como finalista. Gané concursos importantes que me permitieron continuar con mi trabajo.

Dices que escribir para ti es un sufrimiento, que te cuesta escribir cada palabra. Explícanos esto, por favor.
Italo Calvino establecía una diferencia, hay un escritor -decía él- que sufre porque se preocupa por cada palabra, que avanza palabra por palabra; y hay un escritor distinto que trabaja en bloque, capítulo por capítulo y que a veces tiene buenos resultados, y que este escritor no sufre tanto como el primero que depende del sonido de la palabra, que lee en voz alta para pescar determinados acentos o no acentos, o cacofonías…este tipo de escritor soy yo, y sí sufro, pero finalmente es mi trabajo y mi entendimiento con el mundo. También hay alegría, me río escribiendo, no todo es un padecimiento.

¿Y cómo has ido definiendo tu estilo? ¿Hay algún autor u obra en especial que fue un punto de partida para encontrar tu manera de escribir
Son varios escritores los que me han servido de ejemplo. Siempre he hablado de los escritores rusos del siglo XIX, a quienes admiro y releo con frecuencia y de quienes aprendo, no solo humanamente a través de sus historias sino también a nivel de técnica narrativa. De allí proviene mi prosa, de la narrativa rusa del XIX, ese siglo es muy parecido económicamente y socialmente con sus conflictos y todo a lo que estamos viviendo ahora en Latinoamérica. Seguramente por eso encuentro tanta empatía con esos autores, pero he evolucionado. Juliana los mira pecaba de muchos adjetivos, de muchas reiteraciones y lugares comunes que ahora trato de evitar. Por eso digo que uno va cambiando a medida que van apareciendo las diferentes obras. Ahora procuro ser más escueto, ser más directo, sin descuidar nunca la presencia de la poesía.

¿Qué es lo que te impulsa a escribir? ¿Tienes alguna respuesta a esto?
Hablábamos hace un rato de la rebeldía, de cierta compulsión humana interna acerca de algo que me ha sucedido o algo de lo que me enteré, o incluso un pasaje de una novela de algún autor equis siento que puede ser un detonante para escribir un cuento o que alimente a algún personaje. La historia de la literatura está signada por eso, unos autores determinan a otros, todo es una secuencia del pensamiento a través del arte de la palabra.

¿Cuáles son los vicios o errores que comete un escritor?
Creo que empieza a cometerlos cuando depende de la opinión de los demás, cuando se preocupa por el qué dirán, cuando escribe para el negocio literario, para la comercialización de libros, para lograr una gran venta. Eso para mí puede destruir un trabajo legítimo, un trabajo honesto de un escritor.

 

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE EVELIO ROSERO

  1. Crimen y castigo, de Fedor Dostoievski.
  2. Las novelas de Franz Kafka.
  3. El llano en llamas, de Juan Rulfo.
  4. Robinson Crusoe, de Daniel Defoe.
  5. El Quijote, de Miguel de Cervantes.

 

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