“Eguren, el poeta del color”, ensayo de Nancy Baluarte

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El próximo viernes 29 de mayo, a las 7 p.m., en el Instituto Porras Barrenechea (calle Colina 398, Miraflores) se presentará Eguren, el poeta del color, un libro de Nancy Baluarte. El escritor Fernando Morote, uno de los presentadores, reseña a continuación este ensayo sobre el gran poeta peruano.

 

Por Fernando Morote*

Maestra de vocación y profesión, Nancy Baluarte Romero ha desarrollado un espléndido trabajo basado en La poesía de Eguren y su enseñanza en la educación secundaria del Perú, su tesis de graduación como docente. En la presentación la autora declara que cristalizar este proyecto representa saldar una deuda pendiente consigo misma. Y sin duda constituye un auténtico regalo para los amantes de la literatura.

El libro, editado por El Gato Descalzo en noviembre del 2013, está compuesto por 5 capítulos que incluyen un esbozo biográfico del vate, un análisis sobre el contenido de sus obras y algunos de sus poemas más emblemáticos, así como una breve antología de los mismos, y remata con una interesante entrevista realizada por César Vallejo en 1918.

El estudio nos introduce a un Eguren no sólo en su faceta universal de poeta sino también como aficionado a la pintura, la música y la fotografía, gustos que se reflejan con claridad en sus textos, y contiene relevante información sobre un personaje del que –lo reconozco- he escuchado mucho, pero leído muy poco.

Nancy Baluarte motiva el interés por él ofreciendo material revelador, compartiendo referencias sobre su educación, su crianza en el campo, sus influencias literarias, sus primeros trazos y publicaciones, el arribo a la cúspide creativa y luego su decadencia, su empeño por vivir alejado del mundo exterior, su fugaz ejercicio en la administración pública, todo lo cual contribuyó a forjar ese espíritu no sólo sereno, de carácter contemplativo, sino más que nada apagado, taciturno, triste, incluso ingenuo, que trasunta en la mayoría de sus versos.

Puntualiza la conexión artística entre el protagonista, Chocano y Vallejo, explicando cómo cada uno de ellos despliega un estilo antagónico y particular –sin que ello implique rivalidad o competencia- dentro de la poesía peruana. Expone además la admiración que expresaron por su labor otros intelectuales de la época como Manuel González Prada, Xavier Abril, José Carlos Mariátegui y Estuardo Núñez.

Enfatiza que el estudio de sus composiciones debe ejecutarse en profundiad antes que en extensión, explorando con detalle su empleo de la métrica, la rima, el ritmo, las imágenes, los sueños y las visualizaciones. En un acierto loable tampoco evita criticar los cierres fallidos de algunas piezas, que contrastan junto a la maestría de otras, señalando asimismo la manera en que –a veces con éxito, a veces sin él- hace uso de arcaísmos y neologismos en sus estrofas.

Menciona el marcado estímulo que significó para Eguren el simbolismo francés, explícitamente citado en el título de su primer libro Simbólicas, y luego reforzado en La canción de las figuras. Comenta el declive de su originalidad a causa de su obstinación por refugiarse en la cómoda pero a menudo perniciosa “torre de marfil”, lo cual le impidió salir de Barranco, de Lima y del Perú, y está expresado sin atenuantes en Sombra y Rondinelas, sus dos últimos trabajos, ambos unificados bajo un mismo cuerpo y publicado por la revista Amauta.

No existe nada más emocionante que recibir un libro de obsequio y ver en la primera página la dedicatoria con el puño y letra de una de mis profesoras más queridas y admiradas. Lo que Nancy me inculcó a lo largo de los años compartidos en el Colegio Italiano Antonio Raimondi –ella desde la cátedra, yo en el banco de los alumnos- fue el valor de la disciplina, la perseverancia y la responsabilidad, cualidades cruciales que ella practicó de igual modo en sus tiempos de deportista (como integrante de la selección nacional de baloncesto) y cuyo ejemplo trato de seguir en mi actividad como escritor.

Los auténticos maestros, aquellos que lo son porque así lo dispone el corazón, nunca dejan de inspirar a sus discípulos. Me considero afortunado y siento orgullo en proclamar que soy uno de ellos.

 

 

*Fernando Morote (Piura, 1962). Autor de las novelas Los quehaceres de un zángano (2009) y Polvos ilegales, agarres malditos (2011), el libro de relatos Brindis, bromas y bramidos (2013) y el poemario Poesía Metal-Mecánica (1994). Ganador del Concurso Sexto Continente de Relato Erótico (Madrid, 2010). Sus textos han sido incluidos en las antologías El sabor de tu piel (2010), Microantología del Microrrelato II (2010) y Eros de Europa y América (2011) de Ediciones Irreverentes de España. Actualmente vive en Nueva York y colabora con el Periódico Irreverentes de Madrid y la revista Lima Gris.

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