Estuardo Núñez, la pluma y la memoria

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La vida de Estuardo Núñez Hague estuvo dedicada a rescatar la memoria cultural del Perú, y como herencia nos ha dejado sus estudios sobre la poética de José María Eguren y sobre Ricardo Palma. Presentamos una semblanza hecha por su hijo Rodrigo Núñez Carvallo, quien resume la biografía y obra de este gran intelectual que falleciera a una semana de cumplir 105 años.

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El autor de esta nota con su padre, el historiador Estuardo Núñez, fallecido el pasado 29 de agosto.

 

Por Rodrigo Núñez Carvallo*

Estuardo Núñez cultiva desde niño un amor precoz por la lectura. Aprende a leer solo en la antigua underwood de su padre y desde entonces pide libros. Sus predilectos son adaptaciones infantiles de la editorial española Calleja. Tras sus años escolares en el Colegio Alemán, donde tiene como compañeros de carpeta a Martín Adán, Xavier Abril y Emilio Adolfo Westphalen, sigue leyendo. En 1927 ingresa en San Marcos y paralelamente participa en la edición de la revista Amauta, al lado de José Carlos Mariátegui. A comienzos de los veinte, luego de la caída de Leguía, lidera con Tomas Escajadillo y Mario Samamé Boggio el movimiento de reforma universitaria que es sobre todo un grito de renovación intelectual. Los ecos de la reforma de Córdoba ya son lejanos y las fuerzas conservadoras han recapturado San Marcos, a la que consideran su latifundio ideológico.

En 1930 los estudiantes toman la Casona durante diez días y logran elegir como rector a un hombre de ideas avanzadas: José Antonio Encinas, educador puneño que allá por 1909 ha creado una escuela revolucionaria a orillas del Titicaca. Riva Agüero, mortificado porque su candidato Víctor Andrés Belaunde ha sido derrotado, renuncia a su alma mater. Nueva sangre irriga la universidad. Los jóvenes de la generación del centenario son ahora catedráticos: Raúl Porras, Jorge Basadre, Jorge Guillermo Leguía y Luis Alberto Sánchez aportan ideas frescas. Pero la primavera académica no dura mucho tiempo. Sánchez Cerro se encarama en el poder y le sirve la mesa al viejo civilismo. La universidad es clausurada en 1932 y los dirigentes estudiantiles, entre los que se encuentra Núñez, son expulsados bajo la acusación de comunistas. Comenzará para el muchacho un largo exilio intelectual.

Entiende que trasladarse a la Católica constituye un acto de claudicación y decide continuar los estudios de Derecho por su cuenta, y rendir sus exámenes en San Agustín de Arequipa. Cuenta con el apoyo de un rebelde mistiano, su gran amigo Javier de Belaunde, fallecido también a los 105 años en junio pasado (y con quien mantenía hasta hace poco tiempo largas conversaciones telefónicas). En 1933 otro obstáculo se interpone en su camino. Pierde su trabajo de amanuense en la Cancillería. El inveterado José de la Riva Agüero es nombrado primer ministro por el dictador Sánchez Cerro y al revisar la nómina de empleados de Torre Tagle pide la destitución inmediata del antiguo dirigente estudiantil. Son años difíciles pero Núñez no desmaya en su voluntad ni abdica de su vocación. Acaba de publicar su primer libro, La poesía de Eguren (1932), donde a partir del simbolismo de los colores elabora una vasta y novedosa interpretación de la obra egureniana. El anciano poeta de tono menor pasa a convertirse en fundador de la poesía moderna en el Perú.

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El ostracismo se prolonga. Estuardo se dedica a enseñar historia y literatura en los colegios Alfonso Ugarte y San Andrés y se recibe de abogado. Pese al poco tiempo libre no se aleja de las bibliotecas ni de la investigación. Frecuenta las viejas colecciones de la Biblioteca Nacional, en busca de bibliografía de viajeros, inquietud compartida con el historiador Raúl Porras, y sigue metódicamente sus muchos proyectos literarios con el tesón de una hormiga. De vuelta a casa se encierra en su despacho a escribir hasta altas horas de la madrugada. Es constante, disciplinado y acucioso. La férrea educación germánica ha implantado sólidos principios pero no ha ahogado su sensibilidad. Lee, apunta, se ensueña, divaga entre los rojos y los azules de Eguren, se devana los sesos tras una metáfora vallejiana, se enamora locamente de una artista, imagina viajes alrededor del mundo y observa de reojo el globo terráqueo que lo acompaña sobre su mesa llena de papeles, indicio quizás de una pasión geográfica que vuelca en los viajeros.

En esos años establece vínculos con poetas y narradores regionales y en 1935 pasa una temporada en Arequipa, Puno y Cusco con su joven esposa. Allí conoce y traba amistad con todos ellos: César Atahuallpa Rodríguez, Alberto Guillén, Alberto Hidalgo; Alejandro Peralta, Gamaliel Churata, Oquendo de Amat, y Emilio Vásquez; José Uriel García, Luis Nieto, Andrés Alencastre y el padre Lira. En 1938 sale a la luz su Panorama actual de la poesía peruana donde señala rutas, descubre tendencias y es el primero en plantear las tensiones entre el purismo y el expresionismo indigenista. Martín Adán y César Vallejo representan los extremos polares de estas corrientes. En realidad Núñez, a contrapelo de Riva Agüero que ya no entiende su tiempo, anuncia un nuevo canon, e integra a la vanguardia en el proceso de la literatura peruana.

