Eduardo Sacheri: “Eres escritor en cuanto tengas la necesidad de escribir”

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Conocido sobre todo por el ser el autor de la novela que inspiró la cinta El secreto de sus ojos, el escritor argentino Eduardo Sacheri nos visita para participar en la Feria del Libro de Lima. Conversamos con él a propósito de su nueva obra, Ser feliz era esto.

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Sacheri se desmarca esta vez de su pasión por el fútbol y nos presenta una historia distinta, pero no menos intensa. (Foto: Jaime Cabrera).

 

Por Daniel Robles Chian
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Una de las imágenes que viene a la mente al mencionar al escritor argentino Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967) es la película El secreto de sus ojos. Esto se debe a que el filme ganador del Óscar a la mejor película extranjera en el 2010 se basó en su novela La pregunta de sus ojos. El también profesor de historia en universidades y escuelas de secundaria acaba de presentar su nueva novela Ser feliz era esto (Alfaguara, 2014), que se suma a la lista de sus obras como Papeles en el viento o el libro de cuentos Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol, en el cual se narran diversas historias que encuentran elementos únicos en situaciones cotidianas ligadas al balompié. Los cuentos del libro mencionado fueron difundidos y relatados por Alejandro Apo, el conductor del programa Todo con afecto que se emitía en Radio Continental. Eduardo, un apasionado del club Independiente, se aleja en Ser feliz era esto de su deporte querido para escribir la historia de Lucas, un escritor sin motivación, y Sofía, una adolescente de 14 años. De una relación amorosa que el primero sostuvo con una mujer de la que nunca volvió a saber nació Sofía. La madre siempre mantuvo oculto este suceso a Lucas. Sofía pierde repentinamente a su mamá y se ve forzada a tocar la puerta del escritor. Así se inicia una relación compleja y con momentos críticos entre un padre que se acaba de enterar de que lo es y una niña que con 14 años lo ve por primera vez. Ambos reunirán esfuerzos para afrontar el gran cambio en sus vidas, un cambio con miedos y preocupaciones, pero también con alegrías y amor paternal.

 

***

Estamos en el lobby del hotel y no hay señas de Eduardo Sacheri. Su vuelo hacia Lima, para la presentación de su novela en la Feria del Libro de Lima, llegó en la madrugada. En el televisor transmiten el partido entre el Junior de Barranquilla y el Mónaco francés por la Copa Euroamericana. Tras breves minutos, aparece el escritor con una casaca de cuero y nos saluda gentilmente. Nos explica que el cansancio y la falta de sueño por el viaje lo obligaron a tomar una siesta que duró un poco más de lo debido. Acaba de despertarse. A pesar de la fatiga, no duda en disculparse y darnos la entrevista programada. “Gran gesto”, pienso.

Uno de los aspectos que más resalta en Ser feliz era esto es tu técnica para dotar de humor, sátira y burla a tus personajes. Por ejemplo, en Sofía, una niña de 14 años demasiado lista y madura para su edad. ¿Es un estilo que has venido desarrollando en el tiempo y con el que te sientes familiarizado? ¿Por qué decidiste utilizarlo en esta novela?
Lo que busco es que mis personajes sean lo más verosímiles posibles y me parece que entre la gente que conozco y tal vez en Argentina, es frecuente que vistamos las cosas importantes de ese humor superficial, un poco mordaz, un poco irónico. Los personajes hablan y actúan de ese modo porque es una costumbre que tenemos en el país

Mencionabas que el lenguaje utilizado por tus personajes como Sofía puede venir del ambiente en el que estás. ¿Las jergas las encuentras en la escuela dónde enseñas?
Soy profesor de historia en universidad y en escuelas secundarias. Me causa mucha gracia la diferencia lingüística que hay entre mi generación y la de los adolescentes. Estos últimos tienen un lenguaje propio que solo en algunos lugares se roza con el mundo lingüístico de los adultos. Me gusta jugar con eso y hacer bromas al respecto con mis alumnos o con mis hijos, que también son adolescentes. Por eso, en la novela, Lucas y Sofía se burlan recíprocamente. La hija de lo anticuado de su padre, y este de lo básico y mínimo que es el vocabulario de su hija.

