El verdadero rostro de Pablo Simonetti

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Conversamos con este narrador chileno durante su reciente participación en la Feria del Libro de Lima. Pablo Simonetti nos habla no solo de su obra literaria sino también de cómo la aceptación de su homosexualidad lo ayudó también a liberar su prosa.

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Por Diego Fernando López

Últimos días de la feria del libro, el stand de Alfaguara lucía abarrotado por una feligresía de fanáticos librescos. Al lado derecho, detrás de un carrito rebasado de caramelos, barquillos y pop corn, se observaba la luminiscencia proyectada por un tacho de luz hacia un escritor que estaba siendo entrevistado. La conversación estaba siendo capturada por una cámara de alta definición que, como la princesa de un baile entre la multitud, lucía intocable, erigida y etérea. Magnífica.

La representante de Alfaguara buscaba impaciente al escritor Javier Vázcones (mi entrevistado), sin lograr ubicarlo. De pronto, ‘para ahorrar tiempo’ me presentó al escritor chileno Pablo Simonetti quien acababa de finalizar una entrevista en una diminuta mesa, que al lado de su metro noventa de estatura, se veía ridícula y hasta caricaturesca.

Amablemente nos dimos la mano y le pregunté sobre cómo lo habían tratado los peruanos hasta el momento. “Es la sexta vez que vengo con mis libros, hay mucho interés por leerlos, y siempre me tratan muy bien”. No solo existía un vínculo con la editorial, que como él decía, lo llevaba a comer a lugares refinados, sino de tres generaciones en su familia con el Perú: “le tengo un cariño particular al país porque mis padres tuvieron grandes amigos peruanos, los hijos de estos son amigos de mis hermanas mayores y de igual forma sus hijos son amigos de mis sobrinos. Siempre ha habido mucho cariño y amistad”.

Pablo Simonetti, de 53 años de edad, luce bastante joven, unas cuantas arrugas en su rostro denotan su madurez, así como su cabellera de mechones plata y negro, que contrastan con la oscuridad plena de sus pobladas cejas. Me comenta sobre su última novela publicada, La soberbia juventud, que es un punto álgido en el compilado de sus obras, el del término de un proceso de maduración, que no solo puede notarse en su físico, sino en las experiencias de toda una vida: “yo he vivido un amor desesperado como el de la novela, vivo la experiencia de la edad y también la de enfrentarme al mundo y a una familia ultra conservadora”.

Disfruta escribir, es su vocación, afirma que podría quedarse escribiendo en Chile siempre. “Cuando lo logro lo aprovecho con toda el alma”, me comenta. Pablo Simonetti declaró abiertamente su homosexualidad en 1989 y la temática de su obra se refiere a este tema. Pero no solo eso, con la creación de la Fundación Iguales su vida dio un vuelco,”Yo no decidí involucrarme en esa labor, me sucedió”. Ahora batalla constantemente para el reconocimiento de los derechos de la minorías sexuales, de lo cual, se hablará más adelante.

LasoberbiaPabloSimon¿Nos puede contar un poco cómo nació el interés por la literatura, teniendo en cuenta es un hombre de ciencias también, es ingeniero civil?
El día que yo presenté mi primer libro de cuentos Vida vulnerable mi madre me regaló todo lo que ella había acumulado de mí desde que era niño. Venía con una carta que decía «Tenías razón en dedicarte a esto, me alegro por ti», y encontré además cuentos que había escrito en mi niñez. La conclusión que saqué luego de muchos años es que yo era un niño creativo, imaginativo, dado a la abstracción y gay, que al entrar a la adolescencia se dio cuenta que iba por un camino que colisionaría con la estructura social en la que estaba viviendo. Lo que hice fue sumergir a ese Pablo y seguir solamente en ‘control automático’ que respondía al deber ser. Cuando pasó el tiempo y a los 25 años me reconocí como una persona gay, inmediatamente por el mismo canal vital vino la literatura. Yo no sabía de dónde venía esto, pero me demoré ocho años en salir de ese mundo de la empresa donde trabajaba y dedicarme a escribir. Fue maravilloso porque encontré ese lugar en el mundo donde quería estar, que me permite estar contento el día de hoy y en el cual quiero seguir estando.