Tiene que esperar hasta 1946 para retornar a San Marcos. Bustamante ha sido elegido presidente y Luis Alberto Sánchez que ya es rector, lo llama de regreso. Desde entonces se convertirá en un exigente y dedicado catedrático universitario. En sus clases recuerda, rescata autores, refiere libros, conversaciones, fuentes, elabora conceptos, bosqueja esquemas, expone y diserta sobre el Mahabharata, Concolorcorvo, los románticos peruanos del siglo XIX, Joyce o los surrealistas. Siempre fue un maestro. Nunca escatimó un dato, una fuente, un consejo, una pista de investigación para todo aquel que lo requiriera. Sus miras son amplias, tiene siempre la tentación universalista de relacionar corrientes y buscar influencias. Núñez ha desarrollado precursoramente los trabajos de literatura comparada: siempre encuentra vasos comunicantes entre el Perú y las letras de otros países. Para ello contrasta hechos, circunstancias, infiere, abstrae, mira a Cota pintar por la ventana mientras crecen sus siete hijos en la vieja casa de Barranco.

Paralelamente sus trabajos literarios se dirigen hacia las figuras de Pablo de Olavide, Juan de Arona, González Prada, Abraham Valdelomar, y José Carlos Mariátegui. Su libro La experiencia europea de Mariátegui (1978) describe el itinerario intelectual del Amauta entre 1919 y 1930, y las fuentes intelectuales de las que se nutre.

DonEsruardo3Tras sesenta años de investigación y luego de una serie de ediciones parciales aparece su monumental Viajes y viajeros extranjeros por el Perú (1989), vasto compendio de la visión que el mundo ha tenido hacia nosotros. En el año 2001 hace entrega de Ricardo Palma, escritor continental, sobre el impacto del tradicionista en la narrativa peruana e hispanoamericana. Son también clásicos Las letras de Francia y el Perú (1997), donde analiza el faro que alumbró a muchos escritores peruanos desde los tiempos de la ilustración y sus estudios sobre Alejandro de Humboldt en el Perú (2002).

Estuardo fue sobrio, a veces parco, poco afecto a la demostración de sus sentimientos, sereno, calmo, “calma chicha” diría su esposa. Sus hijos solo lo vieron llorar una vez en la vida, el día que murió Cota Carvallo en marzo de 1980. Terco, inflexible, huraño a veces como los sucesivos gatos que engrió, silencioso y hablador con una copa. Luchador, persistente, duro, exacto, rencoroso. También en la esfera personal tenía memoria de elefante. Nunca perdonaba las ofensas.

Escribir para Núñez fue una misión sacrificada y liberadora unida siempre a aquel proyecto inicial que se fue gestando desde los días universitarios. En la adolescencia y juventud fue levantando los cimientos de su obra, y en la madurez y en la ancianidad terminó de darle forma definitiva. Durante los momentos más duros —con ocasión de la muerte de su esposa y de su hijo Hernando— se refugió en su biblioteca a trabajar, estoico, austero, y siguió desplegando ese racional ejercicio de memoria. Curiosamente en su vida personal nunca miro atrás, la vida siempre era futuro, esperanza, incluso cuando los años se extendieron demasiado jamás se le oyó expresar queja alguna, ningún reproche, ningún arrepentimiento. Los placeres siempre moderados, el esfuerzo permanente, avizorando la muerte que parecía no tocarlo, incluso con serenidad.

Todas estas aportaciones le hicieron merecedor a los 99 años del premio Southern y la medalla Riva Agüero que la Católica concede. Paradójico que la universidad que alguna vez fuera el reducto del pensamiento conservador agitado por Riva Agüero, se encargara de reconocer su talento y su perseverancia. Cosas del destino. Una silenciosa satisfacción seguramente lo abrigó aquella noche. Su adversario de ayer no había podido vencerlo, ni torcer su camino.

Su vida, tan larga y ordenada como su obra, estuvo dedicada a rescatar la memoria cultural de nuestro país. Sobre ella se edifican las naciones y con ella delineó sus pasos. Estuardo Núñez forma parte de la tradición de pensamiento moderno del siglo XX, de la mano de Mariátegui, Basadre, Porras, el primer Sánchez, Julio C. Tello, Valcárcel, Arguedas y Antonio Cornejo Polar. Con ellos ha sido uno de los forjadores del Perú contemporáneo.

 

 

 

*Rodrigo Núñez Carvallo es un escritor peruano conocido por sus cuentos y relatos, así también por sus novelas Sueños bárbaros y El sembrador de huarangos. Su padre fue el ilustre historiador y crítico literario Estuardo Núñez.
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1 Comentario

  1. Vida admirable del gran Estuardo Núñez. Llegué a este artículo casi por causalidad. Estamos por publicar la historia de la Biblioteca Nacional del Perú por su bicentenario y me toca hacer las biografía de los directores, gracias a esta semblanza puedo mejorar la parte dedica a nuestro exdirector.

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