“En la literatura infantil se descuida la profundidad de los personajes”

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Jéssica Rodríguez y Carlos Garayar son, además de escritores, docentes e investigadores literarios. (Foto: Jaime Cabrera)
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Entrevistamos a los escritores Jéssica Rodríguez y Carlos Garayar, ganadores de la VII edición del premio de literatura infantil y juvenil El Barco de Vapor con la novela “La zona invisible”, una historia que además de abordar los alcances y límites de la ciencia reflexiona sobre la amistad y nuestro tránsito por la vida.

 

Por Jaime Cabrera Junco
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La literatura es una sola y las etiquetas de “literatura infantil” y “juvenil” son funcionales en términos mercantiles. La lectura de La zona invisible (Editorial SM, 2015) no solo es un libro dirigido a niños sino también los adultos pueden obtener algunas reflexiones a partir de una historia que parece, inicialmente, tratarse solo de aventuras de dos inquietos muchachos. Leonardo es un adolescente que realiza un descubrimiento científico importante y lo comparte con su amigo Antonio. Al apasionamiento por este hallazgo le suceden algunos acontecimientos que nos hacen reflexionar sobre el valor de la amistad y lo fugaz de nuestro tránsito por la vida.

Jéssica Rodríguez y Carlos Garayar, escritores e investigadores literarios, escribieron esta historia que ha resultado ganadora del VII Premio de Literatura Infantil y Juvenil El barco de vapor. Ambos son profesores universitarios y también esposos. Conversamos con ellos sobre este reconocimiento al trabajo que vienen realizando desde hace un tiempo en la literatura para niños y jóvenes.

 

No es el primer libro que escriben a cuatro manos, antes habían publicado Memorias del aire, el agua y el fuego. Mitos y leyendas del Perú. ¿Cómo ha sido la experiencia para escribir este libro?
Carlos Garayar (CG): Memorias…en realidad fue una preparación para escribir La zona invisible. No lo sabíamos en ese momento, pero vimos que funcionaba trabajar a cuatro manos y Jéssica me mostró el fragmento inicial de la novela y vimos que ese texto tenía posibilidades de desarrollo y empezamos a colaborar de manera natural.

Entonces, Jéssica, el punto de partida fue tuyo
Jéssica Rodríguez (JR): Sí, pero era un esbozo de lo que resultó finalmente la novela. Hubo un arranque, un diálogo donde uno de los amigos despertaba al otro a medianoche para decirle que había descubierto «el gran invento del siglo». Bueno, y el amigo se muestra muy reacio y va donde él para ver de qué se trataba. Eso era todo, pero me costó mucho continuarlo. La historia base tenía ya siete años, pero no podía arrancar. Empezamos a darle vueltas a esta historia y fluyó. Ha sido un proceso increíble para una novela porque la hemos escrito entre cuatro o cinco meses más la revisión. Además, por ser una novela en la que se mezclan varios géneros había que controlar varias cosas. Creo que ese es un elemento importante para haberla escrito entre dos: tenía que dialogarse mucho.

Esa es la dinámica para una novela a cuatro manos…
JR: Conversar mucho es previo, no es que peleáramos mientras íbamos escribiendo (ríe), sino consultarnos por dónde puede ir la historia. Además, esta es una novela que, a diferencia de las obras que se suele escribir para chicos, pone énfasis en el diseño de los personajes.

CG: Sí, porque discutimos sobre la trama misma, pero también sobre la concepción de la novela. Por ejemplo, acordamos desde el comienzo que no solo debíamos darle importancia a los hechos sino también a los personajes. Normalmente en la literatura infantil y juvenil se descuida un poco la profundidad de los personajes. Queríamos hacer personajes más densos, si cabe el término, y creo que lo hemos logrado. El principal problema de este tipo de obras es controlar al lector, es decir, sintonizar con él, visualizarlo continuamente mientras uno escribe. Para eso sirve que vengan varias personas que nos digan que esto va o no va para niños.

LazonainvisbleportadaEfectivamente, diría que esa es una de las virtudes de la novela. Normalmente en este tipo de novelas para niños y jóvenes hay mucha acción y la reflexión no está presente. En La zona invisible hay, incluso, una reflexión sobre la muerte y el paso transitorio por la vida
JR: Sí, de hecho  nosotros no venimos de la literatura infantil, así que supongo ese tono se nota en el libro. Efectivamente, la novela discurre por varios terrenos, no es una historia propiamente de ciencia ficción o de misterio, sino continuamente reflexiona sobre la vida, sobre el tiempo, sobre la muerte, sobre el estar aquí, pero al mismo tiempo se aligera con las aventuras de estos amigos. Nos gustó mucho que nos hicieran notar que no es solo una historia sobre un muchacho apasionado por la ciencia y los inventos sino una historia de amistad. Ese plano de las emociones no lo habíamos visto tan claramente mientras escribíamos la novela.