¿Qué lo diferencia de ese antiguo ‘yo’?
Encontrar tu domicilio identitario es una obligación para todos nosotros porque el bienestar que ofrece es muy grande. Antes yo vivía simulando, angustiado, ansioso, ahora estoy mucho más tranquilo conmigo mismo de lo que nunca estuve antes, siendo como una persona que estaba desadaptada.

En ese sentido, de aceptarse como uno es realmente, sin llevar máscaras, aceptar la homosexualidad ¿fue el camino a una libertad en la literatura?
El ciclo que terminó con La soberbia juventud es el de la identidad, de eso escribo yo. Todos mis libros son libros que tratan de personas que están complicados con su identidad por el entorno social en que viven, como Felipe Zelden en La Soberbia Juventud o porque hay algo de lo que se avergüenzan. Me encanta que mis novelas sean eso y no inteligencia emocional, escribo lo que me gusta a partir de lo que leo y hago un ejercicio de mi identidad.

¿Cree que con La soberbia juventud ha llegado a un punto de maduración en su obra, cree que se ha cerrado un ciclo de autoconocimiento?
Creo que sí. He terminado una novela breve que se llama Jardín y siento que hay algo nuevo en ella que no sabría decirte qué es. Hay una percepción más política de la vida, de cómo está inmiscuido el poder en la vida familiar y la vida de pareja. Ya no solamente es identidad sino también poder, y yo creo que me hace entrar en una etapa de maduración.

Retomando su publicación más reciente ¿Puede contarnos sobre el argumento de La soberbia juventud?
Es una novela que narra Tomás Vergara y que trata de la vida de Felipe Selden. Privilegiado en todos los sentidos, muy bello, carismático, inteligente, con la mejor educación, de una familia de clase alta, y que se ve enfrentado al amor. Lo acompañamos y vemos cómo se bloquea frente al amor, por esa herencia emocional que recibió de sus padres, de cómo en vez de buscar un amor de completa entrega, busca un amor más mezquino, pero que de cierta manera reemplace a sus padres. La novela indaga en la estructura familiar y las nuevas estructuras de familias que existen, y por último, el otro gran tema es el tema de la edad, de cómo nos hace ver de distintas maneras nuestras experiencias. Tomás Vergara, el narrador de 52 años, mira a Felipe Selden con la añoranza de una juventud bella y ver también la arrogancia del joven.

Usted ha mencionado que es su novela más personal, en parte es autobiográfica ¿qué elementos de la realidad que le ha tocado vivir están en La soberbia juventud?
La experiencia de la edad de Tomás Vergara es mi experiencia. Yo ya no me siento un hombre joven, y esa constatación aprendida con dureza y emoción, me hizo llorar mucho un día, entre la añoranza y felicidad. Una mezcla rara como es la vida. Toda la experiencia que cuenta Tomás Vergara sobre la vida de las personas LGTB a finales de los años ochenta también es parte mío. Felipe Selden, por su parte, tiene partes de una persona que yo conocí, muy cercana, en ese sentido la novela también tiene un corte autobiográfico porque me tocó tratar con una persona con esas características.

SimonettiPost2¿Pero también podría decirse que Felipe Selden es una proyección suya de joven, con las mismas inquietudes?
Son solo proyecciones. Lo que sí tengo claro es que Felipe Selden sale al mundo como un hombre homosexual con muchísimo más espacios culturales, sociales y muchas más posibilidades de las que yo nunca tuve. No sé cómo explicarme, nosotros los escritores nos desdoblamos muchísimo; pero yo he amado alguna vez con esa intensidad, con esa persistencia y he pensado que ese amor es posible y me he enfrentado a situaciones como las que vive Felipe con Camilo, su pareja en la novela. He vivido un amor desesperado como ese, he vivido la experiencia de la edad y también la de enfrentarme al mundo y a una familia ultra conservadora. No escribí en primera persona porque me siento distinto a Felipe, aunque la gente diga que como el personaje es alto, guapo o lo que quieran, es como Pablo Simonetti, pero no es así. A Felipe tuve que conocerlo desde la mirada literaria y por eso puse a Tomás Vergara y a Camilo Suárez.

