“El final de la vida de Cortázar es casi como el de Rayuela”

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Conversamos con Guillermo Ale, actor argentino e integrante de la compañía teatral La Cuarta Pared que estos días presenta en el C.C. Ricardo Palma de Miraflores una original versión teatral de la popular novela de Julio Cortázar.

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La agrupación La Cuarta Pared presentó hace un año una puesta inspirada en El túnel, de Ernesto Sabato. (Foto: André Agurto)

 

Por Romina Gatti

Luego de tres años de intensas lecturas, de la asesoría de especialistas en literatura, lingüística y análisis literario, la compañía argentina La Cuarta Pared asumió el desafío de adaptar al teatro Rayuela, la gran novela de Julio Cortázar, escritor que este año será homenajeado más que nunca por cumplirse un siglo de su nacimiento y 30 años de su partida. Conversamos con Guillermo Ale, quien junto a Horacio Rafart presentan esta versión escénica de esta popular obra. Las funciones son de jueves a domingos, a las 8 pm, en el Centro Cultural Ricardo Palma de Miraflores. La temporada va hasta el 2 de marzo.

La Cuarta Pared se ha destacado siempre por sus apuestas políticas. ¿Cómo llegaron a Rayuela?
Una cuestión circunstancial. Horacio me dijo hace un par de años ¿te animás a armarla? Y fue difícil. No encontrábamos en qué aferrarnos. Rayuela es una novela fantástica, pero no es obra dramática, no es teatro. Y lo que tiene Argentina es que a Rayuela directa o indirectamente estás ligado, porque te la hicieron leer a la fuerza, por una profesora terca, o porque la leíste por placer de joven o de adulto. Es inevitable que estando en Argentina o incluso en Latinoamérica leamos Rayuela. La pregunta que todos nos hicimos fue ¿cómo hacer Rayuela cuando todos la conocen? ¿Sabiendo que todos van a esperar al personaje de Oliveira? Vos te imaginás a un Oliveira y después te encontrás con otro personaje, y pensás, pues no era tan alto…

Además de esperar a un personaje caracterizado de tal o cual manera, la gente espera de una puesta de Rayuela una experimentación con la forma…
Lo primero que se nos ocurrió fue hacer una obra enteramente fragmentada. Nos planteamos hacer una puesta que mantuviera activo al espectador. La obra se arma dependiendo de la gente, de lo que el actor siente en ellos. Quiero decir, se anexan o se quitan capítulos a partir de esa comunicación con el público. Tenemos, digamos, un monólogo preparado sobre el tema del exilio, un tema que nos toca mucho como sociedad. Si nosotros sentimos que la cosa va allí con el público, podemos meter ese monólogo. Digamos que la obra tiene un eje, pero este puede ir alterándose. Hay un margen en que la obra puede cambiar, claro. Pero las palabras las tenemos, y también sabemos por dónde puede ir variando. Pasa que son sensaciones que uno va teniendo allí. Son monólogos o interrelaciones que ya tenemos más o menos memorizados, que pueden entrar o no entrar. La improvisación es un arma que usamos.

EntreviRayuela2¿Cuál es el eje de su propuesta?
Nosotros nos hemos metido mucho en la vida de Cortázar. Fuimos a bibliotecas de Argentina, a colegios donde Cortázar había dado clases, recogimos testimonios de personas que lo conocieron, textos inéditos, cartas, escuchamos muchos reportajes, y a partir de eso fuimos entendiendo la historia que quiso contar. Entonces, nos agarramos de la historia de amor, del exilio, de la soledad del personaje y la nostalgia, que es muy nuestra. También de su muerte. Cortázar muere solo, en una habitación, con tres personas. A nosotros nos pareció interesante ese final. El final de la vida de Cortázar es casi la novela misma, en el sentido de que el personaje de Rayuela denota una tristeza, una nostalgia, una pérdida que se vio casi literalmente graficada en la vida de su autor, que terminó solo rodeado de dos amigos y un escritor.

