Escritores peruanos y la pasión por el fútbol

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    Julio Ramón Ribeyro adolescente en el equipo del Colegio Champagnat.
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    Cuando el fútbol parece imponerse a todo y ser el único tema de conversación, presentamos la relación que une a este deporte con algunos autores peruanos.

     

    Por Fernando Carrasco*

    Por estos días, el llamado “Deporte Rey” no deja de encender pasiones en todos los sectores del país. Peruanos de todas las edades se visten la blanquirroja y alientan a voz en cuello a la selección. En los predios de nuestra literatura, también se comparte ese entusiasmo. Recordemos que algunos escritores, en sus años mozos, se han vestido de corto para jugarse una pichanga y, posteriormente, han tomado la pluma para rememorar aquellas gestas futboleras. El poeta Juan Parra del Riego, en la línea de la poesía futurista, exalta las virtudes del futbolista uruguayo Isabelino Gradín, y en su poema “Loa del futbol” escribe: “En el futbol todo es clara poesía,/ luz de sol, viento viril y panorama […] Epopeya fraternal del movimiento,/ es la vida con su múltiple aletazo creador:/ drama, música, paisaje, sol violento”.

    En su libro de memorias El pez en el agua, nuestro Premio Nobel Mario Vargas Llosa refiere que la primera vez que asistió al estadio fue para ver un clásico U – Alianza. Y más adelante describe un hecho memorable: “…uno de los días más felices de mi vida fue aquel domingo en que Toto Terry, de los grandes de nuestro barrio, me llevó al Estadio Nacional y me hizo jugar con los calichines del Universitario de Deportes contra los del Deportivo Municipal”.

    En una charla reveladora entre Alfredo Bryce Echenique y Julio Ramón Ribeyro, el primero comenta sobre su afición por el fútbol y se confiesa hincha del Ciclista Lima. Además relata, con orgullo, haber jugado en el Estadio Nacional: “…fui arquero de los juveniles de la U, en la época de Perón y Odría. Entré a la cancha dando botes a la pelota. Me la quitaron y la tiraron a la tribuna, a la zona del Alianza y no me la devolvieron. Pero recuerdo que entregué mi valla invicta frente al Independiente de Buenos Aires”.

    A su turno, el autor de La palabra del mudo cuenta que fue mediocampista y goleador del equipo de su clase en el Colegio Champagnat: “Mi juego era más de sutileza: yo hacía buenos pases a los hombres que estaban bien colocados y, cuando estaba cerca del arco, trataba de meter goles. Pero no tenía mucho físico”.

    Mario Vargas Llosa es hincha confeso de Universitario de Deportes.

    El recordado poeta Antonio Cisneros nunca negó su pasión por el fútbol. En una crónica de El libro del buen salvaje revelaba no haber dejado la costumbre de empezar a leer los diarios por el final y que los programas deportivos eran sus favoritos en la televisión. Cierta vez, en una amena entrevista, declaraba ser hincha del Sporting Cristal, cuando el periodista lo interrumpió, punzante, para decirle: “Entonces usted es pavo”. El poeta, al instante, retrucó: “Pero un pavo real”.

    Dentro de su libro de cuentos Que te coma el tigre, el escritor victoriano Augusto Higa nos presenta un bello relato titulado “El equipito de Mogollón”, un texto dinámico donde un narrador callejero evoca las hazañas de un seleccionado de barrio: “Ese equipo no era cualquiera, era el equipito de Mogollón, un cuadro como pocos: un alma, un destino, una emoción. Campeones en la Liga, los amos de Balnearios. Ni hablar en el Obrero y en el Nacional. Allí donde la pisamos estuvo la pasión”.

    El poeta Carlos Germán Belli alguna vez recordó la imagen invencible, tronante, de Alejandro Romualdo bajo los tres palos. Ambos, muy jóvenes, peloteaban en el pampón donde después se construyó el Hospital Rebagliati. Belli retrata con afecto al sufrido futbolista en su poema “Estadio Vaticano”: “Los jugadores de fútbol/ a sus camarines vuelven,/ paso a paso cabizbajos,/ trémulos y sollozando/ por entre las viejas ruinas de Occidente veneradas/ y la chusma de poetas tan seguros de sí mismos,/ levantadores de pesas, diplomados en gimnasios,/ soberanos del amor, del dinero y la salud/ que ferozmente se burlan/ del sensible futbolista”.

    El escritor Abelardo Sánchez León ha firmado crónicas muy agudas sobre fútbol. En “El legendario Alianza Lima” se manifiesta hincha del cuadro íntimo y al instante añade: “Ser hincha de un equipo de fútbol es parte de la personalidad de uno. La manera de llegar a serlo y las razones de fondo son siempre un enigma. Quizás exista una relación entre la forma de jugar de cada equipo y los rasgos que definen a cada quien”.

    Siempre existirá un motivo para alentar hasta enronquecer a un club o para salir, como un miura, a defender los colores de tu equipo, ya sea en un pampón, en la loza deportiva o sobre el gramado sintético. Y es que, entre otras cosas, el fútbol nos brinda la ilusión de una posible victoria que, aunque efímera, nos ayuda a edulcorar nuestra existencia, que la presencia ineluctable de la muerte ha convertido, desde el saque, en una amarga derrota.

    Esperemos que la selección le brinde una gran alegría a la sufriente y bulliciosa hinchada peruana**. Pero esperemos también que nuestra clase política gobernante, mediocre y cacasena, no siga sacando provecho de esta fiebre por el fútbol y se atreva a poner en libertad al delincuente Alberto Fujimori. Si esto sucediera, estoy seguro de que miles nos jugaremos otro partido en las calles.

     

     

     

    * Fernando Carrasco Núñez (Lima, 1976). Licenciado en Educación por la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta. Siguió una Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y ha realizado un Diplomado en Didáctica de las Ciencias Pedagógicas. Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios. Su libro Cantar de Helena y otras muertes resultó finalista en el Segundo Concurso de Cuento y Poesía Dedo Crítico 2004. Ha publicado además los libros de relatos La muerte y otras traiciones (2009) y Bolero matancero (2014).

     

    **El artículo se publicó horas antes del partido de vuelta entre Perú y Nueva Zelanda, donde finalmente la Blanquirroja logró su clasificación al Mundial luego de 36 largos años.

     

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