¿Cómo han ido calibrando la historia? Muchos autores de literatura infantil dicen que sus historias se las han ido contando a sus hijos, a sus sobrinos a otros niños para hacer algunos ajustes o saber si ese público entiende la historia
JR: Sí, para nosotros ha sido una experiencia nueva trabajar no solo entre los dos sino con un público que nos vaya diciendo qué puede ser verosímil para el lector al que nos dirigíamos.

CG: Claro, y este público fueron nuestros hijos, quienes nos decían qué cosas les parecía que estaban bien o aquello que no entendían. La literatura que no es para niños se escribe en soledad y allí es más difícil que uno trabaje entre dos o tres, en cambio en la literatura para niños el lector no puede dejar de estar presente en la mente del autor. Por eso es necesario que participen un público real, que en este caso fueron nuestros niños.

JR: Sin embargo, no evitamos sentirnos cortos con algunas referencias. Por ejemplo, en este libro se aluden a películas como La mosca, que los chicos que van a leer esta novela no la deben haber visto, pero nos gustaría que tengan la curiosidad de saber sobre películas de este género, además muy buenas películas. Nos hemos manejado con mucha libertad y si bien está dirigida a un público, puede ser leída por cualquiera.

 

 

UNA LITERATURA SIN MORALEJAS

Jéssica Rodríguez se dedica a la investigación y edición de libros; Carlos Garayar es crítico literario y actualmente docente en la Universidad ESAN. (Foto: Jaime Cabrera)
Jéssica Rodríguez se dedica a la investigación y edición de libros; Carlos Garayar es crítico literario y actualmente docente en la Universidad ESAN. (Foto: Jaime Cabrera)

 

En la literatura infantil y juvenil se suele hacer mucho énfasis en la moraleja, en el mensaje que supuestamente debe tener la historia. ¿Qué tan conscientes eran de ello al momento de escribir esta historia?
CG: Una obra de ficción no puede estar al servicio ni siquiera de una buena idea. Yo creo que la función de la literatura es otra. No es mostrar valores sino, sobre todo, inquietar al niño, quien sacará sus propias conclusiones tal como lo hace el joven o el adulto. A nosotros no nos gusta que nos presenten una obra con una moraleja, creo que tampoco a los niños. Ellos son unos pequeños adultos en algunos sentidos, pero son capaces de sacar sus conclusiones. Así que nosotros no ponemos en primer plano un valor, sino que queremos que esta obra inquiete en muchos sentidos. Queremos que al joven le haga pensar sobre la muerte, la audacia, la solidaridad entre los amigos, etcétera. Es decir, que de alguna manera complejice su mundo antes que lo simplifique dándoles alguna receta.

¿Cuál sería entonces la diferencia entre escribir para niños y escribir para adultos?
CG: En el plano de lo formal hay la posibilidad de dos o tres o cuatro revisiones a cargo de los dos autores. Quiero decir, que una vez esbozado en líneas generales el argumento de una escena, la asumíamos para su redacción cualquiera de los dos, pero esto no podía pasar si no había una revisión por parte del otro autor, en alguna medida para uniformizar el tono y el estilo, y luego la corrección resulta mejor. En el caso de la corrección sí es posible que en la literatura que no es para jóvenes intervengan otras personas. Yo suelo decir que las redundancias corren a cuenta de los amigos, porque a veces el autor no ve lo evidente, eso lo ven los que están fuera. En nuestro acaso, estábamos a la vez dentro y fuera, y en la corrección nos detuvimos bastante porque lo que veía no lo notaba Jéssica y al revés. Por eso la colaboración funciona en el momento de la corrección. Además, se necesita la colaboración de un buen editor, lo cual es fundamental para la realización plena de una obra que no es infantil.

JR: Un último aspecto que quizás es muy obvio pero hay que decirlo, es que en la novela para adultos y en la creación para adultos hay una mayor proyección personal del escritor así escriba en tercera persona. Aquí hemos evitado eso aunque a la larga nos hacen notar que hay muchas cosas de nosotros en los personajes, pero no nos hemos abandonado a ese yo narrativo.

¿Tienen algún referente en la literatura infantil y juvenil?
JR: Creo que las grandes obras, pero ninguna específica para escribir este libro. Alicia en el país de las maravillas planea de alguna forma sobre el libro, pero creo que están más las obras de Bradbury, las películas de ciencia ficción, más que un libro concreto.