¿Ese puente entre la vida de Cortázar y la novela ha sido planteado de manera explícita en su puesta?
En el final, sí. Cortázar aparece. Está protagonizado por alguien. Pero bueno, la cuestión es que hemos trabajado mucho su literatura para después, como hacemos teatro, tirarlo todo por la borda y no respetar nada. La gente va a esperar ver los textos casi textuales, pero qué se yo…

¿No usan el texto?
Muy pequeñas partes. Lo que yo hice fue leer varias veces la obra y después escribir. Fue difícil. Al principio nos preguntábamos, ¿cómo carajo hacemos esto? Y como no teníamos ni idea, puteábamos. Un compañero mío que agarró el libro a los dos días vino y me lo tiró por la cabeza. Esto no se puede hacer, me dijo. A los tres o cuatro días volvió. Seguía convencido de que no se podía hacer, pero había entendido que allí está, que si no se puede hacer es porque se puede. En teatro, cuando lo tenés todo resuelto, tenés que comenzar a desconfiar.

Tengo la sensación de que es una puesta infinita, por ese juego del que me estás hablando. Uno puede verla varias veces y nunca obtendrá lo mismo
Lo hacemos por nosotros. Cuando hacemos obras textuales, eso no está, y algunas de esas obras las ponemos por varios años. ¿Cómo hace uno para sostener algo así por tanto tiempo? Te tiene que apasionar. Es como con una relación de pareja. Cuando te deja de apasionar, la dejas. ¿Cuánto te dura una relación acá? Allá unos dos años. Si dura mucho después se vuelve costumbre. Bueno, está bien, lo aceptamos. Comodidad o costumbre está bien. Le damos ese margen. Pero nosotros cuando algo nos cansó, cuando termina la obra y no traspiramos, no lloramos, dramáticamente no pasa nada, la dejamos de hacer. Para evitar que pase tan rápido, esta obra está llena de improvisaciones. Y nos nutrimos mucho de sucesos latinoamericanos.

CortazarFotoRayuela¿Por ejemplo?
El final de El Túnel lo sacamos de la historia de Enrique Barreda, un odontólogo argentino. Todas las mujeres le decían conchita a él. Sus tres hijas, su suegra y su mujer se burlaban de él. Hasta que un día se levantó y con una escopeta las mató a las tres. Viene el juicio y le preguntan “¿Usted lo volvería a hacer?” Y él contesta “¿Cómo que si lo volvería a hacer? ¿Usted está loco? Esas cosas se hacen solo una vez en la vida”. Y ese es uno de los finales El Túnel.

Poético…
Claro. Nosotros vamos por la calle y escuchamos cosas que tienen valor poético. Y van. También para Rayuela. Hace un par de días fui a una reunión con unas feministas y después comencé a rearmar a la Maga a partir de varios conceptos que ellas habían usado.

Usan datos posteriores, entonces.
Sí. Hay cosas que nosotros contamos que son hechos políticos posteriores. También tomamos cosas del Libro de Manuel o Un tal Lucas, que son los libros más políticos de Cortázar.

¿Son importantes las inclinaciones políticas de Cortázar en la puesta?
Es la coherencia, que no siempre se ha dado en el teatro, en la literatura. Cortázar estuvo muy vinculado a los poetas cubanos. Todos los poetas argentinos exiliados en los setentas fueron sus amigos. El propio Cortázar lo estuvo, y ayudó a salir a la gente de la cárcel. Eso nos inclinó a hacer Rayuela. Aunque también nos reímos. Las partes más soeces que tiene las ponemos en la obra. No es que Cortázar fuera al baño a cagar poesía. Lo veías y era un niño normal. Por eso las partes más soeces las ponemos, también. Porque caer en el fanatismo y la idolatría solo te hace un obtuso.

 

 

 

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