¿La edad de Selden, porque es una persona bastante joven, llega a determinar que tome decisiones equivocadas muchas veces?
No propiamente la juventud, él arrastra una inmadurez emocional a propósito de la oposición que encuentra en sus padres a aceptar su homosexualidad, y eso consigue que Felipe no se sienta seguro de sus sentimientos y, en vez de buscar a un hombre que lo ame, busca a uno que le reemplace la idea de familia que él ha perdido.

Cree que el tema de la homosexualidad sea más difícil de aceptar en las familias de clase alta, como en la novela, ¿o es algo que se extiende en todos los estratos chilenos?
En Chile, en las clases sociales altas, la aceptación de la homosexualidad es sobre el 78% según las encuestas, en cambio, en las clases bajas alcanza solo un 33%. Yo creo que en Chile hay una clase alta de origen latifundista que prolongado su poder de veto en la sociedad, a través de la dictadura, el sistema electoral binominal y partidos tan conservadores como la Unión Demócrata Independiente. Esta última a propósito del sistema binominal, hasta esta última elección tenía veto sobre cualquier tema, es decir, el 22% de la clase alta que rechaza la homosexualidad, tiene un nivel de influencia expandido a toda la sociedad que no es representativo de lo que de verdad pasa en las clases altas. Sin embargo ese grupo ultra religioso, ultra conservador, de derecha, que apoyó a Pinochet todavía existe, tiene mucho poder y el que caso que yo represento en la familia de Felipe Selden.

¿Esa familia de clase alta tiene que ver su propia situación, con su vivencia personal?
Yo fui a un colegio de clase media, mi familia era inmigrante italiana. Este hombre que yo conocí era así, él es una mezcla de Isabel Archer (protagonista de El retrato de una dama de Henry James) y Lily Bart (protagonista de La casa de la alegría de Edith Wharton). Entonces Felipe Selden pertenece a esa clase con un propósito literario, pero más tiene una chispa de un hombre que yo conocí.

¿Cuál es la situación más difícil que le ha tocado vivir tras aceptar abiertamente la homosexualidad?
Definitivamente fue la relación con mi familia, fue muy duro. Eso pasó en 1989, época en la que en Chile la sodomía todavía era un crimen, en la que la homosexualidad era considerada todavía una enfermedad por Organización Mundial de la Salud, cuando era perseguida por la iglesia en su tiempo de mayor conservadurismo. Entonces, como te decía, yo pertenecía a una familia italiana inmigrante, católica hasta el tuétano, y obviamente la reacción fue muy dura. No llegamos a ningún extremo melodramático como el echarme de la casa, pero sí hubo momentos de gran incomprensión, alejamiento; lo mismo sucedió con mis amistades.

¿Pero valió la pena este despertar, este nuevo nacimiento de Pablo Simonetti a pesar del rechazo?
Va a sonar como una canción, pero valió la pena. Yo no tenía una idea de futuro cuando estaba metido dentro del closet, ahora tengo una idea de mí mismo para el presente y el futuro, y ese es el regalo más grande que uno puede tener en la vida.

SimonettiPost3¿Cabe en su caso el enunciado ‘más vale tarde que nunca’ o hubiera preferido salir del closet mucho antes?
A mí me hubiera encantado hacerlo antes. Ahora tengo un novio, llevo con él ya cuatro años, que salió del closet cuando tenía diecisiete y la diferencia de cómo él vive su homosexualidad y cómo la viví yo son siderales porque él no tiene conflictos y sus padres lo aceptaron inmediatamente. En el fondo él se abrió con sus padres porque se dio cuenta que lo iban a aceptar tal cuál era. Él experimentó la homosexualidad al revés, siempre la sintió como una ventaja, y yo ahora también lo siento pero tuve que trabajar mucho. Todo ello me abrió un mundo, imágenes, posibilidades. Ahora, lo que tú dices ‘más vale tarde que nunca’, él único punto desfavorable es que veo a personas que lamentablemente construyen vidas dobles y tienen familias, hijos, y yo no sé qué les recomendaría porque ya han adquirido muchos compromisos afectivos.

Actualmente ¿se dedica solamente a escribir o realiza otras actividades a la par?
Escribo. Leo. Es parte de mi trabajo, yo leo con mucha dedicación. Hago dos talleres literarios, realizo charlas en distintas partes del país y el extranjero, y también tengo temporadas de un programa de televisión de libros. Lo principal es leer, además tengo otras responsabilidades que me han venido cayendo encima a propósito de las circunstancias políticas. Fui fundador y director de la Fundación Iguales durante dos años, por eso yo me demoré cuatro años en sacar La soberbia juventud cuando debí haber demorado dos o tres. También soy director de “Espacio Público” que es un centro de estudios de políticas públicas y estoy dirigiendo un proyecto de antidiscriminación.