Introduces mucho el tema de fútbol en tus otras obras como Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol ¿Por qué decidiste alejarte del fútbol como medio para contar algo en esta novela?
Hay ciertos instrumentos narrativos familiares que uno puede tener y que está bueno utilizarlos, pero se puede volver riesgoso usarlos demasiado. Todo autor tiene ciertas huellas frecuentes, pero me parece importante que sea capaz de prescindir de ellas. De lo contrario, corre el riesgo de repetirse en su estilo y moverse en una zona de comodidad. Es bueno salir de esa zona de comodidad.

Has mencionado que te encanta que a la gente le guste lo que escribas y no estás en el grupo de los autores que hacen de la incomprensión y el hermetismo un culto, ¿Crees que las moralejas y el grado de identificación con los personajes es lo que atrae a tus lectores?
Cuando comenté que no me gusta hacer un culto al hermetismo, me referí a que no me gusta tener preconceptos cuando escribo en el sentido de adoptar determinada pose previa a lo que tengo ganas de decir. Si lo que tengo ganas de decir es algo simple o complejo, escribiré de tal forma que aquello responda a mi intención. No me voy a poner a escribir de determinado modo ni para hacerme el difícil, ni para asegurarme de que el lector lo entienda. Disfruto cuando alguien se topa con un libro mío y le gusta. Mentiría si dijese lo contrario, pero no es que al momento de escribir me ponga a pensar que lo voy a hacer simple para asegurarme de que le guste al lector. Eso sería tan peligroso como lo otro, el hermetismo es una pose y facilitar las cosas es otra pose.

TAPA - SER FELIZ ERA ESTO.indd¿Cuál sería la enseñanza en esta novela para el lector?
No lo puedo responder por esto mismo que te decía recién. No sé si hay una enseñanza, por supuesto que me encantaría que un lector se tope con este libro, sobre un padre y una hija que se conocen y se relacionan, lo disfrute y se sienta ligeramente diferente cuando termine de leerlo que cuando empezó a hacerlo. Ahora, ¿en qué sentido se siente diferente? ¿Hacia qué?, desconozco, no me siento capacitado para indicar un posible camino.

Más equivale al lector, que ellos lean y encuentren el mensaje.
Si encuentran un mensaje, fenomenal. Pero que sea una cuestión del lector, y ese mensaje, si existe en todo caso, es algo que depende de cada quien.

Has mencionado que te interesan las historias extraordinarias de personas ordinarias, ¿cuál sería el suceso extraordinario para Sofía y Lucas?
Lo extraordinario es cuando te encontrás con gente que te cambia la vida, nos sucede a todos alguna vez, el asunto es que lo notemos, que lo advirtamos. Eso es lo que vuelve totalmente diferente las cosas.

¿Ser feliz era esto busca romper este estereotipo de la mujer ama de casa y preocupada por su hijo(a), y del padre vinculado al mundo laboral y despreocupado por el hijo(a)?
Me parece que es la propia realidad la que viene rompiendo esos estereotipos. A lo mejor, hace veinte o treinta años, esos estereotipos eran mucho más fuertes y más verificables en el mundo social y cultural de lo que son ahora. Hoy en día, las cosas son mucho menos establecidas y rígidas, y creo que es mejor. Los seres humanos, mientras más lejos estemos de los estereotipos, más libres somos.

Lucas es un personaje de la historia y también es escritor. ¿Cómo te sientes identificado con él y en qué aspectos te diferencias?
Me siento bastante diferente. Lucas es alguien que está muy a disgusto con ese trabajo de escritor, yo me siento a gusto con mi tarea como escritor: me gusta pensar en futuros libros y me imagino trabajando en este ámbito. No sé si me irá bien o me irá mal, pero no me preocupo, me siento cómodo en esto. En el caso de mi personaje, es diferente. Es alguien que, como a veces nos sucede, escribió una novela, esta tuvo éxito y significó una buena situación económica en ese momento. Pero eso lo condiciona y lo cautiva en algún punto, es cautivo de ese éxito. Lucas ya no tiene la misma pasión para escribir, pero tampoco tiene la valentía para hacerse a un lado. Lo que le sucede a Lucas puede sucedernos en diferentes actividades que tengamos. A mí, por suerte, todavía no me ha pasado.

Lucas, en muchos pasajes de la historia, no siente ánimos de escribir. ¿Consideras que la literatura es de momentos? Que en algunas oportunidades saldrán todas las ideas y en otras te sentirás bloqueado y no podrás arrancar ni una línea.
En la tarea de un escritor hay muchos momentos estériles: necesitar escribir y no encontrar el modo, no encontrar el tema. Pero sos escritor en cuanto tengas esa necesidad. Lo que le pasa Lucas es diferente: él ya no siente esa necesidad. De ahí que el personaje sienta que ya no es escritor porque no es un autor que tenga una historia y no sepa cómo transmitirla, es un autor que siente que no tiene nada para decir.