CG: Es difícil pensar en un referente porque la tradición de la literatura infantil y juvenil es muy reciente. Antes había grandes obras que de alguna manera eran adaptadas a la visión de los más chicos. Por ejemplo, Alicia en el país de las maravillas es una obra muy compleja, cuando se simplifica ya está al alcance de un joven. Eso ha pasado en el Perú, por ejemplo, con José María Eguren, quien no escribía para niños, pero había una atmósfera que era común y esas obras se dieron a leer a los niños, pero tenían otro alcance. Entonces es difícil hablar de una tradición que nos pueda servir de referencia.

¿Creen que libros de aventuras o de sagas como Harry Potter ayudan a formar futuros lectores con una mirada más amplia?
JR: Dentro de las sagas que circulan ahora hay de todo. Hay algunas muy de fórmula que de alguna manera les ofrecen a los lectores un lugar cómodo donde discurrir, por lo tanto no hay mucho reto ni al horizonte cultural de los chicos ni en lo personal. Pero no por eso todas estas sagas son descartables, por el contrario. Creo, por ejemplo, que en Harry Potter y El señor de los anillos hay muchos elementos para rescatar. La fantasía con la que discurren es muy interesante y, además, narrativamente no es fácil de sostener. Las referencias que van construyendo, los símbolos, sobre todo en El señor de los anillos lo hacen muy interesante para los jóvenes, pero creo que su valor no radica en la cantidad de páginas como muchos adultos consideran. Pero sí creo que estas dos sagas tienen mucho más valor que otras llamadas juveniles como Crepúsculo u otras más.

CG: Sin embargo, creo que el hecho de que un texto pueda crear aunque sea un universo imaginario simple ya es un gran avance. Que el joven se acostumbre a encontrar realidad verosímil o inverosímil en una sucesión de palabras ya hace que él descubra un poder que normalmente pasa desapercibido, que es el poder de la imaginación de la palabra misma, y entonces de alguna manera contribuye a crear lectores. Dependerá también de sus circunstancias si da el salto a literatura de mayor calidad. La lectura es un fenómeno complejo en el que interviene no solo el que se enfrenta al texto sino también un ámbito cultural que lo va direccionando. Dependerá, por ejemplo, qué hayan leído en el hogar sus padres o familiares en general para que los niños se encaminen hacia la buena o regular literatura.

¿Y este premio los ha motivado a seguir trabajando este tipo de libros o acaso ya tienen uno en proceso?
JR: Antes de que se fallara el premio empezamos a escribir otras cosas, esta vez por separado (ríe). Hemos desarrollado un par de narraciones, la de Carlos se acaba de publicar se llama La abuela que tejía el aire, y es un cuento que aunque no nació para niños ha sido editado para ellos. En mi caso tengo una narración que se llama Orquídeas para Aurora, que aún no ha salido y lo hará pronto, que trata sobre un abuelo jardinero al que todo el mundo quiere jubilar porque anda accidentándose y él se va a resistir a dejar su trabajo. Por ahí estamos escribiendo solos, no tenemos claro si vamos a escribir una novela juntos, ya el tiempo lo dirá. Hay un par de historias que nos están rondando (ríen ambos).

¿Cómo afrontan la escritura teniendo en cuenta que también tienen un trabajo destacado en el campo de la investigación literaria?
JR: Bueno, el hecho de ejercer la reflexión en las aulas y la crítica literaria nos hace muy exigentes. De hecho, el propio Carlos no ha publicado tanto en ficción, pero esta entrada a un registro distinto nos ha servido para soltar un tanto la mano. Entonces, nos está llevando a escribir sin tanta demora nuestros textos. Nuestra exigencia siempre está allí, pero para eso se necesitan editores que nos digan que paremos la mano. Tratamos de entregar cosas que también nos gustaría leer.

CG: Estoy con una novela en proceso muy avanzada, y libros como este llenan estos vacíos que siempre producen la creación. Es decir, no interfieren con la línea principal de lo que estoy trabajando. Volviendo a la pregunta inicial todavía no tenemos proyectos claros, salvo el de aumentar el número de textos de nuestro primer libro mitos y leyendas del Perú, porque allí hay un campo obviamente mucho más extenso. Vamos a ir aumentando textos no con mucho apuro.

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE CARLOS GARAYAR

  1. El Quijote, de Miguel de Cervantes.
  2. La Iliada, de Homero.
  3. Madame Bovary, de Gustave Flaubert.
  4. Anna Karenina, de Lev Tolstói.
  5. Las novelas de William Faulkner.

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE JÉSSICA RODRÍGUEZ

  1. La ciudad y los perros y La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa.
  2. Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.
  3. La región más transparente, de Carlos Fuentes.
  4. El zorro de arriba y el zorro de abajo, de José María Arguedas.
  5. Poemas Humanos y Trilce, de César Vallejo.

 

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