El renacido y La habitación: la que casi gana y la que debió ganar

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Si estos dos filmes aparecen en el mismo post es porque pueden ser considerados antagónicos: una megaproducción con un gran casting (El renacido) versus una cinta sin mucho espectáculo y un casting más bien modesto, con inmensos y superiores méritos para haber ganado el Oscar a mejor película (La habitación).

 

Por Christian Ávalos Sánchez
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La que casi gana

El renacido era quizá la película de moda y favorita con el director de moda ganador por dos años consecutivos del premio de la Academia. Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 1963), luego de su triunfo el año pasado con Birdman consigue su segunda estatuilla ahora con este ambicioso proyecto con el guion soñado para un actor que quiera lucirse en pantalla y con una cantidad de recursos que logra impresionar al espectador con escenas como la lucha de su protagonista con un oso o de su caída del caballo a un precipicio a más de cincuenta kilómetros por hora, con un sonido impecable, una fotografía preciosa, maquillaje increíble y una banda sonora que te coloca en medio de la congelada pradera estadounidense. En suma, es una película a la que técnicamente no se le puede reprochar nada. Por el contrario, merecía todas las palmas aunque no se los hayan dado.

Pero de ahí a que deba alzarse con la estatuilla de mejor película o con la de mejor actor protagónico… no sé, no da. Aunque en el Oscar todo puede pasar. En el caso de Leonardo DiCaprio —el Philip Roth de los Academy Awards—, si no le dieron el premio por actuaciones donde demuestra todo su talento —como las de El aviador, Diamantes de sangre o El lobo de Wall Street—, no creo que ahora haya merecido ganársela. Lo siento, Leo, es la verdad. Y ya no pelees con osos (o con la prensa), no trae buena suerte. Pregúntale a Brad Pitt. Felicitaciones, igual.

Tom Hardy, según algunos críticos, eclipsa por momentos al congelado Jack de Titanic. De hecho es su aparición en escena la que provoca que esta película terriblemente lenta adquiera algo de movimiento. Quizá este actor, tres años menor que su actor-antagonista, para usar una frase cliché, sí debía ser sonreído por la diosa Fortuna. Tiene menos apariciones ante cámaras, cierto, pero en ellas da demostraciones más amplias de talento.

Volviendo al filme, la adaptación de la novela a la pantalla fue trabajo de Mark L. Smith, quien no tiene muchos laureles que lo acompañen, y del propio director de la película. No hay mucho que decir al respecto, en esta categoría ni siquiera estuvo nominada y eso estuvo muy bien.

Portada de la novela. El meme de Winnie Pooh me gusta más.
Portada de la novela. El meme de Winnie Pooh me gusta más.

La novela adaptada, The Revenant (2002), es el exitoso debut literario del analista político y profesor Michel Punke (Torrington, Wyoming, 1964), quien luego escribió dos novelas más que no tuvieron la misma suerte. Su llegada a la pantalla grande obedece a una práctica muy usual pero éticamente cuestionable en el mercado editorial estadounidense: la venta de los derechos de filmación antes de la salida del libro al mercado. Llámenme anticuado si quieren, pero cuando pienso en cómo decide un director (o un productor) llevar una novela al cine, siempre tengo en mente la imagen de este personaje yendo a su librería favorita a comprar una novela de la que le hayan hablado y luego tenga una epifanía al final del libro y diga: «¡Mierda! ¡Qué buena historia! ¡Creo que haré una película con ella!», y después vaya donde el autor, o su odioso representante, y lleguen a un acuerdo económico beneficioso para ambas partes, esquema que siguió una de mis películas favoritas, El padrino. Vender la idea de un filme basado en una novela inédita me suena a vender la piel del oso antes de cazarlo. Pero son negocios, no es nada personal.

La novela, basada en hechos reales, cuenta la historia de Hugh Glass, peletero y expirata, que es abandonado en las montañas rocosas, gravemente herido por el ataque de una osa, del cual milagrosamente se recupera y vuelve al fuerte desde donde partió su expedición en busca de venganza. Desarrollada en épocas en las que las luchas territoriales con los indios eran muy frecuentes y la cacería de animales por sus pieles estaba en pleno auge, Punke narra con solvencia la increíble historia de la supervivencia de un tipo que encuentra en la venganza su impulso para seguir.

Precioso mensaje motivacional.

La que debió ganar

Sin grandes paisajes, y más bien con todo lo contrario, La habitación es una película que no ha necesitado tantos efectos especiales y sí mucho más despliegue de talento para hacer creíble el claustrofóbico ambiente en el que Joy y el pequeño Jack vivieron por más de cinco años. Ella de hecho, por más de siete.

Dirigida por el ya no tan novel director irlandés Lenny Abrahamson (Dublín, 1966), responsable de películas interesantes como Adam & Paul (2004), Garage (2007) y Frank (2014), y adaptada al cine por la misma autora de la novela, Emma Donoghue, La habitación nos cuenta la terrible historia de secuestro y violación del que fue víctima Joy Newsome, una colegiala habitante de un suburbio que es llevada a la fuerza por un hombre que la obliga a vivir en un cobertizo amoblado con una Cama, una Mesa, dos Sillas, un Armario, entre otras cosas más. Alumbrada solo por el pequeño Tragaluz del lugar. Todos estos objetos cobran una especial entidad con el nacimiento de Jack, a quien Joy tendrá que explicarle el mundo a través del Televisor que tienen en los ocho metros cuadrados que se convirtieron en todo el mundo de Jack. Afuera, para él, y la historia que su madre le cuenta antes de que cumpliese los cinco, es solo el espacio exterior y la tele solo trasmite gente por arte de magia.

Estuve a punto de encontrarla en inglés, pues un error en el sistema de la librería me ilusionó con que había una en existencias. Estaba agotada hace más de dos años.
Estuve a punto de encontrarla en inglés, pues un error en el sistema de la librería me ilusionó con que había una en existencias. Estaba agotada hace más de dos años.

Esta situación se vuelve insostenible cuando Joy despierta de su «letargo» y planea una estrategia de escape, lo que la obliga a casi recrear la situación platónica de la caverna, una de las mejores secuencias de la película: en ella vemos a la madre frente al hijo que se niega a creer que fuera de esas cuatro paredes existe un mundo lleno de gente real, de animales reales, de árboles reales, de cosas reales y no hechas de colores como las que habitan dentro del Televisor. Abrahamson, de la mano del guion de Donoghue, nos demuestra que, a pesar de la liberación posterior de madre e hijo por parte de la policía (dato que no es spoiler, pues eso se ve en el tráiler) el encierro y el horror siguen carcomiendo el frágil espíritu de la madre, reinsertada en una vida familiar totalmente distinta a la que dejó.

Emma Donoghue (Dublín, 1969), autora de La habitación, le da precisamente el encanto de ser esta una historia contada desde una voz que cree que el mundo se reduce al cobertizo. Jack, al ser la persona que nos narra la novela, nos pone en la perspectiva de un «hombre de la caverna» inocente y cándido, que se sorprende de todo a cada paso que da. Una gran decisión para escribir una novela creíble y llena de pasajes conmovedores, especialmente aquel en que Jack pide volver a la habitación en la que nació. Su retorno al lugar de cautiverio es necesario para ambos, pues por fin con ello pueden cerrar ese horrible episodio para no volver más a esa caverna.

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