Sobre su rol en la dirección de Fundación Iguales. ¿Fue o es complicada la labor en la defensa de las minorías en Chile? ¿Cómo decidió a involucrarse en la lucha?
Yo no decidí involucrarme en esa labor, me sucedió. Estaba en un lugar con una cierta figuración a propósito de la literatura, se dio una coyuntura política en la que hubo una resistencia por parte del gobierno de Sebastián Piñera en mandar el proyecto de Unión Civil al Congreso. Yo di una entrevista que produjo una reacción popular enorme, y de tener marchas que eran de 3 mil personas pasamos a tener una de 60 mil. Fueron heterosexuales, familias, niños, entonces cambió el paradigma de la discusión, y en un momento dado, resultó que yo era el presidente de Fundación Iguales un mes más tarde. Fue algo que hice con todo el ardor de las causas, pero yo no tengo una alma política. Soy un hombre más abocado a la abstracción, a la reflexión y a estar tranquilo en mi casa.

¿A partir de ello fue tentando para ser protagonista en el mundo de la política de su país?
Esto de contestar una llamada tras otra al periodista, yendo acá, yendo allá, a un noticiero o programa de conversación era realmente muy agotador y tenso. Lo difícil de todo esto es que en la política uno de topa con mezquindades, luchas de poder, pero sobre todo con personas que se ponen a ellas mismas por encima de la causa, y eso siempre ha sido problemático. Después de dos años que estuve en política me ofrecieron seguir y me ofrecieron postulaciones a los cargos de diputado, alcalde, pero dije que no, que prefería terminar mi trabajo en Fundación Iguales y seguir con mi escritura que es lo que me hace feliz. Yo creo que uno no puede forzar la mente y el cuerpo más allá de lo que sea razonable, lo hice porque me tocó, con todo el cariño y todo el amor, igual es como mi hijo, pero mi vida es la literatura.

¿Cómo ve el panorama para la aprobación de una ley de matrimonio homosexual, o quizá de una Unión Civil?
Nosotros tenemos ya aprobada una ley antidiscriminación en mayo de 2012 y que, si bien no tiene una aplicación a nivel penal muy importante, sí tiene un valor simbólico en el sentido de que, en Chile, no se puede discriminar abiertamente a las personas por ninguna razón. El trabajo sobre la diversidad sexual siempre tiene dos caras, primero son las leyes de la igualdad de derechos y las otras son aquellas referidas a la institucionalidad en contra de la discriminación. La fuente de discriminación cultural es la que hay que atacar, para eso está la ley antidiscriminación, y lo que ahora buscamos es una institucionalidad que parta desde ya del Estado, educando a cada sector. Por el lado de las leyes de igualdad de derechos tenemos el proyecto de ley llamado ‘Acuerdo de vida en pareja’ equivalente a la Unión Civil. Está muy avanzada la discusión en el primer trámite constitucional, el 8 de agosto vamos a tener una votación final en la Comisión de Constitución de Justicia del Senado, lo que significa que si esa comisión lo aprueba será enviada a la sala a votarse en el Senado y posteriormente a la Sala de Diputados.

¿Tiene conocimiento del proyecto de ley de Unión Civil en el Perú?
Acá recién están discutiendo sobre la idea de sacar una Unión Civil, pero ésta tiene muchas dimensiones. Por ejemplo, sin la posibilidad de parentesco por afinidad, de estado civil, sin una buena comunidad de bienes es una formulación que niega el sentido familiar de la unión de las personas que contratan. Lo que estamos haciendo es un contrato de personas que están reunidas afectivamente y por eso se producen consecuencias patrimoniales tanto para homosexuales como para heterosexuales.

 

CINCO LIBROS RECOMENDADOS POR PABLO SIMONETTI

1. Obras Completas de William Shakespeare

2. Ana Karenina, de León Tolstói

3. El retrato de una dama, de Henry James

4. La edad de la inocencia, de Edith Warthon

5. Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar

 

 

 

 

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