Sofía es un caso que no representa mucho a las chicas de su edad ya que es más madura de lo normal. ¿Cómo identificarse con este personaje?
A veces sucede que la realidad nos exige sobre adaptarnos a lo que nos toca. A Sofía le sucede eso: se ha criado con una madre que arrastra ciertas dificultades emocionales importantes y eso a veces obliga a los chicos a madurar, crecer o comportarse como adultos que no son. Me parece que una de las grandes novedades para Sofía, cuando conozca a Lucas, será la posibilidad de comportarse como una chica. Así como a Lucas, tener a Sofía, le va a permitir comportarse como un adulto.

Como un padre.
Ser padre sin duda es ser un adulto. Encontrarse con Lucas a Sofía le va a permitir la posibilidad de comportarse como alguien distinta a que cuando tuvo a su madre.

Sacheri2La aparición de Sofía golpea anímicamente a Lucas, ¿esta novela muestra de que los golpes en la vida pueden terminar generando un cambio para mejor y no siempre para peor?
A mí me parece que así funciona la vida. Los grandes golpes te sacuden, te desestabilizan y te sitúan en opciones de cambio. Uno puede refugiarse en lo conocido y cerrarse a toda posibilidad, o puede también aprovechar esas situaciones para ser diferente. Eso depende de cada quien.

No queremos adelantar el desenlace del libro, pero ¿ese gesto final de Sofía hacia Lucas demuestra que un gesto puede valer más de mil palabras?
A mí me parece, si bien me gano la vida con las palabras, que los seres humanos somos sobre todo lo que hacemos y lo que le hacemos a las otras personas, mucho más de lo que decimos. Por supuesto que nos comunicamos con lo que decimos, pero es mucho más definitivo y determinante lo que hacemos.

Al final de la historia, se observa cómo Lucas deja a un lado el aspecto económico en favor de Sofía, ¿esto refleja que en la vida no todo es el dinero?
Casi nada es el dinero. Por supuesto que algo de dinero te simplifica la vida pero las cosas importantes de la vida son los vínculos que vos hacés con los demás, mucho más que cuánto dinero tengas.

En la novela colocas cada cinco o seis páginas un pequeño subtitulo, ¿cuál es la intención de esto?
Me gusto trabajar en capítulos breves. Sucede una cosa en cada capítulo, creo que tiene que ver con mi tradición de cuentista. Antes de escribir novelas, escribí varios libros de cuentos y probablemente los capítulos de mis novelas conservan cierta estructura narrativa de centrarse en un asunto cada capítulo. También podría ser capítulo uno, dos, tres, cinco, diez, pero como lector me gusta encontrarme con alguna palabra que me sugiera que encontraré dentro. Como escritor muchas veces hago cosas que me gustaría encontrarme como lector. Escritor y lector son roles mucho más próximos que lo que uno podría suponer.

¿En esta obra hay una influencia de Vargas Llosa o el cronista mexicano Juan Villoro?
Ojalá (risas), porque los dos me gustan mucho. Me cuesta encontrar determinadas influencias, como que esto viene de tal autor, aquello viene de tal otro. A Villoro lo he leído, pero te confieso que no tanto como a tres o cuatro autores esenciales en mi vida como Vargas Llosa, Cortázar, Borges o García Márquez. Ellos son los autores esenciales en mi vida. Pero son los autores esenciales en mi vida como lector, no sé si como autor. Mi escritura, lamentablemente, no se les parece en nada, pero donde sí creo que hay algo es en el enorme placer que me ha causado leerlos.

¿Te pueden haber motivado a escribir en el futuro?
Para mí, escribir es una prolongación del acto de leer. En la escritura encuentro mejorado y profundizado el placer de la lectura. En ese punto me han influido todos los grandes autores, pero también los pequeños porque he leído desde que soy muy chico y todo libro que he disfrutado ha favorecido que en algún momento me ponga a escribir.

¿Qué le recomendarías a los adolescentes que están pensando dedicarse a la literatura, pero tienen miedo de no tener un bienestar económico?
Mi primera recomendación esencial es que lean: que lean, y lean, y lean y no paren de leer. Lo que te construye como escritor, más de lo que escribes, es lo que lees. Es tu bagaje de lecturas más que el de escrituras. En cuánto a las innumerables dificultades que hay para vivir de la literatura, como en general tenemos muchas chances de fracasar en lo que hagamos, creo que es mucho más hermoso fracasar en algo que nos gusta y no en algo que odiemos.

