El método Padura: “Que nadie piense que escribir es fácil”

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Crédito de foto: Sergio Méndez/Diario de avisos
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Desde La Habana, Leonardo Padura se dio tiempo para responder el siguiente cuestionario de Lee por gusto. El resultado es exquisito: sencillez, didactismo y humor fino. Un taller de creación literaria en pocas palabras.

 

Entrevista: Jaime Cabrera Junco

En estos días de Feria de Libro de Lima desde la virtualidad, Internet se ha convertido en el soporte para comunicarnos a la distancia. En Cuba, más isla que nunca, la conexión no es óptima y la charla que íbamos a tener en video tuvo que adaptarse a un formato de pregunta-respuesta a través del correo electrónico. Esta vez, en Lee por gusto, quisimos conocer el método de trabajo de Leonardo Padura, así como sus ideas sobre el quehacer literario. Acostumbrados a escucharlo hablar de Cuba, del béisbol, de su personaje Mario Conde, asediamos al autor cubano sobre su ‘cocina’ literaria. Aquí el resultado.

 

¿Qué es la literatura para usted?
Una de las mejores maneras de llegar a eso que Flaubert llamó “el alma de las cosas”. La literatura es un reflejo de la vida, de la realidad, de la condición humana con una capacidad de penetración insustituible.

 

¿Escribe todos los días? ¿Tiene horarios?
Todos los días que estoy en casa. Cuando estoy de viaje no escribo. Acá me levanto antes de las 7, me siento frente a la computadora, respondo los mails importantes y empiezo a trabajar. Hasta la 1 de la tarde. Cinco horas cada día.

 

¿Cómo es el proceso de escritura de sus libros? ¿Escribe a mano primero, en computadora?
Escribo directo en la computadora. Escribo por versiones. En la primera, cuento la historia; en la segunda, le doy coherencia; en la tercera, la convierto en una novela…y en la décima, la decimoquinta le pongo el punto final. Es muy difícil encontrar las palabras más adecuadas y bellas para lo que uno quiere decir, aunque lo dicho sea poco adecuado (políticamente incorrecto) y lo que refleje no sea precisamente bello.

 

¿Corrige mucho?
Mucho. Que nadie piense que escribir es fácil.

 

¿Qué ha aprendido del oficio literario que anteriormente le era difícil resolver?
No he aprendido mucho, la verdad. Cada vez que escribo una novela, tengo que aprender a escribir esa novela. La experiencia existe, ayuda, pero no resuelve el gran problema: escribir mejor.

 

¿Cómo sabe que una historia puede convertirse en una novela?
Cuando algo es que está no sé dónde en mi cabeza me dice: esto sirve para una novela. Es un proceso misterioso. No sé bien cómo será en los otros, en mi caso cambia cada vez.

 

¿Tiene proyectos de novela fallidos? Es decir, algunas ideas que no ha podido desarrollar o que han quedado pendientes y que podría trabajar más adelante.
No. La idea sirve o no sirve, y eso lo sabes desde antes de empezar a escribir. Si no sirve, pues la olvido, pero ni siquiera intento escribirla.

 

¿Qué debe tener la novela policial para que funcione como tal?
Tensión… lo demás es bueno si logra crear tensión. O, lo que es lo mismo, una buena historia que dé ganas de leerla.

 

¿Qué diferencia al policial clásico, el de Agatha Christie, Raymond Chandler, con el policial latinoamericano y con el suyo, el de la saga de Mario Conde?
Ya entre Agatha Christie y Chandler hay un tramo recorrido: el de la realidad y la literatura que trabaja Chandler y Hammett desde fines de los años 1920. Luego, a partir de la década de 1960 se produce una gran renovación, que se quita la etiqueta de género menor y asume el policial como literatura. Claro, no todos, pero sí muchos: Rubem Fonseca, Leonardo Sciacia, Vázquez Montalbán. Esa es la tradición a la que yo trato de sumarme y escribir una novela policial que sea más novela que policial.

 

¿Cómo es ser un escritor en Cuba, donde su obra se conoce menos que en otras partes del mundo?
Es extraño. En Brasil camino por Copacabana y la gente me reconoce. En Madrid me identifican en un restaurante. En Argentina en un teatro. En Cuba me conoce la gente, pero no me reconocen los medios oficiales. Mis libros tienen tiradas pequeñas, que circulan poco, mal y a veces ni siquiera eso. Soy Premio Nacional de Literatura desde el 2012 y nunca me han dicho nada por serlo. O, sí, un colega dijo muchas veces que no merecía el premio. Pero lo importante acá es que escribo, escribo, escribo y fuera publico, publico, publico… y me entrevistan todos los días.

 

¿Qué consejo le daría a un escritor joven?
Que aprenda a escribir leyendo a los que escriben bien en su lengua. Esa es la clave de todo. Y luego viene la disciplina, que no siempre es posible cultivarla por muchas razones, incluida la económica.

 

¿Qué tipo de libros prefiere leer? ¿Los escoge con algún criterio particular?
Libros que me digan algo. De cualquier cosa, pero que comuniquen. No me interesa la literatura “ensimismada”, como la llamaba Vázquez Montalbán.

 

¿La literatura se encuentra en desventaja ante el cine o las series de televisión o de plataformas tipo streaming?
No. Son cosas diferentes. No se puede comparar a Messi con Roger Federer, aunque los dos son deportistas. La literatura tiene su misión, y esa es insustituible.

 

¿Fuera de la literatura qué actividad le gusta realizar?
En soledad: sembrar plantas. Tengo un patio y un jardín y me encanta ver mis frutos. En sociedad: reunirme con mis amigos, tomarme unos vinos, y hablar, hablar… aunque sea mierda, como diría Conde.

 

¿Qué título le pondría a su vida si fuera una obra literaria?
La novela de mi vida.

 

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE LEONARDO PADURA

“Por lo que antes dije, voy a mencionar cinco libros escritos en nuestra lengua…”, nos advierte.

  1. Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. “Es una novela que asume todos los riesgos. Eso me encanta”.
  2.  

  3. Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa. “Es un ejercicio de estilo, montaje y creación extraordinario. Una clase de escritura”.
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  5. Pedro Páramo, de Juan Rulfo. “Él decía que se escribía con el hacha, no con la pluma. Esta novela está escrita con el hacha”.
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  7. Palinuro de México, de Fernando del Paso. “Es una fiesta del lenguaje y la imaginación”.
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  9. El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. “Es una lección de historia, en la que nos dice que la Historia no acaba nunca, que se repite porque los hombres repetimos nuestros errores y horrores”.

 
 

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