 

 

EL “ROJO” PARA SACHERI

SacheriIndependiAl acabar la entrevista, el escritor se levanta y tras despedirse, lo primero que hace es ver en el televisor el partido entre Junior y Mónaco. No lo hace únicamente para “matar el tiempo” hasta partir a la Feria del Libro, lo hace porque el fútbol es su pasión. El hincha confeso de Independiente, vivió y sintió tanto los goles de Maradona a los ingleses en el Mundial de México 86 que escribió el cuento Me van a tener que disculpar. A continuación, un extracto de la historia en el cual habla del diez: “Así que señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que se supone que debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por acumular un montón de presentes vulgares encima de ese presente perfecto, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida. Yo conservo el deber de la memoria.”

¿Los libros de cuentos en los cuales introduces el fútbol como Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol pueden llegar a ser solo accesibles a personas que gustan de este deporte o al público en general?
Deberían estar al alcance de cualquiera si es que está bien escritos, que es algo que yo no puedo decir. Puedo aspirar a que lo estén, pero no lo sé. Es como si yo te dijera: leer las novelas policiacas de Dashiell Hammett es solo para neoyorquinos acostumbrados a los barrios bajos. No viví en Nueva York en los años 30 y 40, sin embargo, me gustan esas novelas porque están bien escritas y puedo entrar a ese mundo y a través de él ir a las cuestiones esenciales que les ocurren a esos personajes. Lo mismo pasa con la ciencia ficción o los cuentos fantásticos o con historias de fútbol: si están bien, no importa que hablen de fútbol. Si están mal, no las va a salvar que hablen de fútbol.

Has mencionado que el fútbol terminó ayudándote mucho en tu infancia y a jugarlo, te hace recordarla, ¿hay otra actividad que también realizabas que cumplió el mismo rol del fútbol?
La lectura. Me pase la niñez leyendo y jugando fútbol. No es muy distinto a mi adultez.

Mencionabas que el fútbol termina desnudando los aspectos positivos y negativos del hombre, ¿los momentos críticos o difíciles que pasa una persona también terminan desnudándolo? En el caso de Lucas, ¿este golpe de recibir a Sofía de improviso termina desnudando sus aspectos positivos y negativos?
En la normalidad de nuestra vida, los seres humanos nos vestimos con nuestras mejores máscaras, las que sentimos que mejor nos hacen quedar frente a los demás. Ahora, hay ciertas situaciones donde no tomamos esos recaudos y cuidados: cuando jugamos a lo que juguemos, no tomamos esas precauciones y somos mucho más auténticos. Buenos o malos, pero más auténticos. En situaciones límites, nos sucede lo mismo. Si pasamos por grandes sorpresas, alegrías o tragedias somos más auténticos, ni mejores o peores, somos lo que somos y evitamos una serie de mediaciones.

El fútbol es un estado de ánimo, y en el cuento que escribes de Esperándolo a Tito se ve esta actitud de que antes de empezar el partido, un equipo ya sabe que ganará y el otro que perderá. ¿Consideras que la vida también es un estado de ánimo?
La vida es más que un estado de ánimo porque sería excesivamente voluntarista pensar que todo es un estado de ánimo. Llevando esa posibilidad a un extremo, puedo pensar: nada de lo que me toque enfrentar me puede derrotar si yo estoy con un buen estado de ánimo. No es cierto. Muchas veces la vida los derrota, no depende, más allá de que los libros de autoayuda digan lo contrario, de cómo me sitúe yo frente a la vida. Lo único que si es cierto es que nuestro estado de ánimo nos permitirá enfrentar de mejor modo lo que nos toque o tolerar con una mejor dignidad nuestras derrotas, pero no nos va a poner a salvo de ellas.

 

 

LOS CINCO LIBROS RECOMENDADOS DE EDUARDO SACHERI

«Seguro que, cuando terminemos la nota, me voy acordar de alguno que no recomendé. Como lo que más me gusta leer a mí es ficción, voy a recomendar ese tópico»:

1. Bestiario, libro de cuentos de Julio Cortázar.

2. Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez.

3. La Reina del Sur, del español Arturo Pérez-Reverte.

4. Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa.

5. Delirio, de Laura Restrepo.

 

 

 

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